Jeanne vuelve

Unos meses más tarde vi a Jeanne y la reconocí de inmediato.
Estaba rejuvenecida e irradiaba felicidad.
Leyendo un libro, escuché que Alcar dijo:

—Hijo mío, ¡mira quién ha venido!

Me concentré en el espíritu y a mi lado estaba Jeanne.
En el mismo instante me conecté con ella.

—Querida Jeanne, ¿estás aquí?

Jeanne respondió:

—Sí, Jozef, soy yo y ya estuve antes, pero no se me permitió molestarte.
Para mí fue un momento sagrado y la oí decir:

—Vivo y soy feliz.
¿Me ves, Jozef?
—Sí —respondí—, te veo.
—¿Cómo me encuentras?
—Estás más joven y tienes un aspecto glorioso, qué felicidad que hayas venido.
—Ay —la oí decir—, no he dejado de pensar en ti, Jozef.
Vengo ahora en persona a agradecerte todo.
Qué bueno fuiste conmigo, cuánta fuerza espiritual me diste.
Gracias a ti desperté y entré consciente a esta vida.
Estoy con mamá y Greetje, Jozef.
Fueron a buscarme.
A Greetje no siempre la veo, está trabajando duramente en sí misma, pero cuando la quiero ver es posible.
Jeanne me posó las hermosas manos en la cabeza, lo que sentí claramente, y dijo:

—¿Me sientes?
—Sí, Jeanne, te siento.
—Es glorioso venir a la tierra y que te vean y sientan.
Ahora estoy en la vida, Jozef, de la que tanto hemos hablado.
Hubo un momento de silencio y sentí lo que ella pensaba.
Pensaba en el tiempo que había quedado atrás.
Después dijo:

—Ya no pude leer tu libro y sin embargo fui la primera en encargarlo.
Asombroso, pensé, y pregunté:

—¿Todavía te acuerdas?
—Sí, lo sé; nada se pierde.
Todo lo que me has contado de esta vida es la santa verdad, Jozef.
¿No te hace feliz?
Es increíble lo natural que es esta vida.
Cuánto sabes de nuestra vida.
Ojalá las personas lo aceptaran, porque es un gran tesoro poder entrar aquí con esa verdad interior.
Uno entonces tiene mucha ventaja sobre quienes la desconocen.
Esa entrada es lo más asombroso de todo.
Te sientes como si todavía vivieras en la tierra, tan natural es todo.
Primero hay que convencer a quienes no saben nada de la pervivencia eterna, y ya te imaginas que entonces se pierden las sutilezas del proceso de morir, porque es algo magnífico cuando puedes vivirlas conscientemente.
Cuánto hemos hablado de esta vida y cuánto te agradezco que tuvieras la paciencia de escucharme.
Nunca me olvidaré de que me dedicaras tu tiempo.
Dios sabe que te estoy agradecida, porque no hay manera de demostrarlo con palabras.
—¿Todo es como te lo conté, Jeanne?
—Todo, Jozef, pero es más grandioso, no lo podrás expresar.
Pero lo más asombroso, Jozef, es cómo sabes y sientes todo eso.
—¿Quién te trajo aquí, o has venido por tu propia fuerza, Jeanne?
—¡Madre!
Pero puedo encontrar el camino yo sola.
Es como habíamos hablado.
Hablabas de leyes, todavía lo sé todo.
Resulta que he aprendido esas leyes.
Si careces de esas fuerzas, primero hay que aprenderlas, si no la tierra nos es oscura y no puedes ver a la gente.
Solo puedes alcanzar a las personas con quienes estés conectada en amor.
Ya sientes lo que quiero decir.
¿Ves a mi madre?
Está aquí.
Me sintonicé espiritualmente y vi una hermosa escena, madre e hija juntas.
Estaban conectadas para la eternidad.

