La demencia consciente

—A donde vamos ahora forma parte del ámbito de la conciencia veladora.
Así que iremos a visitar a los anormales conscientes.
Ven, André, te podré contar algunas cosas más por el camino.
No tardaron en abandonar el edificio.
Qué intensamente triste era todo lo que había vivido André.
Preguntó a su maestro:
—¿Qué he de hacer cuando haya regresado a la tierra, Alcar?
—Nada, André, todavía no podemos hacer nada por todos estos enfermos.
Todavía no se quiere saber nada de la sabiduría oculta; a ti y a los demás los (os) echan.
Pero yo terminaré mi tarea.
Todo esto lo daré a la humanidad.
Los maestros en las esferas más elevadas me han encomendando que llevemos nuestra sabiduría a la tierra.
Considero nuestro trabajo como la base fundamental para más tarde.
Aquellos que vengan después de nosotros podrán colaborar entonces con los eruditos, porque entonces conocerán las leyes astrales.
Si quisiera ayudar a fondo a toda esta gente enferma, ya no podríamos hacer otra cosa, André.
Nos tendríamos que entregar por completo por ellos y eso ahora de todas formas no es posible, porque tenemos otras cosas que hacer.
Eres un pionero para otros médiums; podrán continuar nuestro trabajo después de tu vida terrenal, porque esa es la intención en el fondo.
Nuestros tesoros espirituales adquirirán algún día importancia para la humanidad.
Esto lo puedes aceptar.
Muchos médicos darán el paso y iniciarán estos estudios, e inclinarán la cabeza para las leyes divinas.
Solo entonces se podrá hacer algo por todos estos pobres de espíritu.
¡El desarrollo humano continuará!
Aun así quisiera decirles con voz clara a los eruditos que ya ahora hagan caso al otro lado.
Si pudieran dejar de lado por unos instantes su erudición, estarían abiertos a la palabra espiritual y entonces el otro lado podría empezar con la saludable incidencia.
¡No les privaremos de nada!
Al contrario, ¡les llevamos profundidad cósmica!
El otro lado dice la verdad, eso lo has podido ver ahora con tus propios ojos, André.
Me es imposible decir falsedades, porque ¡las leyes hablan por sí mismas!
Solo intentamos convencerlos de todas estas leyes; ellos mismos podrán hacer entonces sus diagnósticos.
Solo en ese momento un erudito estará en condiciones de actuar de forma consciente, así podrá avanzar y mantener centrada la vista en la felicidad venidera de todos los pobres de espíritu.
¡Nosotros seguimos viviendo eternamente!
De este lado el alma es una personalidad consciente.
Que nosotros no seamos perceptibles para las personas terrenales se debe a que les faltan los dones espirituales y a que nuestros cuerpos son semimateriales y semiespirituales.
Aun así no hemos perdido ni un solo pensamiento después de nuestra muerte en la tierra.
Nos hemos quedado tal como éramos.
Algunas personas espiritualmente inconscientes regresan a la tierra después de su “muerte” para desfogarse en la vida material.
La personalidad astral influye entonces en todo al ser humano material.
Las invenciones se han producido por medio de nuestro mundo espiritualmente consciente, así como numerosos milagros técnicos, que deberían haber sido usados para el bienestar de la humanidad.
Y ¿qué es lo que se hace en la tierra?
Nosotros queremos elevar en nuestra vida la conciencia terrenal, André, porque entonces se transformará el sentir y pensar en contemplación cósmica.
Esos son los tesoros del espíritu que entonces se recibirán, y es como habrá felicidad en los seres humanos, criaturas de Dios, que sienten, porque ¡esa es la intención de Cristo!
Las investigaciones que los eruditos ponen en marcha actualmente siguen siendo palos de ciego terrenales, materiales.
Si los eruditos pudieran aceptar nuestra conciencia, entonces el alma, con todas sus profundidades, estaría abierta a ellos y serían capaces de servir también la vida de Dios en este estado.
Solo entonces verán en su propio pasado.
Entonces no solo se conocerán a ellos mismos y a todos sus enfermos, sino que también se iluminará su pasado profundo, que solo entonces les hablará a su “yo” mejor y más elevado.
Si abrieran las puertas a nuestros instrumentos, los médiums ofrecerían pruebas por medio de nuestro mundo, porque los maestros astrales están a su lado.
Pero ahora los eruditos están impotentes.
La morada material para el alma es profunda, André, eso lo has podido seguir ahora, y eso lo hemos constatado con claridad.
A todos estos enfermos los reconducimos a la plena conciencia y no hacemos cosas malas, porque estamos abiertos a esta vida.
En este mundo vive el demonio astral, y aun así es algo que en la tierra todavía no se pude aceptar.
Mira, André, entraremos allí.
—¿Qué clase de edificio es ese, Alcar?
—Una cárcel, hijo mío.
—¿Qué tiene que hacer usted allí?
—Quiero convencerte allí de cómo funciona el mundo astral tenebroso y entonces accederemos al instante en el mundo de la demencia consciente.
Ahora estamos ante la influencia astral, la demencia consciente.
Ven, aquí también podemos entrar; nada nos podrá detener.
Estos edificios también los visité durante mi viaje terrenal, porque quise llegar a conocer todos los grados de demencia.
Iremos de celda en celda, porque aquí hay encerradas criaturas humanas por todas partes.
Algunas tienen cosas que contarnos.
Aquí viven ladrones y asesinos, André; ese que tienes delante de ti es un ladrón.
Lo han encerrado para varios años.
Después saldrá en libertad y entonces podrá empezar una nueva vida.
Este hombre roba él mismo, otros, en cambio, por este mundo.
La personalidad inconsciente astral quiere, por un motivo u otro, que el ser material robe.
¿Ya sientes para qué?
André se quedó pensando y comprendió a su maestro.

—¿Tal como se quería hacer robar al “alma”, Alcar?
—Exacto, André, como en el caso del “alma”.
Entonces se desfoga la personalidad astral.
Así que estos seres son capaces de cualquier cosa.
Pueden desfogarse por medio de ellos, porque esta gente está abierta al mal.
Este hombre es alcanzable, pero es él mismo quien roba y por eso vive conscientemente en su grado de vida.
Pero cuando suelte este grado estará ante el desplome y será sensible a las influencias astrales.
¿Lo sientes, André?
—Sí, Alcar.
Lo he comprendido.
