Jeus vive milagros espirituales

Percibiendo a Jeus de madre Crisje va quedando claro que él nunca aprobará que más adelante se le cuelgue una sábana blanca en los hombros o que se le coloque en un pedestal, porque a través de su sencillez y su sagrado cumplimiento del deber, en los que el maestro Alcar trabajó ya durante su juventud, ¡seguirá siendo el hijo de madre Crisje!
Los espiritualistas y amigos pueden constatarlo ya desde ahora, no son capaces de influenciarlo, quita de una patada esa cosa torpe de debajo de sus pies.
A quien intente, a pesar de todo, dominar su vida de manera importuna, según los sentimientos y criterios propios, se le mostrará entonces su personalidad obtenida, y él sabrá actuar como estamos acostumbrados de él.
¡También en eso trabaja el maestro Alcar!
Si Jeus quiere terminar su tarea universal de acuerdo con las leyes del espacio, deberá seguir siendo un niño feliz.
Sin embargo, acepta el trabajo más difícil de la tierra, porque el Occidente pragmático no está abierto a las leyes metafísicas y no sabe nada de la ciencia oculta.
Esos sentimientos terminan lo que desconocen, lo resquebrajan todo, lo mancillan, y más tarde él tendrá broncas.
Sin embargo, a quien lo siga y quien pueda aceptar su doctrina se le dará a vivir un espacio imponente y una conciencia espiritual; en cambio, quien quiera dominarlo con los sentimientos propios y con la esfera de pensamientos propia se encontrará con el maestro Alcar, y eso significa: también sus seguidores deben aceptar a los maestros.
También de ellos los maestros exigen todo, la entrega plena, cumplimiento del deber, amor y sencillez, ¡la “voluntad de servir”!
Y eso será la entrega de la sangre vital, conscientemente, al cien por cien, porque ahora se trata de las leyes divinas y de la felicidad, ¡de la evolución espiritual para la humanidad!
En recompensa, sus seguidores recibirán una vida espiritualmente consciente, un amor diferente y mejor, incluso una personalidad fuerte.
Y eso Jeus lo sabe, nadie de los que lo siguen puede escapar a eso, y llegará el día en que cada ser humano deberá empezar a hacerlo, porque ¡todo lo que vive ha de seguir este camino!
Y este camino es cierto, pasa conscientemente a través del ataúd, pero detrás de él sigue viviendo el alma como un ser de belleza imponente, y que continúa, siempre más arriba, hasta que se haya alcanzado el “OMNIGRADO” divino, ¡para representar allí al Dios de todo lo que vive ante millones de leyes!
¡Y Jeus tampoco va a ser un santo!
Porque va a aprender que esto de comportarse como un santo no significa nada para la tierra, puesto que son actitudes pobres y lastimosas.
Él se mantendrá de lo más normal como ser humano, aunque respetará las cosas de la tierra.
Nunca podrás decir, si lo conoces más tarde: ya me decía yo, resulta que ese hombre sí que porta una sábana blanca, es increíblemente serio y se da aires místicos, pero me resultó decepcionante.
Y lo que entonces es una decepción para usted, ¡es usted mismo!
Quieres verlo a través de tus propios anteojos y conciencia, pero entonces lo ves de manera equivocada.
Lo verás con el sombrero de medio lado, con actitud de chico, alegre, juguetón, porque su maestro lo quiere así.
Lo que se le da a cargar es imponente, pero ya hablaremos de eso.
No obstante, por dentro es tan sagrado, tan armonioso y tiene tanta armonía con su maestro como no le ocurre a ningún ser humano de tu círculo o de tu espacio, porque para él, todo es sensibilidad, pero principalmente alegría, independencia natural, el ser abierto como también lo es la Madre Naturaleza, porque Jeus no tiene nada que esconder, no se da postín ni es soberbio, ¡ya no conoce esas características!
Lo sabe: para tu mundo, la sacralidad de la tierra es mero perifollo, atavío, fanfarronería, aires de becerro de oro, basta con mirar a tu alrededor y lo sabrás.
Y eso no va con Jeus, le da miedo la riqueza; conoce esas vidas, sus juegos de golf y sus conversaciones solo tocan su conciencia pobre; él mira a través de esa miserable ostentación y la pisotea.
De ninguna manera debe perder su carácter alegre, porque gracias a él mueve montañas, ya te quedará claro después.
Le enseñamos que las esferas de luz fueron construidas por el hijo de Nuestro Señor, y eso son los sentimientos paradisíacos, tan felices, tan conscientes, siempre cargando, pensando; ya no hay cuestión de acumulación de pensamientos, de descuido de rasgos del carácter, y entonces el ser humano vivirá de manera diferente, ¡siempre está en armonía con la infinitud a la que sirve Jeus!
Si se volviera melancólico, eso rompería su carácter, y es que ¡también Cristo fue un niño divinamente feliz!
Que mantenga la sencillez es de suma importancia para él mismo y para la doctrina de los maestros.
Si se disolviera en la tierra —lo que es posible—, la vida de la vienesa se volvería insoportable, demasiado dura, pero él nunca perderá su carácter alegre, porque hace falta para su desarrollo.
Pero ¿cómo viven los dotados espiritualmente?
Demasiado pronto juegan a ser santos, pero son tan transparentes como el cristal, aunque con una sensibilidad de baja estofa.
Son esos perifollos los que también le dieron un golpe de gracia a la teosofía, que hicieron que decayera la doctrina de los rosacruces, porque los perifollos disimulan sus túnicas y el núcleo espiritual.
Es su fanfarronería por la que la doctrina en sí deformó la fuente verídica, la mancilló; su soberbia e instintos dominantes no tienen nada que ver con veracidad espiritual, por medio de la cual finalmente los sentimientos puros vieron, sintieron, que el núcleo exterior daba cuerpo a la doctrina.
Y todo eso es bueno para la iglesia, para los sentimientos católicos, pero no para un conocedor de las leyes ocultas.
Conviértete en clérigo y caminarás al lado de la creación, te castearás; de ello Jeus aprende y recibirá, sin embargo, que así no tiene que ser, porque esto es asfixiar la paternidad y la maternidad, los dones más sagrados que Dios dio a los seres humanos.
Sé casto... y tú mismo te pondrás un freno universal ante las leyes divinas.
Asfixiarás la “reencarnación”, tu renacer, miles de leyes naturales más, ¡que desatienden y niegan humanamente por su vida insignificante!
Pero eso no lo hace Jeus, o también él caminará al lado de la creación, y ya no será alcanzable para nosotros.
Lo que semejante ser humano se impone a sí mismo al jugar al clérigo es contrario a las revelaciones divinas, y esta humanidad habrá de aprenderlo y vivirlo después de otra manera.
Quien conozca Oriente puede convencerse ahora.
Quien también allí niegue la paternidad y la maternidad seguirá siendo un inconsciente para el espacio y podrá volver a la tierra para materializar esas leyes para sí mismo y para la vida del alma, ¡pues esa es la voluntad de Dios!
¡Para eso vives!
Más tarde, Jeus verá que todas esas personas viven como parásitos de la masa.
¿Quién dio un organismo a esos seres humanos?
¿Cómo quieren vivir su procreación, si se niegan a ser madres, a crear?
Esto es la asfixia de su propio proceso evolutivo, la victoria sobre los espacios divinos, pero ¿qué hacen, ahora que esos hombres y esas mujeres niegan el plan de la creación?
Te pregunto: ¿quién te dio un organismo, pervivencia, continuar para Dios?
Si toda la gente empezara a jugar al sacerdote, a las monjas, entonces ¿qué sería de la creación divina?
En poco tiempo, la tierra quedaría vacía; el ser humano lo sabe todo mejor que el Creador, pero asfixia la evolución propia, y más tarde eso se disolverá, porque cada madre ha de dar a luz, da vida a un alma y al organismo para continuar lo material, para vencer al planeta tierra.
Jeus aprenderá y aclarará esas leyes a la gente a través de sus libros: que la paternidad y la maternidad son las leyes más elevadas de todas las creadas por Dios, ¡porque por ellas evoluciona el ser humano!
Cuando Jeus despertó después de su primer desdoblamiento sin duda estaba un poco más callado por dentro, pero no a tal grado que se convirtiera para él y los otros en una presión.
En su alma vive la sabiduría abundante y eso se irradia, la hace feliz.
Empezó con la revivencia, vive las leyes en la materia, lo cual ha recibido por medio de su maestro.
Ayer pintó, recibió un producto espiritual, vio el mundo astral y está fresco y alegre, así vuelve al garaje.
Tiene que ir a Ámsterdam, y se va.
Los chicos pueden ver sus dibujos, los clava en la pared, ellos miran y no saben qué opinar, no dicen nada en su presencia, sino que lo hacen a sus espaldas.
Ya le pusieron un nombre: para ellos se llama Pablo Nabo, lo que quieren decir con eso ni ellos mismos lo saben, pero para Jeus es sarcasmo, envidia, inconsciencia.
Ahora que él se ha ido, se mofan de sus dibujos espirituales, pero esos tipos no saben de lo que es capaz.
En Ámsterdam, está en la avenida Damrak, tiene que esperar.
El señor cliente tiene algo que hacer y eso toma un rato.
Toma, ve al cine y come algo, chófer, aquí tienes dinero.
Jeus compra un panecillo y algo salado, el resto es para colorines y pintura, así Wolff podrá seguir otra vez.
Ahora que se ha terminado su panecillo se va adormilando; poco después vuelve a estar al lado de su organismo y mira a su maestro a los ojos.
Le pregunta:
—¿Qué pasa, maestro?
—Vine a verte, Jeus, en primer lugar para mostrarte que puedo encontrarte sin importar donde estés, pero además para hacer que ahora vivas un milagro.
Has llegado al punto, Jeus.
Vamos a volver a La Haya y allí comprenderás por qué te hice desdoblarte, oirás y verás qué piensan allí de tus productos espirituales.
Ahora Jeus va volando con su maestro, en pleno día, de vuelta al garaje.
Ve cómo van desapareciendo los campos debajo de él, como en un avión va volando por encima de la tierra y de la gente, y sabe dónde se encuentra.
Ya ahora —seguramente lo sientes— vive y vuela por medio de sus “grandes alas”.
Sabe orientarse en cualquier parte, es consciente, atraviesa la vida material con la mirada, para él es un milagro imponente.
Jeus se siente un ser humano común y corriente, piensa como si estuviera en la tierra, como si viviera en su cuerpo, no hay diferencia.
Pero también sabe que ahora es una personalidad astral, que vive fuera del organismo humano y que su maestro está a su lado, y conoce el propósito para el que todo esto tiene que ocurrir.
Sabe, además, que su maestro podría llevar a cabo este viaje en tan solo unos segundos, pero van volando y Jeus mira todo.
Allí está (la localidad de) Wassenaar, conoce esos alrededores, un poco más tarde ve La Haya, cruza la calle Laan van Meerdervoort, allí ya está la avenida Thomsonlaan, doblan la esquina y están en el garaje.
En nada se siente extraño, la vida espiritual es una revelación para él.
El maestro Alcar lo lleva al garaje y ahora Jeus mira los coches y a los chicos desde el mundo espiritual.
En la entrada está un colega suyo, mira al hombre directamente a los morros, pero él no lo ve.
Caminando lo atraviesa, pero el hombre no lo siente.
Pero, Dios mío, ¡qué milagroso es todo!
Y entonces está en la pequeña oficina, mira a los demás y ve que se mofan y escupen sobre sus dibujos, pero además ve su irradiación espiritual, y Jeus ve que esa no es nada del otro mundo.
Hay que ver cómo ríen, maltratan su vida y su felicidad, para ellos su trabajo no es más que cosa de un pelagatos.
Lo que está viendo allí es miseria molida a palos, ¿son personas?
¿Eso son hombres?
Sí, Jeus, ahora ves a tus colegas desde el mundo astral y es una gracia para tu vida.
Ahora el maestro Alcar le pregunta:
—¿Qué harás más tarde, Jeus, cuando hayas vuelto?
—Les daré las pruebas, maestro, de que lo sé todo, pero tampoco más que eso.
—Así está bien, Jeus, no te vaya a ganar la ira, porque también eso está mal.
Algún día también ellos despertarán, todavía no han llegado a ese punto.
Pero ves lo que es posible para nosotros, para el ser humano detrás del ataúd.
Jeus piensa a fondo en todo, pero el maestro Alcar continúa.
También ve a la vienesa en casa, está a su lado, pero ella no lo ve, no lo siente.
Está lavando, pero justo lee una carta de su hermana en Viena.
¡Es una revelación!
Dios mío, cómo es posible, también a ella le daré estas evidencias, más tarde le contaré exactamente lo que sé.
Y entonces tiene que volver a Ámsterdam, despierta allí y ve ahora que solo han estado fuera siete minutos.
El maestro Alcar se despide de él, Jeus piensa.
Le parece algo enorme, es imponente y eso debe saberlo toda la gente.
Pero no saben nada de ello; al contrario, ¡están muertos en vida!
Echan lejos el milagro, lo abuchean, escupen encima.
Jeus tiene tiempo de pensar, mira a la gente, a los miles que van pasando a su lado aquí, sigue todas esas caras, ya está mirando a través de ellas y lo siente: ¡la pobreza está a la orden del día!
¿Cómo quiere lograr que haya luz en esta barahúnda?
¡Y esta es la luz de Dios!
Son milagros imponentes, pero ¿está abierta a esto esa gente?
Crucificaron la luz más poderosa.
Dinero, fanfarronería; cada ser humano juega a ser autócrata, quiere riqueza y felicidad, pero todo es asqueroso, mugriento; el ser humano domina a expensas de otro.
Si ahora se enojara por los actos de sus colegas, entonces contravendría las leyes divinas y esto frenaría su desarrollo.
Pero lo comprende, no hará caso a todos esos disgustos y seguirá siendo él mismo, debe mostrar que no se rinde a la primera, si no se destruirá a sí mismo y entonces su maestro no podrá seguir.
Para Jeus, ¡todo es amor!
Todo, no hay maldad, aunque la gente se asesine conscientemente, también eso es evolución, no debe entrometerse en eso.
Así estará siempre listo, ¡y su maestro echará un fundamento encima de otro!
Jeus regresa.
Cuando aparece en el garaje, el mismo hombre sigue apoyado en el quicio de la puerta, y le da risa.
Pero tiene contacto con esta vida.
Por qué no me acompañas un momento, Piet, ya te mostraré algo diferente.
—Por favor ponte allí, Karel, y tú allí, colega, y entonces te contaré lo que han (habéis) hecho con mis dibujos.
Pero, a ver, ¿quién se atreve a volver a mancharlos?
Y bien, ¿no te atreves?
Les cuenta lo que han hecho, los golpea con sus propias palabras, los hombres ya no saben qué decir, no comprenden cómo pudo dar con la verdad, pero es cierto.
Cuando Piet le pregunta cómo sabe todo eso, contesta:
—Estaba en el Damrak, Piet, y salí de mi organismo.
¿Quieres entenderme?
Entonces llegó mi maestro y me trajo de vuelta al garaje.
Vi a estos tipos, los oí hablar, desde aquel mundo puedes vivir todo en la tierra y nada de ti desaparece, ¡todo está allí!
El ser humano interior sigue viviendo detrás del ataúd, Piet, así que ¡no hay muerte!
Esta vida está abierta a él y quiere comprenderlo.
Es un milagro; sin embargo los hombres no se dan cuenta de que esta sabiduría yace allí en los restos de petróleo, sin significado para sus vidas interiores, de verdad que es para volverse loco.
Aunque Jeus sienta que no logra nada con esto, que no puede convencer a estos caracteres, aun así se le concedió vivirlo.
Piensan que es un “Pablo Nabo”, y eso es todo.
Pero este Pablo Nabo, señores, más adelante se pira, y entonces, a seguir con esta porquería por su (vuestra) cuenta.
Eso lo sienten y es envidia, Jeus tiene algo que ellos no poseen, por lo que se manifiesta la envidia humana.
Adelante con los escupitajos sobre mi posesión, ya hablaremos después, ¡seré yo quien se reirá el último!
Y además, bien, ¡ya lo verán (veréis)!
La vienesa recibirá sus evidencias, es milagroso, pero ¿sí será consciente la vida en la tierra de lo que esto significa?
Haz el bien, construye otra sociedad con las posesiones, tienes y enmendarás de cualquier manera todo.
¡Dios no condena!
Ya ahora puede analizar miles de problemas.
De pronto ha envejecido mil años.
Un pequeño viaje y estás junto a Dios, si estás abierto para Él.
Por un pequeño viaje de esos se derrumban templos, porque a Jeus se le concedió vivir la realidad.
Sí, seres humanos, colegas, poseo el don más poderoso que pueda recibir un ser humano, recibí lo más hermoso de Dios, lo que ÉL tiene para dar a SUS hijos, por medio de SUS ángeles puedo mirar y actuar detrás de la vida material, ya soy ¡un “gran alado”!
Ha empezado a sentir gratitud, respeto profundo y puro por el maestro Alcar y las leyes de Dios, que es un Padre de Amor.
Unos días después vive otro milagro.
Cada vez hay algo diferente, su maestro le da algo para que lo viva.
En los alrededores del garaje hay mucho ajetreo.
El criado, Karel, tiene que comer y de vez en cuando lo hace en casa de su chica.
Jeus lo lleva a la estación de trenes y le pide encarecidamente que vuelva lo antes posible, hay muchas solicitudes para la ciudad y el teatro.
Karel se va y se encargará.
Vuelve alrededor de las nueve, han perdido viajes, pero bueno, Karel dice que se le pincharon varias ruedas.
Piet ya está soltando palabrotas, quiere echar esa vida a patadas, están hasta arriba de preocupaciones, seis muchachos piden de comer y beber a Piet, a su vida; él es solícito, porque se trata de tu propia posesión, que ahora resulta que es maltratada por un chico así.
Pero las ruedas pinchadas requieren tiempo, ¿cierto o no?, y finalmente también él tiene que inclinarse ante eso.
Es una pena, te cuesta veinte florines.
Y pierdes a tus clientes.
Borrón y cuenta nueva, pero ay de Karel si se le olvida la seriedad de la vida.
Jeus le dice a Piet que no hay nada que hacer, y que tiene que inclinarse ante eso.
Son las diez y media.
Allí están, dormitando a gusto; Karel piensa, ya pasó todo, se les ha olvidado.
Jeus está al lado de Karel y de repente se le mandan sus pensamientos, los capta y los sigue.
Jeus no sabe que es un telépata fenomenal, pero ya le irá quedando claro.
Continúa siguiendo esos pensamientos, que se acercan a él y surgen en él así como así, y ahora empieza a ver lo que Karel le manda, y es muy interesante.
Ve ahora que Karel entrega su carguita en la estación de trenes.
Luego fue a ver a su chica, que vive cerca de la calle Rijswijkseweg.
Ve que va rápido, demasiado rápido, demasiado a la ligera para esa vida, que solo hace poco aprendió a conducir.
Karel come puré de papas y col, para acompañarla le dan un miserable pedacito de salchicha, pero eso va rápido, ahora lo oye hablando con su chica y que tiene que prepararse si quiere ir con él.
Ahora Karel vuelve volando con su chica a la ciudad, Jeus ve claramente que en el mercado compra tres huevos duros —allí no le dan de comer suficiente—, dos pepinillos encurtidos... y entonces enciende el motor y sigue rodando, recorre la calle Marktstraat, cruza la plaza Spui y entra en la calle Spuistraat, se detiene ante una zapatería.
Vaya, vaya, así que Karel fue de compras con su chica; en lugar de volver enseguida, se va de compras.
Claro que tardan un poco, ahora Jeus siente agitación en Karel.
Pasan veinte minutos, y Karel los ha perdido.
Pero entonces vuelve su chica, se hizo con sus zapatos, encima recibió dinero de él, pero ¿dónde y cómo, Karel, conseguiste ese dinero?
Ahora Karel va volando por la calle Wagenstraat.
No, algo se le olvida a Jeus.
Mientras esperaba, Karel hizo algo.
Jeus vuelve a la zapatería.
Allí ve ahora que Karel deja que salga el aire de la rueda de repuesto.
Karel es astuto, piensa, ahora los pensamientos son muy precisos, hace un momento, Karel pensaba en otra cosa, por lo que Jeus no había visto esto de vaciar la rueda, pero ahora pudo convencerse de eso, y Karel ya tiene su seguro.
Y es que tuvo un pinchazo y así los patrones no pueden decirle nada.
Entonces vuelve volando por la calle Wagenstraat, encima de todo quiere llevar a su chica de regreso, claro, así la pobre no tiene que caminar y ahora no cuesta ni un centavo.
Pero en la esquina de la Wagenstraat, no, ya ha pasado el puente, allí se llama la calle Stationsweg, esquina con el parque Huijgenspark... a Karel se le pincha una rueda de verdad, y ahora no puede usar la de repuesto y tiene que inflar la llanta, eso también requiere su tiempo.
Pero ahora su nena puede caminar.
Karel infla la rueda, la cambia y ahora regresa volando al garaje, por poco manda a un ciclista al hospital, pero bien que mal pasa por allí y también llega al garaje, para entrar con la cara larga y descompuesta, toma una actitud abatida, casi llora, acepta la paliza de Piet y aun así se siente seguro, porque puedes verlo tú mismo: tuve dos pinchazos.
¿Qué quieren, patrones?
No hay nada que se pueda hacer, podría pasarle a cualquiera.
Ahora Karel está sentado aquí y se siente como un rey.
¿Algo más?
No, bien que la ha librado.
Y eso es todo, Jeus lo ve, los sentimientos de Karel callan, este es todo el drama.
Primero, Jeus repasa todo.
Karel está a su lado, mira qué bien, no pasa nada.
Pero Jeus espera hasta que se hayan ido a casa los demás patrones, le toca el turno de noche con Karel, y entonces le va a contar algo.
Si Piet sabe que Karel lo engañó, este se va a la calle.
Karel es huérfano; han ayudado al joven a salir de su pobreza y a tener una existencia, y fue el mismo Piet quien abogó a favor de esta vida, para ayudar a Karel, y ¿ahora tendría que aceptar ser engañado por él?
Eso no lo acepta.
Cuando Karel apareció en el garaje, Jeus había salido de la ciudad unos días con unos familiares.
¿Qué vuelta le va a dar a esto?
Ya lo sabe.
Los hombres se fueron, Karel charla que da gusto, y entonces Jeus pregunta:
—Ahora ya cuéntame, Karel, dónde estuviste.
Te fuiste a las siete y cuarto, y volviste casi a las nueve.
—Ya te lo dije, patrón, tuve unos pinchazos.
—Vaya, Karel, ¿es cierto eso? Pues entonces ya te cuento yo lo que hiciste.
Ahora Karel oye que Jeus lo sabe todo de él.
El chico ya pregunta:

—Y ahora, claro, me echan de aquí.
Estoy arrepentido, patrón.
No lo volveré a hacer nunca, patrón, ¿no quiere perdonarme?
—Y te voy a contar otra cosa más, Karel.
En primer lugar, ¿de dónde sacas el dinero?
Le diste dinero a tu chica para comprar zapatos, y ese dinero no lo ganaste aquí.
Pues mira, yo lo sé: te quedas con dinero cuando se guardan bicicletas y con monedas del teléfono, Karel, ¡mangas!
Karel tiene que admitir que todo es cierto.
Sí, actuó mal, pero ¿cómo sabe todo eso el patrón?
Jeus añade:
—Y además sé que tienes deudas en la cafetería de al lado; juegas al billar con Willem y aquí mangas el dinero, pero ahora que no llega tanta gente a guardar su bicicleta, te metiste en deudas allí.
¿Es cierto?
—Sí, patrón, no lo volveré a hacer nunca, se lo juro.
—Eso dices, Karel.
Pero ¿quién me garantiza que nunca lo volverás a hacer?
Olvidas que aquí estamos ante grandes preocupaciones.
Piet te acogió en el garaje, pero él tiene que encargarse de su familia, es así para todos nosotros.
Tenemos preocupaciones, ¿y tú piensas que debes birlarnos, llevar a tu chica por allí, comprarle zapatos, mientras que aquí nos perdemos los viajes?
Eso es demasiado, Karel, es destrucción consciente, ¡con tu mangoneo no avanzamos!
Karel llora hasta quedar vacío.
Jeus tiene que salir a un viaje; cuando vuelve, Karel llora como una persona rota, le suplica a Jeus que lo crea, no lo volverá a hacer jamás.
—Mira, Karel.
No diré nada de ti a los patrones.
Le debes un florín con ochenta centavos al dueño de la cafetería.
Aquí está el dinero, ve a pagarle de inmediato a ese hombre.
Anda.
Y Karel, que se va; no lo sabe, pero este patrón es un milagro.
Cuando vuelve, Jeus sigue:
—Cuando me entere, Karel, de que tienes allí una deuda de diez centavos, te echo al instante.
No digo nada a los demás, pero no intentes nunca más robar de nuestra pobreza, nunca te irá bien en la vida y terminarás en la cárcel.
Sería muy fuerte para Piet si tuviera que oír que lo has robado.
Le caes bien, ¿no pensaste en él ni un segundo, Karel?
Te digo todo esto porque vi lo que habías hecho, pero no lo vuelvas a hacer jamás.
Karel queda destrozado, Jeus cree a esta vida.
Ahora él es un milagro para Karel.
Este ya no ridiculizará sus dibujos.
Karel es sensible, llora de gratitud, demostrará que es digno de la gratitud.
Jeus ríe por dentro.
‘Pero vaya que esto es algo especial’, piensa.
Qué milagro, ¿no?
Cómo es posible, vio a Karel en la calle y era como si viviera estas cosas con él, así de nítido vio todo el suceso.
Incluso le dijo a Karel qué cosas habló con su chica, palabra por palabra; Karel quedó patidifuso e inclinó la cabeza.
Jeus se pregunta: ‘¿Qué es esto?’.
Ya lo sabe, antes también podía hacerlo, pero ¿esto?
Los chóferes ya no volverán a tomarle el pelo: cuando quiera saber algo, se sintonizará con sus vidas y entonces ellos mismos serán quienes le cuenten todo lo que han estado tramando.
Pero Jeus siente que Karel ha hecho incluso más, y eso es muy malo.
Karel vendió gasolina y se embolsó el dinero.
Cuando le dice también eso, su personalidad se deshace en mil pedazos y se entrega total y completamente a Jeus, porque ¡es la verdad!
Karel ya no va a volver a mangar, Jeus lo sabe.
Lo siente, solo durante un momento esta vida se sintió insegura de ella misma; para Karel el futuro es distinto y allí tienen que darle más de comer.
Sí, patrón, me dieron puré de papas y un pedacito de salchicha para un niño de cuatro años.
También lo sé, mi chica es una tacaña, lo que le interesa es el dinero, pero no estoy tan loco, ya tendré cuidado, patrón.
Karel queda abatido, se ahoga en sollozos, para Jeus fue una revelación, ¡un imponente milagro espiritual!
Por supuesto, es apto para algo diferente, y el maestro Alcar vio que trató este caso correctamente, es una bendición para Karel.
Dos semanas después, está ante el otro ladrón, el mozo de garaje de catorce años.
Alguien ha sacudido la lata del teléfono hasta dejarla vacía, adiós al dinero de meses de llamadas, contaban con por lo menos cuarenta florines que dividirían entre ellos, pero eso ya no hace falta.
¿Quién lo hizo?
Jeus sabe que no fue Karel; fue Willem.
Pero este dice no, mil veces no, yo no tengo nada que ver.
Karel le asegura a Jeus que no la tocó y Jeus le cree, pero Willem se aferra a su inocencia y sigue negando.
Piet está furioso, y vaya cosas, es emocionante y es miserable.
¿Qué quieres? ¿Qué haces, Piet?
Jeus comenta la situación con él.
Este cree que fue Willem, pero esa vida lo mira directamente a los ojos y no sabe nada, no tiene nada que ver.
¿Se trata de Karel y Willem? ¿O estuvo alguien más en el garaje?
¿Es posible eso?
Como sea, Piet piensa hasta calentarse los sesos y no logra saber qué pasó.
Pero nos están robando aquí delante de nuestras narices, y eso no puede ser.
Jeus deja que Piet y los demás blasfemen todo lo que quieran, ya llegará el culpable a contárselo él mismo.
Pero Willem se hace el sueco y ya olvidó el caso, a él no le podrán hacer nada, el chico llora de indignación porque sospechan de él, clama al cielo.
“¿Pensabas que querría que mi madre tuviera que cargar con ese miedo?
Vengo de una familia creyente, patrón, acuérdese de eso.
¡Yo no mango!
Ya me cuidaré de mangar, si mi padre se enterara, me mataría a golpes.
¿Por qué sospecha de mí, patrón?
Ni yo ni Karel lo hicimos; tal vez haya entrado gente al garaje cuando no estábamos, puede ser, ¿no?
O ¿qué? ¿No se queda a veces el garaje sin nadie durante cinco minutitos, cuando hay que hacer algo en la calle?
¿No puede creerlo?
Entonces ya no aguanto aquí, patrón, no puedes trabajar si se desconfía de ti, ¿cierto o no...?”. Muchas más son las cosas que le dice esta vida a Piet y a Jeus y a los demás, y no queda más que decir sí y amén, asentir con la cabeza, puedes tomarlas en cuenta, además; no, se oye finalmente, así no puede mentir uno, y Willem no lo hizo.
¿No hay nada malo en Willem?
Tres días más tarde —Willem piensa que ha salido limpio de esta— Jeus recibe los primeros pensamientos de su vida.
Cuando Willem pensaba conscientemente en sí mismo y alegaba que no tenía nada que ver con ese dinero, Jeus sentía, aunque se sintonizara con su vida, que los pensamientos llegaban a su interior débilmente, y que no podía decirle nada a Willem.
Pero ahora todo es diferente, sigue a Willem en su pensamiento, el chico le reproduce exactamente la hora y el instante en que vació la lata.
Y entonces se oye:
—Escúchame un momento, Willem.
Hace quince días vaciaste la lata y fue en el momento en que todos habíamos salido.
Toma, hojéalo, fue el martes por la mañana, alrededor de las diez nos habíamos ido.
¿Todavía te atreves a decir que no fuiste tú?
Willem se pone paliducho.
Jeus continúa.

