El origen del infierno

—Voy a aclararte ahora otros milagros.
Volveré ahora a esos primeros seres humanos que han alcanzado el planeta transitable, porque morirían.
Los seguiremos ahora como seres espirituales, en otras palabras: voy a hacer la transición al mundo psíquico.
El planeta tierra estaba listo, pero ¿qué ocurría en el mundo astral?
También para la vida interior había un mundo, y era como la viva imagen de la tierra, aunque en estado espiritual.
Voy a conectarte con él.
André sintió cómo se fue hundiendo y empezó a percibir.
—Ves, André: hay tinieblas allí.
Las esferas luminosas en que vivimos ahora no existían aún, porque el ser humano todavía no poseía luz interior, el ser humano espiritual interior aún estaba por nacer.
Pero ahora pon mucha atención.
Los primeros seres humanos, cuando iban a morir en la tierra, volvían al mundo astral y esperaban allí para volver a ser atraídos.
En ese tiempo no ocurría otra cosa que nacer y morir, volver a la tierra, para hacer allí la transición en otra vestidura material.
Porque todos esos seres, o sea, la vida que infunde alma, tenían que recorrer ese camino para alcanzar el estado material perfecto y volverían las veces necesarias hasta haber alcanzado esa sintonización.
Estos seres —debe de haberte quedado claro— no podían seguir porque no habían conquistado ningún mundo existencial y solo en ese estadio superior y más avanzado de la tierra llegarían hasta ese punto.
Volverían primero a la tierra para recibir el organismo material más avanzado, solo entonces habían completado su ciclo terrenal.
Así que todavía hay tinieblas y es el mundo astral que hemos llegado a conocer en el segundo grado y con el que te he conectado.
Así que en nada se han producido cambios, por lo menos en el mundo astral, el mundo espiritual no ha cambiado nada en todos esos miles de siglos, porque el ser humano interior no había llegado tan lejos aún.
¿Te queda claro, André?
—Sí, Alcar.
—Entonces voy a avanzar siglos ahora.
Sin embargo había empuje, ocurría algo en el mundo astral de lo que nadie sabía nada.
Se originó otro mundo en el mundo astral.
Ese nació del ser humano.
Te aclararé este proceso y entonces llegaremos a conocer el infierno.
Te he aclarado que el ser humano siguió y despertó en su estado material en la tierra, y ese despertar significó odio, pasión y animalización.
Cada pecado que cometían, cada error que cometía el ser humano al quitarle la vida a otros, o sea, por todos esos horrores, se densificó en el mundo astral, y esto se convirtió en el infierno.
En ese mundo se fue construyendo un segundo mundo por medio de odio, pasión y violencia, y este se convirtió en el mundo existencial para los que habían completado su ciclo de la tierra.
Ahora voy a avanzar miles de siglos y te mostraré entonces lo que ocurrió en ese tiempo.
Mira y percibe, André.
—Dios mío, ¿qué es, Alcar?
—El infierno, André, el infierno en la vida después de la muerte.
El ser humano está construyéndose un infierno, y en esos siglos se densificó el mundo astral.
André vio otro mundo en estas tinieblas.
‘Cómo es posible’, pensó.

—¿No se podía haber evitado, Alcar?
—No, hijo mío.
—¿Ya viven personas aquí?
—No, todavía no, llegarán más adelante, o sea, cuando los seres humanos hayan alcanzado el grado material más elevado.
‘Dios mío, qué horror’, pensó André.

—¿Dice usted que el mundo astral, es decir, el infierno, espera al ser humano?
—Sí, André, era imposible evitarlo.
Desgraciadamente: las tinieblas esperan.
Esto se convertiría en el infierno en la vida después de la muerte, y los propios seres humanos se lo fueron construyendo.
Porque el ser humano ha hecho la transición en un estado de conciencia, la vida interior lo ha asimilado.
Es decir que el infierno nació del ser humano, pero Dios no lo quiso.
Dios le dio todo al ser humano, Su propia vida, pero es el ser humano quien generó esto.
Ya lo dije: el mal consciente nació en la tierra y lo creó el ser humano.
¿Entiendes todo esto, André?
—Si le he comprendido bien, Alcar, siento ambos mundos.
El primer mundo astral es el mundo natural, si puedo decirlo así, pero inconsciente; ese otro mundo es consciente.
—En efecto, así es.
Porque el ser humano tiene que avanzar y elevarse, y aunque esto sea el infierno, este mundo es de todos modos un estadio más elevado que el mundo de lo inconsciente.
Algún día llegaría el final terrenal.
La vida interior se hizo consciente, alcanzó una conciencia animal y sintoniza con algo que después de la muerte terrenal sería el mundo existencial espiritual.