—Así que este estado es exactamente igual a la demencia enfermiza, pero con la diferencia de que ahora la personalidad es consciente y que actúa ella misma.
Ahora bien, cuanto peor se haga el ser humano ahora, más intensa será la incidencia astral.
Naturalmente, entonces muchos pasan a esas manos.
Así que ahora estamos ante posibilidades sin precedentes, tanto para el espíritu como para la persona material.
Ante posibilidades de dar rienda suelta a las pasiones.
La personalidad terrenal es consciente y ahora el ser astral se cuida de no transgredir las leyes materiales.
Si ese fuera el caso, entonces se verá seguido del dominio astral y del desplome de la personalidad material.
Entonces se podrá encerrar a esta gente en el manicomio.
Pero si el ser terrenal posee esta resistencia, ambos compartirán con honestidad lo que se experimenta, y no habrá cuestión de demencia.
Pero cualquier pensamiento sintonizado con la pasión los conduce a este mundo y a los brazos de un demonio.
Estas leyes rigen tanto para las mujeres como los hombres.
Cada acto equivocado que comete el ser humano, André, es, por tanto, un acto de demencia consciente.
La mentira y el engaño, el odio y la pasión conducen a la personalidad a las esferas tenebrosas y esos infiernos representan la locura consciente en nuestra vida, en la que toda esa gente ha de aceptar su propia sintonización.
Ahora lo percibirás.
André, observa a este hombre en su celda.
André se asustó.
Ciertamente, junto a ese hombre también había un demonio.
A este ser humano también se le impelía a robar, a asesinar y a violar la vida en la tierra.
Esta vida interior estaba abierta a las tinieblas.
Qué clara le resultaba a André esta vida.
—¿Sientes ahora, André, lo que viven los conscientemente dementes?
Este ha descendido más profundamente que el hombre de aquí al lado.
Pero este ser es peor y el ser astral lo puede alcanzar más profundamente.
A él también lo han encerrado por robo.
Se desfogó por medio de las posesiones materiales, y con él, el animal astral.
Así que robar no es más que un medio.
Pero él mismo tiene que pararse los pies espiritualmente.
Mientras no sea capaz de hacerlo seguirá en manos del mal y por eso seguirá estando poseído.
Aun así el hombre no es consciente de nada.
No sabe que hay un demonio que vive en él.
Pero tarde o temprano el hombre terminará dominado por este grado, y entonces sigue el encierro.
Este estado vuelve a estar subdividido, también ahora, en grados, y bajo esta mentalidad vive el genio en el mal.
En ese grado la personalidad astral ya se encarga de que no lo pongan preso.
Hay ladrones a los que no se les atrapa in fraganti.
Ahora el ser astral es intensamente consciente de cara a la descomposición y se encarga de la protección del ser humano material.
Otros, en cambio, siguen siendo inconscientes, y a esos se les atrapa pronto.
A más profundidad que se viva el mal, más ingenioso es este mundo y la conciencia terrenal.
Esta personalidad no es susceptible para la demencia inconsciente, enfermiza.
Es consciente en todo.
Aun así el hombre está bajo la incidencia astral, y por eso es un demente consciente.
Así que atrae lo que él mismo quiere.
Ese mundo de los pensamientos es ineludible.
No hay fuerza más poderosa que la de la concentración humana, en la que el deseo se hace realidad, pero donde todo vuelve a degenerar al final en pasión.
En esto el mal es infalible.
Los seres astrales, hombres y mujeres, regresan del infierno más profundo a la tierra para tener vivencias.
No es necesario que busquen el ser humano, el ser humano en la tierra los atrae por su propia cuenta.
La concentración forma un canal para el monstruo astral, que así puede alcanzar esa vida.
Mientras que el ser humano lo quiera permanece para el mal la conexión con este mundo y pueden seguir existiendo estos grados conscientes e inconscientes.
Mientras el ser material siga buscando el mal, desee el mal, continúe mancillándose a sí mismo y a otros, se entregue a la animalización, robe todo lo que se mueva, atraerá a los demonios, porque así el mundo astral se divierte materialmente.
¡Nuestros seres tenebrosos quieren experimentar!
Eso es demencia consciente, André.
Quien busque el bien no se encuentra abierto a esta influencia.
El otro lado da el correspondiente incentivo a quien quiera experimentar pasión, pero tarde o temprano tendrá que aceptar el desplome o el encierro.
Algunas de estas personas comenzarán una nueva vida.
Otros continuarán toda su vida y se estrellarán.
En el aura de este hombre viven el ladrón astral y la pasión astral.
A este demonio le encanta poder vivir de esta manera el calor del ser humano terrenal.
No llegarán sentimientos elevados a ese ser humano, porque no hay ni un solo espíritu de la luz que quiera vivir la desintegración.
No hay padre que pueda influir en su hijo si ha llegado a conocer las esferas de luz.
Esa personalidad se ha vencido a sí misma.
Esta es la vida de la tierra y en este grado viven millones de almas.
Toda esa gente aún tiene que despertar a la conciencia más elevada.
Aun así el ser humano tendrá que deponer sus pasiones, o las esferas de luz permanecerán cerradas.
Este hombre es un ladrón, André.
No vale para la sociedad.
Pero hay otros que roban y mancillan más de lo que él es capaz, aunque esos tipos andan sueltos.
De este lado no podrán eludir su castigo.
Pero eso sigue siendo posible en la tierra.
No hay más que unas pocas personas espiritualmente conscientes en la tierra.
Eso lo llegué a saber y a comprender de este lado, porque en la tierra no es posible.
Y es por eso que como ser humano vives entre la conciencia normal y anormal.
Luego te introduciré en lo espiritual anormal y normal; en la tierra vives los grados materiales de este estado.
Alcar entró en otra celda.
André se vio ante un hombre de unos cincuenta años, callado, en un rincón.
Siguió sus pensamientos y sintió en lo que pensaba.
No, esto ya no era pensar, eran deseos apasionados.
Este hombre deseaba poder vivir y poseer, lo cual lo hacía feliz en la vida terrenal.
También en él vivía una personalidad astral.
Este hombre de cincuenta años se había olvidado, pero vivía su castigo por medio del mundo astral.
Había un monstruo que lo llevaba a los infiernos en la vida después de la muerte, porque estaba abierto a ella.
André vio para qué lo estaban encerrando.
El hombre no estaba exento de homosexualidad.
Había violado a un niño.
A André le parecía horrible.
