Frederik, soy Rachi-Hadju

Cuando la tarde siguiente nos juntamos en la habitación de René y observamos el esbozo que hizo de Elsje a partir de una foto, nos parece un milagro; un poco después viví otro milagro que me llegó como un regalo del cielo, sin que René supiera nada, aunque sucediera por medio de su vida.
Una trompeta celestial resonó junto a mis oídos, diciéndome:
—Levantaos, muertos, vivirán (viviréis).
Dios os llama a todos junto a Su trono.
No hay muerte, ¡da igual lo que de ella digan otros!
Ocurrió tan inesperadamente, tan por sí solo, como no me había atrevido a esperar.
René está en marcha...
Contemplo sus simbolismos.
Hoy no tuvo que ir a Ámsterdam.
Un poco antes estábamos hablando del nuevo coche del doctor Lent, de las bicis de los chicos y de muchas otras cosas que juntos habíamos arreglado en estos años.
Entonces dijo:
—Frederik, voy a hacer un boceto de Elsje.
Todavía no intentaré hacer el original, eso ya vendrá.
Quiero convertirlo en algo bueno, en algo hermoso, que le haga feliz a Hans para el resto de su vida.
Solo estoy intentándolo todavía, ¿comprendes?
—Adelante, si tengo que irme, ya me lo dirás.
—No, no me molestas, Frederik.
Él dibuja, yo observo.
Pasa una hora.
Lo observo.
Me pongo a sintonizarme conscientemente con su vida y veo cómo poco a poco la mano pierde firmeza.
René lo deja de lado, mira el pequeño esbozo, quiere decir algo todavía, pero no puede.
Se echa encima de la cama.
Cierro la puerta.
Lo oigo respirar profundamente; para el ser humano se ha desvanecido, está inconsciente.
Qué bien que Anna y Erica no estén en casa.
Me pregunto qué debo hacer.
¡Ya lo sé!
Lo obligo a dormir.
Es el sueño de cuando era joven.
Entonces podía dormirse de repente y sumergirse profundamente.
Creo que en esto no ha habido cambios.
Abro los párpados... estupendo.
Uno juraría que esto es sueño epiléptico, una dolencia, pero no es cierto.
René está dormido, pero también, despierto.
Le pido..., le exijo ahora, lo obligo a escuchar:
—¿Me oye usted?
¿Me oye?
¿Oye que le estoy hablando?
Los labios quieren moverse.
Continúo:
—¿Me oye?
No se inquiete, conserve la tranquilidad, porque estoy yo..., tengo que hacerle unas preguntas.
¿Me oye?
Llega esto:

—Lo oigo.
—¿Le resulta fácil hablar?
—Pero ¿es que no me entiende?
—Lo entiendo; ¿puedo hacerle unas preguntas?
—Estoy preparado.
—¿Quién es usted?
—Soy..., soy Rachi-Hadju, Frederik.
—¿Me conoce usted?
—Lo conozco.
—¿Tengo mucho tiempo?
—No..., ¡le doy unos minutos!
Agarro papel y lápiz...
—¿Está preparado?
—¡Pregúnteme...!
Mi primera pregunta fue:

—¿Hay una vida después de la muerte?
—¡Sí!
Después sigue la aclaración.
Responderé con “sí” o “no”, así que no se adentre en las leyes.
—¿Está seguro de esta conciencia?
—¡Sí...!
—¿Habla usted al margen de esta conciencia?
—Sí..., no diga mi nombre, eso solo me supondría una interferencia.
—¡Le comprendo!
¿Hay vida eterna?
—¡Sí!
—¿Hay infiernos con llamas?
—¡No!
—¿Hay un Dios de amor?
—¡Sí!
—¿Que puede considerarse un Padre y una Madre?
—¡Sí!
—Los seres humanos ¿estuvimos antes en este mundo?
—¡Sí...!
—Y ¿dónde fue ese primer nacimiento?
—¡En la luna!
—¿Qué dice usted?
—En la luna.
—¿Quiere decir eso que hemos vivido allí?
—¡Sí...!
—¿También en otros planetas?
—Sí.
—El alma ¿es una personalidad después de esta vida?
—¡Es el Espíritu!
—¿Y el alma?
—Es la sintonización divina.
—¿Recibiré más tarde las explicaciones pertinentes?
—¡Sí!
