Sanar y desdoblarse del cuerpo

El desarrollo de sus dones transcurrió rápido a partir de ahora, y la mayoría de las veces se usaban para sanar.
Una mañana lo visitó un señor con un retrato de su mujer, y le pidió si a partir de él podía decir algo acerca de su estado de salud.
André lo tomó de sus manos mientras oía que Alcar dijo que tenía que conservar la calma y dejar que todo incidiera tranquilamente.
Era necesario para poder hacer un diagnóstico atinado.
Alcar le había dicho que era posible por la intuición del médium y que no podía darse de otra manera que por la mezcla de sus auras, cosa que aún no podía entender, pero que se le explicaría más adelante.
Unos minutos más tarde sintió que le empezaba a dar un fuerte dolor en la parte baja de la espalda y poco después le llegó el siguiente mensaje de Alcar.
—Esta señora sufre de un padecimiento de riñones agudo.
Veo una piedra en su riñón izquierdo y tú sentiste el dolor que causa.
Ahora se le enseñó el lugar en que se encontraba la piedra, lo que le pareció asombroso.
De repente vio dentro del ser humano, pudiendo constatar qué parte del cuerpo estaba enferma.
Estaba siéndole enseñado con claridad.
Alcar prosiguió:
—Te muestro la causa del dolor, el núcleo alrededor del que gira todo; así que: fuera preámbulos y búsquedas, nada más que la causa.
Ahora dile sin rodeos lo que le pasa a su mujer.
André obedeció de inmediato, pero su visitante no parecía estar convencido.
—Sí —dijo—, mi mujer ha visitado a varios médicos, pero ninguno mencionó un padecimiento de riñón.
—¿Le parece tan extraño? —preguntó André—.
Puede que no lo hayan visto.
Aun así no se sentía muy seguro y le preguntó a Alcar si estaba seguro de haberlo visto y escuchado bien, pregunta que se le contestó afirmativamente.
—Confía, André, lo que veo es correcto; no dudes de ello, tienes que superar esto, porque si no, no avanzamos en tu desarrollo.
A fin de cuentas tú mismo lo sientes y lo que viste está bien; transmíteselo.
Por segunda vez, André le aseguró que la paciente sufría de una piedra en el riñón.
Y el visitante dijo:

—Muy bien, señor, entonces tendrá que tratar a mi mujer.
Después, André le dio algunas particularidades más sobre sus hijos y le sorprendió que este supiera que los tuviera.
—Son evidencias menores, señor, pero espero que puedan serle convincentes.
La siguiente mañana fue a la dirección que le habían dado para tratar a la enferma y cuando llegó, la mujer tenía unos dolores terribles.
De inmediato le puso las manos en la espalda, porque Alcar le dijo que tratara bien la región de los riñones.
Ella percibió enseguida que el glorioso calor que le irradiaba de las manos le hacía bien.
Alcar también dijo que tenía que rezar mientras magnetizaba; luego examinaría a la paciente.
Alcar no había sido médico en la tierra, pero en las esferas, en la vida después de la muerte, había completado esta carrera y ahora podía considerarse uno.
El tratamiento había terminado y había durado alrededor de diez minutos.
Alcar le comunicó que ahora la piedra se soltaría pronto.
—Díselo, André, y tranquilízala.
La mañana siguiente, volvió a ayudar a la señora a la misma hora durante diez minutos y acordaron que ella iría a la casa de él si su condición mejoraba, pero que de lo contrario, él la volvería a visitar el lunes.
Estando en su habitación a la mañana siguiente —era domingo—, de pronto vio a esta paciente frente a él, y oyó decir a Alcar:
—Vete a verla, André, los dos tratamientos ya han surtido efecto.
Tan rápido como pudo fue a la casa de la señora y ella le dijo asombrada:
—¿Qué hace aquí, señor?
¿No habíamos acordado que iría a verlo y que de lo contrario, me vendría a ver nuevamente el lunes?
—Sí, señora, lo sé, pero ahora mejor muéstreme ese cálculo renal.
—¿Cómo sabe que se soltó?
—¿Cómo lo sé?
Gracias a mi líder espiritual, señora.
Creo que su marido ya habrá recibido suficientes pruebas de que mi líder espiritual había acertado.
Le contaré cómo sé todo eso.
Estaba en mi habitación, en casa.
De repente la vi claramente ante mí y me llegó el mensaje de que la piedra se había soltado.
—Para mí es una prueba convincente, señor.
Esta noche pasé unos dolores terribles y ahora estoy tan aliviada de que me deshiciera de esta cosa horrenda.
Pero ¿cómo pudo ver todo eso?
Primero, André no supo qué contestar, pero después oyó que Alcar dijo:

—Te ayudaré, André, entrégate.

Y vio ante sí toda la situación como en un fogonazo.
Luego empezó a hablar.

—¿Que cómo fue posible, señora?