—¿Por qué viola esta gente a un niño, Alcar?
Hay adultos de sobra en la tierra, ¿no?
—Esos rasgos del carácter nos conducen a la conciencia infantil.
Es decir que esta personalidad aún no es consciente para la pasión adulta.
Así que aprendemos que también la pasión tiene grados.
No solo la enfermedad, sino también el deseo nos conduce a los grados de un solo estado.
Debido a que este hombre viola al niño y se entrega por completo a eso, no es apto para el estadio adulto de la pasión.
Una vez que la conciencia adulta haya despertado a la pasión, entonces la personalidad solo estará abierta a esa pasión.
Esos deseos están en los sentimientos del hombre, porque el deseo parte de la personalidad.
Así que este hombre aún tiene que despertar para la pasión animalmente consciente, y puede hundirse aún más de lo que ya ha vivido.
¿Lo comprendes, André?
—Sí, Alcar, es terrible, y a la vez muy natural.
—Pero a eso se añade que estas personas en el fondo están abiertas a cualquier vida.
Cuando un padre puede contagiar a su propio hijo, entonces ¿de qué no serán capaces esos tipos?
Cuando los seres astrales llegan al “querer experimentar”, hay peligro para todo lo que vive, de todas las edades.
¡No respetan nada!
¡Violan a jóvenes y viejos!
Ahora solo tiene importancia la vivencia.
El deseo animal de estos dementes conscientes los conduce a todos los estadios para el ser humano.
No hacen ascos a ninguna mujer, a ningún niño.
—¿Por qué no recurren a una mujer pública, Alcar?
Porque es lo que pide a gritos, ¿no?
—Esa mentalidad, André, no les ofrece una experiencia suficiente.
Es precisamente la conciencia infantil, miedosa, la que no sospecha nada, la que estimula su pasión.
El niño inocente provoca su reacción.
Sienten su ímpetu pasional de tal forma demoniaca que quieren vivir la inmaculada juventud y no una conciencia que se está pudriendo.
Una prostituta no puede infundir alma a su pasión.
Por eso se satisfacen con los brotes verdes, roban y saquean esa vida y después la violan.
Para ellos el niño es el quedarse dormido puramente en la pasión.
El cuerpo humano consciente, en cambio, los mantiene despiertos como reo en capilla, y esa no es la intención.
Ambos quieren quedarse dormidos.
Así es como perecen el espíritu y el ser humano material, pero ¡no les afecta!
Es la personalidad astral, sempiternamente, la que incita al ser humano material a esta desintegración, porque toda esta pasión ha surgido por este mundo.
Si no hubiera nacido un mundo astral, entonces el ser humano no podría haberse olvidado de esa manera.
Quien busca lo malo puede recibir y vivir ahora.
Este animal astral quería ponerse las botas con el ser humano material en estado consciente.
Ahora la vivencia también sucede conscientemente, y además a plena fuerza.
Ese es el mal en el ser humano.
El ser humano tiene que vencer sus pasiones, solo entonces se disuelven todos estos terribles problemas.
Mira aquí, André.
Este es un asesino.
Privó a su semejante de la vida.
Alrededor y dentro de él ves los demonios.
La personalidad astral gobernó su mano.
El otro lado mató por medio del ser humano material.
El odio astral obtiene comunicación por el odio material.
Si el ser humano se pudiera liberar del odio, la vida en la tierra adquiriría una existencia muy diferente, y entonces valdría la pena vivir en la tierra.
¡Ahora la vida es una peste!
No hay paz en nada.
La vida humana se viola a diestro y siniestro, y entonces normalmente por este mundo, que siempre se mantiene invisible.
¡Este enemigo invisible de la humanidad lo invoca el propio ser humano!
El hombre desea hundirse más y más en el lodo y el fango, y aun así quiere elevarse.
La voluntad del hombre se ha adormilado, y aún tiene que despertar.
Así es como se castiga a sí mismo, porque todo, sea lo que fuera, ha de ser enmendado.
¡Es una ley que quien viola las posesiones y la vida de otra persona atrae las tinieblas!
Pasarán miles de siglos antes de que esa vida haya vuelto a la armonía con Cristo y las leyes astrales de Dios, pero de todas formas algún día así habrá de ser.
Dios no castiga, porque es un Padre de amor, pero el hombre se castiga a sí mismo al violar lo más sagrado de la vida, es decir, los sentimientos.
El ser humano pervive en un estado semejante hasta que se haya liberado de las pasiones.
Para ello regresa a la tierra, o continuará su vida en las esferas tenebrosas donde chuparán de él hasta dejarlo vacío por completo.
Pero algún día llegará el despertar y entonces el ser comenzará una vida diferente, más elevada.
Entonces la personalidad habrá aprendido, y en esa vida vive el resentimiento.
Ahora los demonios ya no lo podrán alcanzar, aunque el mundo astral siga esforzándose al máximo para volver a atraerlo a esta miseria.
La lección le habrá salido cara y significará para el ser humano la escuela de aprendizaje en esta vida, y en la siguiente.
Otros, a su vez, buscan entonces a sus enemigos y vuelven a empezar.
De todas formas, también ellos tendrán que inclinar algún día la cabeza ante las leyes astrales de Dios, no hay ni una sola alma que pueda eludirlas.
Hacen falta centenares de vidas antes de que la personalidad se pueda liberar de todas estas pasiones y de la demencia consciente.
Nosotros sabemos demasiado bien lo difícil que es y cuánto nos ha costado poder entrar a las esferas de luz.
Y ¿qué es lo que aprende la personalidad en una sola vida?
¡Prácticamente nada!
A pesar de ello, el ser humano, cuando se manifiesta la voluntad seria, puede liberarse en una sola vida de estos mundos del mal, y entonces lo ayudará el ser más elevado consciente de este lado y además en la tierra.
También sabemos que cuanto más se eleva el ser humano, más difícil se hace el desarrollo espiritual, por lo que entonces tendrá que recurrir a todo lo que tenga propio.
Aquí unos viven por medio de otros, y a todos los arruina.
Los infiernos están llenos de eso, y esa no puede ser la intención, ¿no?
Lo que les espera en esta vida es indescriptible.
Aquí viven mezclados ladrones y asesinos; todos están en manos del mal y son conscientemente dementes.
Alguno que otro quiere liberarse de la pasión y está metido en esta lucha.
Lucha contra su propio “yo” malo.
En cada celda vemos a la criatura perdida de Dios.
