Jeus, el brujo

Bernard, que tuvo una breve oportunidad de visitar a su Crisje, irrumpe en la cocina y tiene mucho que contar de su vida en la ciudad.
Y cuando han oído todo eso, para Jeus todavía tiene algo más.
Sí, Jeus, Bernard sabe hablar con los muertos.
Se lo enseñaron en la ciudad.
De vez en cuando se les da a saber muchísimas cosas.
Ahora que Jeus oye eso de Bernard, puede contarle que ya lo vivió hace años; ya en Nimega había empezado.
Bernard no lo conoce y se puede entender, él tampoco sabe todo de sus hermanos... el ser humano piensa por sí mismo, vive su propia vida; aunque estén juntos día y noche, cada uno se va por su camino.
Aunque esto no es nada nuevo, Jeus siente una gran curiosidad por saber lo que Bernard vivió en la ciudad.
Bernard le dará esas pruebas en casa de un amigo de los dos.
Lo que necesita es una mesa.
Y se sientan alrededor de esa mesa, y entonces solo hay que esperar.
Las manos relajadamente sobre la mesa y si entonces esperas un poco, Jeus... la mesa empieza a crujir y solo después puedes hacerles preguntas a los muertos, que entonces van a responder.
Puedes preguntarles sobre cualquier cosa, sobre enfermedades y contratiempos, conocen un remedio para todo, no te dejan solo... si tu padre ha muerto, puedes preguntarle cómo se encuentra ahora, porque no hay muerte, cuando las personas mueren, continúan.
¿No es milagroso, Jeus?
Primero tiene que verlo.
Pero conoce estas cosas.
Hace tiempo, cuando tuvo en sus manos un pedazo de tabla, esa cosa había empezado a hablarle.
No se ha olvidado de Nimega.
Y después, en el ático, todo crujía.
Jan Kniep y el tío Gradus, papá y los otros, están vivos.
Lo conoce, pero lo que Bernard le cuenta es, en cambio, algo diferente, así no lo ha vivido aún y no le importaría conocerlo.
Mira tú mismo y ¡lo sabrás!
En la mesa hay cuatro personas, Jeus está allí en un rincón y lo vivirá desde ese lugar.
Ay, ese Bernard.
Las cosas que puede vivir en la ciudad.
Allí se vive silencio y angustia.
Se miran, estos católicos, pero sí que quieren saber algo del asunto.
Bernard tiene la palabra.
De pronto, la mesa empieza a crujir.
Los chicos se miran.
Da miedo.
Entran en contacto con los muertos.
Se diría que eso significa algo, pero están alerta.
Por dentro tiemblan, sienten que están en una tumba y esto tiene que ver con gusanos de verdad.
Si pones la mano en la mesa es como si sintieras una tumba de esas.
Está pegajosa por la baba y tiemblas por dentro.
El corazón te late con más fuerza, se te hace un nudo en la garganta, te estremeces en tu silla.
Aun así quieres saberlo cuando tu padre tiene algo que decir.
Tu madre o tu hermana que están en el cementerio, pero que aun así viven.
¿Cómo se hizo Bernard con estas cosas?
Bernard ya está preguntando:
—¿Hay espíritus aquí?
Todavía no hay respuesta, pero se siente el traqueteo en la mesa.
Un poco más tarde, Bernard pregunta:
—¿Acaso hay espíritus aquí?

Y otra vez; después la mesa se eleva sola y produce unos golpecitos.
Y ahora Bernard puede hacer preguntas.
Les hace saber a los muertos:
—Acordamos que yo voy a deletrear.
Pues bien, cuando oigas tu propia letra tienes que dar un golpecito, y luego la apuntamos.
¿Me entendiste?
Debido a que la mesa sigue el abecedario de Bernard... y que marca con un golpecito la letra, este puede deducir lo que quieren al otro lado, y se le da a oír:
“Claro, Bernard”.
