Nuestras revelaciones a la humanidad

Buenos días, hermanas y hermanos míos.
Otra vez vamos a empezar con una nueva temporada e introducirlos en las leyes de la cosmología.
Recibirán un número de conferencias sobre la luna como madre para el espacio.
Han recibido unas conferencias, y aun así esta mañana voy a hacer un breve viaje con ustedes a través de los años que hemos estado juntos.
¿En qué tiempo —quisiera preguntarles, han podido constatar para ustedes mismos— viven en realidad?
La humanidad tiene miedo, la humanidad tiembla.
Vivimos en 1950, han pasado casi dos mil años desde que han tenido a Cristo en la tierra; han podido hablar con Él allí.
Han pasado dos mil años de sufrimiento, dolor y miseria, de miedo y temblores.
En el Antiguo Egipto, adonde los he llevado, se echaron fundamentos para este siglo, que hemos llamado “El siglo de Cristo”, para el que hemos trabajado y servido, hablado, escrito: la universidad de su vida, la cosmología.
Y ¿qué significa todo esto a su vez?
Hasta ahora en realidad les hemos dado aquí, en este edificio, y todo junto, unas seiscientas conferencias.
Y ¿ha cambiado eso al ser humano, pues?
Los hemos llevado con nosotros a la vida detrás del ataúd.
Los libros que han recibido les dieron una idea de cómo será su personalidad astral detrás del ataúd.
El ser humano aún no lo sabe; la ciencia —tuvimos que contar eso también— todavía no pudo ni puede aceptar esas leyes.
El psicólogo no conoce alma, espíritu ni vida, no conoce personalidad astral.
El parapsicólogo necesita pruebas.
Constatar que el ser humano tiene un sueño más profundo —como hemos dado a esos parapsicólogos permitiendo que sometieran a prueba a André, a Jozef Rulof— no sirve.
Tarde o temprano están ante esos fundamentos: “¿De verdad sería esto así?”.
En Londres, en Inglaterra, en la India colonial, pero principalmente donde las potencias intelectuales occidentales, los maestros, el núcleo del espacio ha traído a la tierra manifestaciones físicas, a las que se les llama materializaciones, desmaterializaciones.
Por medio de tomas fotográficas se ha constatado la personalidad astral, pero eso la ciencia, la humanidad no puede aceptarlo.
Y sin embargo, esto en realidad ya sería suficiente para la humanidad.
Han ocurrido miles de milagros por el ser humano; no por un pueblo como masa, porque no es posible y se lo voy a aclarar.
Se lo voy a demostrar, que la masa no cambia, no despierta, no recibe otra conciencia nueva por un libro, por horas y horas de hablar a esa masa.
Quisiera preguntarles: ¿qué han podido asimilar en los años que llevamos de ser uno solo por estas conferencias, cientos de ellas?
Adelante, hagan un balance, consideren lo que han aprendido en esos años y sin duda tendrán que aceptar: qué poquísimo es.
Sí, han comenzado a trabajar en ustedes mismos, pero todavía no se conocen; aunque hayamos machacado sus personalidades, cerca de ustedes, desde el espacio, desde otro planeta.
¿De verdad pensaban que el espacio podía decir: sí, estas personas han sido aupadas a un mundo nuevo respecto del alma, espíritu, de la vida y personalidad, sol, luna y de las estrellas?
Ellos, esta masa, todas estas personas, ¿conocen su tiempo, su vida, su paternidad y maternidad?
El ser humano aún sigue diciendo: “Bueno, ya lo veré más adelante.
Cuando llegue el momento, entonces ya lo veré”.
Y ¿por qué unos se preocupan entonces para conducir a la otra vida hasta Dios?
Por medio de diferentes viajes que hemos hecho juntos desde la vida de detrás del ataúd, les he aclarado que cuando el ser humano accede a su reino de Dios con sintonización espiritual, empieza a ayudar a cargar a Cristo.
Les he mostrado que las esferas, los cielos, de los que también se habla en la tierra, no están llenos, no están repletos, sino que todos esos seres, esos maestros se encuentran en algún lugar para empezar a hacer algo para el Dios de todo lo que vive.
No estamos allí sentados esperando a ver si recibiremos de comer de Nuestro Señor.
Por supuesto, somos uno solo con las flores, con la naturaleza, con el espacio, pero tenemos una tarea.
Y ¿cuál es?
Hemos empezado a darnos a nosotros mismos ese despertar.
Y hemos querido dejar ante ustedes esas imágenes, esos fundamentos a lo largo de los años que fuimos uno solo aquí y en otra parte... en otro lado, en Ámsterdam.
Han recibido las veladas de André.
Han recibido los libros ‘Una mirada en al más allá’ para mirar detrás del ataúd, para vivir y constatar sus propias revelaciones.
Les dimos la nueva obra que siguió a esos, ‘Aquellos que volvieron de la muerte’, los hicimos uno solo con la palabra del enfermo, del moribundo, y ni así es suficiente.
Un solo libro nos habría bastado para este mundo.
Una sola obra es suficiente, pero la humanidad es inalcanzable.
Tampoco a esos pocos les basta una sola obra, una sola llamada de atención, el primer contacto.
Con el libro ‘Aquellos que volvieron de la muerte’ tenían ya ahora esas revelaciones que queremos darles, las revelaciones del espacio —sí, ¿qué es espacio?— de Cristo, de Dios.
No, las revelaciones para esta humanidad como una figura divina, como el divino pensar y sentir, comprender, amor, felicidad, arte, ciencia, sistemas filosóficos.
Esta conferencia lleva el título: ‘Nuestra revelación a la humanidad’, y ¿cuántas revelaciones no han recibido ya?
Cuando seguimos la mentalidad del ser humano y de esta masa, y el tiempo en que viven ustedes... el caos en que viven, el miedo que los seres humanos vuelven a tener una y otra vez, demuestra que entre el año (19)40 y (19)45 han recibido una buena paliza.
El Cristo que mira desde Su espacio, pues Él todavía vive, pueden verlo y vivirlo en todo momento.
Aún mira a la tierra y dice: “Hay que ver, durante cinco años se ha estado machacando esa personalidad y una y otra vez se encuentran ante venganza, odio, miseria, demolición, mancilla, cotilleo.
Unos aniquilan a otros.
La masa... la masa y los pueblos están otra vez listos”.
¿En qué tiempo viven ustedes?
¿En qué conciencia vive la masa?
¿Queda alguna revelación para dar a esta masa salvaje?
Guerra, cañones...
¡Se vuelve a gastar el oro de la tierra —pronto verán si eso es necesario— para la violencia, para la bomba atómica!
Los pueblos de la tierra están otra vez arrodillados en las iglesias, y el pastor y el obispo, el capellán y el señor párroco rezan y rezan y suplican a Cristo por que les dé una insignificancia, para evitar que eso vuelve a pasar.
Sí, sí...
¿Están los espacios llenos de rezos?
En absoluto.
¿Cómo es capaz un ser humano de infundir alma al espacio, de acercar a sí mismo precisamente eso como individuo y como masa, como padre y madre, cuando uno sigue creyendo en la condena?
Un ser humano, una inspiración, ¿han sido ampliados de verdad y animados espiritualmente por paternidad y maternidad, benevolencia, cordialidad, justicia y felicidad, comprensión, la inclinación del ser humano respecto de maternidad, paternidad, amistad, Cristo?
Desde luego, cuando estamos ante el Gólgota... en nuestra última unión de la temporada pasada, cuando estuvimos allí mismo y dejamos el Gólgota, cuando el ser humano tuvo que aceptar que no había echado fundamentos, fue elevándose sin embargo un grito de júbilo desde estos sentimientos infantiles: “Qué hermoso fue”.
Sí, ¡qué hermoso fue!
Yo digo, los cielos, los maestros, Cristo, el Dios de todo lo que vive no dice: “Qué hermoso es”, para el ser humano al que eso le parezca hermoso.
¡Los fundamentos, las revelaciones tienen que golpearles!
Por fin tendrán que inclinarse ante una revelación que entonces será verdadera.
Y esas revelaciones podemos ponerlas en manos de ustedes.
Ustedes ya no viven en un tiempo de condena, no existió jamás.
Dios no habló jamás a Moisés, porque Él simplemente no es un ser humano.
Les demostraré, les aclararé —por las leyes del espacio, por el sol, la luna y las estrellas, dentro de las que ustedes viven— que solo son un grado de vida como sentimientos, como madre y padre.
Que vencerán el espacio por un solo pensamiento, para echar un fundamento encima del que se colocarán ustedes, por el que construirán un camino para su vida interior: su corazón, su percepción directa frente a las leyes vitales, los grados vitales, Dios como luz, como padre, como madre, como ley elemental, pero también como justicia.