—Cuando el alma nace dentro de la madre, ¿ya es entonces una personalidad?
—¡Sí!
—¿Así que ya puede influenciar la madre durante el embarazo?
—¡Sí!
—¿Tal como experimentó esta vida?
—¡Sí!
—¿Conoce usted mis pensamientos?
—¡Sí!
—La mujer con su barba..., ¿era cierto eso?
—Es posible, ¡sí!
—¿Soy ahora uno con su subconsciente?
—¡Sí!
—¿Me habla desde allí?
—Sí..., ¡recibirá la explicación correspondiente!
—¿Cuándo ya no regresaremos aquí?
—Cuando haya vivido sus leyes.
—¿Está usted en un sueño hipnótico?
—Sí..., el sueño psíquico, que está libre de todo lo material...
—¿Cómo podré controlar esto?
—¿No le dije mi nombre?
—¿Quiere decir Rachi-Hadju?
—¿Se había esperado otra cosa?
—¿Vive usted por medio de mí?
—¡Por medio de usted!
—¿Puede alejarse usted de su propia vida?
—¡Luego!
—¿Comprendo bien que esto ocurrirá allí?
—¡Exactamente!
—Los mundos que viví... ¿Conoce usted bu...?
—¡Sí!
—¿Fueron experiencias conscientes?
¿Tiene valor todo eso?
—Es preparación, transferencia espiritual.
¡Éramos uno!
—¿Cómo regresa el alma a la tierra?
¿Vuelve a sumergirse hasta en el estadio embrionario?
¿Llegaré a ver esas leyes?
—¡Sí!
—¿Estaba usted loco todos esos años?
—No, ¡era despertar!
—¿No hay un Juicio Final?
—No, ¡está usted ante el presente!
—¿Es eso?
—¡Sí!
—¿Es posible descender más en este espacio?
—Sí, pero..., pero..., pero..., espere un poco.
—¿Está cansado?
—¡Sí...!
—Entonces pararé.
De momento estoy satisfecho.
Doy gracias a Dios por su benevolencia.
¿Qué me ordena que haga?
—Vaya ahora, ¡allí lo están esperando!
No hable de esto.
Solo después continuará avanzando.
Lo saludo, me voy, pero estaré cerca de usted.
—¿Son genuinos mis sueños?
—¿No vio usted las señales?
—Las vi, pero no soy más que un ser humano, ¿no?
—Yo también, pero ¡hemos conectado Oriente con Occidente...!
¡Me voy!
O ¿hay algo más?
—No, ya no tengo nada...
¡Gracias!
Miro a los ojos de René, es como si estuvieran rotos.
Es sorprendente...
Penetro su ser como un taladro, siento cómo voy llegando a él hasta ser uno con él.
Así es como lo arrastro hasta la superficie de esta vida.
Está despierto y abre los ojos.
—¿Acabo de estar durmiendo, tío Frederik?
—Qué gloria, ¿verdad, René? Eso le sienta bien a cualquiera.

Veo que está hecho un niño.
Eso de “tío” no lo había oído en mucho tiempo.
Tiene los ojos radiantes.
Dice:
—¿Es el esbozo de Elsje?
Me entró mucho cansancio, ay, qué cansado me sentía.
¿Se parece, Frederik?
—Se parece, pero puede estar mejor.
—Eso yo también lo veo, Frederik, es demasiado hermosa como para arruinarla.
No digas esas cosas.
Esperaré un poco, pero estoy seguro de que surgirá.
Así es René, es crítico consigo mismo.
Es algo bueno, es espacio para su carácter.
Dice:
—Voy a dar un paseo, Frederik, hasta luego, quizá incluso te vea allí.
Ya se fue, me he quedado solo, con el cuaderno de bitácora en las manos.
Llega esto:
—Los primeros tonos celestiales; son sonidos puros los que se me concedieron escuchar.
¡Fue Dios quien me habló!
Es un consuelo celestial, es bienestar celestial.
¡Amor y felicidad! ¡Saber!
Imagínate: ¡No hay muerte!
Y lo creo.
Aunque todavía no tenga una explicación para todo, esto son fundamentos para continuar.
Me ha llegado ahora aquello para lo que hemos sufrido y luchado.
Aún no alcanzo a comprenderlo con mi razón humana, pero Sjah Oteb ya sabe qué hacer con ello, Mohamed también.
Sultán mío, le llevo esta vida.