Hemos conocido esta esfera tenebrosa como el infierno, o sea, un mundo de conciencia.
No obstante, ambos mundos eran uno solo, aunque uno era invisible para el otro.
Ahora voy a avanzar otra vez algunos siglos, y verás cómo se ha densificado el infierno.
En ese siguiente estadio, André empezó a percibir.
‘Cómo es posible’, pensó.
Vio un paisaje montañoso.
Era el infierno, la sombra de la realidad.
Era el mundo espiritual consciente, aunque el infierno en la vida después de la muerte, las tinieblas del otro lado.
—¿Sigue sin haber gente viviendo aquí, Alcar?
—No, todavía no, solo miles de años más tarde.
—Qué horrible me parece, Alcar.
¿Tuvo que atravesar el ser humano primero el mal para alcanzar la vida elevada?
¿Estaba determinado en el plan de la creación?
¿Fue la intención de Dios?
—Son muchísimas las preguntas que me haces, hijo mío, pero todas las personas se las harán si no conocen la creación material y espiritual.
Sí, hijo mío, ¿fue necesario todo esto?
¿Por qué tanto mal si el ser humano es un ser divino?
Escucha bien y te lo aclararé.
En primer lugar, Dios dio al ser humano —según te dije ya muchas veces— Su propia vida.
O sea, en todo esto reside el amor inmaculado de Dios.
Ha sido así desde el primer momento, porque en el primer estadio estaba presente el amor sagrado de Dios y el ser humano recibía ese amor, recibía todo y fue adquiriendo una voluntad propia.
En todos esos planetas esto era aún inconsciente, pero aquí en la tierra el ser humano se haría consciente.
Cuando ocurrió —hemos podido seguirlo— el ser humano se olvidó a sí mismo y masacró la propia vida de Dios, presente en animales y seres humanos.
O sea que el ser humano no comprendía nada de su sintonización divina.
Pero tenía que llegar a conocerse a sí mismo.
El ser humano fue haciendo la transición de un estado en otro, pero en todas esas vidas se olvidaba a sí mismo y mataba.
El mundo astral se densificó por medio de pasión y animalización, y ese proceso de densificación aumentó de manera alarmante.
El ser humano viviría en este mundo después de alcanzar en la tierra el grado material más elevado, y cuando iba a morir allí.
Entonces el ser humano interior entraría en esta vida, pero solo cuando hubiera completado su ciclo terrenal y material.
¿Entiendes lo que significa, André?
—Si le he comprendido bien, siento que este mundo tenía que llegar, o el ser humano se detendría en su desarrollo y entonces no habría cuestión de avanzar más ni de elevarse más.
—Muy bien, André, así es.
El ser humano interior tenía que seguir, ya no podía descender en el mundo de lo inconsciente, era consciente, aunque fuera una sintonización animal.
Por lo tanto, su vida interior sintonizaba con otro mundo y es el infierno en la vida después de la muerte material.
—Ahora lo entiendo, Alcar.
—Fabuloso, entonces voy a seguir.
Tu pregunta era: ¿pudo el ser humano haberlo evitado?
¿Fue esta la intención de Dios?
¿Tuvo que atravesar el ser humano el mal para alcanzar las esferas divinas?
Pero ahora te pregunto: ¿puede el ser humano alcanzar lo divino en algunos siglos?
Todo esto es el amor divino que tiene que asimilar.
¿Es posible en una breve vida terrenal?
¿Es posible en diez o veinte vidas, digamos en cientos de vidas?
Mira a tu alrededor, André.
Mira hacia arriba y abajo, a la izquierda y a la derecha, ve las estrellas y los planetas, y ve todo lo que vive en el universo e imagina entonces los mundos invisibles que el ser humano llegará a conocer.
Todo esto es Dios.
Los seres humanos tenemos que llegar a conocerlo y asimilarlo.
Pero ¿acaso no vale la pena vivir para eso y entregarte por completo?
Se lo tienen que ganar los seres humanos y lo tienen que aceptar con todo su amor, porque es la voluntad de Dios, por eso somos divinos.
Dios se reveló en el ser humano y en todo lo que vive, pero el ser humano destruyó esta vida.
Así se creó otro estado, para él tinieblas y frío, pena y dolor, y Dios no lo quiso, pero sabía que Sus hijos se olvidarían.
El ser humano se haría consciente y hacen falta millones de vidas para alcanzar el grado más elevado de todos.
Así que el ser humano tuvo que atravesar el mal para alcanzar las esferas divinas, ¿no?
Espero que te haya quedado claro.
También yo hice todas esas preguntas, y todos mis hermanos y hermanas de este lado, pero sabemos ahora que fuimos nosotros mismos quienes generamos el infierno.