Su iglesia, la ciencia, el psicólogo, para ellos mismos, ¿qué han animado fundamentalmente respecto de la paternidad y la maternidad, la vida, la luz y el amor?
¿La revelación de que ustedes son de verdad la revelación de Dios como seres humanos?
¿En qué tiempo viven ustedes?
Casi están con un pie—el otro ya seguirá por sí solo— en el reino de Dios.
En este caos casi están en el reino de Dios, en la tierra...
¿Qué les parece?
Las flores ríen —el ser humano no sabe hacerlo.
La naturaleza les da la bienvenida con júbilo, un pájaro trina día y noche.
André los eleva a la naturaleza inmaculada y los conecta con los patos, con el sentir y pensar cordiales respecto de la madre naturaleza y el espacio, Dios, Cristo —y el ser humano no sabe hacerlo.
El ser humano no quiere empezar a trabajar en sí mismo.
Les he dado la imagen de cómo serán pronto detrás del ataúd.
Y volvemos a llegar detrás del ataúd, porque ahora empezamos a iluminar, a aclarar según las revelaciones espaciales, a analizar ante Dios y la Omnimadre esos sistemas, esos pensamientos respecto de Sócrates, para él, para Platón, para Aristóteles, para que a lo largo de este año ustedes lleguen a conocerse.
Pero ¿en qué tiempo vivimos?
¡Miedo y estremecimiento por todo el mundo!
Los pueblos... los pueblos de la tierra se aferran unos a otros.
¿Para qué han recibido entonces ‘Los pueblos de la tierra’, el libro de Cristo?
Su obra vital está en ustedes... a su alcance.
“¿Sería así y es así?”.
La Biblia, la masa, el ser humano que siente la Biblia, dicen: “Allí está ese cacharro y ya no quiero verlo”.
¿Cómo es posible que pueda odiar el Dios de todo lo que vive...? Por ejemplo en el Antiguo Testamento.
Todavía hay millones de personas que están ancladas al Antiguo Testamento.
Les he dado las conferencias por orden de aquellos maestros que empezaron a dar una fe al ser humano.
Y ahora estamos ante fuego, un infierno que arde... que arde eternamente.
El ser humano aún no es capaz de pensar, de empezar, de experimentar la “palabra”, no es capaz de eso, y ahora somos nosotros quienes hemos tenido que hacerlo.
Ustedes tendrán que hacerlo detrás del ataúd, porque allí empezarán a pensar: ‘¿Soy astral aquí, o es que soy espiritual?
¿Qué es espíritu? ¿Qué es vida? ¿Qué es alma?
¿Qué es en realidad alma?’.
Está escrito: “Arderán eternamente”.
Entonces están condenados.
¿Alguna vez han descubierto ustedes un fuego, les hemos preguntado, en el que sufrían, en el que de verdad se les quema y que nunca jamás termina?
Intenten poner las manos en su fuego material.
¿O cómo es ese fuego en esos infiernos que tiene que arder eternamente allí?
Los libros les aclaran: ¡no existen!
¡No existen mundos destructivos creados por Dios, por los que Él condena y destruye eternamente a Su Hijo, Su vida, Su luz, la paternidad y maternidad!
Tenemos que extirparlo, lo hemos exclamado aquí al espacio; se lo hemos dicho en voz alta al espacio, a la masa, a la humanidad: ¡eso ya no existe!
Ya no tienen que pensar en eso, ¡ya pasó!
En este momento casi viven en el reino de Dios.
Pero deberían escuchar su pastor protestante y su párroco, deberían escuchar el erudito, ¿qué tiene para traerles? ¿Qué tiene que decir?
Les hemos preguntado: ¿qué son ustedes cuando son teólogos y han recibido su título aquí, pero sin conocer las leyes?
¿Qué sabe usted, estimado catedrático, de la vida y la muerte?
¿Qué es el alma?
“No lo sé.
Sí, el alma es de Dios”.
Muy bien...
¿Qué es la vida?
¿Tiene el ser humano detrás del ataúd una personalidad astral, espiritual?
“Sí, existen los cielos”.
Y ese Lucifer, ese diablo, ¿dónde vive esa criatura?
¿Es de verdad un enviado de Dios que ha perdido sus pequeños fundamentos?
Les hemos dado esas pruebas, les hemos aclarado esas leyes.
Ahora recibirán ciencia espiritual; en esta nueva temporada llegarán a ver su Biblia nueva.
Y esta pueden vivirla, tenemos que seguirla, tenemos que aceptarla; donde han nacido esas revelaciones, y es el estadio inicial de la luna, el estadio inicial de este espacio al que pertenecen y que venceremos como seres humanos.
¿En qué tiempo viven ustedes?
El ser humano querría que todo se volviera a demoler una y otra vez.
Pero ¿acaso no sienten, pudimos escribirlo en ‘Los pueblos de la tierra’, que ahora tienen que mirar el “peligro amarillo”?
¿Y que Stalin opte por que le quiten lo bailado?
¿Qué es el “peligro amarillo”?
Europa está lista, pero no hay un solo pueblo aquí en Europa que piense en la guerra.
Pero basta con regresar un poco, ¿qué ha ocurrido desde 1914?
En esos pocos años ustedes han vivido veinticinco mil siglos, porque la humanidad, la sociedad necesitó millones de años para construirse a sí misma.
Desde 14, 15... solo han pasado treinta y cinco años y los pueblos de la tierra han llegado a la unión.
Cuando escribimos en 1935, cuando en el 39 hubimos terminado los libros —los tres tomos que hemos convertido en uno solo, ‘Los pueblos de la tierra’— que en Europa y para el mundo los pueblos llegarían a la unión, ¡nadie lo sabía todavía!
Cuando dimos una conferencia aquí, ‘La Indonesia colonial y usted’, y dijimos: “Esa Indonesia colonial suya se va a liberar, porque es una ley cósmica”, se gritó por allí: “¡Bolchevique asqueroso!”.
Dije: “Gracias, señora, entonces lo será usted, porque yo le doy mi amor”.
Y fue lo que ocurrió.
Son las revelaciones de los maestros, pero se han espiritualizado y materializado, pueden leerlas por completo desde el espacio si tan solo piensan de verdad.
¿Qué clase de eruditos son los que a diario les dan una impresión de ese espacio y de los mimos maternales, que analizan el sentimiento quejumbroso y pobre de esta humanidad, y que una y otra vez se detienen en el leve “tirón de orejas”, el exiguo trocito de camino que se ha vivido y que se depuso desde esta mañana?
No miran el espacio, el futuro.
Para un catedrático de este mundo ese futuro aún no se puede vivir.
Porque ustedes lo oyen una y otra vez: “No lo sabemos”.
En este mundo no hay nadie capaz de darnos una imagen de cómo será esta humanidad.
¿Lo ven?
Entonces mejor lean ‘Una mirada en el más allá’, ‘Aquellos que volvieron de la muerte’, ‘El ciclo del alma’, ‘Las enfermedades mentales contempladas desde el otro lado’.
‘El origen del universo’ les dará una impresión de cómo el Dios de todo lo que vive, la Omnimadre hizo esas creaciones, echó esos fundamentos.
Nosotros les hemos dado la idea, los libros, para conducir y llevar sus dones, su sentimiento al análisis, a la ampliación, que sirven para aprenden a comprender la palabra, la mística.
Así les ofrecimos una idea de dónde verán que vive precisamente el engaño espiritual, pero donde también el inconsciente espiritual está todavía destruyendo, mancillando a Cristo al beber aún todos los días Su sangre.
Para la vida de ustedes, ¿qué ha sido el Gólgota, por lo que a pesar de todo Él pudo manifestarse a esta humanidad?
Han recibido la idea para su Línea Grebbe.
Sí, nosotros estamos en contacto con maestros.
El propio ser humano es capaz de transmitir la imagen desde detrás del ataúd, porque ha vivido ese camino vital, porque en él hubo luz.
Lo ha vivido ese ser humano que allí cuenta sobre su vida.
Y en ustedes no cambia nada, detrás del ataúd son seres humanos que piensan, que sienten; esa personalidad estará allí ante ustedes como un ser humano.
Les hemos dado los otros libros; “Hemos ido poniendo un fundamento tras otro”, dijo el maestro Alcar cuando empezamos.
Pero también los llevamos a Cristo, cuando Él vivió en la tierra y se dirigió a Sus apóstoles: “Vayan y caminen.
Vamos, os haré (los haré) pescadores de hombres”.
La iglesia, la Biblia no sabe nada de estas situaciones.
Los evangelistas han comenzado —esas imágenes se las di y lo leen en ‘Los pueblos de la tierra’—, han comenzado a pensar desde un mundo que ya conocían.