Mire.
Estoy bajo el control de un médico espiritual.
En el momento de verla, entendí que algo tenía que haber pasado.
No habría venido antes de la mañana del lunes si mi líder espiritual no me hubiera dicho que tenía que ir a verla y que el tratamiento ya había surtido efecto.
Vine de inmediato y en el camino se me contó todo lo que había pasado con usted.
Por eso pude pedirle:
“Muéstreme la piedra, por favor”.
Se sorprendió.
Claro que todo depende, y esto es sin duda fundamental, de la manera en que esté sintonizado el médium.
Me refiero al contacto entre el espíritu y el médium.
Tiene que ser bueno, porque tenemos que cumplir con lo que se nos ordene.
El espíritu ve a través de todo, señora.
Claro que mi líder espiritual sabía de antemano lo que le sucedería.
Así se les ayuda a las personas, así reciben pruebas y se darán cuenta de que aquí no hay quien se burle de su enfermedad.
—Oh, señor, me parece maravilloso y se lo contaré a todos mis conocidos.
¡Cómo es posible que todo esto haya podido pasar sin una operación!
—Tendremos que tratarla algunas veces más, puesto que tiene que recobrar algo de fuerzas, pero luego estará de nuevo completamente sana.
Lo peor ha pasado ya; fue el desprendimiento del cálculo del riñón que causó todos esos dolores.
Una vez que llegaron a casa, Alcar le contó lo que había pasado esa mañana.
—En el momento en que querías contarle a la señora cómo era posible que hubieras podido ver todo lo ocurrido, yo te ayudé a que se lo aclararas (—dijo).
André le preguntó a Alcar cómo sabía que iba a pasar esta mañana.
—Mira, hijo mío, te lo voy a explicar.
Sus vibraciones, es decir: sus pensamientos, habían llegado hasta mí.
Eso pasó a la medianoche; sufría terribles dolores en ese momento y desde este lado pude ayudarla gracias a mi fuerza.
Así pude darle una noche tranquila.
También vi que la piedra en el riñón se estaba desprendiendo y que lentamente dejaría el cuerpo.
Saqué cuentas y llegué a la conclusión de que pasarían todavía algunas horas antes de que apareciera por completo.
Estuve otro par de veces con ella mientras dormía y hoy a primera hora, cuando quiso enderezarse, le volvieron los dolores agudos, causados por el desprendimiento de la piedra.
Todo lo demás ya lo viste tú mismo, eso lo sabes.
Cuando le dieron tantas ganas de averiguar algunas cosas, paralicé tus pensamientos mientras dejé que aparecieran los míos.
Ella misma no se dio cuenta de nada.
Así ves, André, que a través de nuestro lazo de amor podemos establecer un contacto sólido.
Así podría incluso darte temporalmente el conocimiento de alguna ciencia.
Eso pasa entonces en semitrance, mientras que el espíritu sigue en el cuerpo.
Por incidir en tus pensamientos no podrás entonces decir otra cosa que aquello que yo quiera que digas, lo que solo es factible por medio de una buena conexión.
De esa manera podremos ayudar a todas las personas que vengan a verte.
Escucha bien, entrégate siempre como lo hiciste hoy por la mañana y confía en todo lo que te enseñe y te haga escuchar.
Sigue de inmediato mis órdenes, por más extrañas que te puedan parecer; entonces te fortalecerás y pronto te habrás desarrollado por completo (—dijo).
Más adelante, André tuvo que escuchar que todo no era más que obra del diablo.
Esto lo afligió mucho, no solo porque la gente fuera tan ingrata, sino sobre todo por Alcar, quien la había ayudado en silencio, sin que ella lo supiera.
Y esas cosas se olvidan.
Primero decían qué lindo era todo; luego lo llamaban obra del diablo.
A las personas que juzgan así no se las puede ayudar.
Para André eran pruebas irrefutables de la pervivencia de amigos que ya habían hecho la transición, que querían hacer lo que fuera para regalarles a las personas materiales la convicción de que ellos quieren apoyarlas y que pueden ayudarlas desde el otro lado.
Ahora a Alcar se le tildaba de “diablo”, cuando había sido él quien había liberado a la paciente de sus dolores y su enfermedad.
Así de ingrato es el ser humano y tan rápido a formarse un juicio.
“Aquel que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.
Estas palabras serían pertinentes aquí si no se hubiera actuado por ignorancia.
Aun así, André percibía que necesitaba que se le fortaleciera para poder aguantar todo esto.
Por suerte, Alcar lo volvió a ayudar en todo su sufrimiento.
—Sabía que tendríamos que oír todo esto —lo consoló Alcar—, pero sigue mis consejos.
No esperes nada; las personas no saben lo tontas e ingratas que son.