De inmediato, Bernard pregunta:
—¿Acaso me conoces?
“Claro, Bernard, eres de Hendrik el Largo”.
Eso lo saben todos.
Ya se están encogiendo de hombros, pues esto no significa nada; Bernard sigue:
—¿Tienes algo que contarle a uno de nosotros?
“Sí”, se lee.
—Y ¿a quién? ¿Podemos saberlo?
“Sí...”, sigue..., “a Johan, mi hijo”.
Johan es el hijo de su padre.
Johan ríe y tiene algo que decir.
—Pero Bernard, eso es lógico, ¿no?, eso sí que todos podemos saberlo por nosotros mismos.
—Claro que es completamente natural, pero todavía no hemos llegado. —Oyen de boca de Bernard.
Un poco de paciencia.
Vuelve a preguntar:
—¿Podrías entonces darle una prueba a Johan?
“Claro...” llega por medio de los golpecitos en la mesa.
“Bertha está enferma...”.
Bernard pregunta:
—¿Es cierto, Johan?
“Sí, Bernard, es cierto, caray”.
Ahora ya les está entrando miedo.
Bernard sigue:
—Entonces ¿por qué no nos dices lo que debe hacer Johan para lograr que se cure Bertha?
Se dice que Johan no debe buscarlo en Emmerik, sino que Bertha se recuperará pronto.
No debe estar preocupado.
De repente Johan cae de su silla, pues esto es cierto y Bernard no sabe que está viendo a un médico en Emmerik para Bertha.
Ahora llega otra persona.
Uno de los chicos ha perdido a una hermana.
Graatje ya se está anunciando.
Le dice a su hermano que su madre no debe estar afligida, y que ella es muy feliz.
Y para demostrar que es ella, dice:
“¿De verdad no sabes, Hendrik, que puedo verte?
¡Tienes que dejarlo!”.
Hendrik se asusta.
¿Qué es eso?
Y nuevamente —la mesa se le acerca sigilosamente— se oye:
“Déjalo, Hendrik, sabes a qué me refiero”.
Pero Hendrik ríe, lleva la contraria, que esos espíritus le digan lo que quieran.
Entonces llega:
“Y si te digo, Hendrik, que sé todo, ¿dejarás de hacerlo?
¿O es que debo decirlo todo aquí?”.
Los hombres tiemblan.
Hendrik palidece, pero ahora Bernard ya no deja más que le tomen el pelo, quiere saber todo y pregunta:
“¿Acaso no puedes decirnos algo que solo Hendrik sepa y que así nos dé la prueba de que tú estás viva?”.
Y entonces la mesa dice:
“Que Hendrik piense en el rincón.
Alrededor de las doce”.
Hendrik se entrega.
Lo ven, el chico palidece.
¿No se puede confiar en Hendrik?
¿Hace Hendrik cosas viles?

—Oye, Hendrik, ¿no pasas demasiado tiempo “Detrás del Kom”?
Lo entienden, Hendrik ha sido puesto sobre aviso por su hermana.
Lo que Bernard vende es verdad, pero también da miedo, de pronto estás entre los gusanos.
Un poco después llega:
“Jeus tiene que sentarse en la mesa”.
Y ahora también Jeus está con las manos en la mesa, y de inmediato la mole empieza a volar.
La mesa se detiene con un fuerte golpe contra una puerta.
Y entonces la mesa dice —algo que no pueden saber, ¿o sí?— que alguien está escuchando detrás de la puerta.
Abren la puerta de golpe y sí, allí está el hermano de Johan.
¡Qué cosas!
Johan ya está harto, le va a costar una puerta.
¿Así de peligrosos son los muertos, Bernard?
Puedes encontrarte con espíritus malignos, y ese sin duda fue uno.
Una hora más tarde, los chicos están hasta las narices.
Pero otros quieren hablar con sus seres queridos, y Bernard puede conectarlos con ellos en todos lados, porque no hay muerte.