Pero nosotros, aquí en el pragmático Occidente, tenemos un gran milagro.
¡Un “Alado”!
Esta vida volará allá a donde quiera.
El maestro ha nacido.
Pasaron las primeras palabras por sus labios.
Esa seguridad la controlo.
Hoy todavía no hay más.
¡Lo que siento con seguridad es que tengo que ir a Oriente!
¡Con él solo!
¡Adoptaré los preparativos sobrenaturales!
¡Eso es lo que haré!”.
Yo también voy afuera.
Las mujeres regresaron y habían hecho la compra.
A él lo veo en el bosque, allí está y mira un árbol que ha despertado su interés.
—Oye, Frederik, mira lo hermoso que es este árbol.
¿No son milagros?
Vincent van Gogh quiso pintar el alma de esta vida.
Cuando casi lo consiguió se disparó un balazo en la cabeza.
¡Pobre hombre! ¡Sé lo que querías!
Ahora tienes que intentar alcanzar eso, Frederik, y sin embargo seguir valiéndote por ti mismo.
No digo que me vaya convertir en un Van Gogh, mejor me excuso.
¿No es así?
Los antiguos maestros pudieron hacerlo.
El arte contemporáneo nos conduce al expresionismo.
No quiero ponerme con eso, yo busco por otro lado, lo mío es el término medio.
¿No te parece también que tiene que ser así?
Creo que alcanzaré esa altura después de cumplir los cuarenta.
Antes no, porque yo mismo tengo que despertar a ello.
Entiendo mucho de arte, casi veo su anverso, Frederik, aunque nunca me oigas hablar de eso.
¡Pienso mucho!
Pero ahora otra cosa, Frederik.
Quería saber si tienen (tenéis) quejas sobre mí.
¿Soy ahora como te gustaría que fuera?
¿Hago cosas equivocadas?
Dímelo sinceramente, Frederik, me ayudará.
¿Tengo errores de carácter?
¿Ves cosas desconsideradas en mí?
¿Están contentos papá y mamá?
Quiero trabajar en mí mismo para que se me conceda crear, ¡de lo contrario no llegaré!
Y ahora algo diferente.
¿Sabes tú, Frederik, quién es Marja?
Vuelvo a oír ese nombre una y otra vez, pero ¿en mí?
Y es que ¿dónde he oído ese nombre?
¿No lo sabes tú?
Marja...
Suena tan distante, pero aun así tan cerca de mi vida.
Dije:

—Todos estamos contentos, vas bien.
Es imposible que te esfuerces más.
Pero no conozco a esa Marja.
—Creo que en alguna parte leí sobre ese nombre, quizá fue en Italia.
Entonces ahogaré esos pensamientos, ese nombre no hará más que interferir.
Oigo decir a alguien que está Marja, pero no quiero saber nada de esa Marja.
Mi alma me habla, tal como lo vivió mamá, Frederik.
Es como si yo fuera muy mayor.
Veo las cosas de otra manera.
No soy un niño, no soy un chico de esta edad, Frederik, soy viejo.
Y esa vejez habla a mi vida.
Lo veo en todo, ¿ustedes también?
—Estamos a la espera, René.
Entrégate enteramente a tu arte y todos iremos por un solo camino.
Haremos lo que podamos para hacerte la vida lo más llevadera posible.
—Entonces está bien y tendré que eliminarlo de mí mismo.
Pero ¿puedes hablar con la vida, Frederik?
Yo me oigo hablar continuamente a la vida.
Ese árbol de allí dice “Me tienes que ver así, solo entonces podrás pintar mi vida”.
Una flor lo dice de otra forma, a su vez.
Pero todo lo que vive tiene algo que decir.
¿Sientes eso, Frederik?
Creo que nos vamos a comprender bien.
Voy comprendiendo lo que quiero hacer.
Mis amigos aún no son capaces de decir eso.
A veces tengo que reírme de su parloteo y por eso tampoco los quiero.
Es vacío.
Elsje lo tiene todo.
¿No te parece extraordinaria, Frederik?
Qué voz, ¿verdad?
¿Intuiste su poemita?
¿Lo comprendiste?
Me habría gustado añadir:
“Si miro al azul aquí arriba, te veo a ti
Ahora me entra melancolía al corazón, ¿sabes?
Ahora se cierran los cálices, ¿viste?