Mantente por encima de todo y sigue haciendo tu trabajo fielmente; entonces podrás tener la seguridad de que, cuando a ti también te llegue el momento de dejar la tierra, tú también descansarás y serás feliz, porque habrás cumplido con el trabajo de Dios, en contra de todo.
Dios te recompensará por eso; no lo olvides nunca.
Solo Él nunca olvida nada que se haya hecho por amor (—lo tranquilizó).
Así a André todo se le volvió soportable y pronto recibió un mensaje de Alcar de que viajaría con él dentro del más allá.
—Asegúrate, hijo mío, de que esta noche a las nueve estés en tu habitación.
Irás entonces conmigo a las esferas.
Diles a tus padres que nadie, pero de verdad nadie, puede molestarte.
Diles lo que vamos a hacer y dales las buenas noches antes de ir a tu habitación.
Entonces ya no tendrán que ir a verte y podrán ir a dormir.
También asegúrate de mantener la calma y entrégate bien dispuesto.
Duérmete tranquilamente; todo lo demás lo haré yo.
Después de haber comunicado este mensaje a sus padres, se preparó esa noche para acompañar a Alcar.
Ay, estaba tan tenso; lo acompañaría a regiones desconocidas.
Alcar le había dicho antes que su espíritu ya varias veces se había desdoblado del cuerpo de manera inconsciente; sin tener conciencia porque al volver dentro del cuerpo, del cuerpo material, el espíritu no podría procesar toda esta nueva sabiduría.
Llegaría el momento en que volvería conscientemente y guardaría el recuerdo de todo lo que su líder espiritual le hubiera enseñado.
Y ahora ese momento había llegado.
Estaba esperando lleno de entusiasmo, anhelando este momento.
Habían sido horas de tensión.
Aún no oía nada; tampoco veía a Alcar y aun así ya eran las nueve y cuarto.
Tampoco escuchaba música ni golpes.
Nada de todo eso.
No sabía cómo procedería todo, pero se atendría a lo que se le había dicho, acostándose.
Alcar quería que se durmiera tranquilamente, pero pensó: ‘Cómo podré dormir ahora, con tanta tensión’.
Luego le dieron ganas de bostezar, señal de que se estaba incidiendo en él.
Ya sentía que le iba ganando el sueño y se sentía cansado.
Se fue hundiendo cada vez más, hasta quedarse profundamente dormido.
Las primeras palabras que luego le llegaron fueron:

—Ven, hijo mío, mira quién soy.
Miró a su alrededor y no vio más que una resplandeciente luz azul, unos pasos a su izquierda.
Luego vio una gran luz blanca acercándose a él, que le causó temor.
Todo le estaba resultando tan extraño, tan imponente.
La luz blanca se acercaba cada vez más.
Y luego de pronto vio a Alcar frente a él.

—Alcar, ¿es usted esa luz? —exclamó.
Con un grito se abalanzó sobre Alcar para abrazarlo—.
Alcar, Alcar, ahora lo reconozco.
¡Oh, Dios!
André cayó de rodillas de alegría y felicidad, agradeciéndole a Dios poder ver ahora a su espíritu protector de esta manera.
—Ya está, André, tranquilo, chico.
Alcar le puso las manos en la cabeza para magnetizarlo y unos momentos más tarde se tranquilizó un poco.
—Hice bien, hijo mío, al no mostrarme de inmediato; tu alegría habría sido demasiado grande para tu envoltorio material y eso habría sido desventajoso.

André tenía ahora una sensación de que la sangre le fluía a la cabeza con toda fuerza.
Primero le dio frío, luego calor, después se sintió mareado y tuvo que buscar apoyo para no caer.
Pero todo esto no duró mucho.
Luego volvió a alzar la vista y se dio cuenta de que Alcar seguía sosteniéndolo en sus brazos, apretándolo contra él.
—Muy bien, hijo mío, así está mejor.
Ahora podrás soportar lo que sea.
Ahora somos uno gracias a tu gran deseo y tu fuerte voluntad de hacer nuestro trabajo.
Una conmoción demasiado grande no habría sido buena para ti, como te acabo de decir; le habría dado una sacudida a tu vestimenta material, que has abandonado ahora, y como un fogonazo tendrías que haber vuelto en tu cuerpo y habrías sentido algún tipo de fallo.
Pero lo evité.
Ahora podrás aguantar cualquier emoción, dado que te he radiado y envuelto con mi fuerza espiritual, que es mi fluido.
En esta radiación puedes entrar al más allá.
Sin ella, tu cuerpo espiritual no lo resistiría todo.
Cuando quieras saber algo, pregúntamelo; me esforzaré entonces para explicártelo lo más claramente posible.
Ahora primero te contaré todo lo que ha pasado aquí.
Escucha, André.
Antes de que pudiera ocurrir tu desdoblamiento, puse tu cuerpo en este sueño.
Si bien estabas tenso, para nosotros es muy fácil influir en alguien desde este lado.