—Se me hace que juegas demasiado al billar allí, Willem.
Haré que hable tu alma, Willem, haré que hable tu corazón; confesarás, Willem... sí o sí, Willem, porque mientes, mientes más que hablas, Willem, pero tú fuiste quien se llevó lo de nuestra lata.
Willem confiesa que él lo hizo, pensó que iba a perder su corazón, tal fue la influencia que entró en su vida.
Pero Jeus sintió que tenía que tratar a Willem de otra manera que a Karel; este chico es conscientemente malo.
Pero Willem tampoco quiere irse.
Aun así, Jeus tiene que comentarlo con Piet y con los demás.
Y es lo que hace, pero la decisión que quiere tomar Piet no vale.
Jeus le da a Piet y a los demás:
—Mira, si echas a Willem a la calle, si haces que se largue, te habrás deshecho de un ladrón, pero todavía no significa que hayas recuperado tu dinero.
Te propongo que lo hagamos de otra manera, en concreto, así:
hacemos que Willem vaya liquidando el monto semanalmente, y cuando haya pagado todo, lo echamos, porque es incorregible.
Willem va liquidando lo que robó, cada semana descuentan algo de su paga, pero esta vida nunca está sola, todos le echan un ojo; lo saben: Willem seguirá robando, y más tarde robará hasta decir basta.
Ahora que Willem terminó de pagar y hace como si nada pasara, puede irse.
Oyen que tres semanas más tarde, con otro patrón, ya lo echan a patadas, y saben ahora que actuaron bien.
Todo eso es telepatía, Jeus, adoptar puramente los pensamientos de otro, lo que tú sabes hacer, y si quisieras, podrías ganar dinero a raudales, si quisieras actuar ante el respetable público.
Pero esos sentimientos no están en él, este arte solo está allí sin hacer nada, un don, por supuesto, una sensibilidad, sin duda alguna, pero para él, esta sensibilidad es un pequeño fundamento para otros dones a los que él sirve, no quiere saber nada de esas afectaciones.
Y eso lo sabe el maestro Alcar, a Jeus no se le puede convencer para los maestros ni para su tarea a cambio de dinero y exultaciones materiales.
Pero es un telépata de los más elevados, podría ganar dinero a raudales; ni lo considera, en él no hay ni un solo pensamiento para ese arte, lo sabe, escoge lo más difícil, es un instrumento espiritual, al menos es lo que dirías.
Eso lo sabe su maestro, si no dejaría solo a Jeus al instante, entonces mejor que venda sus trucos, que entretenga a la gente en la tierra, entonces ya no habrá cuestión de una misión espiritual.
Jeus está listo, el maestro Alcar lo conoce y los ángeles no tienen miedo de que finalmente sí sucumba, a pesar de todo; su vida no está abierta al honor y la fama, al dinero y a las posesiones, ¡le importan un comino!
El maestro Alcar sigue y hace que viva otros milagros.
Ahora Jeus de madre Crisje llega a estar ante su maestro más elevado, lo descubren en La Haya.
Sí, los maestros quieren que sea descubierto.
Lo que sigue ahora es el fundamento para todo este mundo, por esto la humanidad ya tuvo que aceptarlo y se le puede otorgar la “calidad paulina”.
Lo que va a vivir ahora en realidad ya debería ser suficiente, tanto para la sociedad como para el parapsicólogo, la evidencia de la pervivencia para las ciencias espirituales, pero veremos de qué manera se aceptan y viven estas evidencias poderosas.
Algunos de sus dibujos están en una tienda de arte para que se les ponga marco.
Jeus está libre y en casa.
De pronto el maestro Alcar llega a él y dice:
—Jeus, anoche vendimos un dibujo en cien florines.
Más tarde verás a la señora que sabe de ello.
Es la señora G., una hija de los maestros.
Ve a la galería de arte y lo sabrás.
Jeus baila por la habitación de felicidad, vuela adonde la vienesa y le habla del milagro, ahora sus dibujos van a empezar a tener valor.
“Acabo de recibir este mensaje de mi maestro.
Voy a buscar a esa señora.
Hasta luego”.
¿Qué pasó anoche?
La señora G vive cerca de allí.
Hace sesiones de espiritismo con otros, con amigos, y tiene contacto con los maestros.
Ese círculo es increíblemente bueno y puro.
Cuando en él habían preguntado varias cosas, apareció el maestro más elevado, y dijo:
—Ahora escuchen, tengo un mensaje para todos ustedes.
Cerca de aquí vive un chófer, su nombre es Jozef.
Está en nuestras manos, así que desde hace bastante tiempo tenemos contacto con su vida.
Pero él es nuestro instrumento.
Aquí al lado están los dibujos espirituales suyos, hechos por nosotros.
Ahora alguien de ustedes debe comprar uno de esos dibujos.
Pronto llegará a usted uno de sus seres queridos y le contará más al respecto.
Así que debe ayudarlo y traerlo aquí ahora, tenemos que hacer que se desarrolle.
Sin embargo, esto vino de los maestros más elevados en la vida después de la muerte, de un cósmicamente consciente; el maestro que con sus ayudantes sirve a la Madre Tierra y a todos sus hijos, es decir, que sigue las gracias y desgracias de la tierra y que es el jefe de la “Universidad de Cristo”.
Y la Universidad de Cristo es, si quiere escuchar un momento... el intelecto pensante para la tierra.
La Madre Tierra recibió todas sus artes y ciencias desde esa universidad.
Los maestros cargan la tierra y la sociedad; millones de personas, conscientes en el espíritu, representan esta universidad y sirven a Cristo.
Incluso hay “apóstoles” de Cristo que están vinculados a ella que ahora todavía trabajan para la conciencia de la Madre Tierra y sus hijos.
La Universidad de Cristo echó los primeros fundamentos para la fe humana.
Esta universidad asignó su tarea a todos los artistas, porque Cristo quiere que despierte la vida en la tierra.
Por lo tanto, esa “orden” sabe que Jeus de madre Crisje vive en la tierra, y quién es él interiormente.
Es este maestro quien dice que ellos deben ayudar a “Jozef”; ya lo verán mañana.
Y la gente que se ha juntado allí y que recibe la palabra del otro lado por medio del contacto espiritualista tampoco conoce a Jeus ni trata con chóferes a diario, allí está reunida la “nobleza” material.
¿Qué cosas son esas?, se preguntan.
Ahora no nos quedará más que vivir si ese chófer vive de verdad cerca de aquí.
Es una buena evidencia, aquí no hay cuestión de telepatía, claro, si conocemos a esa vida.
Durante un buen rato se quedan hablando acerca de lo ocurrido; es curioso, ¿es ese chófer un instrumento tan grande que el maestro Cesarino deba hablar de ello?
Si ese chófer vive con veracidad, entonces es un gran milagro, entonces esa vida es tan dotada como solo rara vez se puede vivir y ver, porque el maestro es la autoridad más elevada que conocen, y fue demostrado por el conocimiento, por las evidencias que ya recibieron.
No se cansan de hablar de esto.
Y entonces aparece alguien que dice a su mujer, que todavía está en la tierra:
—Tú, cariño, comprarás un dibujo de Jozef.
Tienes que comprar tal y cual, y ese producto espiritual lo colgarás encima de tu cabeza donde duermes, irradia una animación pura.
Se describe el dibujo.
Es un florero dibujado, con un motivo de aves; el animal está listo para salir volando hacia el espacio.
Se menciona el precio.
El maestro Alcar estuvo presente en ese momento, pero lógicamente Jeus no sabe eso, aunque se le muestra qué complicado será y es su contacto.
Ahora Jeus ha sido descubierto en La Haya por personas que no conoce; el maestro Alcar es alumno del maestro más elevado y de los suyos.
Pues bien, si esto es cierto, todos pueden seguir; Jeus ha dado las evidencias a su vienesa, a la señora G., a los demás, y sí, cuando Jeus llega al garaje también allí ya se sabe.
Ya llamó por teléfono el marchante.
Jeus vuela con un coche a la calle Klimophof, entra a la tienda corriendo y allí ve a una señora.
Ya la vio en el momento en que el maestro Alcar le dio la predicción.
Le pregunta:
—¿Es usted la señora G.?
—Sí, soy yo, y entonces usted es Jozef.
—Sí, señora.
Me acaban de contar que compró un dibujo por cien florines.
—Es cierto, Jozef.
Por qué no me acompaña a mi casa, tengo mucho que contarle.
Pero qué instrumento tan dotado es usted.
Ahora Jeus oye cómo apareció todo, que la señora G. está en contacto con el maestro ya desde hace años y que con regularidad hacen sesiones, que se le concedió recibir cientos de miles de pruebas y que ahora tiene que unirse al círculo, porque va a ser el instrumento de los maestros.
Son milagros espirituales, porque ¿quién sabía algo de Jeus?
Nadie, por lo menos nadie entre estas personas.
En el espacio de Dios y detrás del ataúd existe el pensamiento consciente.
El alma continúa viviendo como una personalidad astral, ¡recibieron las pruebas de eso!
Existía el dibujo, y también Jeus.
¡El otro lado descubrió a Jeus!
Lo conocen en la vida después de la muerte.
Millones de ángeles saben que es y será el instrumento por excelencia de la “Universidad de Cristo”, pero eso todavía no lo saben ellos, ¡ni Jeus!
Los cielos saben ahora que el mundo astral ha establecido un contacto consciente con Jeus; que ahora los maestros más elevados se van a volcar con él, pero para Jeus y la señora G. eso es el futuro, y lo conocerán más adelante.
Atraviesa el “mundo espiritualista”.
Se habla de ello, en ese mundo se descubrió a un médium de una fuerza sin precedentes, pero todavía debe revelarse, las pruebas son apabullantes, ¡no hay muerte!
Se conoce a Jeus en la vida después de la muerte... mundo... sociedad, pero eso todavía no dice nada, todo eso son pensamientos propios.
¿Tú crees que esas personas solo se están engañando a ellas mismas?
Pero no sabíamos nada de él, nada de sus dibujos, nada de esta vida; no sabíamos que se llama “Jozef”, pero detrás del ataúd se sabe que Jeus de madre Crisje... se llama “Jozef”, ¡que es un instrumento de una grandeza sin precedentes!
Jeus regresa volando a la vienesa y puede contarle que no se está engañando a sí mismo y que oye bien, que es clarividente y clariaudiente, al cien por cien.
¡Y así es!
¡No hay ningún pensamiento equivocado!
Les fueron transmitidos a él y a los de allí los datos de manera infalible; Jeus ve ahora que esa cruz y ese tablero raros pueden contarte milagros, pero no le hace falta eso para vivir su contacto; lo recibe del maestro Alcar.
¿Es telepatía?
En la ciudad, el espiritualismo sin adornos es algo maldito, mancillado desde hace mucho tiempo por los adeptos, ya no se puede creer en él.
Pero ¡esto son pruebas!
¡Pruebas de una pervivencia!
Es la verdad, ¡el maestro Cesarino es la conciencia más elevada de la “séptima esfera”!
Él y su equipo siguen la vida en la tierra, él y sus “ángeles” han traído a la tierra arte y ciencias, ahora traen a la tierra la “Universidad de Cristo”, ahora aclaran todas las leyes de Dios por medio de Jeus, y ¡el hijo de la Madre Tierra obtiene conciencia espacial!
También es él quien conducirá más adelante a la humanidad a través de una nueva guerra, quien acogerá a la humanidad para ponerle un alto divino a lo equivocado en el ser humano, para traer paz y sosiego a la tierra, ¡ahora la Biblia y el Gólgota son aclarados por medio del instrumento de los maestros!
Jeus analizará millones de leyes, es capaz de escribir miles de libros por medio de los maestros, pasa por encima de las cabezas de los grandes de la tierra, ¡porque nunca conocieron este contacto!
Los maestros no mandan a Jeus a Oxford para terminar sus estudios allí, ni a Cambridge... Annie Besant... porque allí no aprendería nada, ¡allí no harían más que destruir su vida interior!
Los mismos maestros lo desarrollarán, ¡ahora siguen adelante!
Ahora los maestros se ocupan de él.
El maestro Alcar sigue para él mismo, pero allí se están echando fundamentos sólidos, se trabaja en el trance psíquico, y el físico está por llegar, Jeus habrá de aceptar dos sesiones por semana hasta que esté listo y pueda dejar el garaje.
Ahora conduce para los espiritualistas, todos lo quieren como chófer, ese milagro te lleva a casa sano y salvo, esta vida tiene protección, su vida ha sido aceptada.
Sigue pintando y le hacen falta colorines.
Cerca de allí ve una tienda así, entra y mira: también allí ya han oído hablar de él.
Pero Jeus ya constata que en La Haya hay un submundo en el ámbito oculto, se pueden ver muchos engaños, él conoce a cada médium.
Y entonces recibe el mensaje de organizar sesiones físicas.
Ahora participa en las sesiones con personas que él mismo escoge.
Uno de ellos es un catedrático, viven la voz directa, materializaciones, desmaterializaciones, fenómenos de aportes, pero él yace allí en trance, ahora el maestro Alcar y otros maestros lo liberan corporalmente, cada uno de sus nervios es vencido, tiene que obedecer y ya no debe ofrecer resistencia; para alcanzar este punto hace falta un año y medio.
En las sesiones en casa de la señora G. recibe desarrollo espiritual; aquí obtiene las evidencias físicas, de modo que más tarde, cuando empiece el maestro Alcar, estará listo y ya no podrá ser atacado en nada.
En esas sesiones yace dormido toda la velada, el maestro trabaja, de vez en cuando se le concede echar un vistazo entre bambalinas y ve para qué hace falta todo esto.
Una noche, ocurre lo siguiente.
El maestro Alcar dice:
—Cuando diga, “Prenda la luz”, lo hará.
Cuando diga, “Apague la luz”, tiene que obedecer al instante y apagarla.
No dude, quiero mostrar un milagro.
Y entonces llega la palabra: la vienesa prende la luz, ven que Jeus ha sido deslizado a través de una pequeña mesa por la que en realidad es imposible pasar ni la mano, y entonces la luz se apaga.
También se vuelve a encender, pero entonces está nuevamente en su silla.
Había sido desmaterializado.
Es casi el final de estas sesiones, los maestros han llegado a ese punto.
Mientras tanto, Jeus ha recibido pinturas espléndidas, la gente llega a verlo para ser sanada; él sana a las personas.
Cuando después de las sesiones comprendieron que él era un gran milagro, esas personas no querían ya perder esos milagros, pero pronto Jeus recibe el mensaje de parar, solo eran para los maestros y no para las masas; para Jeus estas sesiones significaron el desarrollo del trance psíquico y físico, la liberación de todos los sistemas.
Pues bien, si sabes ahora que para esto necesitó el Antiguo Egipto treinta y cuarenta años, para alcanzar esta altura, entonces sentirás que unos años no significan nada en comparación con las enormes leyes y con la ciencia ocultas.
En el Antiguo Egipto encima tenían que aceptar que un médium de esos vivía en la tierra solo una vez en cientos de años, y ¡quien poseyera ese don era una divinidad y era venerado como tal!
Jeus irá conociendo todas esas posibilidades.
Más tarde, el maestro Alcar lo llevará de vuelta al Antiguo Egipto, y entonces mirará en su propio pasado.
También allí se vivían materializaciones y desmaterializaciones, y eran recibidas por los maestros, pero más tarde fueron mancilladas, y los maestros se desfogaron; lo “blanco”... se convirtió en “negro” por los dones espirituales, y hubo mesas y sillas que planeaban por el espacio, pero disimulaban y a la vez fragmentaban las leyes verdaderas, ahora ya no había cuestión de sabiduría, y eran soltados; ¡eso había acabado!
Unas semanas más tarde recibe el mensaje de cerrar las sesiones, pero también vive otro milagro.
Está en el garaje y tiene turno de noche.
Alrededor de las doce llegan dos señoras que piden su ayuda.
Salieron un momento a pasear, a dar la vuelta, pero ahora ya no pueden entrar a su casa; la bicicleta que estaba al lado de la escalera se cayó entre la puerta y los peldaños, por lo que ya no se puede abrir la puerta.
Preguntan si tiene algo con qué levantar la bicicleta.
Jeus trae un pedazo de palo de escoba, tal vez pueda servir y logre hacerlo.
Pero no se puede.
Llegan algunas vecinas a mirar, piensan que hay ladrones.
De pronto, Jeus tiene el picaporte en sus manos, reflexiona un momento, pero pierde la conciencia, aunque en el mismo instante, a plena luz del día en las escaleras; las señoras ven que desaparece y ha sido desmaterializado; está dentro de la casa.
Solo piensa en la bicicleta, pone el cacharro al lado de las escaleras, abre la puerta desde dentro y sale corriendo.
El maestro Alcar lo hace correr por algunas calles, la circulación de la sangre ha sido perturbada, después de eso le entró un hambre sin precedentes.
Entonces vuelven las señoras, piensan que es un milagro, ¿sabe hacer brujería?
No, me desmaterialicé, pero ¿eso qué es?
A la mañana siguiente vuelven, los chicos oyen lo que ocurrió, pero las señoras lo comentaron con su pastor y ahora son cosas del diablo.
El milagro tiene miedo.
La gente que viva esas cosas está poseída por un diablo.
Jeus vive ahora que las señoras pasan de largo, ya no quieren verlo, tienen miedo.
¿Eso es todo?
Sí, más no queda de ello, Jeus, ¡estás loco y ya nadie te cree!
Pero más tarde estos fenómenos recibirán un lugar en sus libros.
Los maestros más elevados lo desmaterializaron y eso coronó el trabajo de ellos, también para Jeus; ahora ha llegado al punto, los maestros pueden continuar.
Espiritualistas de renombre fueron a visitar a las señoras para que describieran lo ocurrido, pero ellas ya no querían saber nada de eso.
Y entonces el maestro Alcar le dice a Jeus, ahora que ha de aceptar que los fenómenos poderosos carecen de importancia y que son depositados en las alcantarillas de la ciudad:
—Lo ves, Jeus, eso es lo que queda de los fenómenos físicos.
Nada, como puedes ver, ¡nada!
Aquí en La Haya se engaña a gran escala.
Pero seguiremos.
El mundo está abierto a ti, Jeus, pero si quisieras seguir este camino, me perderías.
Traemos sabiduría vital a la tierra y no trucos espirituales.
No importa, deja que estas personas pisoteen todo, eso no dice nada, tú recibirás algo muy distinto.
Se suspenden ahora las sesiones.
Pronto empezaremos a describir los fenómenos y te desdoblarás.
¡Para eso servirás, y no para la diversión, para los que buscan sensacionalismo!
Así que espera un poco, Jeus, pero lo ves: hemos vencido el trance físico y el psíquico.
Jeus escucha.
Pero sabe que, en caso de que siguiera con estas sesiones a pesar de todo, otras personalidades astrales harían magia, pero terminaría entonces por perder a su potente maestro, se abriría a otros poderes y fuerzas, y esos sirven al sensacionalismo de este mundo.
Él no, él escucha, ¡él continuará siguiendo a los maestros en todo!
Pero allí están los dones, también las fuerzas, el contacto con los maestros, y eso vale más que millones de toneladas de oro y de honor material.
Hay suficientes personas de estas.
En La Haya viven diez, y también sabe que ni uno de ellos es médium de verdad.
¡Puros engaños!
Por dinero y honor, hay quienes hacen estafas en este terreno, quienes engañan a los demás; estos charlatanes incluso pasan por encima de cadáveres, y ¡todo eso aún lo conocerá y verá!
El maestro Alcar lo ha desarrollado hasta este punto en dos años; sin embargo todavía no se le concede salir del garaje, su maestro va sobre seguro, Jeus, su vida y tarea son calculadas por los maestros más elevados.
Cuidan de él, van construyendo las “grandes alas” que, si bien están listas, todavía necesitan de algo más, y para eso son los meses venideros.
Pero en este tiempo Jeus vivió una escuela de la que el Antiguo Egipto vivió y recibió los primeros fundamentos, anhelada por Oriente, anhelada todavía por millones de sacerdotes que jamás podrán vivirla, porque quieren vivirse y buscarse ellos mismos, y ¡no hay ser cósmicamente consciente que esté abierto a eso!
Debido a que ahora Jeus ha aprobado, su maestro le da a vivir un regalo espiritual, pues además aún no puede olvidar el pasado, y ahora ¡eso debe morir irremediablemente!
Ven, Jeus, ¡volvamos a desdoblarnos!
Cuando está fuera de su cuerpo, puede empezar a hacer preguntas, y ve el planeta tierra desde el mundo espiritual.
—¿Cometí errores, maestro?
—No, Jeus, pero gracias a que te has esforzado vivimos juntos un viaje espiritual y puedes hacerme preguntas sobre todo aquello para lo que el ser humano vive en la tierra.
Jeus ve ahora que puede vivir otros milagros.
Todavía no puede hacer preguntas espirituales, se siente vacío, sin pensamientos, y aun así vive miles de sentimientos; piensa en Miets, en su padre, en Fanny, en Crisje: todos sus seres queridos hablan a su personalidad.
Sí, dónde estará Fanny ahora, no le importaría saberlo.
¿Qué pasa con los perros y gatos, con los pájaros y otras clases de animales cuando mueren en la tierra?
No lo sabe.
Y entonces su maestro dice:
—Más adelante te aclararé todas esas leyes, Jeus.
Ven, vamos a alejarnos de tu organismo.
Primero Jeus mira todavía a su vienesa y vive el milagro del sueño, la ve, también mira a través de las paredes, allí del otro lado ve a las personas, puede verlas claramente y oye lo que tienen que decirse entre ellas.
Para su vida son milagros, ojalá la gente supiera estas cosas.
¿Por qué la gente no lo sabe?
Piensa, pero vive, y tiene conciencia de sí mismo y de la vida en la tierra.
No se libera de esto, en la tierra viven millones de personas, ¿qué intención tuvo Dios con todas ellas?
Le van surgiendo millones de preguntas, pero todavía no puede hacerlas.
Y entonces el maestro Alcar dice:
—Ves, Jeus, eso es lo que tienes que aprender ahora.
Saber pensar material y espiritualmente significa conciencia.
Y eso tú tienes que asimilarlo.
Todavía te sientes material, pero también esos sentimientos llegarán a eclosionar y solo entonces aprenderás a pensar espiritualmente.
—Y ¿adónde se dirige, maestro?
—Abandonaremos la esfera de la tierra, Jeus, eso es mejor, porque entonces ves un solo mundo frente a ti y no decenas de miles, porque ahora vivimos en la infinitud espiritual.
‘La infinitud’, piensa Jeus, ‘¿qué es eso?
Mi querida Crisje, la de cosas que podré asimilar.’.
Entonces ve que la tierra desaparece de debajo de su vida.
Se siente libre como un pájaro en pleno vuelo, empieza a sentir y comprender algo, que se convertirá en príncipe de este espacio, porque comprende que esta infinitud se puede vencer.
“¿Cómo es posible?”, suspira, “¿Quién habría podido imaginar esto, estoy en el universo, veo las estrellas y los planetas, veo la tierra como una hoz, como se ve la luna desde la tierra, son milagros, son poderes y fuerzas materiales y espirituales, y mi maestro controla todo eso.
¡Son revelaciones!”.
Lo que vivirá este “Jozef”, como lo llaman en la ciudad, eso nunca lo conocieron los grandes de su mundo.
Te lo contarán las leyes que Jeus ve y vive y que le están siendo aclaradas por los ángeles.
Ya ahora adelantó a toda velocidad a Ramakrishna.
Esto no lo vivió Ramakrishna, porque nunca quiso aceptar la ayuda ni el desarrollo astral.
¿Qué sabía Sócrates de este espacio, en el que vive Jeus ahora?
¡Nada!
¿Conoció Platón esto?
¡No!
¿Vivió tu Krisnamurti esto?
No, porque se mandó esta vida a tu universidad y allí no se pueden aprender estas leyes y estos poderes, ¡allí no se conocen estas leyes!
Todo es coser y cantar, porque esta sabiduría únicamente puede ser recibida y quien no posea este desarrollo jamás se liberará detrás del ataúd de las leyes materiales, de los sistemas; para eso hace falta un estudio enorme y lo recibe desde la vida después de la muerte, ¡por los maestros más elevados!
Es verdad, Jeus es un instrumento dotado, ¡un “Pablo” para este siglo!
¿Conoció el Buda esto?
¿Darwin?
¿Dante?
Sí, Dante salió de su organismo, vio algo del mundo astral, pero nada de las leyes espirituales, o te habría dado algo muy diferente; por la sabiduría se puede constatar la conciencia de los profetas.
Y todavía falta que empiece el maestro Alcar. Entonces, cuando Jeus esté listo del todo, cuando se le puedan aclarar todas las leyes de Dios, cuando el maestro Alcar y nosotros —pues entonces me incluiré...— analicemos cada una de las chispas creadas por Dios para la humanidad, entonces ¿qué?
Pero entonces entramos a la Cosmología y Jeus tendrá en sus manos el sol y la luna, las estrellas y los planetas, el reino humano y el animal, y el maestro Alcar nos llevará a él y a mí, por encargo de los maestros más elevados y de Cristo, de vuelta a la “OMNIFUENTE”, donde el ser humano, la vida de la Madre Naturaleza y la vida animal ¡debe representar eternamente al Dios de todo lo que vive!
Eso llegará, porque ¡podemos seguir!
¡Jeus está abierto a servir!
Es un niño dispuesto, y por medio de esto va a alcanzar todo.
Una y otra vez compararé a nuestro Jeus con los grandes de la tierra; debido a que el maestro Alcar habla y le aclarará las leyes, tú, hijo material de la Madre Tierra, sabrás si Jeus los rebasará, y es que la sabiduría de estas almas está en su posesión.
Nuevamente... si sigues a una de todas esas “sectas”: haz tus comparaciones ahora mismo, ¡se te concede saber!
Te decimos: de ninguna manera podrás darnos un toque de atención, no hay aguja que penetre en nuestra autoridad universal, ya no hay cuestión de acorralar, encontraremos tu aguja en tu mar vital, esto ya ha sido demostrado por el maestro Alcar, porque ¡él sabe en todo momento dónde se encuentra Jeus!
De verdad: Jeus ve que la tierra desaparece de debajo de sus pies, planea como un ave de Dios en este espacio inmensurable, y eso no pudieron hacerlo ni tu Krisnamurti ni Rudolf Steiner, ni un solo ser humano antes que Jeus en esta sintonización espiritual y concienciación interior, porque solo tu siglo veinte vivirá y recibirá esos fundamentos, pero ¡por Jeus de madre Crisje!
Son Miets, el Largo, Fanny e Irma quienes todavía tiran de su vida.
El maestro Alcar lo sabe: como ser humano no eres capaz, así como así, de olvidar a tus seres queridos y de desterrarlos de tu vida; para eso hace falta concienciación.
Y solo en ese momento Jeus comprenderá cómo hay que hacerlo, también entonces vivirán en su corazón, aunque de otra manera.
Estas preguntas se disuelven y se transforman en empuje, en ayuda espiritual, más adelante todos ellos lo ayudarán a cargar, aunque ese cargar Jeus lo tenga en sus propias manos.
Si se libera de estas vidas, podrá empezar el ser cargado; ahora siguen siendo sus seres queridos, vidas que conoció, ¡todo eso se disuelve ahora en el “amor universal”!
Andan con él por la calle, se sientan con él en la mesa y eso no debe ser, porque esos pensamientos fragmentan los sentimientos, quitan mucho de su personalidad, y el maestro Alcar lo exige absolutamente todo, todo su “yo”... para lo cual sirve ahora este desdoblamiento.
No lo sabe, nuestro Jeus, pero lo siente interiormente.
Tiene que querer perderse por completo si quiere recibir la conciencia de su maestro.
Pero tiene que aprender a sintonizarse con un solo punto y aferrarse precisamente a esa única cosa, de seguirla y vivirla, o el espacio lo golpeará hasta dejarlo inconsciente, su vida interior saldrá corriendo y los acontecimientos fragmentarán su personalidad.
El maestro Alcar tiene que pensar en miles de asuntos y cosas.
Pero allí van ahora, tomados de la mano, el maestro y el discípulo.
El maestro se sintoniza con la primera esfera detrás del ataúd.
Ahora a Miets y el Largo se les concede que le cuenten todo de sus vidas, del nacimiento en la tierra y de su pronta muerte allí, ¡todo!
Porque esto debe ayudar a Jeus para verlos a todos como seres universales, a los que pertenecen todos los millones de seres humanos que viven aquí y que representan un grado propio de conciencia.
Un poco más tarde, el maestro Alcar entra a la primera esfera.
Jeus no sabe cómo ha podido llegar allí.
¿Lo ves?, eso debe saberlo más tarde, o no conocerá las leyes espaciales para el ser humano.
Pero eso vendrá más tarde, y serán entonces los viajes espirituales y conscientes, y empezarán sus estudios para la Universidad de Cristo.
¡Eso serán también los libros!
Hay que ver cómo andan allí, Miets, el Largo y Jeus, se le da a oír todo lo que pueda asimilar ahora de sus vidas.
Siente ahora que se aleja de su esfera vital y reflexiva, lo “propio” cae, se muere.
Pero lo interior-espiritual y lo universal se manifiestan ahora, y es su contacto espacial; es que todos nosotros conocimos a miles de padres y madres, millones de hermanos a través de nuestras muchas vidas en la tierra y hay que disolverlo, debemos amar “universalmente”.
Solo con Crisje se le concede mantener el contacto terrenal.
Esto será ahora su saber y es para toda la vida que es de Dios.
Jeus puede decirle al Largo: “Haré lo que pueda”.
Ahora el Largo —su padre— se ha convertido en su hermano, y Miets, en su hermana espiritual, también Irma tiene que aceptarlo.
Ahora Jeus mira dentro de la vida de esta personalidad —su padre— y ve por qué este se fue tan pronto, dejando sola a su Crisje, y por qué su madre se quedó atrás sola, con todas esas preocupaciones.
Ve en este momento quién es Hendrik Wageman, y puede comprenderlo y aceptarlo.
El Largo también sabe ahora quién es Jeus, y lo que a este se le dará a vivir, aquel no lo ve ni en millones de eras, Miets también lo sabe.
Ya están ante un maestro, y ¡han de aceptar esa vida!
Jeus lo siente, sabe lo que está por ocurrir con él en este instante.
Ahora pueden despedirse de lo anterior, de su pasado; el lazo de antes ha muerto, pero fue sustituido por lo infinito.
Adiós, Miets.
Adiós, papá.
¡Ahora seremos uno para toda la eternidad!
Allí viene acercándose Irma otra vez.
Jeus ve cómo ha trabajado en ella misma, en esos años han pasado muchas cosas, ha entregado su voluntad indomable al servicio del bien, como también pudieron hacerlo millones de otros.
No, ¡no quieren volver a la tierra!
¡Aquí se está mejor!
¡Es más perfecto!
Jeus ve que ahora ella es un alma hermosa.
Es raro que no haya visto ese pasado.
Pero él lo siente: entonces veía lo viejo, lo suyo propio; ahora ve lo espiritualmente diferente y es esta personalidad.
¡También ella puede morir interiormente para él ahora!
Y entonces ella podrá decir:
—Ahora ve, hermano mío, seguiré tu vida... —Jeus siente, sabe que esto suena diferente que el palabrerío vacuo de allí en la tierra, esta se ha convertido en una personalidad espiritual ante la que siente respeto.
Solo ahora pone su mano en la de un ser espiritual del que probó el beso material durante la vida en la tierra, pero enseguida constata: ¡este, el que recibe ahora, es “universalmente puro e inmaculado”!
Y para él es ahora una gran gracia, es una revelación.
Ella ya se va, de vuelta a su tarea, y Jeus oye:
—Adiós, maestro.
—Adiós, eternidad... —le da Jeus—, nos volveremos a ver.
¿Qué es eso?
Fanny, mi Fanny.
El animal de antes se le acerca corriendo.
Pero a José no lo ve todavía, a mí solo me vivirá más adelante.
Y allí está el maestro Alcar, que dice:
—¿Puedes ahora entregar a Fanny a su Dios, Jeus?
—Sí, maestro, siento ahora lo que todo esto significa.
—También Fanny tiene que continuar su vida.
Además, conocerás más tarde el mundo animal y entonces te aclararé todos estos milagros.
Fanny desaparece.
El mundo en el que vive fuerza a esa vida a volver a él, y Jeus lo siente: eso ha terminado, ahora puede entregarse por completo.
De verdad, iban corriendo detrás de él, todavía oía a Fanny ladrando, Jan Lemmekus, ahora eso se ha disuelto para algo más elevado.
Ya no hay nada que pueda obstaculizarle, para él, ¡esto es victoria!
Y entonces su maestro vuelve a la tierra, Jeus puede despertar por la mañana y empezar con su tarea del día, pero dentro de él vive ahora algo diferente, se ha hecho más fuerte.
Cuando hace su aparición en el garaje Piet siente que está callado.
Los demás no sienten nada.
Piet pregunta qué pasa.
No, no hay nada, mi buen Piet, porque de cualquier manera no podrás entenderlo.
Soy mil veces diferente que ayer, Piet, y ¿qué significa eso, pues?
Tienes que poder vivirlo tú mismo, solo entonces lo sabrás y podré aclarártelo.
Y ahora, ¡a luchar!
Si ahora se entregara a su viaje y a sus vivencias, el maestro Alcar no podría seguir; también ahora está ante la bifurcación personal.
Pero lo que es luchar, luchará, no quiere aceptar darse de bruces: sabe lo que su maestro espera de él.
El silencio de ese mundo está dentro de él, y es el que percibe Piet.
Claro que sí, lo corroe debajo de su corazón, propulsa su sangre hasta un empuje más elevado, pero míralo a los ojos.
En ellos ves esa irradiación.
Así es, pero Jeus se siente en miles de mundos a la vez, y ha de vencerlos.
Ya pregunta: “¿Cómo debo empezar?
¿Cómo puedo superar esto?”.
Y aun así, ¡tiene que ocurrir!
Y alrededor de las once ha llegado a ese punto, en unas horas ha vencido este breve viaje, y su carácter alegre despunta por encima de todo.
Lo ves, ese es Jeus, otra vez, pero ¡ha asimilado la sabiduría!
Y ahora, ¡a seguir!
Todo esto aún no es nada.
¿Qué vivirá cuando su maestro entre con él a los “infiernos y cielos”?
Cuando se le den a asimilar todos estos mundos estando en la tierra.
¡Eso vendrá!
Ya siente lo que le espera, pero vencerá también eso por su carácter.
Cuando su maestro lo lleve a la demencia, las leyes psicopáticas, y tenga que atravesarlos, entonces ¿qué?
Cuando esté ante el sol y la luna, las estrellas y los planetas, y se le aclare cómo han nacido esas imponentes vidas, entonces ¿qué?
Sí, entonces también estará ante el derrumbamiento, solo entonces vivirá en miles de mundos a la vez, ¡y podrá mostrar lo que puede y quiere hacer!
¡También eso vendrá!
Es el mediodía, tiene que hacer un viaje a la estación de trenes; va volando, la gente tiene prisa.
Pero mientras conduce recibe una visión de su maestro.
Absorbe el acontecimiento como una escena y ahora debe actuar.
Lo que ve es increíble.
¿Es verdad eso?
¿Es cierto lo que ve, así sin más, mientras va conduciendo?
Se convertirá en verdad más tarde, pero la visión está allí.
Ve a la señora G. en su casa, peleando con otra mujer, que está poseída.
La señora está pasando un miedo tremendo y no sabe dónde meterse.
Su desconcierto es tal que no para de pedir a gritos ayuda a los maestros, quienes le proporcionarán esa ayuda, pero por medio de Jeus.
Y pon que no existieran los maestros, entonces en primer lugar Jeus no habría tenido ninguna visión de ella allí en la habitación, y tampoco se habrían oído sus súplicas por ayuda.
Pero mientras conduce, Jeus recibe una visión de su maestro, que la señora se encuentra en grave peligro, y que tiene que ayudarla.
Jeus lo oye y lo ve.
Su clariaudiencia y su clarividencia son infalibles, de lo contrario todo serían disparates, serían pensamientos propios.
Todavía ve que la mujer que está con la señora G. es una médium, pero esa tipa, esa mujer, está siendo asaltada por multitud de personalidades astrales, y por lo tanto no posee un blindaje natural.
A Jeus no le importunan este tipo de desgracias, pues nadie más que su maestro puede alcanzarlo, para eso se echaron fundamentos.
Mientras tanto también piensa, ‘Mujer, mejor no te metas con estos asuntos poderosos pero peligrosos, no vales para eso’, pero muchas mujeres y muchos hombres piensan que pueden jugar a ser médiums.
Allí está otra vez: problemas y miseria.
Mientras sigue conduciendo, el maestro Alcar le pregunta ahora:
—¿Me comprendiste, Jeus?
—Sí, maestro.
—La señora G. tiene miedo, oímos sus gritos.
Al llegar a la estación, llama lo más pronto que puedas por teléfono, para decirle que vas de camino.
—Muy bien, maestro, lo haré.
No hace falta más.
Cuando ha bajado a la gente, corre al teléfono y llama a la señora.

