Primera esfera

En la tierra, nuestros sentimientos se desarrollan hasta alcanzar un estadio que podríamos llamar la “conciencia animal”.
Si pudiéramos observar este estadio con ojos espirituales, veríamos que el alma irradia como aura la conciencia alcanzada.
Después de muchas vidas, esta aura se hace más densa hasta formar un mundo astral.
Debido a que hay millones de almas repartidas por toda la tierra que irradian esta aura, su irradiación crea una esfera astral, un mundo espiritual, que podríamos llamar la tierra del odio, de la pasión y de la violencia.
Cuando las primeras almas terminan su última vida en la tierra, son atraídas por sí solas como espíritu por la esfera que, sin saberlo, han ido construyendo por sí mismos.
Al despertar en esa esfera, no se dan cuenta de que han muerto en la tierra.
Todavía les falta la conciencia para ver su nuevo entorno con ojos críticos.
Aún están sometidos a sus sentimientos animales.
Cada segundo van llegando ahora nuevas almas de la tierra a esta esfera espiritual.
Las primeras almas empiezan a percatarse, después de decenas de años, de que algo falla.
Empiezan a preguntarse qué fue del sol, de los árboles y de los animales.
Por pensar en cosas terrenales, son atraídas por la realidad terrenal.
Aquí quieren retomar su vida de siempre, pero sus manos espirituales no logran asir el mundo material.
No entienden nada, porque por dentro no han cambiado en nada.
Siguen sintiendo exactamente lo mismo que sus hermanos terrenales, espiritualmente son uno.
De esa manera surge una posesión natural.
Siendo espiritualmente uno con el ser humano terrenal, por fin pueden experimentar la tierra.
Siguen siendo uno hasta que ese ser humano muere en la tierra.
En ese momento tienen que renunciar al cuerpo que los alojaba.
Se quedan muy sorprendidas de que de este cuerpo aparezca otro espíritu más.
Entienden que ese espíritu estuvo viviendo todo ese tiempo en aquel cuerpo y que ellas mismas ya no tienen cuerpo terrenal.
Así es como van tomando conciencia de que ellas mismas ya murieron antes y que ahora siguen viviendo como espíritus.
Para poder seguir habitando el cuerpo que los aloja el mayor tiempo posible y no tener que salir cada vez en busca de un nuevo cuerpo material, empiezan a proteger y a ayudar a su ser humano terrenal.
Como espíritus, no están atados al tiempo y viven sucesivamente muchos cuerpos anfitriones.
Así es como acumulan mucha experiencia y conocimientos, lo que les permite ayudar al cuerpo que los aloja.
De esta manera se producen los primeros inventos.
Al ayudar al hombre en la tierra, descubren algo asombroso.
Ayudar les proporciona una muy agradable sensación.
Para experimentar esa deliciosa sensación con mayor frecuencia, se centran en ayudar.
Así deponen el grado animal de los sentimientos y hacen suyo un grado de sentimientos más elevado.
Tal como sienten interiormente, así lo irradian.
Su irradiación muestra que se han despojado del sentimiento de odio, de pasión y de violencia.
La irradiación sosegada de las primeras almas empieza a hacerse más densa después de un buen tiempo, hasta convertirse en una esfera espiritual nueva: la tierra crepuscular.
Como las primeras almas siguen dedicándose a ayudar, sus sentimientos empiezan a irradiar luz.
Así nace la primera esfera de la luz.
Cuando continúan investigando la vida y la muerte, notan que al morir la mayoría de las almas no van a una esfera espiritual en el más allá.
Ven que inmediatamente después de morir, esas almas se retiran a unas profundas tinieblas, donde hay un silencio inconmensurable.
Los investigadores se quedan muy sorprendidos, porque todavía no conocen este mundo.
Parece un mundo de lo inconsciente, porque no perciben actividad consciente.
Hasta que el alma vuelve a ponerse en movimiento.
¿Será que por fin el alma va al más allá?
No, el alma regresa a la tierra, a un hombre y a una mujer.
El alma se asocia con un óvulo en el momento de la fecundación por un espermatozoide.
Así es como los investigadores llegan a conocer la reencarnación.
Pero ¿cuándo se reencarnó el alma por primera vez?
Cuando los investigadores se centran en esta pregunta, se dan cuenta, asombrados, de que se sienten atraídos por otro planeta.
Aquí ven dónde y cómo el alma comenzó su viaje cósmico.
Sienten que ellos mismos han vivido aquí, que también ellos habitaron alguna vez ese organismo parecido a un león marino.
Pero ¿entonces de dónde procede en realidad el alma?
La respuesta a esta pregunta se encuentra profundamente oculta en el corazón de este planeta.
Los investigadores constatan ahora cómo el alma vive su primera vida y cómo suelta, al morir la primera vez, el pequeño cuerpo celular, para seguir como alma.
Cuando los investigadores observan cómo se necrotiza el primer pequeño cuerpo celular, notan, por sorpresa suya, que de esta pudrición surge otra célula.
Se parece a una célula humana, pero es más pequeña, menos consciente.
Cuando esta célula haya acabado de vivirse, saldrá a su vez de ella un alma.
Pero cuando los investigadores siguen esta alma en su proceso evolutivo, tienen que aceptar que han desembocado en el reino animal.
¿El animal que ha nacido del hombre?
Los investigadores no paran de sorprenderse.
El seguimiento del camino de vida cósmico del alma les ofrece una profunda comprensión del origen y la evolución de todo lo que vive, que se refleja en el crecimiento del embrión en las entrañas de la madre.
Gracias a todas estas experiencias, los investigadores ensanchan su conciencia.
Adquieren conciencia cósmica.
Empiezan a enseñar a otros habitantes del más allá, y a ayudarles en su desarrollo espiritual.
El crecimiento de su amor y conciencia les permite construir esferas de luz, una tras otra.
Cuando la luz dorada de su conciencia ha terminado de construir el séptimo grado, conocen cada ley de vida de los primeros tres grados cósmicos de vida.
Es cuando empiezan a sentir que el más allá no es un punto final.
Que el más allá tiene como único fin prepararnos para el siguiente grado de vida cósmico.
Sienten que esta nueva evolución no se puede vivir en el universo, tal como lo habían llegado a conocer hasta el momento.
La vida hacia la que se encaminan es más etérea, tendrá otro grado de densidad.
Las primeras almas sienten que abandonan este universo y que son atraídas por un grado de vida cósmico más elevado.