Pues bien, la Biblia empieza —tal vez ya hayan acogido las conferencias—, ¡la Biblia empieza con falsedades!
Dios no hizo barro y un poco de soplo vital...
No hizo una figura por medio de un poco de polvo y un viento que infundía alma; ¿qué fue?
¡El ser humano —podemos decirlo bien alto a esta humanidad, y lo hemos hecho— nació en las aguas!
¿Son esto revelaciones?
Sí, miles de revelaciones —como verdades y realidades de cara al espacio, la paternidad y maternidad de ustedes, alma y espíritu, sociedad, pueblos de la tierra, demencia, enfermedad y felicidad, su amor— se las hemos dado, se nos concedió y pudimos dárselas, porque pudimos asimilar esos mundos.
Vivíamos en esa conciencia.
Pero el ser humano dice: “No”.
La sociedad dice: “¡No, eso es la palabra de Dios y seguirá igual!”.
¡Y no es cierto, humanidad!
Vamos, lleguen de verdad al pensar.
Dios no tomó barro en Sus manos y le añadió un poco de soplo vital para hacer un ser humano.
El ser humano tenía que comenzar en la existencia embrionaria, y les di esa imagen.
Una mañana volvimos hasta en la Omnifuente, la Omnimadre, porque eso solo era alumbramiento; y pronto se manifestaría, se espiritualizaría y materializaría el crear.
El ser humano continúa y dice: “La Biblia es verdad y usted no se tiene que meter con ella”.
Cuando llega alguien que analiza la mística para el Antiguo Egipto, entonces es hilaridad soberbia, escribí en ‘Jeus I’, entonces es burla, la aniquilación de la palabra de Dios.
Esta humanidad en este siglo, en 1950, sigue estando aún —son millones de personas—, siguen estando aún con los pies encima de estos sentimientos destructores y se asfixian a sí mismos.
No es posible continuar, ustedes no pueden renovar esa sociedad, no pueden cambiarla.
Al aceptar ese barro y ese soplo vital, detienen, detienen su propio desarrollo.
No les llega sensibilidad, amor.
Ese beso suyo, si se lo dan a su madre, tiene los pies encima de la condena, no tiene animación.
Cuando desde el espacio, desde el Omnigrado volvíamos al Gólgota para un viaje en la cosmología, y estaban reunidos en el Gólgota el Buda allí, Ramakrishna allá, Annie Besant, Blavatsky, Sócrates, Platón, todos los grandes, Rudolf Steiner y también Marie Corelli, para empezar a vivir las leyes de Dios y de Cristo...
Cuando pudieron volver la mirada hacia sus vidas en el Antiguo Egipto, en China, Japón, Francia, Alemania e Italia, entonces pudieron aceptarlo: soy eterno, hemos tenido millones de vidas.
Hemos llegado hasta aquí gracias a la paternidad y la maternidad.
Cuando pronto, es decir, más adelante, les demos una conferencia y les mostremos qué es la Universidad de Cristo —que representan ustedes, que representamos nosotros, que representa André y que algún día recibirá la humanidad—, les aclararemos la paternidad y la maternidad, recibidos desde la Omnimadre, de Dios, de Su luz y Su vida, de Sus... por medio de Sus leyes de densificación, Su entidad, y entonces veremos que vencemos este espacio en que estamos.
¡Esa es la nueva Biblia!
Este espacio hablará a su alma, su personalidad, su ser niño por medio del sol y la luna, las estrellas y los planetas, por medio de la luz y las tinieblas, por lo que se sentirán acogidos, animados y ampliados, ricos en sentimientos.
Y solo entonces podrán decir: sé verdaderamente.
Nosotros hacemos esa fe añicos, a patadas, en su lugar les damos el saber espacial, el ser uno cósmico para cada pensamiento.
Cada pensamiento que en la tierra vivan y emitan, palpen, es o bien inconsciente... o es consciente, posee amor, posee sentimientos, tal vez posea cordialidad, benevolencia.
Pero ¿cuándo fue animado este pensamiento por el Mesías?
Los he animado aquí de tal manera que una mañana no fueron capaces de levantarse e irse; entonces tuve que interrumpir el contacto para el espacio.
¿De verdad —les pregunto— ha despertado algo en ustedes durante los años que somos uno solo?
Al maestro Zelanus y al maestro Alcar quieren dar a ustedes las gracias, y a André-Dectar.
Les hemos dicho: no nos hacen falta sus agradecimientos.
Aunque... aceptamos sus flores y las mandamos directamente al lugar donde todavía se puede ver y vivir la imagen de la cruz, allí depositamos sus flores.
Pero la cordialidad, la comprensión que emana de ustedes hacia la sociedad, el ser humano, la paternidad y la maternidad, sus amigos, eso es más importante para el espacio.
Para eso trabajamos, infundimos alma a la vida y no paramos nunca hasta haber alcanzado el divino Omnigrado consciente.
Esta mañana ya puedo vivir el espacio, pero es necesario que ustedes sientan en qué tiempo viven ahora por fin, qué puede darles la sociedad, su vida.
Hemos vivido conferencias, hemos recibido una unión por la que vimos que su tarea en la sociedad no tenía importancia alguna.
Y sin embargo... una y otra vez: cuídense, encárguense de tener qué comer, de estar en armonía, porque ¿para qué se ha creado la facultad para Sócrates?
Los pensamientos que Sócrates percibió e imaginó en su tiempo, ¿de verdad era posible percibirlos con dignidad humana?
¿Por qué la ciencia los ha convertido en una facultad?
Las revelaciones que ya podrían haber dado la felicidad cósmica al ser humano ¡estaban allí!
Pero la iglesia no sintió eso.
Cuando Galileo dijo al papa Clemente: “La tierra gira alrededor del sol, santo padre”, y entonces esta “sagrada concienciación” dio un manotazo en la mesa y dijo: “No, el sol gira alrededor de la tierra.
¡Yo, con sus líos no quiero tener que ver, con los líos de ustedes no queremos tener que ver!
“¿Es eso despertar? ¿Es animación, progreso? ¿Es evolución cuando a su verdad la abaten a patadas en sus calabozos y la dejan morir de hambre?”, es lo que les dije de voz en cuello.
El ser humano dice: “Sí...
¿De verdad era así?”.
Galileo está delante de ustedes y puede atestiguar que fue destruido.
¿O no creen que durante la vida del Mesías en la tierra ustedes lo han crucificado?
¿Que hayamos sido eso nosotros como seres humanos, los judíos?
Somos todos nosotros... ustedes provienen de esa raza (véase rulof.org/es/no-existen-las-razas).
Todavía está ese puntito en su frente, esa sintonización todavía está allí.
No había más que una sola raza (véase rulof.org/es/no-existen-las-razas) en la tierra y se convirtió en el pueblo de Israel.
Se convirtió en Jerusalén, se convirtió en Cristo, se convirtió en el Mesías, ¡claro que sí!
“Ay no”, dice la sociedad, “fue solo una leyenda, son cuentos de la gente.
¿Cristo?
Vaya, vaya...
Cristo”.
¿Creen ustedes —se lo pregunté cuando entramos a Getsemaní— que hubo personas que pudieron decirle a Él, que pudieron escucharlo a Él: “Dios Mío, Dios Mío, que pase de mí este cáliz”?
Los apóstoles —según les he mostrado— se habían quedado dormidos, estaban dormidos; también Pedro, también Juan.
Habían olvidado a su maestro.
¿La duda?
No, el raquítico infundir de alma.
No tenían animación.
Allí a lo lejos Cristo se preparaba... se está preparando Cristo para Su subida al Gólgota, porque sabía lo que iba a ocurrir.
El caos en la tierra lo quebraría a Él, ese ser animal seguro que le iba a pegar, iba a fustigarlo y burlarse de Él.
Y entonces por fin una cruz en Sus hombros y después hay que subir...
Vamos, destrúyanla.
Allí yacían, los hijos —se lo he mostrado— que se quedaron dormidos al lado del milagro divino... ¡al lado de la conciencia divina!
Andaban con el Mesías por la tierra y no sabían que tenía conciencia divina.
Y así se quedaron...
Les hemos dado conferencias desde el nacimiento de Cristo.
Los he hecho vivir un paseo, cuando Cristo andaba por la tierra con Sus apóstoles y dijo a Juan: “Mira, Juan, puedo hacer que...
Puedo darte conciencia cósmica.
Puedo conectarte con el Padre como padre y como madre... pero ¿quién comprende a Dios como madre?”.
Si Cristo hubiera podido vivir lo definitivo para Su vida, ¿qué más podía haber dado —se lo pregunté— a la humanidad?