—¿Hola?
Habla Jozef.
Voy enseguida.
Estoy en la estación, pero los maestros han captado sus súplicas.
Manténgala un momento a distancia, en diez minutos estoy con usted.
La señora G. ya le contó que él es un gran milagro, y así es: la mujer está allí y hay un demonio viviendo en su personalidad, por lo que Jeus llega a conocer la posesión.
Veloz y seguro como un relámpago vuela por las calles de La Haya hasta llegar a casa de la señora G.
Jeus sabe conducir, no causa desastres.
Cuando se va acercando a la calle Klimophof y sale del coche volando, la puerta ya está abierta.
Sube las escaleras corriendo y sí, lo ve: la señora G. ya tiene marcas, le sangra la cara, está viviendo un drama humano oculto.
Jeus mira un momento.
Allí delante de él está sentada una mujer, pero esa señora de hace un momento está ahora como un gato salvaje; ve que un gato salvaje se queda corto comparado con ella.
Entonces el maestro Alcar le dice a Jeus:
—Intenta tomarle la cabeza entre las manos, Jeus, entonces nosotros haremos el resto.
Jeus mira el problema que tiene enfrente; ve que por dentro se está succionando esta vida materna hasta dejarla vacía.
Lo que vive dentro de eso es un individuo terrible, un demonio.
Ya no se le ve nada femenino a esta vida, no queda ni rastro de ninguna dulzura.
De pronto le agarra la cabeza entre las manos y dice:

—Calla, tranquila, ahora ya no tienes nada que contar, ¡nada!

Una breve resistencia, pero las llamas espirituales que a Jeus le salen de las manos y que irradian esta vida cambian toda la situación de inmediato; vuelve el sosiego, la verdadera personalidad va tomando control del organismo, al demonio no le queda más opción que dejar esta vida.
La señora G. le sonríe a Jeus; lo ve: el peligro ha cedido.
Los maestros de Jeus salvaron esta vida, exorcizaron un demonio, son capaces de hacerlo por su conocimiento de causa, aunque lo hicieron por medio de Jeus de madre Crisje.
Cuando hay sosiego, aparece otro por medio de la mujer, y es un espíritu de amor, el verdadero ángel guardián de esta madre, que dice:
—Se nos ha concedido salvar con poderes y pensamientos divinos a esta hija.
A usted, instrumento dotado, se le concedió vivir este milagro, lo ve: se le puede alcanzar sin importar donde se encuentre.
Mientras tanto, Jeus piensa: ‘Esto es verdad, porque la mujer no sabe de dónde vengo’.
El espíritu todavía dice:
—Mi hija es débil, siempre tendrá que luchar contra otros poderes, y es mejor que se blinde si quiere vencerse a ella misma y vencer nuestro mundo.
Es por su gran anhelo de servir para este mundo que otros vienen a ella y porque yo todavía no puedo alcanzarla plenamente.
Quiero que compre un dibujo de usted, el producto artístico espiritual la apoyará.
Que Dios bendiga tu trabajo, hijo mío, has de ser consciente de que sirves para los maestros.
Y entonces la mujer vuelve en sí y la señora G. puede contarle lo ocurrido.
Claro que sí, eso lo hiciste tú.
Es maravilloso que te venga a visitar alguien que te arranque la piel de la cara.

—Deja por favor de poner tus manos en estas cosas —le pide Jeus—.
No se le puede blindar ante las leyes ocultas, su vida siempre está amenazada por peligros.
Por supuesto, es usted muy sensible, pero ¿eso qué significa?
Si no sofoca estos deseos, siempre se encontrará con problemas, y tarde o temprano se abrirán para usted las puertas del manicomio.
¿Qué quiere?

Jeus le da a ella, a esta intelectualidad, una paliza, una buena tunda.
Por sus quince florines recibe un dibujo y en él puede buscar su apoyo, pero Jeus sabe que semejante dibujo suyo significa poco si uno mismo no posee el sentimiento de ofrecer resistencia.
En los manicomios hay miles de estas personas sensibles.
Todas ellas, de las que conocerá las leyes, tienen la sensibilidad mediúmnica, pero no son capaces de servir como buenos instrumentos, tarde o temprano se derrumban o llega otra influencia que las destroza.
Lo ha visto ahora.
Su deseo de jugar a ser médium le fue fatal.
Pero solo cuando se han tranquilizado un poco, entienden del todo qué milagro es Jeus.
La señora G. no se cansa de hablar de ello.
Cómo es posible, qué sensible es Jeus, de verdad.
Mientras conduce, volando por las calles, recoge sus visiones.
Las plegarias de la Señora G se recibían de manera infalible.
¿También telepatía, tal vez?
O sea, ¿esto es inhumano?, excepcionalmente habilidoso, pero entonces sí que hace falta algo diferente para esas cosas, y eso somos nosotros, detrás del ataúd, eso fue el maestro de Jeus, el maestro Alcar, que sabía y veía lo que iba a ocurrir y durante un momento pasó sus conocimientos a su instrumento, ¡después de lo cual actuó Jeus!
Exorcizar demonios es un arte espacial, ¿sabe hacer Jeus eso también?
No, ¡fue su maestro!
Jeus adoptó sus palabras y pensamientos de modo infalible.
¿Sientes a dónde vamos y de lo que será capaz Jeus más adelante?
Pero ¿aprendió esta alma?
¿Qué haces con tu hipersensibilidad?
Nada.
¿Significan algo los sentimientos?
¿Se puede —se preguntaba Jeus cuando iba a La Haya—, ganar algo con los sentimientos?
Esto, Jeus, no se paga con dinero, eres un milagro espiritual, ¡lo puede confirmar la Señora G.!
Pero Jeus ya aprendió ahora que hay hombres y mujeres que mancillan este imponente contacto.
La Sra. G. podría incluso llorar por él, así de grande siente a Jeus de madre Crisje.
Pero de esta manera quedará poco de la felicidad espiritual.
¿Por qué esta mujer, esta señora, no se aleja de los dones espirituales?
Ahora se ridiculizan estas leyes, el espiritualismo termina en los desagües de la ciudad, un regalo divino malbaratado por ignorantes, deforme, porque es lo que sucedió aquí y ocurre en todas partes de este mundo donde viven personas que deshonren los asuntos sagrados.
¿Qué quieres, Jeus?
Es para echar chispas.
Jeus y la Sra. G. comentan lo ocurrido, también se enteran los demás, ¡es un milagro!
Saben ahora que el “sagrado espiritualismo” ha sido mancillado por estos tipos.
‘Menuda delicia’, piensa Jeus, ‘que te visiten estas personas y te den una paliza espiritual, ¿no?’.
Te troncharías de la risa si no fuera tan serio, pero fue una evidencia imponente para la Sra. G.; ¡sabe ahora que Jeus es un médium de fuerza y belleza sin precedentes!
Casje —¿lo recuerdas?— echó ya antes sus fundamentos para este ver de Jeus.
Esos asuntos y estas cosas ocurrieron de manera infalible.
Jeus vio que lo engañaban, vio el incendio arriba en el ático, luego lanzó lejos todos esos asuntos hermosos; ahora vive en eso y debajo de eso, y le permite vivir su sabiduría, ayudar y apoyar a personas y protegerlas de accidentes espirituales.
¡Vaya que si ha cambiado algo!
No, sus sentimientos ya estaban allí entonces, pero ahora todos estos asuntos ocurren conscientemente, ¡aprende un sinfín de cosas!
Si Casje no hubiera existido, tampoco Jeus habría vivido nada, habría sido un niño común y corriente como todos los demás chicos de madre Crisje, pero él es un milagro espiritual.
Por tus propios sentimientos, tu vida, tus pensamientos; por más que mires hacia el espacio y detrás del ataúd hasta cegarte, de ninguna manera se te darán a ver estos milagros, solamente si posees los mismos dones, si llevas algo de eso debajo del corazón humano, por lo que entonces se establece el contacto.
Quince días más tarde: la esposa de un coronel está en el tranvía en La Haya, de pronto se levanta de un salto y le dice a la gente: “No hay muerte, los muertos están vivos”.
Suelta un sermón, a la gente alrededor de ella le da un ataque de tanto reír, viven un acto de feria y no les cuesta ni un centavo.
Hasta que de todos modos llega a tenerla en sus manos el hombre entre bastidores; ese monje la sigue adonde sea que vaya y está anclado a esta vida.
Pero es triste.
Lo ves, así este contacto se va a la alcantarilla de tu ciudad, en la que desaparece todo lo que el ser humano de semejante ciudad no comprenda, y debido a que estas personas deshonran algo que no comprenden, pero que se convertirá en la lucha para Jeus y los maestros para hacer que esta charlatanería se disuelva.
Ya verás, más tarde habrá libros y entonces te aclararemos lo que posees y piensas poseer de todas estas cosas sagradas, ¡analizaremos tus sentimientos!
Tienes que leer en este momento ’Dones espirituales’ de Jeus, ¡y te conocerás!
Unos días más tarde, la Sra. G. vuelve a recibir otras pruebas más por medio de Jeus.
Él está en el garaje, junto al teléfono, los chicos están jugando a las cartas.
De pronto siente que se tira de él, que lo sacan de su cuerpo, y ya de inmediato va planeando por encima de la avenida Thomsonlaan a casa de la Sra. G.
Está a su lado y la ve con otra señora.
Está aclarándole a su visitante algunas pinturas de él, pero de una desconoce el significado.
Su cuñada simplemente no puede creer que todo esto tenga lugar a través de espíritus.
La señora habla hasta vaciarse, no cierra la boca nunca, y le ha hablado a miles de personas sobre una vida eterna, nunca se siente demasiado cansada para eso, es un apóstol de los maestros.
Jeus lo oye, como personalidad astral está justo allí, las tiene delante de las narices, sabe lo que tiene que hacer.
Ni siquiera ve a su maestro, pero lo siente.
Vuelta al garaje.
Ve la Thomsonlaan debajo de él, dobla la esquina, y otra vez a su organismo.
Los chicos han dejado de jugar a las cartas, de repente lo oyeron decir: “No me toques”, también ven que se va poniendo paliducho, pero ahora ha vuelto a despertar y habla por teléfono con la Sra. G.:
—Hola, habla Jozef.
Acabo de estar contigo, oí lo que le dijiste a tu cuñada, ahora me paso yo mismo para aclarar la pintura a esa señora y además para darle las pruebas de una pervivencia eterna.