Alcar rio; André, tímido, no dijo nada.
—No te preocupes, hijo mío, lo sabrás todo.
Ya no quería hablarte, pues tenía que pasar pronto; si no, te habría hablado antes de que te hubieras desdoblado.
Leí tus pensamientos.
Para los habitantes de la tierra estás ahora dormido, pero en realidad no es más que tu envoltura material, que está en la cama.
Ahora tu espíritu está dispuesto a seguirme, a acompañarme a donde quiera ir, a donde sea que te lleve.
Son los milagros de tus dones mediúmnicos.
Te quiero mostrar cómo, no obstante, sigues conectado con tu cuerpo durante nuestra ausencia.
Mira, el fino rayo de luz que ves saliendo de tu costado izquierdo es el cordón fluido que conecta tu espíritu con el cuerpo material.
Es el cordón vital, que es casi invisible pero aun así se le puede distinguir de la luz que irradia tu cuerpo.
En caso de romperse este cordón, no podrías ya volver a entrar a tu cuerpo.
Pero ahora, por más que nos alejemos de aquí, seguirás conectado, aunque ya no se vea.
Sin embargo, este cordón invisible es el cordón vital del ser humano material.
También lo llamamos la vida, pues es uno con la materia.
Quiero que recuerdes todo esto muy bien, porque es necesario.
Ahora André se había colocado en la cabecera de su cama y se veía a sí mismo acostado allí; parecía que estaba muerto.
Estaba muy pálido, pero el pecho le subía y bajaba con tranquilidad.
Desde el lado terrenal sería ahora muy difícil constatar que aquí yacía solo un cuerpo material, habiéndose desdoblado el espíritu.
—A este cuerpo no se le puede molestar, como te dije antes; por eso te pedí que avisaras a tus padres, porque con la menor interferencia podría romperse el cordón y entonces para la tierra habrías muerto.
—Qué interesante es todo esto, Alcar.
—Sin duda que lo es.
Es que el ser humano es una joya de la creación.
Dios lo creó a Su imagen.
Al rato, cuando nos vayamos, mis ayudantes se quedarán aquí para velar por tu cuerpo.
Desdoblarse es peligroso, pero cuando se toman las medidas preventivas necesarias, no puede pasar nada, ni llegará a pasar nada.
La menor interferencia, sin embargo, podría resultar en una parálisis cardiaca, y de todas formas causar trastornos nerviosos, dado que el corazón no soportaría el sobresalto causado por la interrupción del cordón fluido.
Así que debemos tomar nuestras medidas preventivas.
Mira, allí están los ayudantes que cuidarán tu cuerpo.
Ahora André vio aparecer a seis jóvenes, que estaban en la gran luz azul detrás de él.
Lo saludaron cordialmente y vio que eran felices y que tenían bellos rostros.
—En realidad no son tan jóvenes como lo sugiere su apariencia; todos ellos llevan ya unos cientos de años en las esferas.
Aquí, el espíritu adopta la apariencia de su ser interior, y un ser humano que deja la tierra a los ochenta años y vivió mal allí, se verá aún mayor del otro lado de la tumba.
Aquí, la apariencia es el espejo del alma y tendrá el aspecto de acuerdo a su fuerza interior.
De ese modo, el que se ha olvidado completamente de sí mismo en la tierra se verá aquí más viejo.
Allá no era posible ver que tras esas mejillas tan hundidas se escondía un alma que había caído muy bajo, que por tanto en lo espiritual estaba en un nivel muy bajo.
Pero una vez aquí, esa alma se queda completamente al desnudo y el cuerpo espiritual adopta la forma de lo que era en realidad.
Por eso se vuelve irreconocible y terriblemente viejo.
Ese ser humano no aprovechó la vida terrenal para gran cosa, y espiritualmente estaba completamente desviado.
Ves la belleza de mis amigos, André; ellos son jóvenes, aunque hayan llegado a la edad de doscientos años.
Aquí esta no es visible, pues han rejuvenecido gracias a su fuerza espiritual.
Mira qué luz y qué irradiación; son signos de su sabiduría y su amor por Dios.
Aun así, habrá muchos que necesitarán mil años para poseer esta sabiduría, esta luz.
André los miró uno por uno y le llamó la atención que Alcar tenía sin duda la luz más inmaculada de todos.
Le indicaba que su líder espiritual estaba en un nivel más elevado.

—Bueno, André, ahora contemplarás el más allá antes que muchos otros hermanos y hermanas.
Sin embargo, no pienses que eres el único visitante, porque cuando estemos en las esferas te darás cuenta de que vendrán varios otros de la tierra.
Podrás entonces notar en todos ellos que son habitantes de la tierra.
Se puede ver por la doble irradiación, al igual que tu propia doble luz está ahora alrededor tuyo.
Esta fuerza es traslúcida; por eso se puede ver tu cuerpo espiritual a través de mi irradiación.