Entonces Cristo habría cumplido setecientos mil años, porque tiene el conocimiento y el poder para infundirse alma sempiternamente desde el espacio.
Su cuerpo no habría muerto nunca, ¡jamás!
Ya no tendría que haber vivido esa muerte, no tendría que haberla aceptado.
Cristo habría podido quedarse al lado de ustedes siete millones de años, de siglos, de eras, y entonces habría establecido la universidad de Su vida en la tierra.
Pero ¿qué hizo la gente?
Y ahora las cosas no son distintas, ahora se desarrollan estas mismas leyes, estos sentimientos en su sociedad.
Lo que no se comprende, no se palpa, es locura.
Cuando empezamos se oían allí gritos de: “Esa vida se destruirá por completo en tres meses hablando así”.
Y ahora llevamos seis años... hemos dado seiscientas conferencias, llevamos cinco años en ello y todavía tenemos que empezar de verdad, porque se lo voy a demostrar.
Solo hemos construido escenas, les hemos mostrado fenómenos.
Por los libros —según les dije— los llevamos a la vida y la muerte, al alma y al espíritu.
Los llevamos a la demencia, hicimos que conocieran los grados vitales psicopáticos inconscientes y conscientes.
Las leyes de Dios les hemos mostrado, y ni así hemos llegado aún.
Ahora todavía tenemos que comenzar con la cosmología, con lo fundamental, para poder decir: miren, eso es lo que hay ahora bajo nuestros pies.
Echamos fundamentos para nosotros mismos, para nuestra paternidad y maternidad, para nuestra personalidad.
¿Para la Biblia?
Por supuesto, pero no todo lo de la Biblia es malo, no hace falta que lo saquen todo de aquí a cuestas.
Pero ¿por qué se alaba la vida de Pablo y de los demás?
¿Se ha consumido por completo en los siglos pasados el infundir del alma?
¿En la tierra ya no quedan Pablos de ese tipo?
¿Se ha asfixiado, cerrado por completo ese tiempo?
¿Abandona Dios a Sus hijos?
¿Y no tiene nada que contar Cristo?
Todo eso se lo he aclarado.
¿No es así?
Se lo he dado para ofrecerles una impresión de lo ricos, lo grandes, lo profundos que son ustedes.
Se me ha concedido darles la impresión por medio de los maestros —porque hemos preparado a André— de lo infinito que es un pensamiento, para qué viven, qué importancia tiene la sociedad.
Los hice retroceder... volvimos a las eras prehistóricas, cuando todavía no había... (inaudible), cuando ustedes aún no tenían sus casitas, cuando seguían viviendo bajo la tierra.
Volvimos y fuimos a ver dónde se originaron las primeras enfermedades, porque Dios no creó enfermedades.
Toda esta miseria que tienen, que posee la humanidad, no existía; para Dios todo era armonioso.
Por eso los maestros escribieron esos libros.
Los maestros fueron construyendo una revelación tras otra, se espiritualizaba y materializaba después, para que ustedes llegaran a conocerse.
Y ahora estamos aquí nosotros, lo han visto en estos días.
El pastor protestante, el clérigo suplica: “Pero Dios mío, seres humanos, ¿qué hemos aprendido?”.
Pues... no se ha aprendido nada, para la masa nada.
La naturaleza continúa, la madre naturaleza sigue trabajando.
La madre naturaleza, la madre tierra termina la vida de ella.
Pero en estos tiempos está delante de ustedes el testigo de Jehová: prepárense, porque en cualquier momento todo esto se puede desplomar.
Todavía, en 1950, hay personas a quienes se les ha infundido alma que piensan que el Dios de todo lo que vive puede destruir la madre tierra y su vida.
Pero la iglesia católica no tiene que condenar a esa criatura, tampoco su teólogo, porque ellos también condenan.
Y a ver si ya por fin lo comprenden, tienen que desterrarlo de sus vidas.
¡No existe la condena, la destrucción!
Solamente existe la reencarnación y es el centro de todo: el renacer para el sistema planetario, para el ser humano, para el animal, para la flor y la planta, para el insecto más pequeño.
Llegamos desde las esferas de luz y volvimos a la tierra.
Una mañana de Navidad hicimos un viaje a Belén y vimos el nacimiento de Cristo.
Los he conducido al Omnigrado divino, donde son dioses como hombre y como madre.
Y entonces volvimos a la tierra...
En silencio fuimos uno solo... en una esfera sagrada.
Desde luego, se abrieron los corazones de ustedes, pero ¿es también y a la vez, encima, el corazón de esta humanidad?
¿Acaso no siente esta humanidad, no siente la iglesia, no sienten los eruditos que de todos modos esta vida de los sentimientos es indestructible?
¿Que ha de llegar a infundirse un alma nueva, que tiene que nacer una evolución y que esa es la explicación de la doctrina metafísica, y por medio de esta, por la que pudo manifestarse el Antiguo Egipto?
“¿Por qué nació ese Antiguo Egipto?”, les pregunté.
¡Fueron revelaciones!
Se liberaron los grandes alados e hicieron un viaje en el espacio.
Y allí yacía el cuerpo, pero habló.
Ahora nos hemos desarrollado más y a más profundidad, ahora caminamos aquí abajo, delante de ustedes, y aun así vivimos las mismas leyes.
Ya no fluye sangre, sino que son milagros y revelaciones; no solo para ustedes solos, sino para los pueblos de la tierra, ¡para toda esta humanidad!
El ser humano recibió su entidad, también el sol y la luna, y ¿pensaban acaso que los pueblos de la tierra no?
China y Japón... ¿qué ha ocurrido en esos pocos años?
Lo que tienen que hacer es vivirlo.
¿Son capaces de hacerlo?
Japón en 1939: ¿qué era este pueblo? ¿Cómo era su conciencia?
Israel... ¿estaba esa criatura abierta a Israel?
Esa criatura vivía en la mística oriental, en la “sacralidad” de una destrucción.
Una destrucción de la criatura era lo más sagrado de todo —y nosotros decimos: no, no violen la vida, no violen a Dios, ¡niéguense!
Niéguense a matar, si no quieren que se les mate.
Niéguense a participar en la destrucción, porque son deidades.
¿A qué distancia de ustedes está esa conciencia japonesa?
Ojalá los japoneses, esas criaturas, esa masa hubiera aceptado a Buda, en su entorno cercano.
Pero ¡en cinco años, queridos míos, en solo cinco cortas horas, breves tiempos, se llevó allí una conciencia de millones de personas a Israel!
Japón está preparado para... para acceder al templo de Israel.
¿No significa eso nada para el mundo?
El catedrático, el erudito, ¿pueden ver estos fundamentos?
¿Y qué más da?
Ahora falta el pueblo chino.
Stalin hace la guerra; en todo momento podríamos infundirle alma para no hacerlo.
De verdad, esta humanidad se ha ganado una paliza.
Esta humanidad, esta Europa, su país, su pueblo, esta estupenda existencia se ha ganado una nueva paliza; baste que miren la masa.
Hace falta ahora que se vayan construyendo cañones y destrucción, porque ustedes se encuentran ante el mal.
Pero ¡nada es capaz —acéptenlo ahora y acójanlo en sus corazones y láncenselo tranquilamente a sus universidades— de destruir el pueblo de Israel! (El maestro Zelanus no se refiere aquí al país Israel, sino a la Casa de Israel; véase para esto también el libro ‘Los pueblos de la tierra contemplados por el otro lado’).
Porque el pueblo de Israel está en manos de los maestros, tiene y recibe esa animación del Mesías.
Porque para esta concienciación...
Israel no dice nada, pero esta es la concienciación más elevada de todas para el espacio.
Israel ha entrado en contacto con los maestros.
Y ese pueblo ya no puede extinguirse, ese pueblo es indestructible.
Un pueblo de tantos millones de hijos se condujo en cinco años a Israel.
¿No les dice nada?
¿Están ustedes, está el espacio, está Dios, está Cristo en un punto muerto?
¿Ya no hace nada Cristo, ya no hace nada Dios, deja a Sus hijos solos?
Sí, la gente mira las nubes, pero eso ya no ocurre.
Galileo no se deja destruir dos veces por la iglesia católica.
Y luego Cristo... ¿otra vez de regreso a Jerusalén?
No para que a Él lo —eso ya pasó—, no para que a Él lo cuelguen en la cruz.
No, ¡para pegarle un tiro en la calle!
El ser humano que llegue a esta sociedad con conciencia elevada, con sentimientos más profundos, con espíritu, alma, ampliación y amor, ya no podrá ser desterrado, pero sí mancillado, desfigurado.
Ya tampoco se puede poner esa vida, esa conciencia en una hoguera, estimada iglesia, esos tiempos ya también los hemos dejado atrás.