Precisamente por esa pena, esas tinieblas y ese frío, André, despertaríamos, y comprenderíamos y apreciaríamos nuestra felicidad posterior.
Por medio de toda esta miseria llegaríamos a conocernos y te aclararé después cómo ocurrió esto.

Nuevamente: Dios sabía todo esto y nos dejó hacer, no tenía nada más que dar, lo recibimos todo, absolutamente todo en el primer estadio.
¿No habla por sí solo, “Dios ya no tenía nada más que dar”?
Ahora toda esa pena, toda esa profunda miseria humana vive en un solo planeta.
Esos horrores se conocen solo en la tierra, pero después llegará la felicidad celestial, aunque entonces el ser humano se lo habrá ganado, estará volviendo a Dios y ya habrá recorrido un largo camino.
Te vuelvo a preguntar: ¿no vale la pena tener que vivir para eso?
¿Tener que estar en la tierra para toda esta indecible felicidad y tener que vivir esos miles de vidas?
Los propios seres humanos tienen el control de todo, André, y comenzarán a comprender esa vida terrenal cuando allí se hagan espiritualmente conscientes y empiecen a asimilar esta concienciación.
Dios no castiga, no puede hacerlo, pero el ser humano se castiga a sí mismo.
Dios creó el cielo y la tierra, pero el ser humano creó las tinieblas.
El ser humano se convirtió en el creador de la luz y las tinieblas, y viviría en esos dos mundos tras su muerte terrenal.
Entonces avanzaría y se elevaría hacia lo perfecto, de vuelta a la fuente de la que venimos.
¿Te queda claro esto también, André?
—Lo he comprendido todo, Alcar, e inclino la cabeza ante todas estas verdades.
—Gracias, entonces vamos a seguir, porque me quedan más cosas que mostrarte y aclararte.
Es decir que el ser animal volvió a la tierra, y también el ser humano astral.
En la tierra no se hacía otra cosa que luchar y sin embargo, conforme el ser humano iba avanzando, el intelecto despertaba y de una cosa nació la otra.
Así que voy a volver a hacer la transición en el mundo material.
En la tierra, la gente vivía en cuevas, pero ahora vemos que va habiendo cambios.
Si seguimos la vida terrenal, vemos que allí han avanzado.
Para su lucha colectiva habían hecho armas de madera y piedra, y después de esas armas siguieron otros inventos útiles.
Pero una raza (véase rulof.org/es/no-existen-las-razas) había avanzado más que la otra.
Según sabes, ya había blancos, y el planeta tierra embelleció esta raza (véase rulof.org/es/no-existen-las-razas) hasta que esta vestidura material hubiera alcanzado el grado más elevado.
Luego inventan algo para protegerse contra el reino animal.
Una vez inventado el fuego, hicieron la transición a otras cosas, y llegó a haber chozas que ya existían desde hacía mucho tiempo, pero solo en el grado material más elevado.
Ves así que el ser humano interior se desarrollaba y empezaba a interesarse por otras cosas.
También llegó el interés por la tierra y vemos que empezaron a cultivar sus campos.
Todo esto indicaba un progreso, y así siguió cada vez más.
Solo ahora el ser humano tomó conciencia de sus capacidades y fuerza, y empezó a tener otros sentimientos.
Sin embargo siguió manteniendo ese grado de conciencia preanimal.
Pero muchos siglos después volvemos a ver otro mundo.
Una cosa nacía de la otra, como ya dije, y esto continuó.
Toda esta gente no conocía a ningún Dios y por lo tanto no sabían nada de religiones.
Pero llegó a haber sentimiento, y con él la fe, aunque para ellos fuera miedo, el miedo a los elementos.
Cuando la naturaleza se rebelaba, estos seres estaban inquietos, sobre todo cuando muchos murieron y fueron destruidos por los elementos.
Pero no solo por los elementos, sino que también despertó el sentimiento materno en un estado y concienciación más elevados, y de ese sentimiento nació una fe, también por el miedo de que se les concediera conservar lo que amaban.
Comprendes ahora, André, cuánto ha avanzado ya el ser humano interior.
Su miedo de ser masacrados los abatía, y cuando esto ahuyentaba al enemigo, era otra fuerza que se elevaba por encima de sus propias capacidades.
Esto generó una fe y todas las razas (véase rulof.org/es/no-existen-las-razas), por lo menos las especies de razas más elevadas, sentían en esto otro poder que el que conocían y llevaban como posesión.
En tiempos posteriores había nuevamente otras cosas de las que esta gente se aferraba.
Por lo tanto, los fundamentos de su fe primitiva provenían de sus miedos y temblores.
Cuando ahora te muestre la imagen de la tierra siglos después, muchas cosas habrán vuelto a cambiar.