El hijo semiconsciente y el consciente.
Vidas que ¡aún tienen que despertar!
Ladrones y asesinos, homosexuales y violadores de niños. (El maestro Alcar menciona aquí sin transición a homosexuales y violadores de niños, porque se refiere al hombre homosexual en la cárcel que ha violado a un chiquillo, un preso que acaba de visitar con André. Este hombre violó a un niño y no a una niña, porque el hombre albergaba sentimientos homosexuales).
Aquí podemos encontrarnos con todos los grados de pasión, y conocemos todos esos grados, porque en nuestra vida hemos llegado a conocer los infiernos.
Estos infiernos los representan esos seres y han adquirido su existencia por medio de ellos.
Conocemos lo bajo y lo elevado, y sabemos que lo bajo sigue triunfando en el ser humano.
¿Tienes más preguntas que hacerme sobre esto, André?
Si no iremos ahora a la sección de mujeres, porque a estas también las vamos a visitar.
—¿Viven estas personas también los siete grados, maestro?
—Estos grados, André, son para el mal siete transiciones para vivir la miseria más profunda.
Cada grado representa en nuestra vida un infierno, hasta que entremos en la primera esfera.
Solo entonces estamos libres de todo el mal.
Cada pensamiento vivido y sentido por ellos nos conduce a lo inconsciente.
El ser humano es espiritualmente enfermo en este estado, y entonces se manifiesta la demencia enfermiza.
—Estas personas y todas las que buscan el mal ¿se han desprendido de la demencia enfermiza, Alcar?
—Suele ser el caso.
Pero muchos tienen que aceptar luego la demencia inconsciente, después de que se hayan desprendido de este grado de vida.
Están entonces ante el hundimiento y en ese estado son poseídos conscientemente.
Así que después de la demencia consciente viene la inconsciente, hasta que se haya alcanzado la primera esfera.
Solo entonces el ser humano podrá decir de sí mismo: “Lo he conseguido, me he desprendido de todo el mal, de todas las pasiones materiales en la tierra”.
Este estudio es tremendamente profundo, André; aun así quiero explicarte todo esto más adelante y entonces constataremos las leyes humanas para todos los escalafones.
Un solo pensamiento equivocado ya conduce a la personalidad al mundo astral inconsciente; sin embargo, es una ley divina, y esta tiene que ser vencida.
Forma parte del estudio del universo.
El análisis del universo nos acerca a Dios, por quien ha sido creada toda esta vida.
—Si lo he comprendido bien, maestro, todo nuestro pensamiento y sentimiento posee grados para la conciencia, que se alcanza actuando y viviendo la vida.
Así que es en esto donde reside el orden divino, ¿no?
—Así es, André, y esto ¡forma parte de la cosmología!
Esas leyes las analizaremos más adelante y eso será el broche de oro sobre nuestro trabajo.
Lo que muchos filósofos no fueron capaces de hacer está en nuestras manos y vive aquí ante nosotros.
Nosotros vemos dentro de eso.
Lo que ellos no fueron capaces de hacer y sin embargo intentaron es analizar la creación por la que surgió el ser humano.
De este lado los seres humanos somos capaces de volver a ver hasta nuestro primer pensamiento.
Allí es donde reside y vive el verdadero ahora en el que vivimos.
En el fondo no existen las tinieblas, porque hemos llegado a controlar la luz y la vida por el empuje, por la evolución.
Eso, pues, es la personalidad.
Cada pensamiento representa una personalidad propia.
Estos rasgos, y otros, nos sintonizan con una esfera, y esta pertenece a nuestra vida.
Son los infiernos y los cielos en nuestra vida, en los que viven personas que han completado sus vidas terrenales.
Significa el final del ciclo material.
Cada palabra posee los siete grados de vida espirituales y materiales, preanimales y animales.
Y ¿qué pasa, André, si empezamos a hablar y a actuar?
¿Qué pasa si nuestra vida se vive cuesta abajo, de forma demoniaca y nos vemos ante todas estas leyes?
Las ciencias espirituales han formado e infundido alma a las materiales, pero eso en la tierra aún no se acepta.
Aun así se lo mostraremos al ser humano, porque nosotros ¡vemos en nuestra vida astral el núcleo de todos estos grados y que Dios es amor!
¡Esa ley manda por encima de todo, de todos, de cada animal y cada ser humano!
Mediante el amor llegamos a conocer estos grados y entonces empezaremos con nuestro propio “pequeño yo”.
Pero ahora vamos a la sección de mujeres, André.
André reflexionó sobre todas estas cosas y comprendió a su maestro.
La vida material era poderosamente profunda.
Ya se estaba alegrando por poder llegar a conocer todas esas leyes, y estaría muy agradecido por ello.
—Mira, André, estas pobres mujeres se olvidaron a ellas mismas.
Son madres y entre ellas hay casi niñas, al menos chicas de veinte años e incluso más jóvenes que han violado la vida.
Y es que han pisoteado las leyes de Dios y las de la sociedad, y es por eso que las encerraron.
Sin embargo, todas alcanzaron la adultez corporal, y han robado y matado.
No quiero seguir sus vidas, pero solo quiero explicarte y mostrarte lo alejadas que están estas mujeres todavía del amor maternal.
No son madres.
Son adefesios humanos, hienas femeninas.
Las hay que han sido encerradas siendo inocentes, pero que han tenido que aceptarlo al estar bajo sospecha.
Ay de quien encerrara estas mujeres y pensara poder violar estas vidas por haberse acumulado pruebas contra ellas.
De modo que entre ellas viven quienes han sido castigadas aun siendo inocentes, pero por fortuna es una pequeña minoría.
La madre es la que puede descender a mayor profundidad en el mal.
Aquello de lo que es incapaz un hombre, sí podría hacerlo la madre, porque su cuerpo atrae la conciencia primigenia.
Es por eso que las mujeres pueden ser tremendamente crueles, y es por eso que pueden vivir una pasión que hace temblar y estremecerse al hombre, pero que aún así todavía no puede ser sondeada en la tierra por la ciencia.
Pero nosotros, en esta vida, conocemos el cuerpo de la madre y su alma, que vive temporalmente en esta conciencia primigenia.
Conocemos la pasión y los grados para la madre, porque la hemos habitado y fue entonces cuando atrajimos esas leyes.
Ahora vemos a través de la madre y conocemos todos sus pensamientos, de los que ella misma aún no tiene ni idea.