Bernard se las arregla para darles hermosas pruebas de que existe una pervivencia, pero entonces tiene que volver a La Haya, y va a empezar Jeus.
Crisje se entera de ese abracadabra y no quiere tener que ver con ello.
Incluso el señor párroco ya lo sabe, y lo comenta en su sermón.
Las personas que piensan que pueden hablar con los muertos tienen que aceptar que recibirán la visita del diablo.
Y está estrictamente prohibido.
Eso aparece sin más en el transcurso de su sermón y saben para quién es este mensaje.
Crisje se avergüenza por Jeus, no debe hacerlo.
Pero ¡qué cosas!
No puedes negar sin más que exista, mamá.
Y es que es cierto lo que Bernard sabe hacer.
Bernard posee dones magníficos, mamá.
Conozco eso, ¿tengo algo más?
Pero a Crisje le da miedo, no quiere tener un nombre, no quiere que sus chicos hagan brujería.
Jeus quedará con amigos para una noche de esas.
Bernard le elaboró una tarjeta con el abecedario en ella, ahora los propios muertos pueden indicar la letra que les hace falta, y es más rápido.
En La Haya eso se llama una sesión con la cruz y el tablero, una posibilidad Occidental, pero que es un método para entrar en contacto con los difuntos del Antiguo Egipto que aterrizó aquí usado por muchos y de cuyo espacio también los sentimientos Occidentales se han apropiado.
Jan y sus hermanas están presentes.
Se han sentado alrededor de la mesa, que vengan los espíritus.
Durante un momento hay silencio, pero entonces de inmediato empieza el crujido, no en el tablero y por medio de él, sino a diestro y siniestro en la cocina.
De pronto oyen que los cerdos empiezan a chillar, ven que la cafetera vive un vuelo propio desde la estufa a través de la cocina, todo traquetea, cada objeto entra en movimiento y adquiere vida y conciencia.
Es un rollo extraño pero que da miedo.
A la madre y las hijas de su amigo les da miedo, estas son cosas del diablo, los diablos están en la cocina, o ¿qué será lo que pasa?
De pronto viven un pandemónium.
Hay que salir por patas o habrá víctimas.
Jeus también quiere salir, pero cerca de la puerta se le da a asimilar una bofetada que por medio de una fuerza invisible —o qué será— lo arroja sin más en la parte de atrás del pasillo con un tortazo.
Al mismo tiempo sale volando a la calle.
Los cerdos siguen chillando, pero ahora que todos están fuera, llega la calma allí.
¡Qué cosas!
¿Lo has vivido antes, Jeus?
Los demonios están destruyendo la casa, por medio de estas cosas se viven miserias inhumanas.
Y ¡así es!
Un poco después, cuando la calma ha vuelto a la cocina, esa cosa es hecha pedazos lo antes posible.
Nunca más esas artes en mi casa, están completamente de acuerdo, esto es algo peligroso, pero ¿qué es en realidad?
También para Jeus es un suceso extraño, tampoco él esperaba una violencia similar.
Le es un misterio cómo dormirán las personas allí esta noche.
Se va tranquilamente a casa, sube las escaleras.
¿Quién lo va siguiendo en la casa?
Hay personas que andan por el ático.
Jan Kniep también está allí, pero además otra gente a la que no conoce, pero son personas, hombres.
Toda la noche sigue la bulla en su propio entorno.
No es tan fuerte ni tan consciente como en casa de Jan, pero casi todo cruje y tiembla, es como si las cosas tuvieran algo que decirle a su vida.
¡Incluso las palomas están inquietas!
Por la mañana —Jeus no duerme ni un momento— llega la calma.
Justo en el momento en que sale el sol, los fenómenos se debilitan.
Cuando Jeus llega abajo, Crisje pregunta:
—¿Qué eran esos crujidos en la casa anoche, Jeus?
—Yo dormí bien, mamá... —Prefiere mentir; Crisje también lo oyó, aunque los niños durmieron tranquilamente.