Yo también, pero ¡ahí estoy!”.
Y después:
“Luego despertaré, ¡tú también!
No desaparezcas entonces y ¡quédate para mí!
Vivo en una tumba, pero ¿los ves plantados allí...? ¿Lo sabes?”.
Escucha, Frederik...
“Tief wie das Wasser (Profundo como el agua)
Seelisch verbunden (Con las almas unidas)
Ich warte ...! (¡Estoy esperando...!”).
Y luego oigo:
“Wohin wir gehn (A donde vamos)
Da bin ich (Allí estoy yo)
Will ich bleiben ... (Quiero quedarme...)
Kommst du auch? (¿Vienes tú también?”).
No te pareceré ridículo, ¿no, Frederik?
Podría seguir así durante horas.
¿Qué es hacer poemas?
¿Cómo se hace?
Ya lo sé, esto no dice nada, pero las palabras las absorbo, así, sin más.
Se elevan desde el interior de mi vida y luego se van formando ellas mismas.
Así es también pintando y dibujando.
En el fondo no tengo que hacer nada, va por sí solo.
¿Sabes lo que es la inspiración?
¿Qué es la inspiración, Frederik?
¿No lo sabes?
¡Ya lo averiguaré!
Pero eso me tomará algo de tiempo.
Este poema... o, no, no es un poema..., son palabras sueltas, le salen volando sin más a Elsje.
Solo quiero decir que siento esa criatura y que soy capaz de comprender a esa criatura.
Por lo demás no me interesa.
¿Comprendes tú, Frederik, que una chica tan joven y hermosa se entregue a un tipo tan viejo? Porque eso es lo que es Hans, ¿no?
¿No es eso en el fondo una vergüenza?
¿Por qué la vejez no se queda con su propia raza (véase rulof.org/es/no-existen-las-razas)?
¿Por qué no, la juventud con la juventud?
Yo no voy a picar nunca, Frederik.
Por ejemplo: no me acerco nunca a una chica que no sienta nada por el arte.
¿Pensabas que en mí no hay vida?
¿Que no siento?
¿Pensabas que no siente deseo de besar a una chica?
Te digo honestamente, Frederik, que no deseo ese vacío.
Cuando oiga que hables de eso ya no me sacarás nunca ninguna palabra.
Mamá no lo comprende y papá te da una respuesta que se queda corta.
Tú me comprendes, Anna también, ¿por qué no son ustedes (sois vosotros) dos mis padres?
Esto no tiene nada que ver con el amor por mis padres.
Frederik, solo vivimos una vez en la tierra.
¿Tiene el ser humano solo una vez la oportunidad de encontrarse a sí mismo?
Entonces no vale la pena alterarte, no lo conseguirás de todas maneras y no llegarás nunca.
¿Qué opinas, Frederik? ¿Me equivoco?
Te lo pregunto porque es algo sobre lo que medito.
Elsje muy parece muy bella.
No por su figura, que tú llamas un castillo, sino por lo que se refiere al contenido.
¿No pensabas tú de la misma manera cuando tenías mi edad?
No quiero tener que ver nada con esa vida, Frederik.
Créeme; pero soy incapaz de convencerme de que Hans pueda decir: “Esta es mi mujer”.
Es padre sobre esta vida.
¿Es que no es cierto eso?
Tú reflexionas.
Tú eres viejo, Frederik, y aun así joven, tú entiendes a la juventud, y me sientes.
¿Qué opinas?
Ya sé por qué Hans se atrajo a Elsje.
Pero él tenía que haberle dado una vida social.
Ahora Elsje se regala a sí misma.
Y ¿es necesario?
Pero, bueno, todo eso no es asunto mío.
Vi, sentí, Frederik, que tú me seguías, pero ¿sentiste lo que experimenté cuando leyó sus pequeños poemas?
Sentía un dolor bajo mi corazón.
No sé todavía qué me lo produjo.
Me preguntaba por qué me había entrado de pronto miedo.
¿Tú también lo sentiste?
Pero ¿no hemos pasado un día asombrosamente hermoso?
No te dejo hablar, Frederik, porque sé que no puedes responder a esto.
Me acompaña mientras sueña.
Sus labios murmuran:
—Cuando llegue el otoño será el verano en mi corazón
Cuando llegue el invierno será primavera en mi corazón
Si no llegara lo que siento y veo, entonces me rendiré...