La Sra. G. irradia felicidad.
¡Vaya cosas!
Lo ves, ese es el instrumento nuestro, este es Jeus el chófer.
Le da esas pruebas, ¡su cuñada queda convencida al instante!
Pero ¡piénsalo un momento!
Como si nada se queda dormido, se desdobla, está al lado de las personas materiales y oye y vive todo, sabe que debe volver al organismo y ¡es exactamente igual que entonces, cuando encontró el dinero en el bosque!
Otra vez es el maestro Alcar, el Casje de entonces, no, su Largo, porque ¡a Casje lo vio solo más tarde!
¿Acaso no son pruebas?
Entonces no se te puede alcanzar, para ti estos milagros espirituales no se han materializado, así que puedes tranquilamente dejar este libro y continuar conscientemente en lo material —nosotros también—, aunque nosotros tomemos otro camino, seguimos el camino único, ¡y es el de Nuestro Señor!
De día, así como así, solo un momentito, el maestro Alcar lo libera del cuerpo humano y entonces Jeus puede darles pruebas a la gente, que por eso despertará o de todos modos dirá después: “No estuve allí, solo lo soñé, es demasiado hermoso para ser verdad”.
Créelo, es hermoso y verdadero, es verdad, estuvo allí, ¡no estaba soñando!
Tampoco Jeus estuvo soñando, pues vio que salió de su organismo y pasó volando por encima de la Thomsonlaan hacia la Sra. G., atravesaba paredes y todo lo de la tierra y nada lo detenía, proseguía infaliblemente y enfilándose hacia el propósito deseado, que el maestro Alcar veía y sabía dónde encontrar.
El hombre será como es Dios; ¿pensarías que Dios no posee todo esto?
Pues bien, lo puedes creer tranquilamente... entre la vida y la muerte viven millones de estos milagros, ¡esto solo es coser y cantar!
No solo el fenómeno está allí, sino que Jeus también recibirá la sabiduría necesaria, y ¡solo entonces despertarás!
Un tiempo después, la Sra. G. está enferma.
En plena noche vuelve a gritar pidiendo ayuda, porque está al borde de su ataúd, su corazoncito ya no quiere seguir.
Sus hijos, que duermen alrededor de ella, y que al igual que ella poseen sensibilidad, sentimientos por las leyes y las enseñanzas metafísicas, ¡no oyen ni sienten nada ahora!
Aun así, la Sra. G. pide ayuda a gritos, pero sus hijos están dormidos.
Con sus gritos interiores —materialmente no es capaz de hacerlo— no hay manera de despertarlos.
¡Pero Jeus sí!
Primero el maestro Alcar lo despierta conscientemente y dice:
—Ve como una flecha adonde la Sra. G., Jeus, ya casi no puede respirar.
Nosotros también estaremos allí.
Jeus toca el timbre, abre el hijo y sí, ¡justo a tiempo!
O ¿qué es?
Pero allí hay alguien que se está muriendo.
Pero eso no puede ser.
Jeus le da su aura vital, la vida puede volver a respirar, mañana, cuando llegue el médico material, podrá ver ese señor lo que ocurrió.
La Sra. G. vivió al borde de su ataúd, pero los maestros más elevados tiraron de ella para volver a meterla en el organismo, porque todavía no le ha llegado su hora.
Sí, Sra. G., la “Vida de arpa” de Jeus es enorme, podemos alcanzarlo dormido y de día si hace falta, ahora ya lo viste, pero para él todo es desarrollo; más adelante estas cosas ya no ocurrirán, entonces ya tendremos mejores cosas que hacer, ¡y podrás cuidarte tú sola!
Pero ¿qué tal estuvo esto como hazaña espiritual, señora?
¿Eres capaz de cargar a Jeus?
¿Quieres a su vida?
Sí, dices que es como si se hubiera convertido en tu propio hijo.
Muy bien, así las cosas van bien, pero todavía no hemos llegado.
Es también en esa época, todavía con su gorra de chófer de medio lado, que una de las señoras lo necesita para hacer un diagnóstico.
Adonde va ahora ya ha habido otros médiums muy reconocidos, y son grandes, así es que sabes, Jozef, lo que se espera de ti.
Y con esta señora de su círculo va a buscar a otra señora; se necesita de él.
Jeus no acude simplemente por sí solo, se lo pregunta a su maestro, y cuando este dice, “Sí, ve”, entonces el maestro también estará allí.
Si no le da permiso, entonces ni por todo el oro del mundo se le puede sacar de su casa, entonces se niega con determinación, no hace nada al margen de su maestro.
La señora para la que tiene que ver ha consultado a famosos, corre de la Ceca a la Meca, y quiere saber.
Y ella piensa que pronto enviudará; el médium húngaro dijo: “Sí”, aquellas otras cuatro celebridades holandesas dicen, “Sí”, pero ¡Jeus dirá “No”!
Pero eso él todavía no lo sabe, aún lo tiene que vivir.
Por el camino, Jeus ya está pensando, sigue la conversación de la señora a su lado y piensa, ‘¿Es capaz un maestro de amor de decir al ser humano en la tierra, con meses de antelación, “Sabes que vas a enviudar pronto”?’.
No, eso es imposible.
El maestro Alcar imprime estos sentimientos en su personalidad; quiere que Jeus haga estas preguntas.
Un espíritu de amor no hunde a la gente de una patada en desgracia, consciente o inconsciente; cuando llegue el momento ya lo verán, y solo entonces será la hora, no contarles a las personas desde años antes que más tarde se enfermarán de cáncer y que morirán, son actitudes dementes, y Jeus las está conociendo ahora.
Sabe ahora enseguida qué líderes mandan y animan a todos estos médiums.
Pero eso no lo hace ningún maestro de la luz.
Así que ¡oye puros cuentos allí!
Ahora Jeus le da a oír a su maestro:
—¿Es posible, maestro, que usted y otros desde su mundo, que sin embargo están (estáis) sintonizados con el amor y no quieren (queréis) otra cosa, arrojen (arrojeis) a un ser humano desde meses antes en la desgracia?
Porque ¡esto es darle una patada al ser humano y hundirlo en la miseria!
Esto es crear miseria y no pienso hacer eso, ¡no me presto a esas cosas!
¿Deben aceptar los videntes, transmitir, que ella será viuda más tarde, dentro de unos meses?
¿Se me concede hacerle estas preguntas?
Vemos ahora que el maestro Alcar no solamente deposita dentro de él la pregunta, de modo que como instrumento llega a conocer las leyes puras, porque un espíritu de amor nunca hace eso, sino que también recibe la respuesta, por la que encima Jeus sabe que aquí está ante un engaño y puede decir de inmediato: “Algo no cuadra aquí”, y eso que no cuadra aquí no tiene nada que ver con el otro lado, sino que son los pensamientos de personas.
Pero se enfrenta allí a celebridades: una señora húngara que vino a Holanda por mil quinientos florines para ejercer de clarividente y hacer diagnósticos, para venir a La Haya desde su mundo y dar pruebas de pervivencia y que han sido establecidas por los espiritualistas.
Aquí hay algo que no cuadra, pero la mujer famosa... la señora A... también está presente, y ella no es cualquiera, también el hombre S... un as como médium, y la señora V. d. B... ¡y así se puede seguir!
Allí están, Jozef..., sí, claro, y entonces llega a la dirección y se ve ante la baronesa que recibió de todos estos clarividentes que su barón morirá pronto.
Jeus lo siente: si un médico dijera algo así, quebrando de antemano a sus enfermos y nerviosos así, a ese hombre se le echaría de una patada de su facultad, porque ¡eso no debe ser!
Se le diría: “¿Estás loco?
¿Piensas comparar al ser humano con vacas?
Eso puedes contárselo a una vaca, pero no a tus enfermos”.
Y ahora estamos ante una facultad que es espiritual, un médico espiritual o un maestro; ‘¿Acaso los de allí se han vuelto locos de remate?’, se pregunta Jeus de madre Crisje ahora que entra a este espacio.
Los sentimientos urbanos son diferentes, los suyos no, él es de pueblo, creció con los pies en el barro... ¿verdad?, pero Jeus sabe pensar y ama, no patea a la gente para que vayan de mal en peor; si su maestro quiere hacer eso por medio de él, dejará caer nuevamente las palabras duras pero verdaderas, puras, y se oirá: “Los ‘drudels’.
¡Yo no hago eso!”.
¡Y veremos su mentalidad refinada!
Allí está la baronesa, Jeus mira esa vida y ve sus pensamientos saliéndole de la cabeza.
Enseguida capta —y es capaz de hacerlo—: ¿Sabes que pronto enviudarás?
Así que todavía aparece un signo de interrogación, aún no está segura.
Ahora está telepáticamente conectado con ella.
Ahora llega el maestro Alcar y dice:
—Cuidado, Jeus, quiere atraparte.
Lo que entró en ti son sus propios pensamientos.
A todos los demás los sometió a su influencia.
Por eso, todas esas celebridades han representado sus propios pensamientos y ves enseguida cómo trabajan esos médiums, y de lo que son capaces.
No les asisten grandes fuerzas, cometen errores, lo estás viendo.
Pero ahora vamos a mirar un momento qué pasa en realidad con esta vida.
Ahora Jeus va a ver, y está listo para hacerlo.
Verá ahora infaliblemente y es capaz de ello, porque sabe anularse por completo.
Se lo enseñó el maestro Alcar, ha llegado hasta allí.
Ya le pregunta a la señora:
—Vive usted en Nimega.
¿Es cierto?
—Sí... —es la respuesta breve, ‘Pero qué tiene eso que ver con sus sentimientos’, se pregunta ella, aunque Jeus no profundice en eso.
Jeus dice a su vez:
—Voy llegando a la calle Sint-Annalaan, usted vive en este vecindario.
¿Es cierto?
—Sí.
—Continúo.

Mientras tanto, Jeus piensa ‘Cómo es posible, muchas veces he estado aquí antes’, así que conoce el vecindario en el que ella vive.
Incluso piensa en “Knerpie”... en Truusje... santo cielo, las cosas que se pueden vivir, y luego continúa tranquilamente y mira para la señora.
Ahora se oye:
—Me meto a la primera calle lateral, sigo caminando otro poco y en la segunda calle de mi lado derecho, allí del otro lado, allí vive usted.
Miraré un momento qué número tiene su casa y se lo digo.
¿Es cierto?
—Sí, es correcto.
—Veo ahora a su esposo, se pasea por aquí todas las mañanas, así lo hizo todavía esta mañana con su perrito, es una cosita de esas negras, de patitas cortas, una raza inglesa, y luego sale de esta calle, sigue la Sint-Annalaan, termina ahora su caminata y vuelve por su propia calle.
¿Es cierto?
—Sí, todo eso es correcto.
—Gracias, señora, pero entonces puedo decirle de una vez: si sigue así, a usted la meterán al ataúd antes que a su marido.
Le digo ya: su marido no hará la transición dentro de unos meses, vivirá mucho más tiempo, pero con eso yo no tengo nada que ver, no seré yo quien le dé esa predicción.
También le digo: usted ha influenciado en cada uno de estos médiums famosos.
¡La pregunta “¿Sabe que pronto enviudará?” es de usted misma!
Usted se dedica a escribir, ¿no es así?
—Sí.
—Entonces puedo decirle, señora, que usted no es un médium escritor.
Escribe sus propios pensamientos, ¡y eso es todo!
¿No se siente feliz?
No, Jeus, ella no, pues también quiere jugar a ser médium.
Todavía dice Jeus, y le da a ella:

—Mi forma de ver es pura, usted no puede influir en mí, pero a los demás les hizo una mala jugada.
No entiendo que personas como la señora A. y el señor S. se hayan dejado influenciar por usted.
¿Para qué sirve el médium húngaro, señora?
¿Para contar disparates aquí en Holanda?

Y luego se oye:
—Pues entonces falta que esto sea probado.
‘¿Así que esta pobre mujer quiere perder a su marido?’, piensa Jeus.
Sí, porque ella lo recibió de su maestro, su...

—¿Cómo era que se llamaba su líder espiritual?
Ah, sí, su... Susahaná... Hany... —’Seguramente viene de (la ciudad de) Rijswijk’, piensa Jeus, ‘o de detrás del Kom’, pero entonces tiene que volver donde Crisje, tal vez de Lamgroen de aquí, de La Haya.
Pero, bromas aparte, señora, ¿quiere perder a su marido?
Maldita sea, se oye cuando se va, ¿quién quisiera una mujer así?
Y ahora ve otras visiones.
En casa, cuando vuelve a estar tranquilo, ve lo siguiente y recibe esto del maestro Alcar.
Estas imágenes le cuentan de qué manera se despilfarran las leyes ocultas.
La señora se siente un médium, escribe gracias al Buda y a otros —grandes, conocidos—, pero sin darse cuenta de que un Buda no quiere sus perifollos y que ahora está detenida para su propio desarrollo.
El Buda, ese vuelve a empezar, ¿aceptaría chapuzas y chafallos, chismes y chirridos?
¿El Buda? ¿Volvería a la tierra para dar miseria, destrucción, mancilla, deformación, que ella no ve, no siente ni quiere pensar?
El Buda y los demás la acompañan; ¿no tienen nada mejor que hacer detrás del ataúd que acariciar los sentimientos de una “inconsciente”? Es lo que ve y recibe Jeus de los maestros, pero eso precisamente es lo que no es posible.
Jeus la dejó muy decepcionada; sin embargo por esto aprendió muchísimo, y eso vuelve a enmendarlo todo para su vida.
Todavía dice la señora del círculo, “Sí, óigame, Jozef, eso todavía se tiene que demostrar”.
Y será demostrado, señora, ya verá.
El hombre vivía todavía ¡después de cinco años, estimado lector!
Solo después de nueve meses la mujer le escribió a Jeus que, aparentemente, él sí lo había visto bien.
El hombre aún seguía vivo.
Y dos años más tarde volvió a llegar una cartita así, corta: todavía vivía; ahora no le quedaba más opción que aceptar que él había tenido razón.
Pero, pregunta enseguida, entonces esos otros grandes ¿están mal? ¿Se equivocan?
¿Y ese milagro húngaro, que costó tanto dinero, que pidió tanto por sus disparates?
Sí, usted se enfrenta a perifollos, señora, a gente que, por más que posean sentimientos, usted misma ve que no es aquello que posee Jeus de madre Crisje, sino que esto proviene directamente de tu propia (región de) Achterhoek de Güeldres y solo pidió dos cincuenta... es decir, no cien florinzotes, pues ¡eso es una estafa, señora!
Jeus habría preferido que no le dieran nada en absoluto, pero se lo metieron en el bolsillo y con eso compró hermosos colorines, porque la pintura siempre continúa, hasta que el maestro Alcar diga a Wolff y los otros: por ahora ya no los (os) necesito, ¡tienen prioridad otros dones!
Pero ¿qué te parece esto?
Puesto que ella quería poseer la mediumnidad, ¡el marido tenía que irse al garete!
Ella tiene razón: engaña conscientemente a su amor por un don oculto, pero eso la lleva a ella y a los muchos otros a la destrucción humana, y para eso ¡no servimos ni nunca lo haremos!
Los “drudels”... baronesa, te han propinado una buena paliza y ahora mejor ve a pelar papas, haz algo útil, ¡mantente lejos de cosas que no conoces ni posees!
¡Es lo que te piden los ángeles!
Buda, te están mancillando en la tierra, ¿sabes quién?
Has de saberlo para la eternidad, un espíritu de la luz trae felicidad.
Y donde nosotros se cala de inmediato a quien no posea luz, y no tienen nada que decirte, te violan, exactamente como la mujer del coronel, entonces se te usa para algo diferente.
Pero las personas son seres extraños, por sensacionalismo mujeres y hombres se venden, jamás un Jeus de madre Crisje!
Pero adiós, señora A.
Adiós, señor S.
Adiós señora P.K.L.M.Z... entre ustedes viven miles de estas personas; porque la humanidad avanza, despierta, llegan tantos sensibles de espíritu a la tierra, pero no los pierdas de vista, ¡pasan por encima de cadáveres, ya lo ves!
Así se viola a médicos y se mancillan sus nombres materiales.
Trabajan por medio de sus médicos conocidos y hacen sus diagnósticos.
Es verdad, puede ser, por supuesto, pero ¿dónde viven los médiums buenos, los auténticos, los verdaderos?
¿Puedes buscar con una velita?
Ni con miles de soles podrás encontrarlos, escasean, señora, señor... escasean mucho, porque todo esto pertenece a la Universidad de Cristo, y ese poder legislativo y esa conciencia espacial ya no le vende sinsentidos, ¡esa es verdadera!
¿Y después?
El espiritualismo es un disparate, no existe, ¡lo muerto, muerto está!
Ahora eso desde Nimega llega a Jeus, llega a otras personas.
Porque ella no lo posee, tampoco tienen nada otros, ¡ella puede saberlo!
Así va pasando la vida, la gente se saca de quicio sin razón, pero aun así, a pesar de sus miserables pequeños “yo”, quiere ser todo gracias a estos, y cuando el Dios de todo lo que vive no la escucha, ¡Él tampoco existe!
Jeus verá a varios de ellos sucumbir, verá cómo caen los capitostes de este mundo, ¡él no caerá!
A diestro y siniestro sucumbirán al lado suyo, volverán a echar por la borda todo aquello por lo que primero quieren entregar sus vidas, ¡tarde o temprano dan las últimas boqueadas!
Y ante esos hombres y mujeres solo puede encogerse de hombros con una sonrisa en los labios, porque, Jeus lo sabe: solo son y seguirán siendo niños.