“Sí, solo fueron diez”, dice el jefe.
“Solo fueron diez personas, no fue para tanto”.
Pero algún día esos cardenales y obispos llegaron al pensar y sentir más profundos.
Esos curitas, esas monjitas también llegaron detrás del ataúd y ahora podían empezar con sus propias vidas espirituales, y ahora podían hacer preguntas verdaderas, espaciales, divinas, a las que y para las que recibían respuestas; esa respuesta está lista.
“¿Para qué he servido, pues?”.
Porque si el ser humano no hubiera recibido fe —créanlo y acéptenlo—, entonces tampoco habría estado bien.
Pero ahora viene el análisis.
Las revelaciones que les daré para vivir ahora son el análisis de la Biblia, el análisis para y de este universo, su sociedad, los pueblos de la tierra.
Recibirán y vivirán revelaciones cuando se pongan a mirar de verdad, cuando quieran ver de verdad, cuando por fin empiecen a preguntarse: sí, así es como es.
Tienen que empezar a elevar en ustedes esa revelación y decir: "¡Sí, el ser humano ya ha vivido millones de eras en el espacio antes de que empezaran los evangelistas!".
Se ha escrito desde el cerebro humano.
El ser humano empezó a pensar.
Tal como ahora escribimos libros con conciencia cósmica, esta fue la historia humana.
Pueden escucharla a diario, el pastor ya está hablando.
Les da... no les da a ver ese preciso camino, sino que ahora también los hace girar un poco a la izquierda.
Y nosotros decimos: a la derecha, allí es donde vive la ley.
Ahora a la izquierda...
Ahora pueden vivir esa ley.
Sí, con mucho cuidado el teólogo empieza a roer pedacitos y trocitos de esas imponentes revelaciones de y para la Biblia, porque sabe de verdad: el biólogo, el geólogo, la criatura científica que está a su lado y dice: “Mira, por más que estudies, por más que representes la Biblia, pero han llegado nuevas revelaciones.
El ser humano ya tenía millones y millones y millones de siglos —¿lo oyen?— antes de que se escribiera la Biblia”.
Y ¿quién estaba entonces encima de ese fundamento?
¡Nadie!
Ahora no pueden ver las flores ustedes solos.
Se les tiene que contar: “Allí hay flores, son blancas, rojas, verdes y amarillas”.
Pero no están allí de verdad.
El evangelista recibió de él y de ella una pequeña historia, y esas historias las conoce la humanidad y su sociedad.
Cuenten algo hoy... cuéntenle algo especial a un amigo, a una persona que no conozcan; dentro de dos, tres años lo recibirán de vuelta, desde Europa, desde Francia y Estados Unidos, pero entonces habrá sido mancillado, entonces se le habrá dado la vuelta.
Ha sido lanzado a lo alto, hasta el cielo, hasta el espacio, o a ustedes y su historia los habrían pisoteado, dejándolos enterrados.
Los deforman, ya no quedará nada de ustedes ni de su historia, porque la humanidad la ha acogido en sí.
Millones de criaturas querrán vivir algo de eso y por eso, pero no quedará nada de esa historia, ¡nada!
Lo que trajo él a casa para Nuestro Señor no era un pececito así, sino uno como esto.
¡Tenía este tamaño! ¡Así!
Claro, así es como se han trabucado y mancillado las revelaciones divinas.
Así fue como llegó la gente a este mundo y empezó a pensar: eso bien que vale la pena, tenemos que dejar constancia de eso.
Y entonces empezó... y ahora pueden leer los primeros pasajes.
Para eso está abierto este siglo, esta humanidad aún está ante el barro y el soplo vital y no quiere vivir la otra revelación: el ser humano que pueda aclarar y analizar de cara al espacio ese soplo vital y ese barro.
Nosotros vivimos en ese espacio.
Pasamos por él como un relámpago y podemos ser uno solo con la luna, el sol y los planetas.
Vemos que Júpiter posee inconsciencia, que no es posible que Júpiter, Venus, Saturno tengan vida y que la luna esté agonizando, a causa de lo que, por lo que esos cráteres, por lo que ese soplo vital se disuelve.
¿Por qué la madre luna ya no tiene atmósfera, erudito?
Ustedes no pueden vivir allí.
La gente todavía quiere ir, quieren ir allí, pero aquí es donde viven los fundamentos.
Cristo, los maestros, su padre y su madre han traído las revelaciones aquí.
¿Se para la humanidad a pensar esto?
¿Quiere la humanidad ver estas revelaciones, estos fundamentos?
Ahora vamos a volver a empezar con ellos.
¡Las revelaciones para esta humanidad dicen, desde los cielos, los maestros, que la Biblia empieza con cuentos chinos!
El Dios al que se le da allí forma y una personalidad, ¿es una persona que odia?
Qué duro, qué terrible, ¿no se asustan ustedes?
Ojalá pudieran contarlo algún día en su iglesia, en esas iglesias.
Hace doscientos años había gente que decía: “Sí, creo que se puede vivir animación desde detrás del ataúd.
Una muerte no existe”.
Pero ¡se echaban esas cosas a la hoguera!
El ser humano no podía ni era capaz de hacer un poemita espiritual, entonces ya lo fusilaba la iglesia, iglesia, iglesia...
Y esa iglesia está allí, millones de personas no quieren despertar.
¿Revelaciones?
Esperan nuevas revelaciones.
Cristo dio todo, Dios dio absolutamente todo a Su vida por medio de Su manifestación.
Pero ¿cómo funciona, pues, ese universo?
Ustedes pueden comprenderme, tienen ‘El origen del universo’, tienen ‘Una mirada en el más allá’.
¡No se han creado infiernos, no se ha creado condena!
Tenemos que volver a empezar para enseñarles a ustedes que aquí mismo se puede vivir su condena, que esta tiene lugar, si ustedes se asfixian a sí mismos, si asfixian su sociedad, su paternidad y maternidad.
Si odian, si hablan, si piensan mal del ser humano —yo se lo he enseñado— entonces ya se habrán ido.
Ámense unos a otros, acéptense unos a otros.
No hace falta que carguen esas personas, lo tienen que hacer ellas mismas.
Pero aquí mismo, aquí viven en la revelación, en la unión universal, que no termina jamás.
Solo pueden dormirse un breve instante.
Dormirse solamente... y es el morir; detrás de eso volverán a despertar.
Parapsicólogo, psicólogo: o continúan conscientemente como seres humanos, o vuelven a la tierra y vivirán de nuevo el mundo para el inconsciente, ¡para la vida embrionaria!
Otra vez dilatarán en la madre hasta despertar, hasta la evolución y entonces llegarán a la tierra como niños.
En 1950 la ciencia aún no puede aceptar —los pragmáticos sentimientos occidentales— que la criatura que ahora vive en la madre y pronto nacerá ya lleva millones de años en la tierra y ya tiene millones de vidas a la espalda, para la paternidad, la maternidad, la sociedad, el espacio, Cristo, Dios.
No puede aceptarlo; y ¡son las revelaciones para este siglo!
Es el reino de Dios, es el “Siglo de Cristo”, la universidad Suya, por la que nosotros analizamos estas leyes.
Y entonces podrán hacer millones de preguntas, que también se llevan hasta la revelación espacial.
Yo les digo: después de todos estos centenares de conferencias ¡todavía hemos de empezar con el verdadero análisis —tengo amor, tengo religión, tengo fe, ¿qué es alma, qué es espíritu, qué es paternidad, maternidad?— para su carácter, para su personalidad!
Todavía hemos de comenzar ahora a aclarar las leyes, para convertirlas, para espiritualizarlas y materializarlas.
Lo que no pudo hacer ningún Ramakrishna y lo que Krishnamurti no pudo hacer, y no pudo hacer ni Annie Besant ni Blavatsky.
Solo ahora representamos todas esas doctrinas, sectas, esa mística.
Se revela ahora para este siglo, para ahora, ahora en este momento.
¿También es demencia, no es así?
Madame Blavatsky trajo: “El ser humano fue primero naturaleza, luego animal y luego ser humano”.
Nosotros decimos: “No, ¡lo has sentido de manera bíblica, Blavatsky!”.
También Max Heindel (1865-1919, fundador de los rosacruces en 1909), que pensaba que el ser humano podría fecundarse una vez en su vida.
Seguramente que lo vio en un caracol que cargaba con su casa.
El ser humano no es solo padre y madre, sino que además lleva una casa en los hombros, y es un caracol.
Pero ¡los seres humanos no son caracoles!
No, Blavatsky, Max Heindel, ¡ustedes han errado el tiro!