—Sí, Jeanne —dije—, la veo.
—Mi madre es un tesoro —continuó—, me ha ayudado tanto.
—Después de una corta pausa dijo—: El camino a la tierra está en mí, Jozef.
Vemos a través de toda la materia y ahora sé cómo Greetje se me apareció.
Qué sencillo es todo, pero qué profundo e increíble cuando se vive en el cuerpo material.
Ay, si hubiera podido imaginarme esto, entonces ya en la tierra habría podido hablar mucho con mamá y Greetje.
Pero hay que sentirlo, solo entonces haces la transición a esta vida.
Veo por tu irradiación, Jozef, que has estado muchas veces aquí.
Ese saber te rodea y es visible para cualquier espíritu que posea amor.
Todo es tan asombroso.
Aquí logras todo, Jozef, cuando eres algo.
De modo que hay que poseer esas fuerzas interiores.
No es más que la fuerza del amor y la capacidad de sentir amor por todo lo que vive.
¡Qué hermosa tarea tienes!
Jozef, ¿sabes que podré volver más tarde para contarte más de esta vida?
El maestro a mi lado me lo dice.
¡Qué felicidad tan grande!
¿No te parece glorioso?
—Es increíble, Jeanne.
—Y sin embargo es así, ya lo llegarás a saber.
Ahora no puedo quedarme mucho, porque voy a ver a mis hermanos y hermanas con mi madre.
¿No es fantástico?
Ella sabe cómo encontrarlos y yo también lo voy a aprender, pero dice que me es imposible alcanzarlos.
Ni nos verán, ni nos sentirán.
¿No es horrible?
—¿Me ves bien, Jeanne?
—Perfectamente, Jozef, como en la tierra, pero muy distinto.
Estás en una luz, te veo en una emanación, y esa emanación es tu irradiación, y en ella veo varios colores.
Es asombroso, eso lo tiene cada persona: una emanación clara u oscura.
Veo que me miras, Jozef; y te miro a los ojos, como en la tierra.
Qué formidable es esto.
Me hablas, me sientes, me oyes y me ves, y sin embargo resulto invisible para quienes no poseen esos dones.
Me siento exactamente igual a cuando vivía en la tierra y no he cambiado en nada.
Ya he experimentado muchos milagros, cada uno más hermoso que el anterior.
¡Todo es impresionante!
¿Me sientes, Jozef?
Te apreté las manos.
La sentía y una agradable sensación me recorrió el cuerpo.
—Ahora tengo que irme —la oí decir—, pero apenas puedo separarme de ti.
Otra vez estoy hablando, Jozef.
Oh, qué feliz soy.
Puedes imaginarte nuestra felicidad, porque conoces esta vida.
Mamá te manda recuerdos.
—Dale mis cordiales saludos, Jeanne.
—Ya te oyó y te lo agradece mucho.
Ha recibido esos pensamientos emitidos, como yo los últimos días antes de hacer la transición.
Ahora me voy, Jozef, pero volveré (—concluyó).
Jeanne y su madre se disolvieron delante de mí, cortándose la conexión.
Yo no pude leer más y dejé el libro.
Qué asombroso era todo.
La muerte no es muerte, sino que es vida.
La oración de Jeanne por poder volver había sido oída: vivía.
Después de que se fuera, me dijo Alcar:

—Cuando vuelva más tarde, hablará de su vida en este lado, y además vendrán otros, de lo que dejarás constancia en un libro.
Ahora espera y ten paciencia, ella es un espíritu de amor y es feliz.
Hace ya casi cuatro años que Jeanne hizo la transición.
Cuando había comenzado el primer capítulo de este libro, vi a Jeanne.
Ella hablaría de su vida y llenaría el segundo capítulo.
Cuando terminé el del Sacerdote X, se me conectó con Jeanne.
Las palabras de Jeanne fluyeron hacia mí, éramos uno en alma, uno en espíritu.
—Aquí estoy de nuevo, Jozef —comenzó a contar—.
Has hecho mucho en este tiempo, lo veo.
No es mucho lo que te diré, pero sí vale la pena contárselo a la humanidad.
Ahora veo a tu líder espiritual del que me hablaste tanto.
Vi que Alcar se había conectado con ella.
Fue un hermoso momento para mí.
Después Jeanne dijo:

—Primero puedes hacerme algunas preguntas, Jozef.

Sonreí y Jeanne sintió lo que me pasaba.
La oí decir:

—Sí, Jozef, se han invertido los papeles, ahora sé mucho de esta vida.
Le pregunté:

—¿Cómo sabes con tanta precisión en lo que estaba pensando?
—Capté tus pensamientos; es muy sencillo, a fin de cuentas somos uno, ¿no?
—Jeanne, ¿te resulta difícil concentrarte?
—No, puedo alcanzarte fácilmente.
—Después de un breve instante, dijo—: ¿Sientes el silencio, Jozef?
¿Esa paz gloriosa de la que hemos hablado?
Oh, hay tanta tranquilidad aquí, pero hay que llevarla y poseerla interiormente.
Es la fuerza del amor.
—¿Viste valles y montañas, Jeanne?
—Sí, Jozef, voy a contártelo.
Lo que deseaba lo he recibido de Dios.
Le pregunté entonces si era consciente de todo lo que le había ocurrido, a lo que contestó:

—Puedo acordarme de todo; está grabado en lo más hondo de mi alma.
Los últimos días antes de hacer la transición, viví cosas asombrosas.
Mientras yacía allí, oyendo sollozar a mi hermana, quería hablar con ella, pero ya no tenía poder sobre mi cuerpo material ni sobre mis órganos vocales.
Fue un momento horrible para mí.
Me sentía tan impotente, porque ya vivía fuera de mi cuerpo material y me encontraba en la frontera de dos mundos, entre la vida terrenal y la espiritual.
Los sollozos de mi hermana me entristecían.
Ay, que la gente se domine junto al lecho de muerte, porque es tan difícil para quienes hacen la transición.
Muchos lo sienten y por eso es una pesadilla.
Te gustaría ayudar a los que se quedan, pero no puedes.
Aun así, los sientes próximos, tiran de ti para que vuelvas, pero ya no es posible volver.
¿Sientes el significado de todo esto, Jozef?
Es una lucha tremenda, un desasosiego, que realmente no hace falta.
Ojalá la gente supiera que morir significa vivir.
Es entrar a la vida eterna, donde hay luz y felicidad, donde te esperan tus familares.
Ojalá pudiera salvarse ese abismo, pero veo una profundidad insondable, que de momento no puede sondarse.
Solo se podrá llegar allí por medio del espiritualismo.
Ese es el puente y esa es la conexión con nuestro mundo.
Cuando sentí que ya no podía alcanzar a mi hermana y se me echaba encima la tristeza, vi de repente a mamá y a Greetje, lo que me hizo tan feliz que se me fue la tristeza.
Cuánto me habría gustado decirle a mi hermana que vivían y que todo es verdad, pero no podría creerlo, ¿no?
Greetje y mi madre me hablaron; entendía cada palabra y me dijeron que pronto estaría con ellas.
Eso me tranquilizó y esperé pacientemente.
Entonces me dormí.
No sé cuánto tiempo habré dormido.
Después sentí una fuerte incidencia, una corriente muy fuerte por la que tomé conciencia.
Ya sabes de quién eran esas fuerzas y que te sentí entrar en mí.
No sé describir ese gran acontecimiento, solo puede sentirse.
Pero es el mismo estado en el que nos encontramos ahora, porque también ahora somos uno.
Lo que viviste junto a mi lecho de muerte, Jozef, fue un acontecer sagrado.
Ahora sé por qué tuvo que ser así.
Es para convencer a la humanidad.
No te puedes imaginar lo hermoso que es estar conectado a la gente desde este lado.
Espera un momento, Jozef, tengo que concentrarme y el Maestro dice que no divague.
En el instante en que te me acercaste, ya se había establecido la conexión.
Empecé a sentir más conciencia y liviandad.
Era una sensación muy rara.
Pensaba como cualquier otra persona y sin embargo sabía que moriría en la tierra.
Ya ves cómo era consciente de todo, porque después de todo no ha cambiado nada, ¿no?
Por eso sabía que el cuerpo espiritual es precisamente el vehículo de lo que luego abandonaría.
Por eso no te puedo describir los sentimientos que tuve cuando realmente vi que no había muerte.
Empecé a llenarme de una gran felicidad y qué agradecida estaba por todo.
Toda mi vida pasó ante mí.
Después vi que un hilo plateado me mantenía atada a mi cuerpo material y que ese hilo primero tendría que quebrarse; solo entonces habría muerto en la tierra.
Entonces vi una gran luz blanca y con esa luz te vi a ti.
Aun así pasó bastante tiempo hasta que estuviste conmigo.
Sentía que te acercabas más y más, pero no estaba angustiada, porque sentía que mi madre y Greetje estaban conmigo.
No pudiste percibirlas por estar contactado conmigo.
Cuando ya estabas cerca, te llamé, sentí que entraste en mí y en sentimiento hice la transición a ti.
Oh, qué felicidad cuando te sentí.
Estuvimos conversando juntos y a la gente le parecerá un milagro, pero es que lo fue.
Me deseaste buen viaje, te oía y te veía.
Después tuviste que marcharte; quise decir algo más, pero ya te habías ido y yo sentía que volvía a las profundidades.
Poco antes de morir oí decir a mi madre: “Pequeña Jeanne, enseguida estarás con nosotras, Greetje también está, así que tranquila”.
Entonces ya no supe nada más y morí inconscientemente.
Entre el sueño y la transición hubo, por tanto, un tiempo breve en que no tuve conciencia, pero mi madre me lo contó todo después, porque quería saberlo.
Después de la rotura del cordón fluido fui llevada a mi propia sintonización en las esferas.
Estaba desprendida, Jozef, me había desprendido de mi vestidura material y me desperté en la vida después de la muerte.
Cada ser humano morirá tal como se sienta por dentro.
Para unos la transición es más hermosa que para otros.
Unos irán a la luz, otros a las tinieblas.
Lo peor lo pasan los que lo ignoran todo, pero al entrar aquí, ninguno de ellos entiende el milagro de que sí está vivo.
Se palpan y se tocan y creen estar frente a un misterio.
Todo parece increíble; no pueden aceptarlo.
Si aquí ya es tan difícil, ¿cómo será entonces en la tierra?
Pero aquí están liberados de cualquier preocupación terrenal y viven en la felicidad y el amor.
En ese momento me llegó una paciente que debía tratar.
Cuando volví a sentarme frente a la máquina de escribir, oí decir a Jeanne:

—Tuviste que ayudar a un ser humano, ¿no?
Sí, ya lo vi, y así también me ayudaste.
Tu irradiación se mezcla con la de ellos y tu fuerza vuelve a poner en marcha el cuerpo.
En el fondo, qué sencillo es.
En la tierra no puede verse, es demasiado etéreo, solo es posible en el espíritu, o hay que ser clarividente en el grado más elevado, como ya me contaste en la tierra.
Desde este lado puedes ver todo en la materia, al menos si uno posee luz, si no se está en tinieblas, ¿y cómo vas a ver la luz si reinan las tinieblas?
Mis primeras impresiones como espíritu fueron fantásticas.
Yacía en una alta montaña y miraba hacia un profundo valle.
Había estrechos caminos alrededor de la montaña para poder llegar a la cima.
Me recorrió una gran felicidad.
Estaba sola, no veía un alma, únicamente a lo lejos había algunos paseantes en la hermosa naturaleza.
Las vistas eran magníficas.
Entonces me puse a pensar.
Pensé: ‘¿Cómo llegué a esta montaña?, ¿Habré muerto ya o estaré soñando?’
No, no soñaba, había muerto, estaba muy segura, porque no me sentía como en la tierra.
Di gritos de alegría y exclamé: ¡Jozef, me desprendí, desperté!
Fueron mis primeros pensamientos y de inmediato pensé en nuestra conversación.
Pero ¿dónde estaban mamá y Greetje?
Me extrañó: ¿dónde estaban mis seres tan queridos?
De repente me pareció ver una figura a través de la frondosidad y las flores a mi alrededor.
Aún estaba muy alejada, pero caminaba en mi dirección.
Entonces volví a pensar en mí misma.
Cómo es posible, estoy en una montaña que me gusta tanto, quién lo hubiera imaginado.
No dudé ni un instante de que no hubiera muerto, porque lo sentía, lo veía y lo oía por cómo era naturaleza.
Aquí a mi alrededor había demasiado silencio para la tierra.
En la tierra se desconoce este silencio.
Aquí todo entonaba una bella y preciosa canción y me hacía sentir feliz.
‘Gracias a Dios’, pensé, ‘estoy en el silencio’.
Oh, Jozef, qué agradecida te estaba.
Entonces sentí necesidad de agradecerle todo a Dios.
De nuevo vi la aparición, pero desapareció ante mis ojos.
¿Era un conocido?
Vestía una preciosa túnica, vi diferentes colores.
Había algo en esa aparición que me resultaba familiar.
La figura me era conocida, pero ¿dónde la había visto antes?
¿En la tierra?
Aquí todavía no me había encontrado con otros seres.
De nuevo la vi y entonces ya no tuve dudas.
Grité muy fuerte: “Madre, Madre, ¿es usted?”.
¡Acto seguido estaba en sus brazos!
Esos primeros momentos no te los describiré, no sabría.
Reencontrarse en la vida después de la muerte es una dicha demasiado grande.
Cuando sabes que has muerto en la tierra y que, sin embargo, vivirás eternamente, rodeada de flores, pájaros y familiares, todo es tan sagrado y abrumador que faltan palabras para expresarlo.
Después llegó la segunda sorpresa: Greetje, vestida con una túnica hermosa, apareció frente a mí y me abrazó.
Mi querida amiga, mi hermana, vivía, estaba rejuvenecida y hermosa.
Ya lo ves, todo sucede bien preparado, porque debía despertarme en silencio.
Más tarde, después de que me hubieran contado muchas cosas, volví a dormirme, porque me sentía abrumada.
No tardé mucho en volver a despertarme en una indescriptible felicidad.
En ella permanecería, para siempre y eternamente.
Había dormido seis días según el tiempo terrenal.
No fue mucho tiempo, porque a muchos les toma meses.
Después de mi despertar era consciente de todo y le hice a mi madre miles de preguntas que fueron todas respondidas.
Mamá ahora es aún más sabia que en la tierra.
“Pequeña filósofa”, me dijo, “¿ya estás otra vez haciéndome preguntas?”.
Eso me conmovió mucho, porque me hizo recordar mi infancia en la tierra.
Juntas lloramos de felicidad.
¿A quién no le saltarían las lágrimas después de recibir tanto amor y tanta verdad?
Todos los que aquí llegan y se ven conectados con sus seres queridos están muy conmovidos.
Hay que verlos, es imposible imaginar algo más hermoso.
Había llegado a una esfera que lindaba con mi verdadera sintonización.
Es una esfera de purificación, un lugar donde uno se prepara.
Estuvimos paseando por la naturaleza y de nuevo mi vida terrenal pasó ante mí.
‘Oh, si solo las personas pudieran aceptar esto’, pensé.
Vivo y todos viven, pero en la tierra piensan que estamos muertos.
Qué milagro tan grande.
A nuestro alrededor había árboles, flores y pájaros de una sublime belleza.
Todo lo que la naturaleza puede generar en la tierra reaparece en nuestra vida, pero, te digo, todo es más hermoso que en la tierra.
Vi numerosos edificios y templos.
Al edificio donde me desperté llegan miles de personas desde la tierra y todos seguirán para entrar a su esfera existencial.
Unos permanecen allí más tiempo que otros, porque todo va según la sintonización interior de cada uno, según cómo se sienta y el amor que posea.
Aquí se sabe valorar y llevar a las personas.
Aquí el ser humano es hijo de Dios.
Sabes lo que eso significa.
Nos conocen mejor que en la tierra porque aquí no puedes esconder nada; ven en tu vida y uno mismo ve en la de ellos, y haces la transición al otro.