Es raro, y Jeus se pregunta por medio de qué pueden ocurrir cosas así.
Claro, no tiene miedo, conoce muchos fenómenos, pero todo esto lleva al ser humano a violencia ruda aunque invisible, por lo menos aquello por medio de lo que ocurren las cosas, las fuerzas son imperceptibles.
Y aun así, Jeus... estos milagros ocurren por medio de tu propio fluido vital, pues también estos asuntos ocurren por medio de las leyes metafísicas que conocerás más adelante.
Crisje todavía le da:
—Quiero que dejes esa parafernalia, Jeus.
—Sí, mamá, no volverá a ocurrir.
—El párroco dice que es una vergüenza, Jeus.
—Lo sé, mamá, por eso no volveré a meterme con eso.
Piensa que mamá tiene razón, no se debe hacer esto, no sirve de nada, a los muertos hay que dejarlos en paz.
Pero entonces le sale una sonrisa, llegan donde los seres humanos materiales por ellos mismos y eso por medio de una cosa así.
Ay, ese Bernard.
Pero de vez en cuando, el Largo llega a donde están sus chicos.
Es el Largo mismo, les da hermosos recados, les da consejos para todo, y Bernard y Johan han constatado que tenían que ver con su propio padre.
Así es como recibieron las pruebas de una pervivencia eterna.
No saben quién está detrás de todo esto y para qué es necesario.
Jeus tampoco lo sabe, pero da miedo estar aquí, todo hombre o mujer con uso de razón rehuye esa realidad oculta, porque los diablos vienen de visita, cierto o no, tú mismo lo viviste allí, o ¿fueron ángeles?
¡Lo muerto está muerto!
Quien esté en su ataúd debe quedarse dentro de él y ya no significa nada para el ser humano material y vivo, ¡esa vida ha pasado!
Borrón y cuenta nueva, y ya no se te ocurra salir de allí, debes esperar hasta que te llame el Juicio Final.
¿Acaso no es cierto?
Pero ¿es que las personas no piensan, Jeus?
¿Podrán esos huesos volver a empezar una nueva vida más adelante?
Pero ¿cómo es entonces que está armada la máquina humana?
¿Qué tiene de cierto?
¿Todo esto, al menos, que se te concedió vivir hace un momento, Jeus?
Allí estabas conectado con miles de problemas materiales y espirituales, y todos son milagros “universales”, pero si miras conscientemente detrás del milagro, es una ley común y corriente, y más en concreto la que es para el “alma y el espíritu”, si quieres saberlo...
Y de verdad no es una pequeñez.
Pero ¿puede hacerte más sabio?
¿No?
Tus amigos dicen que solo puede hacerte vivir problemas, pero ahora Bernard ya sabe de qué va la cosa.
Johan también posee esas fuerzas, estos fenómenos ocurren por medio del aura vital humano.
¿Qué saben allí en la (región de) Achterhoek de Güeldres de las leyes metafísicas?
¿Nada?
Ya te gustaría.
Jeus es un instrumento nato para estas leyes.
Él puede saberlo, pero no piensa más allá de su nariz.
Y además se puede comprender, a él también le falta despertar.
Ahora Casje ha hecho algo con lo que ha puesto el punto final a la juventud de Jeus.
¡Fue Casje!
Casje y Hendrik el Largo, el tío Gradus y Jan Kniep y algunos alumnos de Casje: hicieron falta para despertar un momento las fuerzas físicas de Jeus, después de lo cual Casje —de manera consciente y para el espacio— puso fin a su vida interior y material.
Es para después, para más adelante, cuando Jeus tenga la edad suficiente para poder cargar todas estas leyes y ya no sepa si avanzar o retroceder, y se entrega entonces a Casje.
Y también eso lo vivirá Jeus de madre Crisje.
Claro, ahora el Largo conoce las leyes y sabe más o menos lo que son.
De vez en cuando llega a donde están los chicos para contarles de su propia vida, de su pervivencia.