Ahora la tierra experimentó las diferentes eras.
Todo lo que vivía en la tierra cambiaba, todo lo que vivía en la tierra y en el agua vivió esa evolución material y a la vez interior.
Las diferentes especies de razas (véase rulof.org/es/no-existen-las-razas) se fueron agrupando más y más, y todos esos grados de vida material se dispersaron por la tierra.
Ahora había millones de seres de cada especie en la tierra, y llegamos a conocer otras leyes.
Cuando la gente en la tierra hubo llegado hasta ese punto, el infierno en la vida después de la muerte seguía estando vacío.
Se había alcanzado ahora ese grado, millones de seres habían completado su ciclo de la tierra y más adelante morirían.
Pero su vida interior era un estado preanimal.
En todos esos siglos el ser humano no había asimilado nada, sino que se había desfogado y había dado rienda suelta a sus pasiones.
Habían recibido una vida tras otra.
En una vida habían masacrado a sus próximos, en miles de otras vidas no hicieron otra cosa y sin embargo, una y otra vez recibían otra vestidura material, hasta que hubieran recibido el cuerpo material limpio y perfecto.
En eso vivía su yo, un ser animal, pero en ese ser residía también la sintonización divina.
Aún no había posesión interior y sin embargo también esa ultimísima vida transcurría en pasión y animalización.
Pero se mirara donde se mirara, en todas partes convivían animales y seres humanos.
Sus luchas a vida o muerte continuaban, se masacraba a hermanos y hermanas inferiores, por lo que el grado más elevado, al que pertenecían estas personas, era amo y señor en la tierra.
Entonces llegaba su final en la tierra y entraban en otro mundo.
Ya has de sentir, André, que estas fueron las primeras personas del infierno, personas que ya no podían volver a la tierra, porque habían completado su ciclo material, y habían sido atraídas por ese otro mundo.
En este caso las esferas tenebrosas, el mundo astral, o el infierno en la vida después de la muerte.
Ahora estos seres se habían liberado del mundo de lo inconsciente y entraron en un mundo existencial.
Hemos hablado de esto en el segundo grado cósmico.
Será solo ahora cuando puedas comprenderlo todo.
Este número fue creciendo de manera aterradora en poco tiempo, porque cada segundo había gente llegando al otro lado.
Por lo tanto, quien aún no hubiera completado su ciclo material volvía a la tierra, y al morir allí entraba en el mundo de lo inconsciente.
Desde ahora miramos en el infierno, o sea, en la vida después de la muerte, en diferentes mundos espirituales y son estos: en primer lugar conoceremos las tinieblas o el infierno, luego el mundo de lo inconsciente y luego el mundo astral para el reino animal.
También el reino animal tiene su propio mundo astral y ese mundo, en que vive la animación para el ser animal, ya existía desde el inicio de la creación.
También para el ser humano siempre existió el mundo astral, te lo he aclarado en el primer grado cósmico.
Pero ahora la vida interior se ha hecho consciente y el ser humano hizo la transición en un estadio más elevado, en este caso el infierno en la vida después de la muerte.
Pero también el mundo animal astral se ha densificado, también ese mundo cambió, porque esas especies animales prehistóricas hicieron la transición en otras especies animales.
En el fondo, pues, es como para el ser humano en ambos mundos, tanto el mundo material como el espiritual.
Ahora lo siguiente, André, pero pregúntame lo que sea cuando no lo entiendas, solo entonces podremos seguir a los seres humanos que vivan en las tinieblas.
Al principio de la creación había tinieblas.
En el fondo, esas tinieblas eran energía, y esa energía, Dios.
O sea, energía invisible que se densificó en soles, estrellas y planetas, y se reveló en los seres humanos y los animales.
Pero toda esa vida es Dios.
En las tinieblas, pues, el infierno, hay esferas, es decir, para el ser humano son diferentes mundos, y sin embargo —y de eso se trata para mí— está presente el Omnigrado.
Por lo tanto, en esas tinieblas vive Dios, pero el ser humano aún no es consciente de eso.
Dios es energía invisible, Dios es luz y tinieblas.
Es decir, Dios vive detrás y dentro de todo esto, porque si no fuera así, los animales y los seres humanos no podrían avanzar ni elevarse más.
Hemos podido seguir que una cosa despertaba y se revelaba por medio de la otra, y una vez que el ser humano tomó conciencia, empezó a ver en otros mundos, porque esta vida divina sigue sin haber alcanzado la fuente de toda la vida a la que pertenece.
Es decir, André, es posible el progreso, tiene que haberlo, o los seres humanos nos detendríamos en cuanto a nuestro desarrollo y estaríamos cerrados a elevarnos más.
