Libros

Los primeros libros ofrecen una descripción detallada del más allá que se subdivide en esferas o regiones: siete tenebrosas y siete luminosas.
Todas estas esferas están sintonizadas con el ser interior de sus habitantes.
Después del proceso de muerte, hacemos la transición a aquella con la que ya nos hemos sintonizado durante nuestra vida terrenal mediante nuestros actos, sentimientos y pensamientos.
Aquí es el grado de amor lo que determina qué esfera nos espera.
Cuanto más amor universal sintamos por todo lo que vive, tanto más luminosa será la esfera a la que entraremos.
Los siguientes libros nos adentran en el asombroso mundo de la reencarnación.
Empezamos a conocernos a nosotros mismos porque vamos sintiendo y viendo cómo nuestros actuales rasgos de carácter y circunstancias vitales son el producto de causas que están en el pasado, muchas veces en nuestras vidas anteriores.
Siguiendo la línea evolutiva durante muchas vidas en la tierra, aprendemos cuál es el sentido de nuestra vida, de dónde venimos y hacia dónde vamos.
Eso hace también que vayamos entendiendo por qué las personas puedan ser tan diferentes en aquello a lo que aspiran y en lo que consideran importante.
Después de describir las esferas y el funcionamiento de la reencarnación, los siguientes libros profundizan en temas específicos, como nuestra comunicación con la vida en el Universo, la sabiduría del Antiguo Egipto, los diferentes fenómenos y grados de la mediumnidad y dones espirituales, la causa de las enfermedades mentales, la historia espiritual de los diferentes pueblos y de la humanidad, y la Evolución Cósmica del alma y del cuerpo.
Viendo la cantidad de conocimientos, y su hondura, recogidos en esos 27 libros, podemos hablar de una universidad de ciencia espiritual.
En los libros se le llama la Universidad de Cristo, porque alcanzamos a conocer lo que Cristo hubiera podido y querido dar a la humanidad, de no haber sido asesinado.

Resumen de ‘Una mirada en el más allá’

La trilogía ‘Una mirada en el más allá’ es el primer título de Jozef Rulof, y como tal es una estupenda toma de contacto con su mediumnidad escritora.
La trilogía gira alrededor del principio básico de la ampliación de nuestra conciencia espiritual: “Hay vida después de la muerte”.
Jozef Rulof escribió en el prólogo de la primera edición: “La publicación de este libro tiene como fin obsequiar a la humanidad con la convicción de que sigue viviendo, en una forma de existencia superior, después de la muerte corporal”.
O sea, no solo “vivir después de la muerte”, sino muy en concreto que la personalidad humana sigue viviendo conscientemente como espíritu.
El “espíritu” no es aquí un concepto vago o un producto derivado del cerebro, tal como lo describe la ciencia terrenal.
El espíritu se presenta en estos libros como una personalidad humana, que al morir se desprende del cuerpo terrenal y que continúa viviendo como espíritu.
Ese espíritu también tiene cuerpo, astral o espiritual, que en principio tiene idéntica apariencia al terrenal, porque lo que le ha dado forma es la misma personalidad espiritual.
La naturaleza y configuración de este cuerpo astral se describe con detalle en estos libros.
La trilogía evidencia que los espíritus se encuentran tanto en las ‘esferas celestiales’, como aquí en la tierra.
Para la mayoría de la gente no son visibles, porque ya no tienen un cuerpo físico.
Pero Jozef Rulof ya podía percibirlos de niño y hablar con ellos.
Gracias a su elevado grado de clarividencia y clariaudiencia y a su inmaculada vida emocional, pudo ser convertido en un médium puro para que los espíritus se dieran a conocer en la tierra.
A Jozef se le llama “André” en estos libros.
La primera parte de esta trilogía describe la asombrosa forma en que André llega a conocer al espíritu Alcar.
En un primer momento, André no quiere saber nada de espíritus ni de espiritismo, pero es el propio Alcar quien busca contacto con André, porque quiere ofrecer su sabiduría y amor a la humanidad.
El libro contiene centenares de pruebas que Alcar proporciona a André para demostrar que el espíritu realmente continúa viviendo después de la muerte corporal.
Alcar hace ver que él y sus “hermanos y hermanas” han conservado todos sus sentimientos y capacidades humanos.
Para que las demás personas también lo entiendan, Alcar pide a diversos espíritus que vuelvan a pintar en la tierra por medio del cuerpo de André.
André mismo no tiene talento para dibujar, pero los pintores espirituales crean formidables obras de arte que atestiguan sus elevadas aptitudes.
André recibe estas obras de arte en un estado de trance.
El hecho de pintar también se usa para profundizar este trance.
Después de un desarrollo de años, André consigue durante este trance salirse de su cuerpo como espíritu.
De ese modo, puede controlar con sus propios ojos de espíritu lo que Alcar le ha contado sobre los mundos espirituales.
Alcar y André hacen juntos centenares de viajes “astrales” a las esferas de la luz y las tinieblas.
Alcar se lleva a André a los “cielos” más altos, para ofrecer a la humanidad una visión general de cuánta felicidad le espera al hombre después de su muerte terrenal.
André incluso vuelve a ver en la “esfera de los niños” a su propia hija que nació muerta, lo que le permite apoyar a su mujer, contándole cómo su niña vive allí en una felicidad celestial y cómo la acogen con amor las madres espirituales.
Alcar le muestra a André cómo el hombre, en su calidad de personalidad espiritual, continúa contribuyendo al arte y a la ciencia, para a continuación llevarlas a la tierra.
Muchos espíritus de la luz se dedican continuamente a inspirar a los científicos y médicos terrenales para curar las horribles enfermedades que hay en la tierra.
Alcar también lleva a André a las siete esferas de las tinieblas, donde los espíritus tenebrosos han hallado su morada astral.
En estas regiones en tinieblas hay entidades tenebrosas que atacan a André, porque quieren someterlo.
Alcar lo libera de sus garras, pero a André le ha servido para aprender lo “reales” que son las fuerzas astrales.
Al final, Alcar y André también hacen muchos viajes en el espíritu por la tierra, donde siguen la vida de la gente, sin que los demás los vean.
Para gran sorpresa suya, André se da cuenta de que el hombre terrenal no suele estar solo, sino rodeado de espíritus.
Los espíritus de la luz ayudan a toda persona que esté abierta a eso, mientras que los espíritus tenebrosos intentan influir en los hombres terrenales para que sigan sus pasiones tenebrosas.
André ve claramente que en la tierra son las propias personas quienes determinan qué influencias espirituales atraen.
La gente que da su amor a todo lo que vive recibe la ayuda de los espíritus de la luz para elevar así el nivel espiritual de la humanidad.
Las personas con sentimientos interiores tenebrosos atraen a sus congéneres de las regiones astrales, que también se refuerzan mutuamente.
Durante sus desdoblamientos astrales, André observa cosas jamás vistas por ojos humanos.
Ve, por ejemplo, lo que ocurre con el espíritu de un músico al que incineran en la tierra.
André presencia el insoportable sufrimiento que padece este espíritu y queda convencido así de las terribles consecuencias de la ignorancia espiritual de la humanidad.
Por eso, a partir de ese momento, pone a disposición de Alcar su vida y cuerpo para traer esa ciencia espiritual a la tierra.
Estos libros ofrecen un “conocimiento de causa” espiritual para poder tomar decisiones sobre la vida y la muerte.
‘Una mirada en el más allá’ conecta nuestra existencia terrenal con la vida después de la muerte, y muestra cómo podemos evolucionar espiritualmente ofreciendo amor.