Pequeños niños de un Padre poderoso, pero eso todavía no lo entienden, aunque se sentaran con él en esta mesita... que es de Nuestro Señor.
Jeus verá sucumbir a cientos, para todos cantará el “gallo” de Jerusalén; para él, nunca jamás, porque ¡antes que eso le torcerá el pescuezo a ese animal!
Duro... ¿es duro esto?
Por así decirlo, sí, pero aun así es algo diferente.
Más tarde leerás todas estas pruebas en los libros de Jeus, en los libros espirituales, no en las novelas espirituales, pero entonces André te las pondrá en las manos, y ya las conocerás después.
Pero ¡allí están!
Sirven para mostrarte que no hay muerte.
Parca, vas a estirar la pata, ya lo escribimos cuando Jeus solo tenía tres años, ahora ya llevamos un buen trecho del camino, tú sientes cómo cruje tu vida; ante los que poseen los sentimientos para pensar te vas haciendo borrosa.
Y para ellos ¡ya no hay muerte!
Para todos ellos, tú te has convertido en felicidad, ¡te has transformado en vida eterna!
Pero así se van al cuerno tus médicos, el Buda es violado y mancillado, tu Guillermo III vuelve a hablar a los infelices de la tierra y tu reina Sofía volvió a la vida y a la conciencia, pero lo que ella y él dicen y tienen que contar desde detrás del ataúd no es nada excepcional, nadie va a sacar nada en limpio por eso, al contrario, ¡esas torpezas no te sirven de nada!
¡Créelo, son pensamientos propios!
Pero ¿qué pasaría si se lo quitaras a esa gente?
¡Para eso vendrán los libros!
Jeus de madre Crisje los regalará a tu vida y nadie más, ¡nadie más en todo tu mundo rico y grande!
¡También eso lo constatarás solo más tarde para ti mismo y para tu mundo!
Y usted, señora, que fue a buscar a Jeus, ¿no se avergonzó un poco por él porque tuviera los dedos tan negros?
Mire, sí, justo acababa de salir de debajo de un coche, estaba embadurnado de aceite, pero pensábamos que ya lo comprendería.
No, no fue así, pero ¡es una pena!
Si pone sus manitas bruñidas al lado de las de Jeus, señora, entonces en nuestro mundo las suyas son apestosamente negras y asquerosas; las de Jeus son besadas, incluso con ese aceite y manchadas de grasa, ¡por los ángeles más elevados!
Los maestros más elevados besan a Jeus de madre Crisje, ¿y usted se avergonzó una pizca?
Habrase visto, así no llegará nunca.
Tampoco intente enderezarle la gorra, no convierta a Jeus en un hombre de ciudad...
Que Dios nos guarde, ¿qué vamos a hacer ahora con él?
Mejor encárguese de sus crucecitas, aquí esas esmeraldas no significan nada, señora, sí la cruz de Cristo, pero ¡esa de cualquier manera no la lleva!
Jeus siente que su vida está siendo convertida en un médico.
La universidad se encoge de hombros ante eso, pero tendrá en sus manos esa sabiduría por un sinfín de pruebas, y es que los maestros miran a través de la materia y son capaces de hacer un diagnóstico puro.
¿Qué piensas de lo siguiente?
El médico hijo viene a llamarlo donde su padre.
Hay tres otros hombres allí, el hombre rico dice: “Esos son mis amigos, estamos aquí para una conferencia”.
‘Por mí, de diez’, piensa Jeus, ‘es cosa suya, esas personas no me molestan’.
Toma la manos del enfermo entre las suyas, se sumerge en el sueño y ahora el maestro Alcar llega a su vida.
Y es que el trance psíquico está allí y está listo.
El instrumento ha recibido todos los dones psíquicos por medio del trance psíquico, y Jeus lo tiene en sus manos gracias a su maestro.
Está dentro del paciente con su maestro, ve los órganos humanos claramente iluminados por la luz vital de su maestro.
Más adelante me será posible fijar todas estas leyes, analizar la sanación para la humanidad, tratar los pros y los contras, ¡porque tanto engaño tiene que desaparecer!
Jeus ve el corazón funcionando, el maestro Alcar le aclara los trastornos, el desgaste, la destrucción.
Pasa el diagnóstico puro, pero ahora el maestro Alcar le dice:
—Jeus, esos señores de allí son médicos.
Pregúntales si el diagnóstico es correcto.
Jeus ya está preguntando:

—Y bien, caballeros, ¿es acertado mi diagnóstico?
Tienen que reconocer que no presenta fallos.
Hace un momento ellos mismos hicieron el diagnóstico.
El banquero pregunta a su hijo:
—¿Acaso tú dijiste que estaban aquí?
—Cómo se te ocurre, papá, no, por supuesto que no.
Faltó poco para que los hombres se quedaran patidifusos, esto es enorme.
Ven en este chófer a un colega, es curioso.
Le piden que vaya a Leiden para dar una demostración.
El maestro Alcar dice, “Sí, Jeus, iremos, pero ya se volverán a olvidar de nosotros.
¡No son hombres de palabra!”.
Jeus les dice que pinta y que más adelante escribirá libros sobre todos estos milagros, y entonces el señor podrá tener su propia enfermedad en sus manos, analizada, y de paso convencerse de la siguiente vida.
Ve que allí hay risas, pero eso no importa.
El banquero le dice:
—Qué buen trabajo.
—Sí, señor... —dice Jeus, entusiasmado y feliz como un niño pequeño.
—Pero ¿cómo quieres escribir esos libros, chófer?
—Por medio de mi maestro, señor... —vuelve a salir de su boca, con afecto, Jeus le da sus pensamientos, su amor y felicidad a esta vida como un apóstol puro, pero también siente cómo todas estas personas ríen por dentro.
¡Lo acepta!
Pero “Si pudiera”, eso también está allí.
El hombre vuelve a preguntar:
—Pero eso cuesta dinero, chófer, muchísimo dinero, editar libros.
—Seguro que sí, señor, pero los dos florines y medio que cobro por hacer este diagnóstico y que me va a dar en un momento, y lo que me dan otras personas, es para los libros.
También cuando vendo una pintura, señor, ese dinero es para los libros, para convencer a la gente de la vida después de la muerte.
Y es que no puedo hacerlo yo mismo.
Mi maestro es quien me pasa esta sabiduría, ojalá pueda usted aceptar eso.
Jeus de madre Crisje ve que están riendo allí, pero eso no importa, ya nos volveremos a hablar con calma entre la vida y la muerte.
Es una pena; estos hombres de las ciencias piensan que lo saben todo.
Siente que también el banquero está irritado por dentro por su chófer con sabiduría espacial.
Jeus siente sin dudarlo que aquí se burlan de él por dentro; aunque tienen un poco de respeto ante lo que acaba de comprobar, el resto no se acepta.
—Vaya... —dice el banquero—, ¿así que existe una continuación?
Ahora tendrías que ver a Jeus, Crisje, Jan Lemmekus, Mina, Anneke, ahora puedes admirar a un apóstol de Cristo.
—Sí, señor, acabo de recibir el diagnóstico de mi maestro.
No hay muerte, señor, caballeros, cuando entras al ataúd sigues viviendo.
El ser humano vive eternamente.
Me desdoblo de mi cuerpo y hago viajes con mi maestro detrás del ataúd, señor, puedo hacerle preguntas a mi maestro, y entonces recibo respuestas, señor.
—Vaya, tienes un maestro, y ¿quién es?
—Es el maestro Alcar, señor.
—Sí que es una idea tranquilizante, no lo creen ustedes (creéis vosotros) también, si sabes que no existe la muerte.
Jeus siente que aquí le están dando una paliza.
Pero pueden hacerlo, sin problema, no dan para más, estos ricos y eruditos.
Es una pena, ahora que ha ofrecido un diagnóstico tan espléndido, que se rían de él por dentro.
El hombre pregunta:
—¿No tuviste entonces escuela, chófer?
Para escribir libros debes saber hacer algo, ¿no?
—Pero ya se lo dije, señor, mi maestro lo hace por medio de mí.
—Vaya, es cierto eso, entonces ya me gustaría leer esos libros alguna vez.
—Sí, señor, me lo imagino, porque eso lo convencería de una pervivencia eterna, y es lo más hermoso que hay.
—Y para eso harías cualquier cosa.
—Señor, daría mi vida para eso.
—Eso es bueno.
—Por supuesto, señor... —sigue lleno de inspiración—, porque ¿acaso no le parece que eso es imponente, que yo, que no entiendo de nada, pueda hacer diagnósticos?
¿Acaso no le dice nada más, señor?
Y ni siquiera ha visto mis pinturas.
—¿También pintas por medio de un maestro, chófer?
—Sí, señor, es Erich Wolff, señor, murió en la última guerra (la Primera Guerra Mundial).
Ojalá pudiera verlo, señor.
—Vaya, ¿es cierto eso?
Y ¿qué haces con esas pinturas?
—Se hacen para vendarlas, señor, y con ese dinero más adelante publicaré mis libros, pero ya se lo dije hace un rato.
—Y ¿valen la pena, chófer?
—Ay, señor, debería verlas.
En el rincón se ríe intensamente.
Jeus lo ve y lo siente.
Pero, dice, me voy, aunque ahora el señor le pregunta:
—Entonces ¿no puede hacer nada por mí tu maestro?
—Ni siquiera hablamos de eso, señor.
No, ¡nada!
Puede tomar todas las medicinas que quiera, ya no le servirá.
Ya no puedo cambiar nada en su corazón ni en su sistema circulatorio, señor.
¡Nada!
Ahora sí que el hombre se asusta un poco, Jeus ve que ahora ya no se está riendo, ahora les va entrando el miedo, a esos pobres diablos.
El maestro Alcar le da y lo hace sentir: ¡dale la sagrada verdad, Jeus!
Ahora que ve que el hombre se ha asustado, le contesta al señor:
—Ay, vamos a ver, señor, allí va a estar mejor que aquí.
No tiene por qué tenerle miedo a la muerte, ¡no existe!
La Parca no existe, señor, ¡seguirá viviendo!
Y ya no es tan joven, ¿no?
Ahora ya no hay risas y sí mucha atención y seriedad para lo que dice Jeus.
Ahora el hombre pregunta:
—¿Cuántos años tengo entonces, chófer?
—Veamos.
Tiene setenta y cuatro con cuatro meses y unos días y horas, señor.
—Así es, chófer.
Si todo eso es cierto, chófer, entonces yo te daré el dinero para editar tus libros.
—Vaya, ¿es cierto eso, señor?
Pero...
—Pero ¿qué, chófer?
—No, nada, señor, nada, me voy, me esperan otros enfermos.
—¿Qué significa ese “pero”, chófer... —Quiere saber el hombre.
Jeus se sintoniza con su maestro.
¿Se le concede decirle la verdad?
No, se oye, pero sí:
—Mire, señor, un ser humano es una vida de una hora.
Jóvenes o viejos, todos pueden morir.
Antes de que salgan mis libros todavía pasará algún tiempo.
—¿Y eso significa?
—Nada, absolutamente nada, pero ¿puedo ahora marcharme?
—Con todo gusto... —Recibe del hijo de la casa, y entonces Jeus puede partir.
¡Los “drudels”!
Estando ya fuera oye cómo ríen.
¡Qué clase de canallas son esos!
Sí, buen hombre, ya nos volveremos a hablar dentro de seis semanas.
No, tú ya no tendrás mis libros en tus manos, ¡te meterán a tu ataúd, señor!
Y bien que te meterán, y entonces ya nos volveremos a hablar.
Los “drudels”, sale más de una vez de su boca.
Los ricos y los eruditos no necesitan de sus sinsentidos.
El maestro Alcar se quedó atrás, escucha bien lo que los caballeros todavía se cuentan y anota todo en su alma, y un poco más tarde eso va directamente a Nuestro Señor.
Jeus vio que a pesar de todo ese ricachón es buena persona; ese hombre ya ha hecho muchísimas cosas buenas en su vida.
Pero esto suyo es asfixiado por su hijo erudito y los demás, y ¿aún así?
El diagnóstico había sido acertado, ya no hay nada que mejorar en ese organismo, sin duda es duro decirlo, pero bueno, ¿acaso también nosotros tenemos que decirte falsedades?
Fue un chico extraño, ese chófer.
¿Cómo nos las arreglaremos con él en Leiden?
Jeus sabe que de la sacralidad espacial quedó reducida a un montón de sarcasmo y es realmente humano, pero a ese hombre lo volveré a ver, sin duda alguna, ¿no es cierto, maestro Alcar?
Dentro de nada yacerá en su ataúd, y entonces su hijo querido podrá gastarse su dinero.
¿Que hay millones allí?
Vaya, hombre, cuántos libros espirituales puedes regalar por ese dinero a los seres humanos, es decir, a los pobres.
Seis semanas después el banquero sale de su esqueletito y entra a nuestro mundo.
Ahora se te da a vivir una imagen de detrás del ataúd, de cómo te acogemos y nos encargamos de tu despertar espiritual.
El hombre vive justo por debajo de la primera esfera, tiene luz y se siente tranquilo.
Estuvo enfermo, por supuesto, lo sabe, pero se siente bastante bien, está avanzando.
Esos son tus primeros pensamientos si por dentro posees tu luz espiritual, si perteneces al bien; pero si tuviste una vida dura y enferma —espiritualmente enferma, o sea, que viviste a la buena de Dios—, entonces todo volverá a ser diferente y entrarás a las esferas tenebrosas.
Ahora no se te puede ayudar, no podemos convencerte de tu vida, porque de cualquier manera no estás abierto a eso.
Pero acéptalo: acogemos a toda nuestra gente, a los enfermos y amigos, también a nuestros seguidores, para convencerlos, ya que conocieron a Jeus, de su vida eterna.
Eso es sencillo ahora, por conocer a Jeus llegan al despertar universal.
El banquero despierta.
Se le ha llevado a su propia esfera, es decir, un mundo que tiene sintonización con su vida interior.
Las cosas no pintan mal para él... por decirlo así... puede estar contento, y es que hay luz a su alrededor.
La hermana que está con él conoce a Jeus.
Precisamente ella recibe el mensaje de acoger esta vida cuando despierte.
También hay alguien más que anhela poder servir a esta primera vida de Jeus, y ¡es el “Largo”!
Hendrik de Crisje también está allí, y Miets viene a echar un vistazo, todos sienten curiosidad por ver qué cara pondrá este ser humano cuando despierte la personalidad y sale por su boca espiritual la primera palabra: ”¡Usted ha muerto en la tierra!”
¡Eso supone una fiesta para la personalidad astral, y una revelación!
El maestro Alcar dio sus órdenes a un solo ser, ella tiene que encargarse de esta vida como un madre hasta que él llegue.
¡Y allí está, incluso, Irma!
Irma atiende a los seres humanos que han llegado de la tierra para servirlos.
Más adelante hablará de su Jeus, para ella es un milagro, ella y los demás sienten que les entra una felicidad imponente, Jeus se lo pone fácil, los primeros enfermos ya están llegando.
¿Conoció usted en la tierra un Jeus de madre Crisje?
¿Jeus, dice?
Sí, ¿un chófer?
Sí, hace seis semanas ese hombre estuvo en mi casa.
¿Qué significa eso?
Usted murió, querido.
Jeus le dijo, detrás del ataúd hay vida, ¿no es cierto?, y ahora vive detrás del ataúd, acéptelo o no podremos avanzar.
Está claro lo que ocurrirá ahora: el ser humano quiere reflexionar seriamente.
Irma y con ella millones de personas, hombres y mujeres, hacen su trabajo, las hermanas acogen a sus hermanos, padres e hijos, es exactamente lo mismo para cada nacionalidad.
Un poderoso ejército de ayudantes de Nuestro Señor, ¡todos sirven a la “Universidad de Cristo”!
¡Porque todo esto es ciencia espiritual!
Una y otra vez el hombre se queda dormido, y cuando puede mantenerse en pie, el maestro Alcar llega a esta vida.
Mire, ahora ya no ríe usted; usted siente agradecimiento, humildad, respeto por el ser que camina a su lado en esta infinitud y que ahora le contará algo de su propia vida.
Y ahora se oye:
—Usted era banquero en la tierra, y residía y vivía en La Haya.
¿Es cierto?
—Sí, maestro.
¿Cómo lo sabe?
—Acepte que lo sé todo de su vida.
Hace ocho semanas, hermano mío, pues ya hace dos semanas, según el tiempo terrenal, que está en esta vida, llamó a mi instrumento para que hiciera un diagnóstico.
El hijo de usted es médico y con él había otros cuantos más, que se encogieron de hombros ante la sagrada verdad de mi chófer, que le dio el diagnóstico hecho por mí.
Y más tarde, cuando él se fue, usted habló de eso.
Pero yo vi que solo le quedaban unas semanas de vida allá.
Sin embargo, debido a que a usted le entró el miedo de morir, no se nos concedió darle esa sagrada verdad.
Por medio de Jeus, él es mi instrumento y su chófer, escribiré más tarde los libros.
Y entonces también dejaremos constancia de su diagnóstico, si queremos tener la posibilidad de alcanzar más tarde a su hijo.
Ahora está detrás del ataúd, lo ve, lo vive, tiene luz y vida, pero, pero... ¿siente lo que todo esto tiene que decir a su vida?
El hombre ya está llorando.