Porque Él ve...
Él sabe...
¡Porque Él me conoce!
Y entonces de pronto:

—Penetrar hasta el verdor y la savia de la vida, Frederik, algo que tan bien se les daba al pintor Willem de Zwart (pintor, 1862-1931) y los demás, de verdad que no es tan fácil.
Y allí es a donde quiero ir.
No me abro a nada.
Ahora sabes que para mí es de una sagrada seriedad.
¿Cuándo vamos a ir a Oriente?
¿Les parecería bien a papá y mamá?
Desde esta mañana estoy deseando ver Oriente.
Y tenemos los medios.
Me contaste que podría ir contigo si me esforzaba.
Por eso te pregunté hace un momento si aún veías faltas en mí.
Pero pondré a papá y mamá ante el mismo hecho y entonces ya no podrán escabullirse.
Eso mejor déjalo en mis manos, Frederik.
¿Nos vamos?
—Nos vamos, René.
—¿Nosotros dos, Frederik?
—Nos vamos.
—¿Y entonces ¿podré preguntarte de todo por el camino?
—Eso está hecho, ¿te parece?
—Hombre, qué feliz me haces.
Sabía que podía contar contigo.
Vamos, hablaremos con el corazón en la mano, voy a comentarlo.
¿Quieres saber cómo lo haré?
—Vamos, adelante.
—¿Te parece mal que haya hablado así de Elsje?
—No, porque es la verdad, pero que Hans no se entere.
Se pone delante de mí, me mira a los ojos y dice:

—No creerás, Frederik, que quiero hacerme con Elsje, ¿no?
No estoy interesado en esa criatura, Frederik.
No amo ese ser, aunque sea hermosa, te digo las cosas que pienso, que siento, nada más.
Hemos llegado a casa.
Karel también está.
Pero por lo visto está esperando.
Lo saca ya sentados en la mesa, cuando dice:
—Mamá, quiero preguntarle algo.
—¿Qué ocurre, hijo mío?
—Papá también tiene que escuchar, ¿está bien?
—Venga, adelante con eso —dice Karel.
—Pues, quería saber si están (estáis) contentos conmigo.
—Claro que sí, estás esforzándote.
—Eso es lo que dice Frederik también.
Pero se trata de lo siguiente.
Se me dijo que si me esforzaba, podría ir con Frederik a Oriente.
Les (os) pregunto, papá y mamá, y también a Anna: ¿Les (os) parece bien?
¿Podremos irnos lo antes posible?
Tengo vacaciones en la escuela y puedo irme tres meses, o menos, si están (estáis) de acuerdo.
Madre mía..., qué cosas, ¿verdad, mamá?
—Di tú algo, por favor, Karel —le pide Erica.
—A mí, madre, no me parece mal, y ¿a ti?
—Pero ¿tanto tiempo? ¿No puede ser menos, Frederik?
¿No puedes quitarle un mesecito?
Está bien, nos preparamos para nuestra marcha.
—¿A dónde quieres ir? —pregunta Karel.
—En primer lugar, a las grandes ciudades, Karel.
A París, Londres, después a Egipto, y desde allí a Italia, Budapest, Viena, Berlín.
Cuando volvamos René será otra persona.
No se puede rechazar una excursión por el desierto, las pirámides, Lúxor, las ruinas.
Pero ya veremos, creo que ya me estoy pasando.
—Merece la pena, Frederik.
Pero ¿cuidarás de mi muchacho?
¿Lo traerás igual que es ahora, Frederik?
—¿No lo sabes, Erica?
—Pero, René, ¿cuándo vas a comenzar entonces con el retrato de Elsje?
—Eso lo haré a la vuelta, mamá.
Tiene que ser algo bonito.
Me esforzaré por ello.
René va arriba, y Karel dice:
—Frederik, en tus manos vive mi sangre.
Sabes exactamente hasta dónde puedes ir.
Vete, te acompañará mi bendición.
Sí que creo que esto es bueno para él.
Recorre mundo y te desarrollarás.
¿No es así?
Ojalá pudiera ir yo también.
Quizá habrá una ocasión, entonces iremos todos juntos.
¿O no nos está reservado esto?
Oye, qué persona tan feliz eres en el fondo, Frederik.
¿A qué debes todo esto?
Vale la pena semejante nacimiento.
Otra cosa de esas que a veces me tiene cavilando.