La pasión que una madre puede vivir es imponente, porque mientras vive esa pasión también puede volver a despertar el instinto animal.
Cuando una madre hace el mal, este tiene lugar al pleno cien por cien.
En esto no admite división.
Esta vida tiene que aceptar ahora lo orgánico y experimenta las leyes inconscientes en el propio grado de vida.
Esta vida y todos los fenómenos correspondientes son tan profundos que si quisieras obtener una idea clara de ellos, tendrías que entrar en la cosmología.
Cuando la madre vive el mal hay que estar alerta, porque sus sentimientos son de una profundidad insondable.
El cuerpo maternal puede despertar de una sacudida todos los instintos, de los que la propia madre no comprende sin embargo nada durante la vida material.
En esto aún tenemos que conocernos, tanto durante el ser hombre como durante el ser mujer, pero la maternidad predomina en todos los grados de vida.
Algún día estas madres irán a pique y sucumbirán en la vida material.
Entre ellas hay madres de niños y madres que quitaron la vida a sus hijos.
Todas y cada una de ellas están bajo influencia astral.
El cuerpo maternal es para el espíritu astral una poderosa posesión y forma la conexión con todos los grados para la pasión.
Así es como el monstruo astral obtiene la posibilidad de vivir todas esas bajezas.
Lo que el hombre no posee lo tiene la madre, porque su cuerpo conecta ambos mundos.
Porque ¡por la maternidad el alma regresa a la tierra y recibe un nuevo cuerpo!
Ahora se animaliza esa sagrada posesión, porque todos se van a pique por sus pasiones, y son dementes conscientes.
Estas madres se viven ellas mismas, porque están abiertas a esta miseria.
No les hace falta decir “no lo quise”, porque quien no quiere es inalcanzable.
Todas estas mujeres carecen de pensamientos conscientes espirituales.
Todavía tienen que despertar para la vida más elevada.
Unas se matan a ellas mismas; otras, en cambio, violan la vida que hay en ellas.
No se echan atrás ante un asesinato material y espiritual.
Experimentan cosas y a ello las incita el espíritu astral, que ahora acelera su demencia.
Todas atraen aquello que quieren poseer en su interior.
Mientras haya un solo pensamiento sintonizado con alma habrá atracción.
Si el ser humano busca la vida animal, entonces puede estar seguro de que le llegará el animal astral.
El ser humano recibió de Dios el control sobre su propia vida y pudo hacer con ella lo que le placiera.
Pero nuestra es la responsabilidad de permanecer en armonía con las leyes divinas.
Tenemos que asimilar todas esas leyes.
Pero estas criaturas buscaron el mal.
Abrieron su morada material y espiritual a lo animal.
Ahora viven las penas de Satanás y se encuentran entre sus terribles garras.
Una vez que la vida terrenal tenga contacto con el mundo astral, tardará en liberarse.
Estas madres están encerradas, otras siguen y están en libertad; siguen formando parte de la sociedad.
Nadie las detiene.
Quien sea conscientemente demente puede ir allá a donde quiera, pero tiene más peligro que quien pertenece a los grados femeninos.
Estas madres atrajeron un alma y después arrojaron esta joven vida de vuelta al espacio.
Algunas dan a luz a un niño y experimentan este poderoso suceso, pero aún así no despertarán por ello.
Más adelante, después de esta vida quizá la personalidad llegue a ese punto, pero entonces la vida podría encontrarse en otro estado, quizá en la vestidura masculina.
¿Quién se reconocerá entonces todavía?
¿Es esta profundidad insondable en la tierra?
Los fenómenos son capaces de hablar.
Quien quiera ver y oír despertará, porque ¡las leyes cósmicas hablan un idioma propio y representan las leyes de Dios!
¿Por qué te aclaro estos grados, André?
¡Para que sepas cómo despierta el ser humano!
Algún día dejarán de vivir esta vida y seguirán la existencia más elevada.
Cualquiera llegará a ese punto.
Pero la conciencia material se puede armar por medio de nosotros, que hemos vivido todo esto.
Ahora bien, es posible tomar como referencia el dolor de otros, y lo experimentado entonces no los conduce a las tinieblas, sino a la luz.
Hombres y mujeres se arruinan, se desfogan y pertenecen a todos los grados posibles de la demencia.
En la medida en que se comprenden a ellos mismos controlan la protección, pero hay millones que todavía tienen que empezar con eso, y es el tipo de gente con que nos encontramos en la sociedad.
Pobres y ricos, eruditos e iletrados.
Reyes y emperadores, príncipes y princesas, todos se desfogan y asesinan el yo mejor.
¡Eso Dios jamás lo quiso!
Hemos llegado a conocer la maldición de sus vidas.
Las tinieblas están llenas de eso y aquella irradiación se hace más densa a cada segundo, por cada acto provocado por la pasión.
Todas estas mujeres, André, han violado el yo mejor que hay en ellas.
Eso a Dios no le puede parecer bien, porque toda esta belleza es de Él.
Si el ser humano se rebela, si viola las leyes corporales y espirituales, a eso le sigue irrevocablemente el derrumbe de la personalidad.
¡Ahora se tiene que demostrar lo que quiere la personalidad!
Si el ser humano busca el mal, si quiere vivir las pasiones, el mundo astral estará dispuesto y se le acercará.
Esto no hay espíritu que lo pueda detener, ni siquiera Dios, porque ¡Dios dio al ser humano una voluntad propia!
Aun así eso no se comprende.
Nadie conoce las leyes de la demencia consciente que nos flagela conscientemente durante nuestra vida en la tierra.
Es en ese estado en el que hay que conseguir reunir los últimos restos del respeto por uno mismo.
Si también este se ha consumido por completo, ya no se puede hacer nada.
Entonces habrán desaparecido todos los obstáculos que anteriormente nos paraban espiritualmente los pies.
Si la madre desciende en esta demencia, arrastrará con ella todo lo que encuentre por su camino.
Le es ajeno cualquier tipo de compasión.
Absorbe la vida a tragos llenos, e incitada por el demonio que se ha apoderado de ella vive todos los excesos de la pasión; después se derrumba, corporal y espiritualmente extenuada.
Pero gracias al renacer, en una vida próxima volverá a disponer de un cuerpo material que la ayudará a seguir evolucionando.
Unos mangan y roban por medio del tenebroso mundo astral; otros, en cambio, asesinan; pero la masa busca la pasión física.