Aquí se aprecian tus buenos actos y entienden y sienten tus intenciones; aquí estás abierto hasta en lo más hondo de tu alma.
Así es el ser humano, la naturaleza, así es todo.
Las casas y edificios no están cerradas, sería algo terrenal y aquí las cosas no son terrenales.
Nos alegramos de ya no tener que ver nada con la tierra y de haber completado el ciclo en la tierra.
Cómo deseaba hacer la transición, no me arrepiento de haberla hecho y me siento feliz de no haber tenido que envejecer.
Poder morir joven es en sí mismo una enorme gracia.
Con mi madre volví a la tierra porque iba a encontrarme contigo.
Fui planeando hacia la tierra.
La gente no se lo puede imaginar, pero algún día lo vivirán también ellos.
Bien sabes que nos hemos hablado y que volví a las esferas.
Allí estuve un mes, después fui a mi propia sintonización en el espíritu, a la segunda esfera, donde también están Greetje y mi madre.
Mi madre llegó al mismo lugar que yo, por eso también nos entendíamos tan bien en la tierra.
Las personas que en la tierra se sientan una volverán a verse en este lado.
Su sintonización las mantiene conectadas.
Aquellos que posean sintonizaciones diferentes van a vivir en otras esferas y no se encontrarán.
En la tierra no quisieron conectarse y aquí no pueden, por más que quieran.
Ya es demasiado tarde entonces e imposible, sus caminos se separan hasta que uno quiera sintonizar con el otro y recibirlo en amor.
De modo que primero deben deponer su vida terrenal.
Aquellos que posean la conexión espiritual y que lleven amor son los felices en este lado.
Gracias a la hermosa conexión que tenía con mi madre y con Greetje las vi enseguida en esta vida.
Ya te comenté que paseábamos mucho.
También en mi nuevo entorno paseábamos por la naturaleza y yo entablaba conversaciones con otros seres, que son mis hermanas y hermanos.
Así fui conociendo mi propia esfera y sentí cómo me entraba la posesión.
Cuando terminamos de hablar empecé a pensar en trabajar, porque alguna vez también habría que empezar con eso.
Si no se detiene tu desarrollo.
Me aislé algún tiempo para encontrarme a mí misma y meditar qué iba hacer.
Sentía y veía los muchos errores que aún tenía, y de esta manera me encontré a mí misma, llegando a conocerme como no me había conocido antes.
El silencio y la paz a mi alrededor me permitieron alcanzar este elevado estado de ánimo.
Quería elevarme más, pero sentí que no era tan sencillo.
La vida uno la tiene que vivir y solo paseando no se avanza, por lo que quise perfeccionarme en algo.
En esa paz espiritual llegué a comprender cómo lo tenía pensado Nuestro Señor.
Con cultura o sin ella, aquí se sigue un solo camino, que todos debemos recorrer.
Aquí no conocemos la erudición.
Quien tenga mucho amor y quien sienta es sabio, porque ve, y ver es saber y significa sabiduría espiritual.
Por la belleza de las esferas, por la meditación y por la música elevada llegué a ese punto y decidí entregarme a los demás.
Trabajar por los demás significa hacer algo por uno mismo.
Así es nuestra vida, así es como se avanza.
Voy a contarte ahora cómo hice: cuando me encontré, pregunté a mi madre qué debería hacer.
Me aconsejó que primero acudiera a una escuela.
“En esa escuela”, dijo, “te hablarán de esta vida y de todas las transiciones en el espíritu y en el universo.
Allí conocerás la sintonización del alma, y después los alumnos se van de viaje con guías competentes para ver la verdad de todo lo que han aprendido”.
Así que me apeteció mucho hacerlo.
Dentro de mí, en lo más hondo de mí, sentía esa fuerza, porque aquí no puedes hacer nada por consejo de otros si no lo sientes tú misma.
Es necesario depositar en ello todo el amor que tengas.
Es saber con seguridad, aquí no hay duda alguna.
Dudar es sucumbir, es estar muerto en vida.
Pero yo vivía, sabía y sentía lo que quería hacer.
De modo que seguí esa escuela, Jozef, y unos meses después hice un pequeño pero intenso examen.
En la tierra, en ese escaso tiempo, uno no podría aprender nada especial, en realidad tampoco en este lado, pero eran lecciones teóricas y los guías nos mostrarían y aclararían la práctica de lo que habíamos aprendido.
Llevábamos esas fuerzas en nuestro interior, pero teníamos que convencernos de la verdad.
¿Sientes lo que quiero decir?
Salimos de viaje centenares a la vez, todos divididos en grupos.
Me había despedido de mi madre y de Greetje, porque iba a ser un largo viaje.
Se me concedió vivir mi primer viaje en la vida después de la muerte, de la que tanto me contaste en la tierra, Jozef.
Mi madre y todos los demás espíritus también siguieron ese camino.
“Parte”, dijo mi madre, “porque cuando vuelvas podrás comenzar tu amado trabajo”.
Primero conocimos todas las transiciones y esferas que están bajo nuestra propia esfera.
Visitamos países desconocidos donde vivía gente que no era tan feliz como nosotros, y vimos cosas tristes.
Así íbamos de esfera en esfera y fuimos entendiendo todo.
Esa es tu posesión de la que acabo de hablarte.
La sientes, la llevas contigo, solo hay que percibirla.
