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Resumen de Jeus, de madre Crisje (3 libros)

Jozef Rulof (1898-1952) nació en la localidad rural de ‘s Heerenberg, en Holanda.
Su madre, Crisje, lo llamaba “Jeus”.
Jeus es un niño extraordinariamente sensible: siente y ve cosas que los demás no ven.
Ya de niño ve a una figura que irradia luz de la vida después de la muerte.
Este espíritu se da a conocer más tarde bajo el nombre de Alcar.
Como líder espiritual, Alcar le asiste a Jeus en todo, y le explica la vida en todas sus facetas.
Jeus descubre en él a un amigo cercano en quien siempre puede confiar.
Jozef no consigue buenas notas en el colegio, porque sus sentimientos no están abiertos a la árida materia escolar.
Toda esa sabiduría libresca no logra despertar su interés.
Prefiere, con diferencia, escuchar a Alcar, que le muestra con mucho tacto la belleza y el funcionamiento de la Madre Naturaleza.
Más tarde, Alcar aclarará por qué no se le permitió a Jeus asimilar la sabiduría libresca.
Porque todos esos conocimientos sociales no harían más que entorpecer la sabiduría que el mundo espiritual quiere transmitirle a Jeus.
‘La vida en dos mundos’, como lo describe la primera parte de la biografía ‘Jeus, de madre Crisje’, ya es bastante difícil para él.
Jeus recibe su formación directamente de la vida después de la muerte, y su maestro espiritual penetra en el hombre mucho más profundamente que los maestros de las escuelas terrenales.
Alcar muestra a Jeus cómo vive la gente a su alrededor.
Lo que dicen y lo que callan.
Lo que saben y sobre todo también lo que aún desconocen.
Para Jeus es un formidable aprendizaje, descrito en la segunda parte de la biografía, que tiene como subtítulo: ‘Jeus entre la gente’.
Cuando Jeus se muda a La Haya, ya de adulto, tiene que armar su personalidad contra la exigente vida urbana.
La gente en La Haya lo llama “Jozef”, y tiene que trabajar duro como taxista para ganarse el pan para él y para su mujer.
Al mismo tiempo, realmente es ahora cuando comienza el mundo espiritual.
La tercera parte de ‘Jeus, de madre Crisje’ describe cómo Alcar eleva a gran altura la mediumnidad de Jozef Rulof.
La mediumnidad pintora se despierta y los pintores espirituales hacen uso del cuerpo físico de Jozef para hacer sus primeros cuadros.
En ese periodo también asume protagonismo su mediumnidad sanadora, y Jozef se establece como magnetizador.
Y cuando Jozef se ha desarrollado lo suficiente como médium, el maestro Alcar puede comenzar con su tarea más importante: escribir los libros científico-espirituales.