¿Sabes lo que quiero decir, André?
Estamos ahora ante un gran acontecimiento, porque ¿cómo fue que llegó el cambio?
El ser humano ha alcanzado un estado de conciencia, pero vive en las tinieblas y no sabe nada de irse elevando.
Sin embargo, en estas tinieblas está la luz divina, vive Dios, está el Omnigrado, están las esferas divinas.
¿Acaso no es incomprensible?
¿Puedes comprenderlo, André?
Por lo tanto, el ser humano tiene que despertar, tiene que irse elevando cada vez más, y esto ocurrió.
También esto despertó en el ser humano, empezó a ver y sentir, y a conocerse a sí mismo.
Pero ese aprendizaje duró siglos, porque todavía durante siglos el ser humano siguió buscando el mal; sin embargo, todo tocó a su fin, también las tinieblas en las que entraron ellos, los primeros seres humanos.
En todos esos siglos vemos que han ocurrido muchos milagros materiales, pero también muchos milagros espirituales.
Pero ¿qué hicieron los que entraron aquí?
Los seguiremos.
¿Lo has comprendido todo, André?
—Sí, Alcar, me conmueve la realidad.
—Me lo imagino.
Quien llegue a conocer la creación de Dios de manera natural, quien sienta y viva las leyes naturales, se inclinará mucho ante toda esa sencillez, todas esas leyes infalibles, y encontrará allí el propósito divino.
Ve y siente que así tiene que ser, que esta es la realidad real.

Ahora te voy a hablar de otros milagros.
Esta gente que, como dije, despertó —porque todos se quedaron dormidos y ese sueño espiritual era profundo, por lo que pasaron años según el tiempo terrenal— veían y experimentaban que estaban vivos.
En el infierno te aclaré todos esos estados, así que sabes que cuando el ser humano muere en la tierra, llega aquí en un estado inconsciente.
Cuando los primeros seres despertaron de su profundo sueño, se levantaron de un salto y corrieron como locos de un lado para otro por esas tinieblas, no sabían ni comprendían que estaban muertos y que habían fallecido en la tierra.
Se tocaban y palpaban y se preguntaban por qué era que siempre había allí unas tinieblas tan intensas.
¿Dónde está el cielo estrellado, dónde está la luz, esa luz del sol y todo lo que de cualquier manera pertenece a la tierra?
¿Dónde estamos nosotros mismos?
Es lo que se preguntaban esos primeros seres humanos que poblaron las tinieblas.
¿Estamos vivos? ¿Estamos muertos? Y ¿dónde está toda esta gente, nuestros padres y madres, hermanas y hermanos, en fin: todo lo que pertenece a la tierra?
Pero llegó a haber luz en su tenebrosa vida, y significaba que no estaban solos.
Miles, no millones de ellos entraron en esas tinieblas y todos se preguntaron lo que también en tu tiempo sigue preguntándose la gente que muere allí y que entra en esta vida.
Todos, sin excepción alguna, quiero decir, los que hayan alcanzado el estado material más elevado, entraron en el infierno en la vida después de la muerte.
¿No te asombra, André?
—No, Alcar, pues no llevaban luz.
—Muy bien, hijo mío, me sigues en todo, te doy las gracias.
No, aún no había luz, pero el ser humano se convertiría en el creador de la luz, porque —también te lo acabo de aclarar— el ser humano posee la sintonización divina.
En el ser humano reside lo que es la propia vida y luz de Dios, pero ellos aún no habían llegado tan lejos.
Pero ¿qué ocurrió de este lado, o sea, en el mundo astral?
Una vez despiertas y conscientes en su vida animal, todas estas personas andaban deambulando y hacían la transición unas en otras.
Hacían la transición ahora en una vida horrenda, porque albergaban pasión y violencia, solamente estaban abiertas al mal.
Aquí solo había hombres y mujeres, no había niños, porque aquí solo podían vivir personas adultas, debido a que habían alcanzado esa sintonización.
Lo que podían alcanzar en la vida material también lo hacían aquí, porque no llevaban ninguna posesión espiritual interior, volvían a vivir todas esas pasiones, se atacaban y abatían lo que llegara a estar a su alcance.
Aquí en las tinieblas, André, volvían a desfogarse y por lo tanto su vida era como en la tierra.
Siguió durante bastante tiempo, y sin embargo para muchos tocó a su fin.
Estas personas, que pensaban profundamente en aquello que habían conocido alguna vez y suspiraban por ello, de pronto se sentían alejadas a la fuerza de su estado, sus tinieblas, su infierno.
Era otra fuerza, más fuerte que ellas mismas, una fuerza que las atraía y volvía a llevar a la tierra, pero ahora como el ser humano astral.