Y eso te servirá para reconocer a aquellos que, al igual que tú, visitan las esferas acompañados de sus protectores.
Te aclaro esto porque nadie puede entrar al más allá desde la tierra sin que lo rodee esa irradiación espiritual.
De esas dobles irradiaciones, algunas son más nítidas que otras.
La menos nítida es la del cuerpo espiritual del ser humano material.
Así verás al rato muchos que, como tú, son llevados a las esferas, aunque sigan viviendo en la tierra.
Por lo que más tienen que velar mis ayudantes es por el peligro de nuestro lado; son las inteligencias que quieren robarles a estos seres humanos que se han desdoblado; es decir, que quieren romper el cordón fluido.
Pero mis amigos se encargarán de todo y nos avisarán lo más pronto posible.
Cómo ocurre eso y cómo nos avisan te será todavía un misterio, pero también te mostraré todo esto.
Ahora nos vamos, André; ya te contaré todo en el camino.
Ven conmigo.
Tomados de la mano, planeando, dejaron la tierra.
—No solo se lleva a los médiums para el trabajo espiritual, André, sino que también hay espíritus de control que llevan a sus instrumentos para trabajos científicos.
Estas personas se desdoblan entonces de manera inconsciente, y siempre será así.
Tú, en cambio, te has desdoblado de manera consciente.
No obstante, se te permitirá primero recordar solo una parte de este viaje; aunque luego poco a poco también te darás cuenta de todo lo demás.
A los instrumentos que sirven la ciencia se les da solo lo que su líder espiritual quiera darles y cuando vuelven a la tierra, primero se les cubre de un velo en las esferas, para que conserven todo lo más puro posible en las reservas de su inconsciente.
Sientes lo maravillosamente que se trabaja en todo, ¿verdad?
Quiero decir: ¿cuánto se le da a la tierra?
Ahora todavía te es incomprensible, pero poco a poco esto también te irá quedando claro.
André asintió con la cabeza; todo le parecía asombroso y no podía decir nada.
—Con esto quiero decir, hijo mío, que casi todo lo que se relaciona con el cosmos se da desde nuestro lado.
Porque nadie, ni aunque sea el más grande de sus grandes eruditos, podría descubrir algo importante si los caminos que lleven a ello no le fueran mostrados por medio de inspiración desde las regiones elevadas.
Claro que esto vale solamente para las cosas útiles y buenas para el ser humano.
Pero desgraciadamente reciben ayuda del mal, de quienes viven en las esferas más bajas.
No obstante, se incide en el ser humano que sea susceptible para ello y esté abierto a malas influencias que lo estimulen a hacer el mal y lo incorrecto.
Así que de este modo se influencia a los seres humanos; a algunos para bien, a otros para mal.
Pero son ellos quienes tienen que escoger el camino que hay que emprender.
Muchos no piensan en eso, porque el egoísmo y la vanidad se lo hacen olvidar, y el interés propio es la causa de que pasen sin fijarse en el sendero que lleva hacia arriba.
Por suerte hay muchos “eruditos” prominentes en la tierra, pero los hay aún más que solo ansían el honor y la fama, que de todas formas no son más que temporales, y luchan por obtenerlos lo más que puedan, sin entender que la fama no se debe a sus propios conocimientos, sino a la Dirección desde el más allá.
Para aclarártelo, te voy a contar algo que te permitirá entender lo horrible que es la situación en la tierra.
Hace mucho tiempo solía visitar el planeta desde mi propia esfera, porque me interesaba todo lo que hiciera el ser humano en su ignorancia; y muchas veces tuve que observar cómo malentendía todo, impidiendo a sus líderes espirituales ayudarlos.
Me consideraba un estudiante que observaba invisible, interesado en lo que así vivía.
Así siguió bastante tiempo.
Luego supe qué tenía que hacer e hice mi plan, porque quería alejar a la humanidad de sus ideas erróneas, para darle en su lugar el conocimiento puro, dirigiendo a la humanidad hacia caminos mejores.
Vi cosas terribles y presencié escenas tristes; todo debido a la ignorancia, incapacidad, incredulidad y falta de conocimiento de las leyes de la vida elevada, que es la continuación de la existencia terrenal.
A mí, y a muchos otros, nos atrae con fuerza salvar a la humanidad de las manos del mal y convencerla desde aquí de la triste verdad de que la tierra y sus habitantes están enfermos, lo cual sabemos porque vemos a través de todo.
Queremos llamar la atención sobre toda la miseria y esperamos que los seres humanos se darán cuenta por fin de que actúan de manera errónea y que propician el mal, por lo que todo atenta contra las leyes de Dios.
Desde hace mucho tiempo hemos estado intentando ofrecer ayuda en silencio, aportar felicidad y crear mejores condiciones.