Toda esa gente sintoniza el mal y vive los grados apasionados inferiores por medio de los cuales surgieron con los infiernos.
Estos tienen que ser vencidos y entonces también se disolverán los grados dementes.
En esta sección encuentras, pues, personas que despertarán pronto, porque no están entre las más infelices.
Aquellas que se han podido ocultar hasta el momento son las más peligrosas entre la humanidad, y encima son honradas por las de su propia especie.
Tienen el pecho cubierto de signos de distinción y les pesa como plomo el metal noble que otros inconscientes les han prendido en la pechera.
Cristo descendió en ese mundo para despertar a todas esas criaturas de una sacudida.
Ahora seguimos su ejemplo y a eso entregamos nuestra vida, para que también acabe esta miseria, porque ¡el Dios de todo lo que vive vela por todos Sus hijos!
¿Qué más he de contarte sobre ellos, André?
Estos dementes conscientes se sintonizan con la demencia enfermiza.
Si llegan a descender unos grados más, entrarán en el otro manicomio en el que acabamos de estar.
Cuanto más sensible sea el ser humano, más hondamente se vive la pasión.
Así es como van pasando estas vidas, después de lo cual entran en lo espiritual.
De este lado son inconscientes y prosiguen esta existencia animal.
Otros entran en el mundo de lo inconsciente.
Allí espera el alma para poder volver a nacer.
El alma estuvo en esta vida terrenal ante el cuerpo femenino, maternal.
¿Volverá a recibir el cuerpo maternal?
Ahora se manifiestan otras leyes a las que tiene que obedecer el alma.
Una vez completada la vida en el cuerpo maternal, desciende en la vestidura masculina y experimenta los fenómenos para la homosexualidad.
—Hace un momento ya le quise preguntar, Alcar, ¿por qué la mujer se puede sentir atraída por la mujer y el hombre por el hombre?
—La personalidad, André, que vivía en el cuerpo maternal y que ahora posee el organismo creador sigue queriendo recibir, todavía.
Porque la madre no puede más que recibir, ¿no es así?
Pues bien, el alma como personalidad no ha cambiado en nada.
¿Qué desea esta vida?
El hombre normal quiere vivir la creación y va en busca de la experiencia natural, pero esta vida no está abierta a esto.
También la mujer busca su propio género y grado de vida, que sienta igual que los que tenga ella y su sintonización.
Eso es exactamente lo mismo para el hombre.
Pero todos viven un estado repugnante, del que tienen que liberarse.
Aun así, el acontecer, o sea, el sentimiento de estas vidas, es muy natural.
No son antinaturales en nada, porque así se sienten.
Eso no es posible cambiarlo.
Pero cuando se viven las siguientes vidas, la personalidad regresa a lo normal, a lo natural, y solo entonces está al servicio de la creación de Dios.
¡Ese es el proceso evolutivo!
Así es como el ser humano puede despertar y elevarse.
Dios vuelve a tener preparado, una y otra vez, un nuevo cuerpo.
Pero debido a la creación consciente como madre, el alma también accede a la vestidura masculina.
La creación maternal la conduce, por tanto, al organismo masculino.
Así que tiene que quedarte claro para qué se está en la tierra.
Ahora estamos ante la reencarnación, y tenemos que aceptar este renacer, de lo contrario estaríamos detenidos en este desarrollo material y espiritual.
Ya te dije muchas veces: en una sola vida apenas podemos conseguir nada.
En ella no se puede vivir la infinitud de Dios.
Hacen falta millones de vidas.
Ven, vamos a seguir.
André estaba sumido en pensamientos.
Qué grandiosa era la vida, y al final, ¿qué provecho sacaban todas esas personas de ella?
¡Ninguno!
Aun así, la vida podía proseguir.
Ahora conocía esos grados.
Su maestro le había dado una enorme sabiduría.
Pero ¿quién en la tierra ama verdaderamente?
¿Quién puede decir: entrego mi vida para alcanzar un grado espiritual?
Casi nadie, porque millones de personas no entienden lo que significan los grados espirituales.
¿Quién tiene conciencia de todos estos millones de leyes?
¿Quién puede decir: lo he conseguido?
Así puede seguir con sus preguntas, porque de todas formas no se le agotan nunca.
Antes, Dios era incomprensible para él; ahora lo llegó a conocer.
El ser humano se hizo rico y por su riqueza se encaminó hacia su propia desgracia.
Quienes vivían como pobres eran los espiritualmente ricos.
El ser humano aún era ignorante acerca de su significado cósmico.
Se amaba lo temporal, lo terrenal, pero de esta forma el ser humano se deshacía él mismo, perdía su significado eterno y se arruinaba espiritual y corporalmente.
Qué poderoso era el amor, ¿no? Y ¿qué se sentía de él?
Este era profundo, poderoso y real.
La vida después de la muerte triunfará de todas formas y al final Cristo aguarda la vida de Dios.
Alcar no dejaba de avanzar.
¿A dónde lo llevaría ahora su maestro?
¿Iría a vivir otras personas dementes?
¿Había en este espacio otros grados, aún más terribles, de los que aún no sabía nada?
Esos también los quería llegar a conocer, y se abriría a ellos.
Su maestro siguió planeando, siempre más lejos.
En la tierra, en su vestidura material, no era posible planear, pero en esta vida había posibilidades sin límite.
Todas esas posibilidades estaban presentes en el ser humano, pero había que desarrollarlas.
La fuerza que llevaba esto a cabo era la voluntad del ser humano.
Si esta gran fuerza no estaba presente en la personalidad, entonces el ser humano tendría que despertar a ello, y eso solo era posible queriendo servir.
Ahora comprendía la voluntad propia.
Había llegado a conocer la voluntad humana por medio de estas leyes.
El ser humano podía hacer lo que quisiera.
‘Qué extraño’, pensó, ‘que tanta gente en la tierra no quisiera sentir esto, y que aun así viviera las mismas leyes para el cuerpo y alma’.
En un solo siglo no se podía conseguir mucho, pero en miles de siglos se conseguía lo que quería la propia vida, es decir: volver a Dios.
Alcar había llegado a ese punto.
André haría lo que pudiera, porque después de la vida terrenal quería poseer luz.
Alcar lo miró y dijo:
—Meditando, André, te quedará claro todo.
—Sí, Alcar, lo he comprendido.
Ahora leo en mi propia vida.
Ahora sé lo que me espera y lo que quiero.