Esto ya hizo que se fuera a pique el “Juicio Final”.
Los chicos ya saben que no hay purgatorio, que no existe el eterno consumirse por el fuego.
Has de escuchar lo que contó el Largo sobre Bernard y Johan, y reflexionar al respecto como persona normal, como padre y madre, vale la pena, pero de lo que más adelante Jeus aclarará las leyes espaciales.
El Largo respondió a la pregunta de Bernard, cuando participaban por medio de esta misma cruz y tablero, en La Haya:
—Papá, ¿hay infiernos con fuego?
“No, Bernard, no los hay, hijo mío, claro que no, Bernard”.
—Pero entonces ¿a las personas solo les tomaron el pelo, papá?
¡Qué dirá el Largo ahora?
Hablan dialecto porque comprenden que papá no aprendió holandés y que esto les toca el corazón:
“Sí, Bernard, ¿qué saben las personas sobre Nuestro Señor?
Ese fuego del que hablan, Bernard, es la pasión y la violencia en las que viven muchas personas, y esas personas buscan el mal.
¿Crees que soy yo?”.
—Claro, papá.
“De lo contrario, Bernard, te daré las pruebas de que vivo.
Tienes que decirle a Jeus que no se preocupe por esa chica, y tienes que escribirle, debe venir a La Haya, Bernard”.
Bernard le contó a Jeus lo que este ya sabía, pero Bernard no sabía nada de eso, y de este modo en La Haya se hicieron con muchas pruebas de que existe una continuación eterna.
Cuando se deletrea en holandés, es Casje, Casje mismo, ya les da pruebas para el futuro a Johan y Bernard, pero no dice que su hermano se convertirá en un poderoso instrumento para él y para esta humanidad.
Si Jeus reflexionara un poco más podría saberlo, pero él tampoco piensa tan lejos ni tan profundo, pues no es posible.
Casje le contó a Jeus que iba a la ciudad.
Tiene algo que hacer allí.
Como si fuera un niño —vuelve a ser el niño del campo—, Jeus le pregunta si allí Casje no tiene un empleo para él.
Bernard y Johan no sienten que estos fundamentos están siendo echados para Jeus.
Para eso sirven Johan y Bernard, para eso al Largo se le dio a vivir su contacto, y para eso Bernard fue enviado brevemente donde Crisje, porque ahora Casje quería cerrar la juventud de Jeus para auparlo hacia lo siguiente, para lo que sirven estas sesiones.
Todo está armado como un reloj universal, pero ninguno de los chicos se da cuenta de ello, ni tampoco se les concede saberlo, de lo contrario solo destruirían este contacto.
El maestro de Jeus vive detrás del velo... él es quien ha vivido conscientemente todas las leyes de Dios y que ahora llevará a cabo una tarea para Nuestro Señor de la que forman parte todos los chicos del Largo, ¡cada uno conforme a su propia fuerza y conciencia!
Ya que también Bernard y Johan son católicos creyentes, no es sorprendente que, después de recibir esas pruebas de su padre, Bernard pregunte:
—Papá, ¿hay fuego en los infiernos?
¿Deben arder eternamente los seres humanos?
¿Puede Nuestro Señor condenar a sus hijos?
¿Qué significa el “juicio” final para nosotros los seres humanos?
Ahora que estás allí, papá, lo ves todo y ¿no podrías quitarnos ese miedo?
¿Qué es cierto, qué son tonterías, papá?
¿Vives detrás del ataúd?
¿Solo estamos convenciéndonos de algo, papá?
No, entonces ¡te preguntamos, como tus hijos, cuál es la verdad, que te amamos, sabemos lo imponente que era tu amor por Crisje, nuestra mamá querida!
¡Danos solo la verdad, papá!
Y Bernard recibió una respuesta a todas estas preguntas, y ¡de qué manera!
Bernard, tú fuiste quien echó los primeros fundamentos para Jeus, junto con Johan.