Muchos de nosotros trabajamos en la tierra por medio de contacto con un médium, pero pocos logran mantener a sus instrumentos fuera de las garras del mal, dado que a la mayoría de los médiums los consume la envidia, por lo que pulverizan su fuerza y repelen a sus líderes espirituales, cuyo esfuerzo se ve recompensado de esta manera, sin que se obtenga nada.
Y es que no se puede negar que nuestro trabajo sea difícil, porque siempre hay que luchar contra la idea de que la vida terrenal se puede cumplir lo más fácilmente al tomarla simplemente como es.
Sin embargo, esta idea no ayuda a la gran causa ni a nosotros.
De este modo vi, pues, que la incidencia silenciosa no me ayudaría a avanzar y le pedí a Dios ayuda y fuerza para poder hacer mi trabajo a través de un médium.
Luego recibí apoyo desde las regiones elevadas, pues de nuestro lado también se nos ayuda por medio de nuestras oraciones, que son escuchadas por Dios y que me permitieron verte.
En todo hay dirección, André.
No obstante, todavía no eras apto para nuestro trabajo, así que tuve que tener paciencia.
Aun así, iba a verte de vez en cuando, mientras que te guiaban y protegían mis ayudantes, que viste hace un momento; en aquel entonces tenía que hacer otro trabajo.
Podría seguir hablando un buen rato de todo esto, pero no me puedo desviar de lo que te quería decir.
Por fin pude empezar.
Tienes conciencia de todo lo que ha pasado y de que ahora estamos juntos en el más allá.
Te pido con insistencia, André: mantente fuerte.
Te recompensaré ampliamente.
Supongo que ahora entenderás cuáles son mis propósitos y planes.
Todo esto lo quiero dar a conocer al mundo por medio de ti.
Durante nuestras primeras clases te conté con suficiente claridad que todo sirve para nuestra gran causa: convencer a la gente de que hay vida después de la muerte.
Les hablaremos de nuestros viajes y de todo lo que recibes de nosotros.
Esta beneficencia espiritual que se vierte por la tierra entera hará que esta pueda avanzar.
En uno de mis viajes, vi pasar algo triste.
El ser humano vive en la materia, por la materia y con la materia, por lo que se olvida lo espiritual, lo bello que debe hacer crecer el alma humana.
Y te sorprenderá darte cuenta de cómo se ve estorbada esta en su desarrollo, porque la gente no quiere aceptar la realidad de la existencia de una vida después de la muerte.
Un día, vi en un laboratorio a dos hermanos que buscaban nuevos inventos.
Estudiaban química y habían logrado ya mucho para la ciencia, por lo que sus nombres se hicieron famosos incluso mucho más allá de las fronteras.
Pero, ambiciosos como eran, eso no les bastaba; seguían anhelando fama nueva.
De haber estado convencidas estas dos personas de que la vida terrenal continúa, habrían concebido su estudio de una manera completamente distinta.
Cuando me encontré con ellos, estaban a punto de inventar uno de los explosivos más peligrosos y, al ausentarse el hermano menor de casa durante unos días, el mayor siguió frenéticamente con sus investigaciones, día y noche.
Estaba bajo la influencia del mal.
Una noche, el laboratorio saltó por los aires por una explosión, y sacaron sus restos mortales de debajo de los escombros.
Luego se dio a conocer en la tierra que el profesor A. había fallecido en un trágico accidente durante sus investigaciones científicas.
Su hermano pensó que las pruebas químicas habían sido satisfactorias.
Y se le construyó un nuevo laboratorio, donde podía continuar con sus investigaciones.
En la tierra no se pregunta qué buscaba; basta con que se hagan inventos y esta es, para nosotros, una de las necedades más grandes, porque esto lleva al ser humano directamente a las garras del mal, dado que él mismo abre los canales para que sea así, por lo que además todo atenta contra las leyes de Dios.
Pues bien, ¿qué pasó de nuestro lado?
Al descubrir el perecido después de la explosión que seguía viviendo como espíritu, a pesar de haber muerto en la tierra, tuvo que reconocer que se había dejado influenciar por espíritus malignos.
Se dio cuenta ahora de que había hecho la transición antes de tiempo debido a actos e ideas erróneos, y decidió poner todo de su parte para proteger y salvaguardar de un siniestro a su hermano en la tierra, que no era consciente de la mala influencia que incidía en él, mientras invocaba fuerzas elevadas para ayudarlo, pues veía que de lo contrario, su hermano estaría perdido.
Viví situaciones como estas.
Cuando el ser humano se ha olvidado de sí mismo, se convierte irremediablemente en un juguete del mal.
Ya puedes ver con esto, André, lo necesario que es abrirle los ojos.
Muchos se han perdido de esta manera.
Y ¿qué han logrado esas personas?
No mucho, ¿verdad?
Provocó el fracaso de sus vidas, porque han olvidado lo espiritual, que debía ser alimento para su alma.