—Así tiene que ser, hijo mío, solo entonces avanzarás.
Entraremos aquí.
Ven, sígueme.
—¿Dónde estamos ahora, Alcar?
—En el entorno de un autócrata.
Se encuentra en el grado más elevado de la posesión material y del poder, pero más adelante eso lo hará sucumbir.
Recorrieron muchos pasillos y después entraron en una gran sala.
André podía percibir con claridad.
Delante de él había un ser humano rodeado por otros.
—Aquel de allí, André, ha alcanzado esta altura.
Gobierna a millones de personas.
Mi intención es dejarte claro que también él es un demente consciente, pero que de todas formas no lo aceptará, porque este hombre busca el mal.
Más adelante destruirá su propio pueblo.
Ahora cree que está esforzándose al máximo, pero todo esto se está haciendo por interés propio.
Mira a su alrededor y percibirás que también él está en conexión con el mundo astral.
Los demonios del infierno se desfogan por medio de él.
No por medio de la pasión corporal, sino ahora por la espiritual.
Satanás quiere perjudicar por medio de él a un pueblo de millones de personas.
Y ese gran pueblo no lo ve, no lo siente.
Lo honran y lo llevan en palmitas.
Pero vemos que esto de llevarlo en palmitas solo lo hacen los de su propio género, el resto de esta masa lo maldice.
Ninguno de los pensamientos que emite quedará sin respuesta.
Actuará por medio de estos diablos, y sin embargo pensará que en todo será él mismo.
Pero sobre su vida y conciencia pesa una maldición.
André empezó a percibir y se asustó mucho.
Vio centenares de seres astrales.
¿Junto a un solo ser humano?
¿Estaban todos al servicio del mal o había entre ellos también quienes buscaban el bien?
¿Qué era bueno y qué formaba parte de los follones animales, a la conciencia dispuesta a todo?
‘Dios mío’, pensó, ‘cuanto más poder tiene el hombre, más profunda es su caída’.
Este hombre vivía en una esfera de impudicia, pasión y violencia.
Su estado era diabólico.
—Nosotros sabemos quién es, André.
También sabemos lo que quiere.
Su pasado está abierto para nuestro mundo, pero la humanidad aún lo vivirá.
Para la humanidad sus posesiones son imponentes y su voluntad, insondable, pero para el otro lado es más pobre que una rata, porque es un demente consciente.
Habla de cosas grandes que quiere llevar a cabo, pero actúa conforme a sus propios sentimientos y pensamientos.
Junto a sus consejeros gobierna a millones de personas y los obliga a hacer lo que él quiere.
Cree estar haciendo el bien, pero lo destruye y lo hace sin perdón.
A esta gente no se la envía a la tierra para gobernar, sino que su llegada guarda relación con una ley y tiene un significado más profundo, cósmico.
Por su pasado surgieron determinados rasgos de carácter; pero no es la voluntad de Dios que use estas fuerzas, sino que él hace lo que le viene en gana.
Quiere servir el bien, pero representa el mal.
Todavía es consciente de su buena voluntad, pero no conoce su vida y eso es lo que lo hace ir a pique.
Todos esos millones de personas se encuentran en manos de un demente.
Todavía es posible esto, porque en la tierra no hay armonía.
Mientras el mal se siga manteniendo en la tierra habrá gente así que se podrá desfogar.
Unos pocos viven estas leyes para ellos mismos; este autócrata y otros arrastran a millones con ellos hacia la miseria material y espiritual.
Ahora ya permite que miles de personas sean destruidas.
Tiene una conciencia animal, al igual que todos los que lo siguen.
Todas esas personas son dementes conscientes; quien no acepte el signo del liderazgo suyo es abatido sin perdón.
Lo que tiene para aportar, ¿es para el bien?
¿Despertará la humanidad por medio de él o sus congéneres?
Este grado autoconsciente es el grado de demencia más peligroso de todos, porque a esta gente se la toma por consciente, aunque son diablos.
Este es el grado más profundo y el más peligroso, pero volvemos a verlos en todas las capas de la sociedad; todas esas vidas de ese grado viven el ocaso.
La tierra está llena de estos enfermos que no poseen amor.
Destruyen y en cambio piensan que están construyendo.
Obligan a otros a derramar un horrible sufrimiento por encima de sus prójimos.
La sociedad entera está en manos de dementes, seres animalizados conscientes, inhumanos, que rompen corazones.
Se hicieron con ese poder por medio de la masa, pero ¿qué hicieron por esos millones de personas?
Los buenos luchan hasta el último suspiro contra toda esta podredumbre, pero todavía no son capaces de alcanzar nada, porque la humanidad entera aún tiene que despertar a esta concienciación más elevada.
Pero la madre tierra continúa y luego la humanidad verá en quién ha depositado su plena confianza.
Bajo su mando hay otros, y a medida que vamos bajando, también vivimos los demás grados para la demencia consciente.
Así que el rango más elevado lo representan los autócratas del mal; después siguen sus ayudantes y finalmente accedemos a los rangos más bajos de la sociedad.
Entonces hemos conocido a millones de personas.
Todas esas vidas están materialmente poseídas y espiritualmente empobrecidas.
No tienen fe en Dios ni amor por el prójimo.
Aquí solo se aspira a una sola meta.
Piensan por el pueblo, y este tiene que consentir ahora que lo manden al infierno.
Los autócratas tienen ese poder en sus manos, pero esa no es la intención de Dios.
—Pero ¿por qué recibieron entonces ese poder, Alcar?
—Pues, eso ya debería haberte quedado claro, André.
Debido a que la masa predominante es conscientemente demente, a que da su voz a estos tipos, termina en esas manos por su inconsciencia.
Solo más tarde entiende que se ha equivocado de medio a medio.
En esta mentalidad encontramos siete grados de locos y enfermos.
Personas que son tanto espiritual como físicamente una ruina, y otros que aun siendo sanos como sardinas, superan espiritualmente con creces esa desintegración material.
De todas formas, eso no se siente, porque sus vidas no están abiertas al bien.
Todas esas personas son sordas y ciegas.
Estos tipos viven, por tanto, el mal más profundo y representan para el espacio la vida anormal, una conciencia que iguala la personalidad con la de un diablo.
Claro, hay gobernantes que pueden servir a su propio pueblo, pero ni uno de ellos posee la sintonización espiritual.