Entonces tu tarea allí ya había pasado, no hacía falta más.
Has recibido asuntos bellos por medio de tu padre, ¿no es cierto, Bernard?, pero todo era necesario y servía para los primeros fundamentos de tu hermanito, tu Jeus, pero ¡nuestro instrumento universal y de esta humanidad!
Para eso fuiste brevemente mandado de vuelta donde Crisje.
Tú pensabas, tengo un poco de tiempo, a ver a mamá rápidamente, pero esa animación, recibida de Casje y de tu padre, ahora significa algo para millones de personas.
Solo un momento estuviste de vuelta allí, pero también eso fue suficiente para deponer en Jeus, “Ve, por favor, ve donde Johan y Bernard”, de lo contrario Casje y tu padre, el Largo... habrían tenido que construir otros contactos, aunque ¡este fue el más seguro y el único infalible!
Para Jeus, ya pasó todo.
Naturalmente, piensa en su amor perdido, pero todavía no lo sabe.
Sí, ¿cómo veía su amor?
En él no hay un mal entendimiento, no hay pasión, ve a la madre como algo imponentemente sagrado... Y de eso se ha construido un cielo.
Mira a través de la materia, lo de adentro, eso es de lo que se trata.
Y eso lo ha engañado.
El imponente milagro que la madre posee, por el que los niños llegan a la tierra, tiene para su personalidad una fuerza tan enorme y tan sagrada, ese milagro del que solo los ángeles de Nuestro Señor lo saben todo, pero que también a él lo tocó.
Esos ojos, una boquita así, que te permite decir las cosas más encantadoras, también esa silueta, esa cabellera, en fin: todo lo que tiene ese ser le es sagrado, ¡completamente sagrado!
¿Y eso lo ha engañado ahora?
¡Practica las mentiras y el engaño!
¡Incluso ahora sigue sin comprenderlo!
Esa vida, esa alma, ese espíritu, ¡él los ama infinitamente!
Y todo eso junto forma una chica, una independencia, y todo eso es de él mismo, lo ama a él, no gruñe, es absolutamente todo en la tierra, y ¿eso lo ha engañado?
¿No lo conoció?
No, ¡qué pena!
Se echaría en brazos de la muerte por esa niña, su vida, su felicidad, ¡su todo!
Pero ¿puede hacerle eso a Crisje?
No, claro que no, pero ¡es grave!
Irma no sabe a qué clase de “rey” en el amor ha pisoteado.
¡No sabe que será un “príncipe” del espacio!
Y cuando ella llegue a entenderlo, se desangrará, él no llegará y eso también va a suceder, porque también esto Jeus lo recibió de su Casje universal, sí, ¡Nuestro Señor está al tanto!
Ese es Jeus de madre Crisje.
Está listo, pues bien, lo seguiremos, el camino para su futuro está pavimentado, ha sido preparado, ¡por Bernard y Johan, los del Largo!
Los asuntos anteriores, Jeus, son manifestaciones físicas.
¡Escribirás libros sobre esto!
Así como hay un Padre de Amor, tampoco existe la condenación y ¡esta humanidad todavía tiene que aprenderlo todo de Dios!
Ahora estás bajo control de tu Casje, ¡que es un maestro cósmico!
¡A sus pies despertarás más adelante!
Y ahora ya late debajo de su corazón: ¡Ve donde Johan y Bernard!
¡Ve, adelante!
¿Qué quieres hacer en este pueblucho, Jeus?
¡Ve, tienes que irte!
Y eso sigue gritando, sigue obligándolo a escuchar, hasta que llegue a una decisión.
Y ahora nacerá esa decisión, tiene que llegar al nacimiento espacial debajo de su corazón humano y dentro de él, y ¡va a suceder ahora!
A Irma le llega: “Quédate aquí, no vayas, deberás quedarte aquí, déjalo en paz!”.