Así, muchos se han perdido por su ignorancia.
Ya nos hemos alejado mucho, André, sin que te dieras cuenta; llegamos ahora a un lugar que nos conecta con la tierra y con las esferas.
Recorrimos esta distancia en un tiempo sumamente corto, porque nos hemos desplazado planeando.
Antes de continuar miraremos la tierra como espíritus.
Mira, allí abajo; ese disco oscuro y gris es la tierra.
Allí está tu cuerpo, allí vives y allí habitas.
Pero ahora te puedes convencer de que puedes vivir fuera de tu cuerpo material.
Esta es sin duda una de las evidencias más grandes que recibirás jamás, porque se te aclara esto por medio del desdoblamiento.
Ves que la tierra casi no tiene luz; la pequeña luz que ves cerca de ella no es la luz del sol, que observas con tus ojos terrenales cuando tu espíritu está dentro de tu cuerpo.
Esta luz, en cambio, significa la escasa fuerza espiritual que irradia la tierra.
Las nubes que ves con tus ojos materiales ahora también han desaparecido.
Así de sombría se ve la tierra espiritualmente.
—Me parece bello e interesante, Alcar, verla así.
André miró a su líder espiritual, que lo contemplaba sonriendo.

—Sin duda que vale la pena poder verla desde aquí.
Pero cuando al rato te cuente cuáles son las causas por las que está tan oscura, rezarás conmigo, rogándole a Dios por salvación.
Entonces ya no te parecerá tan bella e interesante, hijo mío.
Mira esa pequeña y delgada línea gris que gira alrededor de la tierra, apenas iluminada; no posee más irradiación espiritual que esta.
La luz de la tierra no es blanca, sino turbia.
Es lo malo que vemos de este lado, el mal que allí prolifera.
Este planeta ha caído terriblemente bajo.
Mira la diferencia entre esta irradiación y la de los otros planetas.
Allí también viven personas, aunque con una sintonización mucho más fina en espíritu y sentimientos, y por lo tanto también automáticamente más perfectas.
¿Acaso su luz no es mucho más inmaculada, y no te hace feliz poder ver algo tan bello?
Ahora mira de nuevo lo oscura que es la tierra.
Allí ya no se conoce el amor puro ni la fidelidad a Dios.
Todo se deforma y las personas solo anhelan tesoros y fama terrenales, como aquellos dos hermanos.
El ser humano quiere avanzar, pero recorre el sendero que lo lleva hacia abajo.
Aun así intentaremos hacer que esa luz se vaya haciendo más clara, y muchos nos ayudarán.
Si algún día la tierra llegara a resplandecer como los planetas aquí arriba, entonces también se volvería a encontrar en ella amor puro y la gente volvería a vivir según el mandamiento de Dios.
Volvería a resplandecer como Dios quiere ver resplandecer a todos Sus hijos.
Pero esto seguramente no pasará aún por ahora, porque están en lucha; cada hermano lucha contra el otro.
Uno despoja a otro de su felicidad, anhelando y maldiciendo la vida de otro.
Así continúan por el sendero que los aleja cada vez más del camino recto.
En su ofuscamiento ya no ven los senderos de Dios ni sienten los gloriosos y cálidos rayos que iluminan esos senderos.
Todo está frío y árido para ellos y no sienten la necesidad de aumentar su nivel espiritual.
Pasan por la vida uno detrás de otro, juegan a esconderse unos de otros y temen mostrarse sus características buenas.
Ya no se atreven a hacerlo ni cargan su cruz visiblemente para mostrársela abiertamente a cualquiera.
Tan bajo ha caído la humanidad, tan turbia es la luz espiritual de la tierra y tan incomprendido el mensaje que Cristo le llevó en su momento.
Por eso intentamos, y con nosotros miles más, no: millones más, liberar la tierra convenciéndola otra vez de una vida de ultratumba, con el fin de llevar a las personas al sendero que los conduce hacia arriba.
Eso, hijo mío, es el alimento espiritual que los volverá a llevar hasta Dios, Padre de todos nosotros.
Recibimos Su amor y fuerza, y gracias a Su amor y sabiduría somos capaces de llevarles una luz diferente y también otra influencia, la influencia sagrada de las esferas.
Les llevamos la semilla fértil que será alimento para su alma, que crecerá y florecerá muy por encima de todo mal y que los llevará de vuelta al camino correcto, que han dejado desde hace mucho tiempo y que los volverá entonces a llevar hacia las cimas (—explicó).
Alcar parecía una estatua, el brazo alzado, tomado de la mano con André, y era como si le hubiera hablado a Dios allá arriba, lleno de amarga pena, para pedir perdón por la pobre tierra y fuerza para el trabajo que quería hacer.
—No es fácil, hijo, mejorar esto, porque el ser humano prefiere hacer aquello que le parezca más fácil, aquello que no implique una lucha.