Nunca jamás en la vida han vivido un desdoblamiento consciente, como dicen ustedes.
No es cierto, porque entonces habrían dicho la verdad.
Entonces en ese tiempo ya no habría llegado a haber un desgarre para la teosofía.
Entonces el ser humano ya habría visto las revelaciones divinas por la doctrina metafísica, por las leyes espirituales, por el reino de Dios en la tierra, pero desde la Universidad de Cristo, y esas sí que son revelaciones.
Si predican la verdad, si han vivido la verdad, entonces no puede... entonces no puede haber errores ya.
Y eso no tiene nada que ver con la sociedad, pasa a través de la sociedad.
Sin duda alguna, pertenece a la personalidad, al carácter humano.
No, son fundamentos y revelaciones universales, divinos, que quiero mostrarles.
Lo cual no han podido hacer ni Blavatsky ni Krishnamurti ni Rudolf Steiner.
No tuvieron esos ojos, ese sentimiento.
Lean los libros de Rudolf Steiner, lean la doctrina secreta de madame Blavatsky y compárenlos ahora con los libros de los maestros.
Y vuelvan entonces y digan: sí, ustedes tienen razón; tengo que inclinarme.
Cuando un pastor protestante dice: “Sí, eh... los evangelistas fueron apóstoles, eruditos, como ahora tenemos un teólogo, un exegeta”, para lo que ustedes han creado la cátedra.
Ese hombre, esa vida, ese erudito les aclara la Biblia.
“Tomen asiento”, y comienza.
Pero siempre tiene que aceptar ese laberinto.
Va a hablar desde una fuente que no tiene existencia, porque ¡Dios no ha hablado nunca jamás como ser humano al ser humano!
Y ahora es mejor que ustedes empiecen con la Biblia, que empiecen donde Abraham, donde Isaac, Noé, donde Moisés llegó a la conciencia.
Y esas conferencias se las he dado, y ahora todo es distinto.
Sí, y sin embargo otra vez tan cerca de casa, porque son ustedes mismos.
¡Son ustedes!
Desde las esferas una criatura llegó a la concienciación y dijo: “Mi padre y madre están allí y no saben que vivo.
¿Cómo vuelvo a la tierra?”.
Y entonces empieza la búsqueda, pronto lo vivirán detrás del ataúd, donde también ustedes llegarán a estar.
Si tienen sentimientos, tienen amor —esas pruebas, esas conferencias, esos viajes los hicimos juntos—, entonces se verán allí ante Moisés, ante su primer inicio, su primer paso espiritual, porque ese cuerpo no tiene importancia alguna.
Es un templo creado por Dios.
¡Dios creó al ser humano a Su propia imagen!
Moisés... se convirtió... ese nombre lo recibió solo en la tierra.
Pero, estimado grado de vida, es usted alma, espíritu y una personalidad.
¿Puede aceptar ahora que esta imagen humana que usted representa disfruta de espacios divinos?
Dios creó al ser humano como Su imagen, como una revelación, pero ¿cómo verán ustedes, cómo quieren ver y experimentar esa revelación?
Así son, pues, los libros.
Desde el momento en que comenzamos, ¿qué les han dado los maestros en estos años a su vida, a su sociedad, a su pueblo?
¿A Europa, a esta humanidad?
Hemos rozado un momento la cosmología, los llevamos a través del ataúd, les dimos una nueva vida.
Volvemos de manera infalible al momento en que los primeros sentimientos para el Dios de todo lo que vive fueron sometidos a una materialización y una espiritualización.
Volvimos al primer momento en que se originó el primer alumbramiento, el primer parto y creación para lo humano embrionario —¿por medio de la madre tierra?
Por supuesto... más adelante, después de varios millones de eras —pero nació en la luna.
Y ahora, ¿qué revelaciones tenemos para darles?
Astrónomo, venga aquí, siéntese y recibirá clases universitarias y ahora vamos a analizar y aclarar esa luna muerta.
Se les dará a vivir cosmología, desde el origen de esta “luna”, que tiene billones de años, de esta vida, esta madre.
Vamos a ponerles debajo del corazón la madre de este espacio.
Se harán conscientes.
Les aclararemos —si lo quieren— si pueden visitar su vida con un cohete, pero también les contaremos que llegarán a estar en un espacio en el que nunca jamás... no es sino hasta que se disuelva la luna que también se disolverán ustedes.
No podrán salir de allí, no la vivirán nunca jamás.
Y ¿qué más da?
Pero aquí mismo eso es posible, aquí en la tierra, porque el ser humano posee sus grandes alas, el ser humano tiene origen divino.
No, ¡el ser humano es una deidad!
Basta con que vuelvan la mirada a la tierra para ver cómo vive ese “Dios”, pero eso no tiene importancia alguna.
Ustedes han recibido el arte.
Los he hecho vivir cómo nacían las revelaciones para la música, para Rembrandt, Van Dyck, Tiziano.
¿Por qué volvemos —una y otra vez— con los mismos nombres, con esas palabras, esas personas?
La madre tierra recibió la unión cósmica para el arte.
Beethoven, Bach, se desfogaron, interpretaron la vida de Cristo.
Entonces llega la ciencia, por fin la ciencia.
Ninguna ciencia tiene ahora más de cincuenta años.
Vuelvan un poco más profundamente y ni siquiera tenían esta luz.
Son revelaciones materiales, pero las revelaciones espirituales todavía no están siendo acogidas.
Y son en primerísimo lugar que llegarán a conocer la Biblia, que llegarán a conocerse a ustedes mismos como seres humanos.
No para aquí, sino para detrás del ataúd, para su vida astral, espiritual.
¿Y después ir, así como así, desde esa vida al Gólgota?
Sí, hemos podido hacerlo, la profanación que iba surgiendo en nosotros, esos sentimientos espaciales, ¿no?
¿Qué es espacial?
¿Cuando queremos volar sin más al Gólgota?
Porque ustedes no conocen esa vida, ¿lo sienten?
Hemos vivido una imagen tras otra, una ley tras otra.
Atravesamos la historia humana echándonos durante siglos en Getsemaní, para llegar a rehacernos; y después, volver a salir, a Pilato, a Caifás.
Caifás...
Y después hacia arriba, al Gólgota.
Se nos golpeó, se nos desfiguró, se nos crucificó, ¿por qué?
Y entonces ustedes pidieron: “Déjennos ver ahora la vida eterna.
Dejen... conéctennos con el mundo astral, con la primera esfera”, es un cielo, “con la segunda, la tercera, la cuarta, la quinta, la sexta, la séptima”.
Y entonces llegamos al cuarto grado cósmico.
Porque ¿acaso no es cierto que Dios dijo: “Divídanse y multiplíquense (Dividios y multiplicaos)”?
Y entonces cada chispa tenía... absolutamente cada chispa que salía desde esa Omnifuente y aún no se podía ver va a espiritualizarse, materializarse, y tiene que volver al divino Omnigrado consciente.
Son ustedes, somos nosotros, son las flores, son las aguas, es el animal.
Toda esa vida va a volver a Dios, debe volver a Dios, si no se derrumbará esa existencia del universo.
Eso también es una personalidad.
Una chispa que muere, esa aura vuelve a la Omnienergía y representará allí esa vida.
Dios se dio forma a sí mismo y dio al ser humano Su imagen.
Y esa imagen significa que algún día ustedes deberán vencer, que algún día vencerán esta tierra —un planeta que planea en el espacio, que va alrededor del sol y describe una órbita propia.
Y entonces se dirá: han completado el ciclo de la tierra.
Entonces ustedes vivirán en un mundo espiritual astral.
Entonces estarán en el mundo al que ustedes pertenecen como vida y como espíritu.
Les hemos dado las imágenes de cómo ustedes despiertan su chispa divina.
Y entonces nos encontramos esa mañana, y ahora otra vez, y estaremos en el futuro: peguen a esa criatura en todo el rostro, engañen a la humanidad —¡y se engañarán a ustedes mismos!
Digan sinsentidos y vendan ciencia de la que desconozcan las leyes —representarán mentira y engaño.
Pero vuelve a ser demasiado alejado de sus vidas, la sociedad ni siquiera lo percibe.
Pero cuando estemos ante el Mesías, cuando aceptemos el Gólgota —iglesia, teólogo—, beban entonces Su sangre; tendrán que aceptar detrás del ataúd y ante la universidad de Su vida que se emborrachan, se engañan, se pegan a ustedes mismos.
Saquen la vida de este lado de su quicio divino, suelten esa masa, pero ay de ustedes si no poseen nada nuevo, ninguna otra cosa que demolición y destrucción.
Violen la vida de su madre, de su marido, de su hijo, de su amigo... y finalmente, en algún momento, tarde o temprano, se violarán a ustedes mismos.