—Dios mío, de haberlo sabido.
Entonces le habría dado todo mi dinero a Jeus para ayudarlo y para poder servir al Dios de todo lo que vive.
¿Ya no puedo cambiar nada en eso, maestro?
—No, ¿pensabas que se le cree a Jeus?
Si dijera “Recibí un mensaje de su padre, tiene que ayudarme”, entonces nuestro instrumento sería un estafador, ¿no?
Usted ha malgastado esas posibilidades, ¡se las quitaron!
—¿Qué puede hacer, maestro, para enmendar algo?
—Nada, nada, ya se lo dije: perdió esas posibilidades, no hay nada que pueda hacer.
—Pero ¿no puedo alcanzar a mi chico entonces?
—No, ya le quedará claro más adelante.
Prepárese, verá y vivirá nuestro instrumento conmigo, le daré esas pruebas.
El hombre se prepara.
Lo ayudan hermanas y hermanos.
Irma habla con él, le habla de Jeus, el Largo le habla de Jeus, Miets le habla de Jeus, todos pueden auparlo, ¡se abre ante él la “Universidad de Cristo”!
Un profundo dolor llega a esta vida y entra en ella, ahora está viviendo sus risas... le gustaría besar a Jeus, pero este es inalcanzable, también eso deberá aceptarlo cuando haya llegado a ese punto.
Irma, Miets, el Largo: son precisamente ellos quienes caminan con él en este espacio, pero eso Jeus no lo sabe ni tampoco se entera de eso, porque lo llevaría de nuevo a sus vidas, y es exactamente lo que hay que evitar ahora.
Pero de esta manera funciona el bien divino para el otro, y así vuelve la gente a Él.
El hombre formula miles de preguntas, y se le contestan.
Irma y Miets y el Largo pueden darle eso, pero entonces también está de pronto ante sus padres, seres amados y conocidos, ahora lo sabe incluso mejor, esta es la última palabra; y es que todos ellos han muerto en la tierra.
¡Ahora cada palabra es una Ley!
Puede inclinarse ante Irma, Miets y el Largo, y ante sus seres queridos, ante su padre y madre, si ellos también poseen la luz.
Para muchos no es posible vivir esto, ¿verdad?, millones de hijos de la tierra entran a las esferas tenebrosas.
Para él sí fue así, pudo hablar con sus padres, pero ¡por ahora Irma, Miets y el Largo son y seguirán siendo su ayuda!
Y entonces llega la hora, se siente listo para poder saber más, le suplica al maestro Alcar que se le conceda ver su instrumento.
Han pasado mientras tanto nueve meses para la tierra.
Una tarde —Jeus ya está en su mesa escribiendo, hemos empezado con eso— el banquero entra a su espacio con el maestro Alcar.
El maestro Alcar lo conecta con Jeus.
El hombre está estresado de felicidad y quiere decir a Jeus que vive y que es feliz.
Y ¿cuál es la respuesta de Jeus de madre Crisje?
Jeus lo ve, no puede franquear el umbral de su habitación, su conciencia y sus sentimientos lo prohíben.
Jeus absorbe esa vida, toma un poco de tiempo, y luego se oye:
—Sí, lo veo, pero eso puede contárselo a Nuestro Señor.
El hombre por poco se derrumba.
“¿Es duro eso, señor?”, le manda Jeus a su personalidad.
¿Duro, si le digo que no tiene por qué contarme eso?
Adelante, ríase, a ver si se vuelve a reír de mí a mis espaldas, señor, lárguese de aquí, rápido, no tengo tiempo.
Sabe lo que significa esto, el maestro lo lleva ahora adonde su hijo, los médicos, los eruditos, sus amigos, conocidos, ve la vida en la tierra, tendrá a un maestro a su lado, y podrá seguir.
Claro que sí, se oye, y al maestro Alcar: Jozef tiene razón, me reí de él a sus espaldas, me burlé de su chófer, pero haré todo lo que pueda.
El espacio despertará en mi vida.
Vaya hasta Cristo y cuéntele que usted se burló de sus apóstoles, y de una vez cuéntele que con su oro se vivirá la diversión de la tierra; ríase de los libros espirituales, de todo lo que tenga que ver con la vida y la muerte, más tarde estará encima usted mismo, ¡y podrá inclinar su cabeza humana!
Nos hemos encontrado con más de uno así, ayudar a Jeus no saben hacerlo, ni siquiera los conscientes en el espíritu, ante todo este imponente trabajo ¡Jeus está de lo más solo!
Una por una llegan a nuestro mundo todas esas almas.
Más de una vez llevaremos estas almas hasta Jeus, pero también los felices, personas con las que tiene contacto y que le dirán: “Jozef... Jozef, qué imponente es, todo es verdad.
¿Me ves, querido?
Nada se pierde, ¡nada!”.
La gente se ríe de la verdad divina, pero ese sarcasmo no significa nada.
Los eruditos piensan que son todopoderosos, pero ¡aún no saben nada del alma ni de la vida ni del espíritu!
¿Qué puedo hacer?
Ya no puedes hacer nada, esa posibilidad solo vive para ti en la tierra, pero entonces solo el dinero tenía significado, ¿no es así?
Este hombre ha hecho mucho bien y esa es su posesión detrás del ataúd, pues cada buena acción es un fundamento espiritual.
Diez años más tarde todavía sigue esperando a esos médicos, ni una hora después ya habían olvidado, también ellos, a Jeus.
Pero pronto también ellos estarán ante las verdades universales, y entonces será mejor que pongan las cartas sobre la mesa.
La Señora G. lo sabe todo de eso.
Jeus está en trance allí y uno de los maestros les da un pequeño toque de atención a esas vidas.
La señora que trajo a Jeus a la baronesa no se traga eso.
¿Está siendo aleccionada por un chófer?
Jeus lo sabe, esa todavía no sabe inclinar la cabeza, sino que solo lo aprenderá detrás del ataúd.
Una semana después hay una carta cerrada en la mesa: que si los maestros quieren contestarle a la pregunta formulada en ella.
De pronto, Jeus ve la respuesta escrita encima de su cabeza en espirituales letras doradas.
El maestro Cesarino le dice:
—Jozef, se trata de ti, quieres mirar un momento.
Ella no te cree, no cree que en el pasado le di la verdad para abrirle la vida.
Y Jeus lee: “¿Estaba Jozef en trance la semana pasada?”.
—Dale las pruebas, Jozef... —dice el maestro.
Pero Jeus contesta:

—Ella no me vale eso, ni siquiera deseo que tenga esas pruebas, maestro.
—Así está bien, Jozef... —llega.
Y entonces la madera cruzada deletrea:
—¡Usted está equivocada, equivocada, equivocada!
Eso es todo.
No saben de qué se trata en realidad, solo la señora misma lo sabe.
Pero Jeus lee en cartas cerradas.
Cae la noche y ve que la señora está de morros, pero eso es cosa de ella.
Todavía no ha terminado con ellos.
Mañana hablará al respecto con la Señora G.
Y a la mañana siguiente va a buscarla como una exhalación.
Le pregunta a bocajarro:
—Señora, ¿anoche sabía algo de su carta?
—No, Jozef, ¿por qué lo preguntas?
—¿De verdad que no?
¿No sabía nada?
¿No sabía lo que ponía en ella?
—No, te lo juro, Jozef.
—Entonces se lo voy a decir.
Preguntó: “¿Estaba Jozef en trance la semana pasada?”.
Y es que le llamaron la atención, y esta señora no acepta eso.
Ella duda, ¿no?
No quiere avanzar, es soberbia, no es apta para estas sesiones, esa vida solo piensa en ella misma.
El maestro Cesarino me dio estas pruebas, en el espacio vi la palabra y su pregunta, pero ni siquiera le quise dar esta prueba.
—Es una jugada sucia, Jozef.
No, no lo sabía.
—Así es, señora, una jugada sucia, es lo que es.
Pero le digo: si usted sí hubiera sabido algo al respecto, ya no me habría vuelto a ver aquí, entonces le habría dado las gracias; no permito que se me tome el pelo, eso puede contárselo.
Tiene que decirle lo que había escrito en su carta, eso significará para ella otra cosa y tal vez ayude a forzar su cabeza a la inclinación humana y espacial.
Yo soy puro, señora, pero no quiero tener nada que ver con su alboroto, su rango social y su prosperidad.
Que haya comprado un dibujo en quince florines no significa que me haya convertido en su esclavo, puede decirle eso también.
Y... ¡los “drudels”!
—¿Qué es eso, Jozef?
—No lo sé, señora, tal vez lo sepa ella.
La señora G. ha constatado el bajo nivel de su hermana espiritual, y Jeus todavía le dice:
—¿Pensaba que los maestros me ayudan a engañar?
¿Pensaba que me habrían derribado a puñetazos si vendiera cuentos chinos?
Lo vi, señora, el maestro Cesarino me mostró su pregunta y ¡eso no lo haría si yo estuviera equivocado, si mintiera o engañara!
—Tienes razón, Jozef.
Es verdad.
—Entonces le doy las gracias y continuamos.
Se lee en cartas cerradas, pero aunque pensara en telepatía, el ser humano no sería capaz de hacer aparecer por arte de magia letras doradas en el espacio como respuesta a la pregunta, ¡en eso no pensó nadie!
Tampoco Jeus, pero él lo vio y se le dio a ver esta escena por medio de los maestros.
Sí, Madame W., puede vender sus sinsentidos en Hungría, en Holanda no la necesitamos.
Puede ir a vender sus tonterías allí, ¡Jeus ve mejor y con más conciencia!
Los espiritualistas se buscan la vida fuera del país.
Entonces llegó una mujer inglesa para volver a enmendar todo, para salvar lo que se pudiera, pero cuando también a ella se le dieron a aceptar sus errores no lo supieron esos jefes de este club, y muchos lo consideraron puro engaño, pensamientos propios, ¡lo muerto, muerto está!
Ellos están del lado de la baronesa de Nimega; Jeus sabe que son disparates, creen poseer dones, pero no los hay.
A quitar las manos de encima si no puedes representar estos asuntos, lo único que conseguirás es detener el desarrollo espiritual para esta humanidad.
¡“Tampoco vuelvas a un ‘gran alado’ para contarle que detrás del ataúd eres feliz si en la tierra desatendiste las evidencias” es la respuesta de los maestros!
¡Sócrates no te habría dicho otra cosa!
También a él lo quebraste para la tierra, no para su vida detrás del ataúd.
También Jeus beberá hasta el fondo esas copas de cicuta, pero además sabe que sirve para un tiempo y una concienciación muy distintos, ya no lograrán llevarlo a ese punto.
Unos días más tarde le llega a Jeus, “Ven un momento a Arnhem, te necesitamos aquí, hemos oído hablar de ti”.
—¿Puedo ir, maestro?
—No, Jeus, nosotros hacemos eso de otra manera.
Mejor habla por teléfono, y así hacemos el diagnóstico por la voz.
Eso ocurre, Jeus habla con el enfermo, de pronto grita:

—Ya puede parar, tiene que operarse, ¡está lleno de cálculos biliares!
Hospitalizan al hombre, lo operan, el médico pregunta:

—¿Quién lo mandó aquí?
Fue justo a tiempo.
¿Quién?
Vaya, ¿ahora qué?

—Anda, dilo, ¿quién fue?

—Nosotros le dijimos al médico que papá tenía cálculos biliares.
Pero ¿quién nos lo dijo a nosotros, doctor?
Es Jozef Rulof de La Haya.

Y ahora se oye:
—Solo él es capaz de hacer eso, he oído hablar de él.
Me lo contaron mis colegas.
¿Acaso son de Leiden, doctor?
¿Les quedó algo de Jeus?
¡Es un milagro!
Exactamente, doctor, ¿podría usted hacer un diagnóstico escuchando la voz humana?
Eso solo sabe hacerlo un maestro y el maestro Alcar es capaz de eso, Jeus no, él lo sabe e inclina su pequeña cabeza humana ante sus maestros.
Pero vale la pena, ¿no es cierto?
Esta es, pues, la corona para Jeus, ahora se le dará a oír algo distinto.
El maestro Alcar le dio a él la confianza y además el saber de que ahora se le concede dejar el garaje, y Jeus confía plenamente en eso.
Son fundamentos para el futuro, querida Crisje, ahora va a salir de esa porquería, es apto para algo muy distinto.
Muy quedamente los maestros lo han llevado a ese punto.
Y ahora, ¡a seguir!
Jeus recibe el preciado mensaje de su maestro de que puede dejar el garaje; con motivo del “Congreso Internacional” de los espiritualistas en La Haya se establece como sanador, pero enseguida tiene una exposición.
Lady Conan Doyle recibe dos dibujos suyos, y ya es sabido: él es una fuerza excepcional, los estadounidenses quieren arrastrarlo al otro lado.
Jeus ríe, porque todo eso está en manos de su maestro.
Ha salido volando del palomar, como la Sra. G. llama su vivienda, donde entra y sale volando tanta gente; ahora Jeus recibe otra tarea de los maestros, ahora se irá elevando.
Es el final de sus chapuzas en la calle, le dice adiós al coche, y llega a casa sin un centavo en el bolsillo.
—Me fui de allí, para siempre.
Preferí dejar que los chicos se quedaran con todo, también lo dijo el maestro.
—¿Que hiciste qué?
—Debo sanar, ahora las personas vienen a mí y se me permite pedir algo a cambio.
La próxima semana tengo diecisiete pacientes.
Pues, ¿qué se podría objetar a eso?
¡Nada!
Y más tarde deberé escribir libros, por cierto, ya empecé a hacerlo, aunque todavía no signifique nada.
El maestro Alcar dice que los tiempos en el garaje han pasado.
Y la vienesa no puede objetar nada a eso, y es que ella no ve lo que él ve y oye.
Pero bueno, no es cualquier cosa.
Seguramente que todo estará bien, pero, Jeus, ¿estás seguro de todo eso?
Que sí, no te preocupes y de cualquier manera no pueden darme ese dinero del garaje, ni siquiera lo tienen.
¿Qué haces entonces?
Entonces mejor haberse salido ya, ¿cierto o no?
Pero mil seiscientos florines son diez millones para Jeus y la vienesa.
Jeus mejor se aleja, ha recibido la inteligencia para eso, y también la sabiduría.
Por fin lo hemos conseguido, Casje, hicieron falta treinta años.
Treinta largos años trabajaste en Jeus, pero su vida te garantizará diversión.
Y ahora, a seguir.
Admiran sus pinturas, se le pone dinero en las manos y puede seguir otro poco, vende piezas.
Vaya, ¡no es cualquier cosa!
Se nota en la nueva aurora que Dios ha mandado a la tierra a un “gran alado”, pero eso la humanidad todavía no lo ve.
Los pocos que pueden saberlo todavía no lo ven, por más que reciban las evidencias de Jeus, pero eso todavía vendrá.
Puesto que no se puede esperar eso de un chófer, ¿no?
Pero en La Haya vive un profeta, aunque viniera de la (comarca) Achterhoek de Güeldres, y se manifestará con el tiempo.
Habla dialecto pero es un “vidente” de grandeza y fuerza descomunales... ¡mundo!
Si también para él el gallo cantará tres veces, ¡eso no hay quien lo crea detrás del ataúd!
Adiós, tiempos hermosos, hay que ponerles un merecido punto final.
Bien que nos las arreglamos para lograrlo, Crisje.
Hurra..., mamá, voy a ser médico y escritor... pero ¡ya me convertí en un pintor de verdad!
¡Y todo eso es para Crisje!
¡Para Jan Lemmekus, su Anneke y Mina!
No lo creerás, pero ¡se fue de su propio garaje!
Así de grande es la confianza de Jeus de madre Crisje, mundo, gente... ¡A ver quién puede hacer como él!
Para la de cosas que no puede servir una silla material de esas.
Al vivir una cosa así avanzas en la vida, pero entonces necesitas a un Casje y a un maestro Alcar para que te haga volar, o estás haciéndolo tú mismo, y entonces no avanzarás ni un solo paso.
Ahora tiene razón Bernard y de verdad que estás loco de remate.
Ahora eres un ser humano y un ser humano no es “nada” por sus propias fuerzas... toda soberbia te quiebra, pero toda inspiración por encima de tu propio techo viene a tu vida y conciencia en línea recta de Nuestro Señor.
¿No es así, Edison,
Sócrates,
Dante?
Adelante, sin problema, tenemos algo que enseñarte... pero ¡también nosotros lo hemos recibido!
Los sentimientos dentro de Jeus le dicen, “¡Todo está bien!”.
¡Y eso bueno nunca te engaña!
Las cosas como son... ¡sobre eso Jeus puede contar ahora todo!