Judas

El sentimiento exigente

Hasta que no hubo enterrado todo lo exigente en sus sentimientos, y ya no quiso imponerle nada a Cristo, Judas no fue capaz de encontrar sosiego y felicidad.
Según los libros de Jozef Rulof.
Judas, pintado por Anthony van Dyck

La exigencia de Judas

Según la Biblia, Judas traicionó a Cristo.
Los autores de la Biblia lo supusieron al interpretar lo que ocurrió.
Tampoco los otros apóstoles podían mirar en el corazón de Judas, y han dado significado a su acto desde su propia conciencia.
Los maestros de la Universidad de Cristo sí que saben sintonizar con lo que pasaba en los sentimientos de Judas cuando dio su beso consciente a Jesús, indicando así a los soldados a quién buscaban.
En ese momento, Judas quería espolear al Mesías para que mostrara de lo que era capaz.
Judas pensó que Cristo abatiría a los soldados con sus fuerzas, por lo que el mundo por fin vería su grandeza.
Judas tenía una fe ilimitada en el Mesías.
Conocía las escrituras como nadie, y entendía que Cristo era el Mesías largamente esperado cuya llegada habían predicho Moisés y los profetas.
Consideraba a Cristo como el Hijo de Dios y estaba convencido de que los míseros soldados no estarían a la altura de sus fuerzas divinas.
Judas era exigente con Cristo y quería incitarlo a empezar a actuar enérgicamente, para que la humanidad conociera su descendencia divina.
Se entremetía con la manera en que Cristo recorría Su camino; quería darle otro giro a ese camino.
En ese momento decisivo, Judas percibió una fuerte tensión en sí mismo.
Estaba orgulloso de Cristo y lo amaba con fervor.
Pero ¿qué pasaría si el Mesías actuara de manera muy distinta y las cosas salieran mal?
Eso era imposible, porque ¡Cristo demostraría por fin quién era!

Cristo siguió siendo Él mismo

Cristo sabía lo que quería Judas, pero siguió siendo Él mismo y no abatió los soldados de un rayo, sino que dejó que se lo llevaran como un cordero.
No contestó con violencia a la violencia, y no dominó a otros seres humanos.
Con esto, dio una lección de vida a Judas.
También durante los acontecimientos que siguieron, Cristo siguió actuando de la misma manera.
El artículo ‘Getsemaní y Gólgota’ describe qué valor espiritual representaba Cristo con Su falta de violencia.
Siguió amando todo lo que vive y no formó ni un solo pensamiento negativo.

Renacido

Judas ya no tuvo descanso y cometió suicidio.
Después de cierto tiempo, volvió a nacer en la tierra.
Durante su nueva vida, albergaba el deseo de estudiar y de saberlo todo sobre la fe.
Hizo un estudio profundo de la fe, tanto la judía como la católica.
Llegó hasta rabino en el consejo judío y era uno de los más doctos entre ellos.
Finalmente, llegó al punto en que percibía conscientemente que Cristo era el Mesías.
Después intentó convencer a sus compañeros rabinos que ya no hacía falta que esperaran al Mesías, porque ya había llegado a ellos en la persona de Cristo.
Pero no querían saber esto, y lo expulsaron del consejo.
A continuación, Judas viajó a Jerusalén, un lugar al que se sentía atraído ya desde niño.
Cuando entró en esta ciudad, se sintió como renacido y estaba emocionado como un niño alegre.
Entre lágrimas besó la tierra por la que algún día anduvo el Mesías.
Aquí alcanzó pensamientos profundos.
Anduvo errando por allí y sufrió hambre y miseria, pero no le importaba.
Quería pagar, aunque no sabía por qué.
Dentro de él se estaba librando una dura lucha, y tenía ganas de gritar que había que aceptar al Mesías, pero no podía más que murmurar.
Donde algún día había estado la cruz de Cristo, hizo un profundo hoyo con utilizando solo las manos, y se sentó en él.
Sintió cómo su vida anterior iba surgiendo en su interior como una personalidad distinta, pero no se atrevía a dejarla entrar por completo porque entonces dominaría su conciencia y porque conllevaba un dolor que ardía.
Esto lo confundió, impidiéndole pensar con claridad.
Rogó a Dios de que le quitara esa cosa horrenda que atormentaba su interior.
En ocasiones, vagaba por las calles de Jerusalén, hablando a solas y sacudiendo la cabeza.
De pronto, tuvo un relámpago de su vida anterior, en que se veía a sí mismo andando por Jerusalén, al lado de una figura que era tan celestial y divina que solamente podía ser el Mesías.
Se derrumbó en éxtasis y balbuceó el nombre del Mesías.
Cuando despertó por los transeúntes interesados, volvió a huir a Getsemaní.
Allí lo encontraron muerto, con la cabeza sobre la tierra, como si en sus últimos instantes hubiera querido escuchar todavía la respuesta a sus preguntas angustiosas.
Varias veces había percibido que había sido Judas, pero no pudo aceptarlo, era demasiado increíble para él.