Unos lo tienen todo, otros nada.
Es una injusticia cómo está repartido todo.
Mírame a mí, por ejemplo.
No puedo quejarme, pero si hubiera sabido hace años lo que sé ahora, entonces ¿qué, Frederik?
—Entonces qué, ¿Karel?
—Exacto, entonces ¿qué?
¿Está la vida trazada de antemano?
¿Podemos los seres humanos hacer con nuestras vidas lo que queramos nosotros mismos?
¿No hay numerosos problemas que nos detienen?
En el fondo, ¿qué queremos aquí?
¿Con qué fin vivimos aquí?
¿Qué tendremos que hacer luego?
Creo, Frederik, que a mí me valdría mucho saber si detrás de esta vida hay otra.
Tú estás buscándola, otros también, pero eso ¿qué significa?
Hans y yo somos productos de la naturaleza.
Todo lo vemos de un modo demasiado científico.
Me gusta más tu mundo, pero con lo del dinero..., ¿entiendes?
Hombre, ojalá pudiera ir también.
Por lo visto no me lo he ganado todavía.
Tú tampoco, Erica, si no ya habríamos estado allí.
¡En cuántos sitios no has estado tú, Frederik!
¿Qué sabemos nosotros de este mundo?
¡Nada!
Viajar, hacer rutas: es evolución.
Creo que solo ahora se me están abriendo los ojos.
Vaya, cuánta injusticia.
—Mira cómo habla este viejo, Frederik.
Está despertando.
Vete, te lo deseo de todo corazón... pero, llévame a mí también.
No me dejes en casa.
Eso nunca.
Te digo, Frederik, que antes de que estire la pata quiero ver ese harén.
Quiero llegar a conocer todos esos amigos tuyos.
Tengo que ver a ese sultán.
Dale las gracias por sus bonitas ropitas.
Puedes decirle que los gasto muy poco, ¿o no irás allí ahora?
—Lo intentamos todo, Erica.
—Ves, Anna, Frederik nos deja solos, otra vez más.
Vuelve a irse de nuevo.
Pero es nuestra propia culpa... tengo que dejar de pensar en eso.
Noches de preparación, Hans y Elsje aún vendrán.
René le muestra a ella todo su arte.
Elsje consigue que haga lo que nunca hace.
Siento miedo.
No lo sé.
No sé qué pensar de esto.
Pero ¡estos seres están hechos el uno para el otro!
Hans bien podría ser abuelo de ella.
Y después... la manera que él tiene de sentir, de pensar...
¡Marja!
Cómo es posible.
De golpe oye ese nombre en su interior.
Creo que ese nombre ya está viviendo debajo de su corazón.
Y ¿el propio ser?
No quiero ni pensarlo.
No quiero pensar en eso.
Erradicaré ese nombre de mis pensamientos, igual que hace él.
¿Qué es lo que en el fondo queremos los seres humanos?
¿Qué tenemos que portar como posesión y qué sabemos de eso?
¿Qué es lo que nos ha colocado en esta vida?
¿Quién nos corresponde y quién no?
¿Ya estuvimos una vez juntos? ¿Ya fuimos uno del otro?
Si tratara esto y lo que me llegó de su vida más a fondo, ahora ya podría poner una buena cantidad de pequeños fundamentos.
Sin embargo, aún no lo hago, quiero aguardar, quizá llegue a haber otra certeza.
Cuando observo estas dos vidas tiemblo y me dan escalofríos.
Entonces me encuentro ante un poder infalible que lo dirige todo, que nos pasa volando por las orejas, que nos señala el camino y nos pregunta: ¿Qué quieres?
Ya no puedo pensar, estoy lleno a rebosar.
Cuando Hans y Elsje se van me siento aliviado.
Adivina, adivinanza, ¿qué es?
Marcho por órdenes de Su Majestad.
¿Qué me espera?
¿Quién?
¿Voy detrás de la dicha o de la desdicha?
Menos mal que uno no sabe todo.
Son las máscaras.
Y hay que eliminarlas, solo entonces merece la pena vivir la vida.
Ya estamos de viaje...
Rumbo a París.
Bye bye, nos sentimos bien..., ¿tú también?
Bye...
Anna.
Adiós, papá, querida mamá, ¡vamos a buscar las flores!
Ojalá volvamos distintos, ¡haremos todo lo que podamos!
¡Frederik y René!