Pero para ellas seguían siendo las tinieblas, pues aún no albergaban luz.
Eran atraídas por el ser humano material y terrenal, que poseía una misma sintonización, y, lo quisiera o no, el ser humano astral hizo la transición en esta vida interior y vivió una nueva vida allí.
Por lo tanto, estos seres eran atraídos por el ser humano interior y a la vez material de la tierra.
¿Sientes ahora, André, lo que ocurriría, lo que resultó de ello y lo que nació?
—¿Hicieron la transición en el ser humano terrenal?
—Sí, así fue, pero hay más.
André reflexionó largamente y dijo:

—Vivieron lo que vivió el ser humano, Alcar.
—Muy bien, André, pero aun así hay algo más.
André volvió a pensar, pero no dio con ello, y dijo a su líder espiritual:

—No lo sé, Alcar.
—Eres honesto, hijo mío, pero deberías haberlo sabido.
(Véase ‘Las enfermedades mentales contempladas desde el otro lado’).
¿Qué te aclaré en nuestro penúltimo viaje?
—Ay, claro, cómo no me acordé de eso.
Ahora lo sé, Alcar.
—Ya ves, tienes que pensar y sentir, de lo contrario no avanzaremos.
Hago esto porque quiero que llegues a conocer todas estas leyes espirituales, también en tu vida terrenal, o sea, más adelante, cuando vuelvas a vivir en tu organismo material.
Tendrá entonces un gran valor para ti, porque verás y sentirás entonces a través de todas estas leyes, y eso es la sabiduría espiritual.
Así que pon mucha atención y pregúntame si no lo comprendes.
En la tierra se originó ahora la posesión y nació la demencia.
Una cosa crecía a partir de otra, de lo anterior aparecía otro ser y para el ser humano en la tierra era la posesión y la demencia.
Porque el espíritu astral era atraído por esos seres terrenales, y los más sensibles hacían la transición en esos seres espirituales y estaban poseídos.
Así que había nacido una enfermedad, una enfermedad espiritual, y esas enfermedades espirituales seguirán existiendo, seguirán arruinando al ser humano hasta que en la tierra y de este lado ya no haya personas malas.
Entonces esas enfermedades y esos fenómenos se detendrán, y ya no habrá posibilidad de existir.
Entonces los seres humanos ya no encontrarán seres humanos para poseerlos desde este mundo, y cada alma sentirá y trabajará para el bien.
¿Te queda claro ahora?
—Es terrible, pero nuevamente natural, Alcar.
—Ya ves, el ser humano astral volvió a hacer la transición en su vida animal, y ahora trajo el infierno y el horror a la tierra.
Sabes cómo pueden conectarse con las personas terrenales, te lo he aclarado.
En este tiempo la vida en la tierra era horrenda, pero aún ahora, en tu propio tiempo, las cosas siguen igual.
Esta espantosa enfermedad sigue en la tierra y muchos sucumben porque están abiertos al mal.
Imagínate ahora ese infierno en la vida después de la muerte y en la tierra.
No hay excepciones, se influía a todos.
La vida en la tierra continuó, la gente se fue agrupando y el ser humano astral vivía dentro de ellos y a su alrededor.
Era un caos espiritual y material.
Se incitaba al ser humano en la tierra, porque estos demonios vivían dentro de él, y solo ahora se desencadenaron el odio, la pasión y la animalización, lo que es indescriptible.
El ser humano en la tierra estaba que echaba chispas.
Incitado por el ser infernal, se olvidaba como no lo había hecho nunca antes.
Los seres humanos eran aniquilados miles a la vez, y a muchas mujeres les robaron y mancillaron el interior.
Todo esto ya no se puede averiguar así, pero esos tiempos, la manera en que el ser humano sentía entonces y había descendido tan profundamente en el lodo, ya no podrán volver, aunque el ser humano en tu tiempo piense que domina el mal.
Esto fue espantoso.
Pero ¿cómo es el ser humano en tu tiempo?
Piensan que no habrá final.
Los que buscan el bien sienten el horror de esos pocos que tienen el control de miles de vidas, que ciegan a otros con sus ideas y por medio de ellas, como si fueran los verdaderos profetas.
Pero eso es terrenal, es material, es temporal, tiene que ocurrir y así será, porque el ser humano en la tierra vive en su propia selva y no posee los sentimientos para empezar una vida más elevada.
Los dos lo hemos seguido desde este lado.
Te he mostrado de este lado, por todos esos viajes que hemos hecho juntos, que el ser humano tiene la culpa de su propia ruina y que, aunque en este momento sienta de otra manera que esos demonios, ha actuado así.