Y entonces también allí ocurrió algo, o Jeus habría vuelto a estar ante miserias.
Todo eso se evitó.
Casje hizo con él un reparto honesto.
Por supuesto, Jeus encontrará a su amor, pero también entonces Casje se encargará de ello.
Eso también valdrá la pena y —hay que creerlo— será un milagro de carácter sobrenatural, porque lo que tiene de espacial será sentido por todos, pero entonces Jeus vivirá en la ciudad, y casi llega a ese punto, los ángeles están casi listos para empezar.
—Ve, Jeus, tienes que ir, ve donde Bernard y Johan, ¿a qué pensabas dedicarte en este pueblucho?
Se lo dice cada árbol, también lo gritan la (calle) Zwartekolkseweg y la Montferlandseweg a su alma y su espíritu, también se lo dice el cementerio judío, la cabaña de Sint de Tien, todo aquí le dice a voz en cuello:
—Ve, tienes que ir, Jeus, ve donde Bernard y Johan, ¿tienes que convertirte en campesino en esta pequeña ciudad?
Ve, y ve rápidamente, te seguiremos.
Despídete de toda esta belleza.
Pero has de saber, eres un hijo nuestro, ¡tú das la vida eterna a todo!
Ahora Jeus empieza a hablar con Crisje.
Sí, no es tan sencillo, pero ¿qué tiene que hacer aquí?
Casje y el Largo ven que así las cosas van bien, un rato más y llegará a una decisión.
Y esa decisión ciertamente llegó, solo tomó una semana y entonces supo lo que quería.
¡Ir a La Haya, a Johan y Bernard!
Pero es Casje quien tiene su futuro en sus manos.
Jeus va a La Haya, ¡allí tiene que suceder!
Crisje no puede estar sin él, pero ¡es necesario!
Ambos hablan mucho, día y noche, tranquilamente se van liberando el uno del otro en esas charlas, se miran a los ojos, ninguno de los dos sabe lo que ocurrirá, hasta ahora ambas almas están en un suelo transitable, pero detrás de todo esto está vigilando uno, además de otros, ¡todos sirven a Nuestro Señor!
Arriba en el ático, Jeus toma una decisión.
Jan Lemmekus, Jeus se va.
Ha terminado la escuela, a ti se te concedió vivir y ver de cerca y admirar los primeros fundamentos para su vivir y servir.
Sí es cierto, Jan, un profeta se provee de luz propia.
Jeus no sabe hacer nada y tampoco hace falta, no tiene que poseer nada.
Ya no habrá más fútbol, Jan.
Todo lo de aquí morirá, pero has de saber: nunca te olvidará.
Allí nadie sabe a qué grado se han (os habéis) hecho uno.
¡Adiós, Jan!
Partirá mañana, todavía vas a saber de él, y te aseguro: ¡leerás sus primeros libros!
Tanta vida te queda todavía, y luego, Jan Lemmekus, podrás prepararte para ir adentro, con tu Anneke, tu propio amor eterno, y ¡podrás conocer, como pudimos hacerlo nosotros, al Dios de todo lo que vive!
¡Adiós, Jan Lemmekus!
¡Adiós, Anneke!
¡Adiós, Mina, benditas sean sus (vuestras) vidas!
Casje, Jeus está listo.
¿Lo encontrarás allí?
Lo iremos siguiendo, su juventud ha terminado ahora.
¡Cada paso que dé allí para su personalidad lo llevará hacia la seriedad sagrada!
Pues bien... Buen viaje, Jeus... y suerte.
¡Tú te lo has ganado!
En los cielos se sabe cuándo vivirás el primer contacto de todos para la ciudad.
Pero has de saber, Jeus, ¡tú construirás la Universidad de Cristo!
¡Adiós, a todos!
¡No lo olviden (olvidéis)!
Él es vida, alma, espíritu, luz, pero ante todo... ¡”amor”!
 
Fin
La Tercera Parte lleva por título:
Jeus a los pies de su maestro