Se lo hemos enseñado, son las revelaciones, porque Dios no ha creado otra cosa más que armonía.
Son las revelaciones para sus vidas, para su paternidad y maternidad, para el tiempo que todavía estarán aquí.
No hace falta que estén llorando en sus cementerios, viviendo pena y dolor, no hace falta.
Les he enseñado: la animación espacial como revelación es aquello que les pertenece ahora, que ahora, esa vida que ahora es suya, de ustedes mismos, sobre la que ustedes mandan por completo; esa posesión, todo su reino aquí en la tierra, como materia, pertenece a otro.
Solo tienen conciencia temporal, tienen que desprenderse de ella.
Algún día no quedará más que empezar con ustedes mismos.
No es que los traigan los maestros, que ellos los traigan a la... a la tierra, que los hagan uno solo con esta sociedad y que tengan que ser golpeados para este espacio; los maestros les traen el júbilo espacial, la comodidad, la felicidad, las grandes alas, ¡para desplegarlas!
Ya no hay ataúd, ya no hay condena.
El ser humano es un producto eterno, una joya de fuerza creadora, el ser humano representa Su divinidad.
Yo les he dicho: ¡ustedes son dioses!
Miren ahora la masa, miren ahora su sociedad, vuelvan otra vez, vayan un momento a su iglesia.
Escuchen un párroco católico, escuchen su pastor.
Escuchen bien y pongan en su regazo ‘Los pueblos de la tierra’ y ‘El origen del universo’, ‘Aquellos que volvieron de la muerte’, ‘El ciclo del alma’, pongan esos libros en su regazo, ábranlos y hagan una comparación interior, pero espiritual.
Atrévanse a hacerla y a decir después: “Ahora lo sé, ahora está perfectamente terminado.
Aquello con que empieza la Biblia, eso también pertenece a 1950.
Solo son cuatro días los que pasaron.
Solo fueron seres humanos, pero ahora recibo la palabra divina”.
No hace falta que nos acepten, no hace falta que se inclinen ante los maestros, ante esos libros: inclínense ante ustedes mismos.
Inclínense solo ante la verdad y entreguen a eso su personalidad.
Mientras siga cruzándoles los labios la palabra “sentimental”, ya no podrán dar un paso más para su espíritu, para su personalidad, para su paternidad y maternidad, porque Dios y Cristo, estos espacios simplemente no son sentimentales.
Son veracidades, verdaderas revelaciones, que no solo han sido materializadas, sino que también se han espiritualizado, porque recibimos un mundo astral.
Conviértanse en padre y madre, conviértanse en hermano, en amigo, en hermana y hermano, y entonces llegaremos a la profunda ciencia espiritual y divina, para la que echaremos los fundamentos.
Y entonces estaremos encarados: ¿cuándo somos buenos? ¿Cuándo somos verdaderos?
¿Está esta vida que está sentada aquí abierta a la veracidad, que tiene que ser entonces el Dios de todo lo que vive?
¿Qué es el arte? ¿Qué es la animación?
El ser humano, esta humanidad volvió a tener miedo.
Pero acaso no sienten ustedes, cuando hemos escrito que los dominios británicos recibirían una independencia...
Ahora repasen un poco, repasen un poco la historia, repásenlo un momento.
Los dominios coloniales... que trabajaron durante siglos y siglos en esos pueblos, dicen un buen día —tienen la fuerza, tienen la conciencia, ¿acaso no sienten ustedes que allí detrás vive Dios o Cristo?—: “Ustedes están libres, mañana estarán libres.
Ustedes recibirán su autonomía, ya no queremos tener que ver nada con ustedes.
Podrán vivir sus propias vidas”.
¿Por qué...? ¿Por qué su pueblo fue a la Indonesia colonial?
Para llevar a esa gente de color a otra conciencia.
¿Por qué tuvieron ustedes que ir allí?
¿Para poseer a esa gente?
Cristo sí que sabía, y Dios también, que pronto ustedes tendrán que volver a dejarlos solos.
¿Por qué?
Porque cada insecto, y sobre todo el ser humano, una flor... ¡son cosas independientes!
También el color recibió una entidad por Dios, por el espacio, y se convirtió en rojo, amarillo.
¿No es así?
La Indonesia recibió, esa criatura recibe una independencia propia, porque cada pueblo debe vivir una concienciación más elevada, lo que ahora para ustedes es guerra, ¿verdad?
Vuelve a haber una masa parecida y ataca algunas vidas; para el espacio, para Dios, para los pueblos de la tierra es evolución, una simple y sencilla evolución.
Es forzoso que esas cosas lleguen.
Y entonces, a ver, imaginen un poco... pasen un momento por la tierra, vamos, miren un poco los pueblos, y volverán a recibir despertar y conciencia si vuelven a abrir ‘Los pueblos de la tierra’, porque entonces estarán ante toda entidad creada por Dios.
Cada grado de vida como pueblo, también la selva, recibirá una entidad.
¿No es sencillo?
Ahora, como seres humanos, pueden desear poseer muchas cosas, más adelante lo habrán perdido, ¡de todos modos van a terminar en “el ataúd”!
Y entonces al otro lado de todos modos tendrán que comenzar echando fundamentos para su nueva revelación, que entonces no será material, que no podrán comprar ni pagar por medio de materia, sino que tendrá que vivir aquí mismo, debajo de sus corazones.
Y ahora está siendo afectada su sangre vital.
Bien, digan: “Ya lo veré pronto”.
Bien, pero entonces nosotros, el espacio, Dios —ni Cristo tampoco—, no vamos a querer tener que ver con ustedes, porque quieren dormir.
Pueden descansar, pueden consumir y vivir sus fuerzas, su personalidad aquí en esta sociedad, pero entonces dormirán.
No vivirán encima de la tierra, sino debajo de ella.
No tienen sentimientos bíblicos ni tampoco sentimientos de Israel.
No hace falta que miren un católico y un protestante; no tienen absolutamente nada como para poder decir: “Ya lo veré pronto”.
Sientan respeto divino ante las iglesias que han nacido, porque el ser humano recibiría una fe, se lo he enseñado a ustedes, lo hemos aclarado.
Los maestros tuvieron que empezar a anclar al ser humano a algo, se lo dicen ‘Los pueblos de la tierra’, se lo dice Moisés.
El ser humano que no quiere saber nada de todo esto, que no tiene iglesia, que no tiene sentimiento, y por supuesto tampoco la naturaleza...
Porque hay personas que no necesitan iglesia ni dogmas, que no necesitan fundamentos.
Hay personas que llegan a Dios por medio de un árbol, y al espacio por medio de un charco de agua.
Esa gente, esas son las personas, son los hijos metafísicos, que han nacido por medio de Ramakrishna y los templos del Antiguo Egipto.
Pero el ser humano que aquí viva “conscientemente”, que no se trague ningún Dios, ningún Cristo, ninguna iglesia, no vive encima de la tierra, sino que vive debajo de ella y es más pobre que el loco al que se le ha tenido que encerrar por sus enfermedades.
Si les sirve de algo, tómenlo...
No es la intención ladrar a la vida en la tierra, pero la concienciación llegará.
No son gritos, solo es animación inmaculada para llevarlos al despertar.
Es la palabra que posee concienciación espacial y que ahora no solo es capaz de llevar las revelaciones materiales al Gólgota, sino de infundir alma a las espirituales —el verdadero y universal fundamento eterno—, lo humanamente inmaculado, lo maternalmente y paternalmente inmaculado.
Y es el regalo que la Universidad de Cristo les ha dado, que puede depositar en sus manos.
Y ahora puedo decirles, aunque ustedes fueran cientos de miles de personas: ¿quieren que me quede cerca de ustedes, que esté cerca de ustedes?
Puedo... tengo el sentimiento y la conciencia para preguntarles: ¿de qué fuente vital tengo que redactar su conferencia esta mañana, en las horas que seremos uno solo?
Les pregunté antes: esta mañana, ¿quieren verme cerca, cerca de ustedes?
Sí, entonces estaré cerca.
¿O quieren una conferencia, quieren ver aclaradas las leyes, quieren ver las revelaciones desde el mundo astral, desde su vida espiritual?
¿Quieren verlas donde han nacido en realidad, desde la Omnifuente, la Omnimadre?
Esas conferencias, esas leyes puedo ponerlas en manos de ustedes y preguntar: ¿con qué hemos de empezar ahora, después de seiscientas cincuenta conferencias?
¿Están ahora preparados desde el fondo de su corazón, con todos sus tejidos y fibras?
¿Está preparada su alma, su deseo, su personalidad para empezar ahora con las clases universitarias divinas?