En miles de vidas —te aseguro que esto está oculto en el pasado gris, pero que podremos mostrárselo de ese lado— han masacrado miles y miles de vidas, se han animalizado al igual que los que ahora se han convertido en autócratas en el planeta tierra.
No obstante, estos seres piensan ahora que son diferentes, pero conocen odio, pasión y violencia, masacran a sus prójimos.
Pero lo sé yo y lo saben miles de este lado, al igual que los que han vuelto a las esferas de luz y al Omnigrado: todos esos tiempos pasarán, toda esa miseria se disolverá cuando el ser humano individual despierte e intente crear una esfera en su propio entorno, como tanto le gustaría a Dios para todos nosotros.
Pero ellos no son distintos, aunque su odio, su vida, no sean tan malos como los de todos esos otros.
En estos tiempos, los seres humanos no eran salvajes, sino que eran como diablos.
Esos monstruos espirituales habían vivido en la tierra la misma vida que la que habían vivido en la vestidura material.
Así era la pobre tierra en esos tiempos, y era un horror.
¿Cuándo llegaría el final de eso?
Aún no hay perspectivas, pero también eso llegará, aunque solo miles de siglos más tarde.
Pero la tierra continuó, y no se molestó por esos seres que vivían en su superficie.
Impulsaba la vestidura material hacia arriba y la embelleció, pero cuanto más hermosa se iba haciendo esta vestidura humana, tanto más espantosa se volvía la vida interior.
Vemos ahora, André, cuánto ha avanzado esa vestidura material y cuánto se ha quedado atrás la vida interior.
Pero ¿cuánta ventaja le sacaba la vestidura material a la vida que infunde alma?
Ya no se podía recuperar, porque ese abismo no se puede salvar ni en miles de años.
Todo esto ocurría, tenía que ocurrir, porque el ser humano interior iba a despertar.
Esos millones de seres que habían vuelto a la tierra despertarían.
Veían y vivían muchas posibilidades de poder volver a vivir en la tierra, dar rienda suelta a sus pasiones y precisamente por eso llegaron a conocer otras leyes.
Porque ¿qué ocurrió?
Todas estas cosas que vivieron despertaron algo en ellos, por lo que empezaron a comprender esos acontecimientos.
Gracias a ellos —lo que sigue ocurriendo en tu tiempo en la tierra— nacían niños.
Vivían lo que ellos quisieran, porque en la tierra vivían millones de personas que querían vivir la misma vida que ellos.
Todos esos seres humanos terrenales estaban abiertos al asesinato, a la pasión, la violencia, la animalización, y aquellos los atraían porque tenían una misma sintonización.
De esta manera vivían varias pasiones.
Cuando después se hacía el silencio en su interior, cuando el fuego de la pasión se hubiera apagado y hubieran quedado satisfechos, se abrían a otras cosas, y ayudaban a los seres humanos en la tierra para alguna cosa.
Y mira cuánto les sorprendía que los seres humanos hacían aquello que ellos les habían inspirado y actuaban conforme a eso.
No era, pues, el mal, pero era algo que tenía valor en su vida.
Así que cuando estas personas se hubieron desfogado, empezaban a proteger a esa gente, atemorizados de pasar a otras manos.
Pero de todo esto —ya has de entenderlo—, de toda esta miseria y animalización, todo este odio y pasión, nació el bien.
Poco a poco fue creciendo algo en ellos, y veían y experimentaban que, si empezaban a encargarse de la felicidad de los seres humanos en la tierra, si los protegían contra muchas otras cosas —porque también esto era posible—, habría más luz.
Entonces había algo que no los ponía de humor tan frío y triste.
Había algo que los calentaba, que los animaba e iluminaba.
Desde ese momento despertó en estos seres el ser humano interior.
Pero no solo por lo que te dije, no solo por todas esas cosas que cumplieron en el bien y por haber incitado a hacerlo a los seres humanos que estaban a su alcance, sino que había otra cosa muy en su interior que los haría despertar.
Era la chispa divina, la sintonización divina, porque la vida continuaría, pues vivían en el Omnigrado, ya te lo aclaré, la vida se elevaría más y más, y fue esta elevación la que el ser humano empezó a sentir y vivir.
Así que ahora había algo en estos seres que los impulsaba, que ellos mismos habían despertado, porque en la profundidad del ser humano reside un núcleo y una fuerza que es la conexión y la sintonización con nuestro Padre en el cielo.
Eso fue lo que empezaron a despertar y que los impulsaba, por medio de esto empezaron a despertar y despertó el ser humano interior.
Este proceso comenzó para todos esos millones de seres, cada uno en su propio estado.
Poco a poco empezaron a sentirlo, pues cuando hacían cosas buenas para la gente en la tierra, como ya dije, su mundo ya no era tan frío y oscuro, y era como si de todos modos hubiera algo que hacía que se calentaran en ese terrible infierno.