Jozef, en el universo no hay más que vida.
Todo espíritu que lo haya percibido te lo dirá.
Si las personas en la tierra pudiesen ver lo que vive a su alrededor, les entraría miedo y dejarían de practicar el mal y, sobre todo, no hablarían mal de aquellos que ya hicieron la transición.
Fuimos hasta el borde de las tinieblas, pero no descendimos al infierno.
Aprendimos cómo debemos concentrarnos en el universo y planear, y nos enseñaron otras fuerzas espirituales para que las asimiláramos.
Vi el sol, la luna y las estrellas desde este lado, un espectáculo inolvidable.
Aquellos que no lleven luz en su interior miran en una imponente oscuridad y naturalmente no ven nada de todo esto.
Vi a gente yendo y viniendo de la tierra, que trabajaba allí, o que iba a buscar a los moribundos o que protegía a sus familiares.
Hay trabajo para cada uno de los espíritus y todo es para ayudar a la gente en la tierra.
En la esfera de la tierra trabajan millones de espíritus.
La tierra, vista desde aquí, es horrible.
Es por el mal que vive en ese planeta y del que uno no puede hacerse ni idea.
Eso primero hay que verlo y vivirlo, pero es muy triste.
Los guías seguían un plan establecido y nos enseñaban lo que era necesario.
Paso a paso debemos ir conquistando nuestro camino espiritual, asimilarlo, lo que significa avanzar haciendo camino, igual que la evolución eterna.
En la esfera de la tierra solo vimos tristeza.
Llevan deambulando miles de años y aún pasará mucho tiempo antes de que vayan por el buen camino.
Allí conocimos también la finalidad de la existencia terrenal.
Allí permanecimos bastante tiempo, pero entonces nuestros guías volvieron con nosotros a las esferas de luz para vivir la fiesta navideña.
Era casi la fecha, pero aquí se celebra antes que en la tierra y además de una forma tan diferente.
Aquí ni se come ni se bebe.
Aquí es una fiesta de meditación.
La fiesta navideña en las esferas es para conocer la vida del Hijo perfecto de Dios.
En esta fiesta sagrada participan miles y miles de espíritus, desde los más elevados hasta los más bajos; vienen de diferentes esferas para juntarse.
Cristo nació y murió en la tierra.
Conozco y sé ahora cómo fue todo, pero es diferente a lo que se le enseña a los seres humanos, jóvenes y viejos, en la tierra.
No puedo hablar de ello, eso ni lo hacen los espíritus elevados, y se abstienen de hacerlo porque todos sienten un gran respeto por este acontecimiento sagrado.
A cualquiera le impresiona eso tan grande y sagrado con que estamos conectados.
El árbol navideño, tal como se conoce en la tierra, es, donde nosotros, una columna de luz que representa el sufrimiento, la vida y la muerte sagrados de Cristo.
Te haces una idea de la vida sagrada de Cristo; sientes, con la pureza de un cristal, la religión del gran acontecimiento aquí en la tierra.
De modo que nuestra fiesta de Navidad es una fiesta de oración y meditación; te encuentras a ti mismo.
El Hijo Sagrado de Dios entra en nosotros; quien participe en la celebración lo siente.
Vi túnicas destellantes y muchos seres irradiaban luz, como no había visto nunca antes.
Eran espíritus elevados y líderes espirituales de otras esferas.
La música que oí allí no la puedo describir.
Es muy asombrosa y de ella ya me habías hablado también.
Todo es verdad, Jozef, todo es amor.
El amor significa felicidad y luz en el espíritu.
Todos se arrodillaron cuando terminó la celebración para agradecer a Dios por todo.
En silencio volvimos a nuestras propias esferas.
Allí me esperaban mi madre y Greetje.
Había estado de viaje casi un año entero.
También ellas habían vivido todo esto.
Nuestros guías partieron de nuevo con otros muchos.
Me quedé bastante tiempo con mamá y entonces me entraron deseos de estar sola.
Me aislé y medité todo lo que había podido vivir, lo que duró bastante tiempo.
Si quería ver a mi madre, la llamaba en mis pensamientos y venía cuando era posible.
Solo ahora asimilé todas esas fuerzas y toda esa sabiduría, que penetraron hasta lo más hondo de mi alma.
Medité durante mucho tiempo y sentía que se me incorporaba a otros estados, que ya conocía.
Había adquirido conciencia y sabía lo que quería hacer.
Ahora podía entregarme a los demás y decidí convertirme en una madre de niños fallecidos en la tierra a temprana edad.
Era el mismo camino que el de mi madre y quería seguirla.
Greetje, a su vez, hacía otro trabajo, pero está trabajando mucho en sí misma, aunque la transición le costó más que a mí.
Su muerte fue un acontecimiento terrible, donde el cuerpo material se desgarró del espiritual.
Finalmente, llegó el momento y me asignaron tres niños.
Los más mayores, dos muchachos, pasaron pronto a otras manos y así pude entregarme por entero a una dulce niña de siete años.
Los niños entre siete y catorce años llegan desde la tierra a la primera o segunda esfera.
Su padre aún vivía en la tierra, pero su madre estaba en este lado, aunque en otro estado.
Paseábamos por la naturaleza y le enseñaba lo que yo misma había tenido que aprender.
Le hablaba de esta vida y visité con ella la tierra, mostrándole cómo había nacido y muerto allí.