Entonces la primera y siguiente conferencia para ustedes será: ‘La luna como la Omnimadre para este espacio’.
Y debajo de eso: el ser humano —¡erudito, universidad!— no surgió por la Biblia, sino que el ser humano nació en las aguas.
Algún día deberían ir a ver, ahora tendrían que escuchar y leer bien.
En estos tiempos despierta la universidad, los eruditos dicen: “Vamos, pastor, acepte eso, ande”.
De cualquier manera deberá llegar un tiempo en que la universidad en la tierra adquiera una personalidad consciente y que la universidad —a la que por tanto pertenecen los astrónomos, los psicólogos— por fin pueda decir: “Pastor, recorremos un mismo camino vital.
Los dos recibimos clases universitarias aquí, pero a ti te venden falsedades que yo conozco, que yo puedo analizar”.
Y ahora está sentado allí el pastor protestante y allí el teólogo —ahora ya no tenemos que ver con la iglesia católica—, pero es el pastor, es la fe protestante, reformada, la Biblia, la que recibe la misma sabiduría divina a la par del astrónomo y del biólogo.
Estos lo viven de manera científica, y aquellos según una fe, la Biblia.
Y ahora unos engañan a otros.
El astrónomo puede contar, el biólogo ya lo puede contar, incluso hay eruditos: “¡Hemos nacido en las aguas, pastor!
Tiene usted que volver millones de eras si quiere empezar a escribir la Biblia”.
Y ahora resulta que la universidad, es decir, su pueblo, su parlamento, no es el poder, no es la personalidad que quieren ser: ahora por fin les imponemos un alto a esos teólogos, damos conciencia espacial, espiritual a esos teólogos, a la Biblia.
No, porque entonces ustedes sabrán demasiado, ¡entonces ya no habrá asideros!
Pero ¿para qué estamos entonces nosotros?
Denme la radio, denle a Dios su radio y haremos volar estas palabras por encima de Europa y del mundo, y echaremos los nuevos fundamentos para su nueva Biblia, para la Universidad de Cristo.
Nosotros tenemos la palabra, tenemos la animación, tenemos la verdad, tenemos la justicia, armonía, amor, vida, luz, espíritu y espacio.
No, no lo recibirán ustedes; lo tendrá el pastor protestante, su horita.
Vuelve a empezar otra vez —durante mil años, ¡no diez mil siglos!—, vuelve a empezar, todavía en 1950: “Y Abraham dijo...”.
¿Cómo que Abraham?
¿Ese sordomudo, allí, de esos tiempos?
¿Esos sentimientos infelices, dementes?
¿Cómo que Abraham?
“Solo hubo un Abraham y una Eva”.
Sí, también viene la iglesia católica...
Por mucho que haya evolución, no se pueden tocar esos Adán y Eva únicos.
También queda la serpiente.
Sí, “santo padre”, ¡la serpiente vive en su calabozo, donde usted ha asfixiado la vida, la conciencia, la evolución de Galileo!
Es una maldición para usted mismo.
Dennos simplemente un cuarto de hora... (inaudible) y comenzaremos a escribir la nueva Biblia.
Ya hemos comenzado; Jozef Rulof, André-Dectar, tiene en sus manos los primeros libros para la nueva Biblia.
Y si terminan en manos de la sociedad, entonces su psicólogo, su astrónomo, su pastor protestante, su teólogo podrán sentarse allí para aceptar y vivir las clases universitarias de Cristo, de los maestros, de Dios.
Nosotros estamos preparados, estamos listos, ¿entienden?
¡Esa es la revelación para esta humanidad!
El estruendo de los cañones nosotros no lo miramos, no lo escuchamos, solo vemos evolución; de todos modos se lo ha contado Cristo, aunque esas personas aún no tengan esa conciencia, ¿no es así?
¿Qué le importa Stalin a Cristo?
Pero ¡su corazón late por medio de Cristo!
¿El comunismo?
Fff, fff, ¡de un soplo se lo quitamos a Cristo de las manos!
Una sola pequeña ley vital, una sola pequeña cordialidad, dada de manera tranquila y personal, directamente desde Cristo a Stalin y al comunismo —han de creerlo, seres humanos, son las revelaciones que Dios ha materializado y espiritualizado— y ya no conocerán el comunismo, ya no lo habrá.
Es posible hacer que se caiga una sola estrella desde el cielo, nosotros ya podemos hacerlo.
“Vayan y tapen ese Kremlin, tapen ese inconsciente”, ¡y adiós a Stalin!
Pero ¿qué nos ha enseñado Cristo?
¿Por qué dejó que lo pegaran, por qué dejó que Pilato lo flagelara?
Para eso los he sentado aquí.
¿Por qué fue posible ponerle una corona de espinas?
Solo una vez Él dijo... cuando Caifás dijo y preguntó: “¿Eres el Mesías?”, entonces dijo: “Tú lo dices”.
Sí, ¿para qué sirve?
¿Por qué seguimos dando estas conferencias?
¿Podemos llevar la sociedad a una nueva conciencia, a un sentir y pensar diferentes?
“Por supuesto, lo hago para mí mismo”, dice cada espíritu.
“Lo hago para las aves, para la madre naturaleza”.
Caifás, ¿por qué tuviste que equivocarte con Su vida?
¿Por qué has violado, y contigo tu pueblo, la vida de Él?
¿Querrían aceptar que ustedes han tenido que enmendar eso para Caifás, mientras que no tienen nada que ver con Gólgota, con Jerusalén?
Solo para eso fue necesario Adolf Hitler. (El maestro Zelanus parece apuntar aquí que Hitler fue necesario para algo. En el breve espacio de unas oraciones, desde luego, es imposible tratar suficientemente un dato así de trascendental. Este pasaje solo se puede comprender en el contexto de un libro completo, a saber ‘Los pueblos de la tierra contemplados por el otro lado’, que el maestro Zelanus escribió antes de ofrecer estas conferencias. En él, el maestro Zelanus aclara que Caifás se reencarnó en Adolf Hitler, o sea, que Caifás y Hitler son la misma alma. El libro describe la lucha entre el bien y el mal que se ha librado a lo largo de los siglos. Ya en tiempos de Cristo, Caifás representaba los sentimientos destructores, que querían detener y destruir el bien (Cristo), para conservar el propio poder. El maestro Zelanus plantea que la Segunda Guerra Mundial fue la última lucha entre el bien y el mal, por la que se venció de manera definitiva el mal a nivel mundial. También en esta última guerra mundial, Caifás representó, como Adolf Hitler, el mal, los sentimientos demoníacos, destructores que querían someter al mundo a su propio poder. Sin embargo, en tanto Adolf Hitler causó una cantidad inconmensurable de nuevo sufrimiento, que vuelve como karma y causa y efecto a su alma, por lo que él es el alma más “baja” en el espacio, al que harán falta millones de nuevas vidas de estar al servicio de los demás para enmendar lo que ha causado por medio de la Segunda Guerra Mundial).
Para eso fue necesario el ser humano que ha cometido sus errores.
Algún día volveremos a vivir otra vez esa unidad, y entonces llegaremos a la unión que será universal y cargaremos la vida de Dios.
Algún día ustedes serán capaces de vivir y percibir la vida de Cristo, pero ¡también de difundirla!
Para concluir esto esta mañana, quiero conducirlos al siguiente paso.
Quisiera preguntarles, en nombre de su espacio interior: ¿son de verdad capaces ahora de escuchar las clases universitarias, de acogerlas en ustedes?
¿Quieren otra vez que yo viva con ustedes los infiernos, que volvamos a atravesarlos, hacia los cielos?
Pero ¿ya quieren por fin llegar a conocer su origen?
¡Son revelaciones!
Entonces les pregunto: ¿están preparados para la siguiente conferencia, el ser uno solo con Dios, con Cristo, con su espacio, para vivir y aceptar la luna como la Omnimadre para este espacio?
¿Es cierto?
Entonces será nuestra siguiente unión de aquí, para ustedes, para su sociedad y para su espacio, porque después de esas clases universitarias vamos a terminarlas de manera material y espiritual, para que también le sirvan de algo a su teólogo, su Biblia.
Les doy las gracias por sus sentimientos gloriosos, les doy las gracias por las flores, que regalaré al maestro Alcar.
Reconduciré la vida interior al Gólgota.
Hermanas y hermanos míos, no quiero nada, tampoco espero nada.
Y sin embargo hay un tenue, suave, infantil deseo en mí, o mi vida, mi sentir y pensar no existirían.
Espero de verdad —albergo ese sentimiento— que en estas horas haya podido darles alguna cosita.
No hace falta más.
De corazón les agradezco su hermoso sentimiento, nuestra unión, esta mañana.
Hasta dentro de dos semanas.