Y querían poseerlo, porque sobre eso seguían construyendo.
Sin embargo, una y otra vez esos sentimientos se debilitaban de nuevo, y ellos volvían a hacer la transición en esa vida animal, volvían a vaciar a la gente y la masacraban, volvía a haber unas llamas en la profundidad de su vida del alma y se sentían como antes.
No obstante continuaban y tenían que hacerlo, y volvían a empezar con aquella otra vida, pero también regresaban una y otra vez a su vida anterior.
Las cosas siguieron así, a trancas y barrancas, durante otros miles de años.
Aun así, estas personas despertaron y había comenzado una lucha contra el bien y el mal en su interior.
Ya había quienes no buscaban más que el bien, que incitaban a la gente a hacer el bien en la tierra, aunque estos seres materiales no tuvieran conciencia de ello.
Así pasaron muchos, muchos siglos.
Estas almas vivieron durante miles de años en las esferas tenebrosas, y estaban en la vida después de la muerte.
El mundo astral se fue densificando de manera aterradora, como ya dije.
La vida en la tierra hacía la transición de una era en otra.
Se mirara donde se mirara y en todas partes donde viviera gente reinaba el horror, el infierno y el diablo estaban desatados.
Todo el mundo buscaba posesiones, y todo ser humano se desfogaba.
Compara este mundo con aquel en que vives, y dime entonces si algo ha cambiado.
Seguimos viéndolo en la tierra, unos masacran aún a otros y se roba la felicidad del otro.
Nació en la antigüedad gris y ahora, cuando nosotros y el mundo tenemos billones de años, el ser humano aún no ha cambiado en nada, y en este planeta viven seres preanimales con figura humana.
Aún no hay amor, aún no se entienden ni se conocen a sí mismos y no saben que están de camino desde hace billones de años, y que volverán a las esferas divinas.
Seguimos siendo objeto de burla cuando hablamos de una continuación eterna y el ser humano se sigue estrellando contra el enigma de “la muerte”.
Se encoge de hombros ante las leyes, las profundidades y las verdades espirituales, sí, ante todas estas cosas, toda esta verdad, que sin embargo resido en su interior, muy profundamente en su interior.
Dios mío, ¿cuándo empezarán a comprender que no eres más que amor?
Escucha mi oración, siente mi amor, ser humano de la tierra, no sería capaz de mentir, no podría decir sinsentidos, lo que vive aquí de este lado es tu propio pasado, tu vida y tu sintonización divina.
Pero ¿cuál será el resultado si siguen por este camino?
Aun así, algún día toda esa pena, toda esa demencia llegará a su fin, porque entonces ya no habrá gente mala.
André, no es que lucharan solamente contra todas las enfermedades desconocidas de las que tampoco ahora se sabe nada en la tierra, sino que esta gente también se enfrentaba a miles de otras cosas y miseria que convertían la vida en la tierra en un infierno.
Unos envenenaban a otros, y había escasez de todo.
Nadie poseía algo que pudiera dejar atrás en la tierra, no había posesiones, porque no eran espiritualmente dotados en nada.
También eso llegó, aunque miles de siglos más tarde.
¿Te queda claro qué clase de caos había en la tierra?
¿Y que no hay nada que pueda compararse con estos tiempos?
Sigue habiendo pena, dolor y miseria en la tierra, pero todo es diferente, muy diferente que en esos tiempos.
Es lo que hizo el ser humano y éramos nosotros, André, yo y tú y los ángeles de nuestro lado.
Fueron nuestras primeras vidas en el planeta tierra.
Sin embargo llegó a haber un cambio en esto, pero tomó mucho tiempo para que aquellos que ya hubieran sentido ese calor interior volvieran a despertar.
Y había muchos que lo habían sentido y vivido, pues desde cada grado se manifestaban millones de seres.
¿Entiendes lo que significa?
—Sí, Alcar.
—Pues bien, todas esas personas vivían repartidas por la tierra y empezaron una vida más elevada, y ahora empezó a haber cambios a su alrededor.
Es el momento en que nacen las esferas de luz, y el ser humano se convirtió en el creador de la luz.
El ser humano el creador de la luz, ¿comprendes lo que significa?
En este ser residía esta fuerza, esta imponente verdad.
El ser humano hacía el bien y buscaba lo que lo calentaba interiormente.
Siglos más tarde, este proceso se hizo realidad, porque ¿qué vemos después de haber avanzado siglos?
A su alrededor empezó a haber luz.
Las cosas buenas que hacían y generaban en la tierra para la humanidad construyeron otro mundo en el espíritu, y se convirtió en las esferas de luz.