Ni una sola de todas estas personas representa el Gólgota ni sigue a Cristo y Su sagrado evangelio, porque todos se mofan del sagrado “Yo” de Dios.
A sus seguidores prometen el oro y el moro, pero nada de todo eso sale adelante, porque no se conocen a ellos mismos.
Ni uno de ellos se eleva por encima de lo cotidiano.
Se mueven por la tierra igual que cerdos, y violan el mayor bien del ser humano: ¡el amor!
Los animales no pueden vivir como lo hacen estos seres humanos, porque ¡todo lo que sale de sus manos supone demolición!
Y esos tipos gobiernan sobre millones de espíritu, sobre hijos de Dios y dicen que se avecina el paraíso.
Este loco cuenta ahora que Dios mismo le habla.
Ahora nos da asco esa estúpida palabrería suya y sabemos que están poseídos por diablos.
Pero todo es charlatanería, y todo su entorno tenebroso tiene el olor hediondo de esta peste.
Aun así, sus seguidores piensan que es algo sagrado.
Pueden hablar en tono beatífico, estos representantes de la peste.
Sus horribles cantinelas son mortíferas y las palabras que cruzan sus labios son horrorosas.
Este tipo de gente reparte signos de distinción y estrangula a la masa.
¿No siente la humanidad que estos dementes conscientes son sanguijuelas?
¿Pueden seguir consintiendo estos pueblos que sus hijos sean masacrados conscientemente?
¿Es esa la meta de la vida en la tierra?
¡Eso no lo quiso Dios!
Y aun así —míralo tú mismo— ¡cómo se honra a estos monstruos animalescos!
Todo lo que pasa por sus manos se pudrirá.
Quien entre en esta aura desprenderá un aire apestoso, lo cual fue el deseo del propio género.
Pero eso hará morir al hijo consciente de Dios, o lo dejará deformado para el resto de su vida, así de putrefacta es la maldad de esa aura viviente.
Mientras tanto, la tierra da sus vueltecitas y se queda viendo cómo esos dementes llevan a cabo su tarea.
¡Sinvergüenzas! ¡Ya está bien!
No nos oyen; su conciencia cegada no conoce más que una sola meta: acabar con cualquiera que no quiera obedecer.
Ay, ser humano, ¡despierta, por favor!
No sigas fiándote de este ser humano, porque te asesinará.
Primero te acariciará el corazón y entonces descenderá conscientemente en tu vida para destruirlo.
Será cuando tu mujer e hijo serán enviados a la hoguera, conscientemente.
¿Es necesario eso?
¿Son estos sus (vuestros) gobernantes?
¿Tiene que ser vendida y despilfarrada la posesión de la tierra?
Pero, mira, André, lo nauseabunda que es su irradiación vital.
Mira, por favor, le tiemblan las manos de lujuria.
Y ¿esa cosa quiere ser ella misma?
¿No es su estado fatídico para todos los seres humanos?
Aun así, recibió el poder y la fuerza de Dios para hacer el bien y bendecir la vida humana.
Sin embargo, los asesinatos son cometidos uno tras otro.
¿Quién lo conoce a él y a los demás?
Todo es bajo y terriblemente fatal para esta existencia, porque con él sucumbirán millones de personas.
Dios no permitirá esto jamás; de este lado se llegarán a conocer a ellos mismos.
¿Comprendes lo que el ser humano desea y lo que anhelan millones de personas?
¿Sientes, André, lo sencillo que es todo en realidad ahora que vemos ante nosotros los grados humanos?
La sociedad está dividida en grados de vida que nuestro mundo puede constatar, porque en nuestra vida hemos de aceptar la clara separación.
Son los infiernos y los cielos en este lado.
Enseguida abandonaremos la tierra y entonces llegarás a conocer esta sintonización.
Pero está claro que cuanto más descendamos en la sociedad, menor se hace el mal, porque esto es lo peor que el ser humano puede alcanzar en la tierra, y solo puede presentarse en las capas más altas de la sociedad.
Sin embargo, todos quienes viven para la violencia y destruyen conscientemente la criatura de Dios, son conscientemente dementes.
Cuando los gobernantes derraman el dolor y la pena sobre el propio pueblo, estas vidas se maldicen, y de este lado encontrarán su propia sintonización.
¡Es imposible eludirla!
Toda esa gente aún tiene que despertar a lo normal.
Podré explicarte estas leyes en las tinieblas y en las esferas de luz, también en el límite de lo normal y lo anormal.
¡Quien busque a Dios y actúe con amor recibirá Su bendición!
Ese grado está sintonizado con las esferas de luz.
Estos grados pueden analizarse, y pueden escribirse libros enteros al respecto, pero eso vendrá más tarde.
Solo entonces será posible comprender estos grados humanos.
Pero para nosotros se trata ahora de estos locos dementes.
Su esfera es tan tenebrosa como no puede serlo la noche en la tierra.
Son los infiernos que representan sus tinieblas astrales.
Cualquier acto conscientemente erróneo los conduce a los demonios del infierno.
—Cuando de este lado despierta un demente inconsciente, Alcar, ¿cómo es entonces su estado?
¿Se disuelve esa enfermedad por sí sola?
—Sí, André, la sintonización vital los despertará.
Cuando la personalidad accede a esta vida, cuando alcanza el lugar de destino en estado inconsciente, el despertar llega por sí solo.
El espíritu protector irá a recoger a esta vida, lo que para muchos es, sin embargo, imposible.
Conoces estas leyes, y también rigen para el demente consciente.
—¿También es posible ir a buscar esas vidas, Alcar?
—No, André, los atrae su mundo tenebroso.
Para eso esta gente no necesita ayuda, porque aquello a lo que pertenecen predomina ahora su vida y conciencia.
Esas leyes y fuerzas no se pueden vencer.
Si esta vida está sintonizada con las esferas tenebrosas, entra de inmediato en aquella sintonización, donde despertará y donde tendrá que aceptar el infierno y el diablo.
Todos serán vaciados, porque las tinieblas están llenas de estas hienas humanas que destruyen la vida de Dios.
Al entrar, el alma está dormida como personalidad, pero la fuerza de atracción del propio género es enorme.
Para muchos el sueño después de morir dura a veces años.
Otros, en cambio, no tardan en hacerse conscientes y entonces toman posesión de su propio infierno.
Es cuando de este lado empieza la vida en sí.
Sin embargo, hay millones de almas que se disuelven en el mundo de lo inconsciente y que regresan a la tierra para empezar una nueva vida.