También los niños aprenden todas las leyes espirituales, pero ellos deben haber alcanzado una determinada edad.
Jóvenes o viejos, todos tienen cosas que aprender.
Los niños sienten y conocen la lucha, porque su sentimiento es terrenal y también ellos deben adaptarse a esta vida.
No han cometido grandes pecados, y sin embargo deberán purificarse por haber estado conectados con la tierra.
Pero entonces también su desarrollo es más rápido que en la tierra.
Liberados de todos esos tormentos terrenales, pueden concentrarse en sí mismos y también esto, es una gloria verlo, lo aprenden a fondo.
Este trabajo es muy hermoso; lo hago con amor y trato de guiarla en el espíritu.
Mi hija adoptiva sabía que su padre aún vivía en la tierra y que ella, luego, cuando tocara, entraría en comunicación con su madre.
Aquí madre e hijo están juntos cuando tienen una sola sintonización.
Pero también hay madres y padres que viven en las regiones tenebrosas, y de momento no emergerán.
Pasan muchos años, el niño continúa viviendo, pero aun así llegará el día en que madre e hijo serán conectados.
He visto escenas desgarradoras.
Niños que preguntaban por sus padres y si se sabe que la madre y el padre han vivido una vida horrorosa en la tierra, entonces sobra que te diga lo triste que es todo esto.
Pero también vi otras situaciones, felices, muy felices.
Te describiré uno de esos casos felices, en el que la madre fue conectada con su hijo.
Mi renacuaja ya estaba lista, al igual que la madre, por lo que podían ser conectadas.
Ya se había fijado el momento para ello e iríamos a visitar a su madre con un guía.
La madre había muerto poco después de que la hija dejara la tierra.
Aquí no llegó a la misma esfera que su hija, sino a la que había debajo de la de su pequeño tesoro.
Pero una madre que sepa cómo poder alcanzar a su hija hará todo lo posible y pronto lo conseguirá.
Pero si vive en las tinieblas, no es raro que pasen cientos de años antes de que hayan llegado a ese punto.
Esta madre había alcanzado la primera esfera y la hija vivía en la segunda.
Se la llevaron a un estado de conexión y descendimos hasta ella, de modo que íbamos a su encuentro.
Ese reencuentro supone una gran felicidad para madre e hija.
Las madres son las que más pueden acercarse a este sentimiento.
Sienten esa gran fuerza y saben de la santidad de esta conexión, y la conocen.
El amor maternal es el más fuerte que conocemos aquí, hasta que también este haga la transición al amor de esferas, al amor universal, y cuando ocurre esto, la madre siente por su niña, y el padre por su niño, amor fraternal.
El reencuentro fue maravilloso.
Desde lejos vi cómo se iba acercando la madre, iba acompañada por una hermana en el espíritu.
Aún no se veían, pero íbamos acercándonos más y más.
De repente, la niña vio a la madre, voló hacia ella y la dulce pequeña ya estaba en brazos de la madre.
Viví un reencuentro en la vida después de la muerte y pensé en mi propia entrada en ella, sintiendo toda esta gran felicidad sagrada.
Seguimos paseando por la naturaleza y cuando llegó la hora de partir, nos unimos a ellas y la madre me hizo muchas preguntas.
Cómo me lo agradeció que cuidara tan bien a su hija, algún día me lo compensaría todo.
Entonces seguirá mi camino, entregando a otros pequeños su amor, su amor maternal puro.
Así se aprende y uno se da a los demás, eso es amor servicial.
Así vamos avanzando paso a paso y alcanzaremos la tierra estival, que está en la cuarta esfera.
Allí sentiremos un amor más elevado y estamos libres de cualquier pensamiento terrenal, para hacer, solo entonces, la transición a la vida espiritual.
Tú ya describiste cómo es allí, de forma que no es necesario que lo comente.
Volvimos a nuestra esfera, y más tarde, después de bastante tiempo, cuando mi querida niña hubo pasado a manos de su madre, empecé a perfeccionarme en otros estados.
Hice otro viaje, en este caso junto con mamá y Greetje.
Así seguiré siempre, entregándome a los demás.
Además, espero recibir aquí en la tierra una tarea para poder proteger a los demás.
Aunque para eso falta mucho todavía, porque me quedan muchas cosas por asimilar.
Pero estoy en un camino que asciende hacia lugares para mí aún desconocidos.
Cuando haya vuelto a las esferas, recibiré otras tareas.
Mi madre siempre está conmigo y siempre lo estará.
Ahora ya casi llego al final de mi breve historia.
Todos serán muy felices si podemos convencer a unos pocos de nuestra vida.
Querido Jozef, quisiera decirte mucho más, pero tengo que parar.
Describí apenas unos fogonazos, detalles; ya podría llenar un grueso libro sobre mi vida, pero hay otros esperando.
Veo a mi lado a un hermano que te quiere hablar, así que pararé un poco.
Recalcará todo con su propia vida y tendrá más cosas que contar que yo.
Su vida es distinta, porque cada vida se encuentra en una sintonización diferente y cada uno, a su vez, tiene que despojarse de otras características terrenales.
Hubo una breve interrupción y se me conectó con otra inteligencia.
Después Jeanne continuó:

—He podido vivir mucho en los escasos años que llevo en este lado.
Y Jozef, ¿cómo será entonces la vida de los que han alcanzado la cuarta, quinta, sexta y séptima esfera?
¿Qué sé de la eternidad?
Ay, todavía sé tan poco y, sin embargo, lo acabo de decir, podría seguir contando sin parar.
Pero todos esos millones de seres que viven en las esferas más elevadas, esas figuras luminosas quieren ayudar a la humanidad, porque todo lo que uno recibirá, y pueda recibir, sucede por sus fuerzas y liderazgo.
Rezaré mucho por ti y espero que Dios te brinde la fuerza para que des mucho a la gente.
Una vez más Jozef, solo son fogonazos.
Ahora me despido de ti, pero de tiempo en tiempo, cuando pueda, volveré.
Trabaja, trabaja en el espíritu.
Haces nuestro trabajo y hay muchos a los que puedes ayudar.
Te deseo suerte y mucha luz.
Adiós, Jozef.
Agradezco al maestro por su gran ayuda.
Tu Jeanne.
Jeanne se había ido.
Vive y permanecerá viva.
Un día estaremos con ella, quedándonos para la eternidad con ella y con quienes nos precedieron.
Jeanne volvió a su mamá y a Greetje, y yo había vuelto a recibir sabiduría en el espíritu de alguien que había conocido en la tierra.
 
Quien “siente” la vida eterna,
se siente seguro.
Alcar