Un fuego interior

También en su siguiente vida subió hasta el consejo judío y fue rechazado por su convicción de que Cristo era el Mesías.
Se volvió a dirigir a Jerusalén y de inmediato subió al Monte Calvario para meditar.
Pero entonces, de pronto sufrió una fuerte sacudida, porque descendió inesperadamente en sus vidas pasadas.
El susto fue tan fuerte que murió de un ataque.
En sus siguientes vidas, el fuego dentro de él siguió ardiendo.
Muchas veces, lo expulsaba el consejo judío por su opinión que discrepaba.
Jerusalén tenía un atractivo mágico.
La mayoría de las veces, se le podía encontrar en Getsemaní y en el Gólgota.
Hasta su última vida tenía una pregunta en la punta de la lengua: ¿fui Judas?

También en el más allá

Cuando después de su última vida despierta en el más allá, se le acercan figuras que cree reconocer.
Pedro, Juan, Andrés, Jacobo y otros apóstoles le dan la bienvenida a la primera esfera de luz.
Le muestran sus vidas en la tierra, por lo que comprende las preguntas y la tensión que lo oprimían entonces.
Aun así, tampoco ahora está libre aún de ese fuego en su interior.
Vuelve desde el más allá al Gólgota como personalidad astral.
Allí sigue deseando que Cristo vaya a él y le perdone su acto.
Pero no viene, y Judas se sume en una sensación de desesperación.
Los pensamientos en la eterna condena no lo dejan.
Se pregunta si su acto fue demasiado grande para poder ser perdonado algún día.
Cuando repasa sus vidas anteriores en la tierra sin dejar que en él vayan surgiendo deseos, experimenta paz y felicidad en su interior.
Pero en cuanto se deja impulsar por su apremiante deseo por perdón, sube la inquietud y siente que vuelve a retroceder.
Entonces vuelve a exigir, y ¿no le ha dado a comprender la vida que no tiene nada que exigir?

Aceptación

Para poder continuar asfixia cada pensamiento que surja en su interior y que lo obliga a desear perdón.
Entiende que solamente logrará dominarse cuando ya no haya sentimientos que exigen en él.
Con esa nueva actitud de espíritu vuelve a seguir cómo se desarrolló todo el drama en el Gólgota, incluyendo su propio papel en él.
Ahora reflexiona tranquilamente sobre eso y comprende cómo pudo ocurrir todo.
Así le va entrando calor y felicidad.
Y cuando haya muerto el último sentimiento de exigencia en él, aparecerá una luz dorada en el Gólgota.
Judas mira hacia arriba y ve el rostro de su maestro divino.
Judas pide perdón, pero ahora plenamente entregado, sin seguir exigiendo.
Cristo lo rodea con sus rayos de luz dorada y confirma que ahora Judas podrá dejarlo todo atrás, porque ha llegado a conocerse.
Dentro de Judas hay júbilo de felicidad porque se siente libre de todo pensamiento inferior.
Ahora está sintonizado en la tercer esfera de luz y está realizando cosas grandes para la humanidad.

Fuentes y textos para profundizar en el conocimiento