Es que así es el ser humano y de esta manera, porque no se atreve a luchar, se le arrastra hacia las tinieblas.
Se hunde cada vez más, hasta verse amenazado con perecer en la miseria y por fin pide ayuda y liberación de esa miseria que él mismo ha creado, por haberse desviado del camino recto.
Y entonces llegamos desde aquí para ayudar a ese pobre hombre.
Pero primero tiene que pedirle ayuda a Dios; antes no podemos alcanzarlo ni puede ver nuestras manos extendidas.
Pero si le ha suplicado al Padre por ayuda, no perecerá, porque Dios ama a todos Sus hijos, a malos y buenos por igual.
Así llegará algún día el momento en que Dios vea a todos Sus hijos en perfecto amor e inmaculados.
Más adelante, cuando vengas aquí para siempre, continuaremos juntos el bello trabajo que hace que se eleven las personas espiritualmente.
Ven, vamos a seguir.
André volvió a mirar por un momento el disco oscuro que tenía que ser la tierra.
Allí abajo vivía, allí tenía que trabajar, convencer a las personas.
Llevarles la luz a través de la ayuda de Dios.
Tenía que ayudar a agrandar la poca luz que la tierra irradiaba como fuerza espiritual, para que algún día llegara a ser una llama.
Así siguieron durante largo tiempo, ambos absortos en sus propios pensamientos.
André vio que Alcar tenía la cara radiante, a pesar que de que seguía triste.
Alcar lo miró y preguntó:

—¿Acaso piensa mi hijo que estoy triste?
—¿Cómo sabe que pensaba eso?
—Te leí los pensamientos, André, o mejor: tus pensamientos llegaron hasta mí.
—¿Cómo puede ser, Alcar?
—Para nosotros no hay nada imposible.
Podemos hacer lo que sea con tan solo desearlo.
Para asimilar esto, nos tenemos que desarrollar.
Es la fuerza espiritual, y, por lo tanto, posesión propia.
Aquí, en primer lugar es necesario entender el idioma espiritual, porque cuando el ser humano llega aquí, ya no posee nada de lo que pertenece a la tierra.
Claro que usamos el idioma terrenal para la tierra, porque de esta manera nos tenemos que dar a entender allá, pero compréndeme bien, André: aquí solo usamos nuestra fuerza espiritual, así que también para el idioma.
Lo necesito para entrar en conexión con todo y con todos, así que también con mis seis amigos.
Se logra solo por la fuerza espiritual, porque penetra todo y por eso puede usarse a distancia.
Todo esto se puede lograr solo por medio de una fuerte voluntad y una fuerte capacidad de concentración.
De nuestro lado hay una estrecha relación recíproca, que nos pone en contacto con lo Elevado.
Ven, intentemos por un momento entrar en conexión con mis amigos.
Alcar sacó un objeto que se parecía un poco a un trozo de seda y que se podía guardar fácilmente.
Estaba rodeado de un cable suelto con algunos contactos.

—Mira, este es mi aparato de recepción; contiene mucha fuerza, porque me puede hacer uno con el Cosmos omnipotente, donde aún siguen ocultos tantos secretos.
Este aparato está sintonizado con la fuerza humana, en unión con nuestra fuerte voluntad y nuestra capacidad de concentración.
Así que está sometido a mi voluntad.
De esta manera, las imágenes que quiera atraer hacia mí serán obligadas a hacerse visibles tan nítidamente como yo desee.
El instrumento está hecho de metal líquido y por ahora su secreto se conoce únicamente en las esferas.
Un amigo mío lo diseñó y, como dijo él, los primeros años no será entregado todavía a la tierra.
Cuando quiero, pues, conectarme con algo, es decir: hacerme uno, pongo la mano izquierda del lado izquierdo y la mano derecha del lado derecho de la tela, con este contacto aquí y ese botón allí, a la derecha.
Ya está, André, ahora soy uno con el Cosmos.
Como te decía, el Universo tiene muchos milagros.
Este, por ejemplo, es un milagro pequeño pero útil.
Hay planetas cuyos habitantes ya lo poseen y lo usan.
Pero esas personas ya avanzaron mucho más en el camino espiritual, así que son mucho más perfectas que las que viven en la tierra.
Si se entregara a la tierra, estoy seguro de que se usaría este noble producto para destruir a los demás, porque se le ha regalado ya tanto a la tierra de lo que se ha abusado para fines bélicos, y obviamente esa no fue, de ninguna manera, la intención.
Ahora me concentraré y todo lo que quiero ver, o sea, aquello que absorbo con fuerza en mis pensamientos, aparecerá en este trozo de tela, de color y forma completamente igual a como es en realidad.
Aquí llamamos al instrumento un espejo espiritual, o también espejo mágico, aunque mi amigo dijo, y tiene razón, que es televisión de los pensamientos.
Ahora pon mucha atención; verás algo bello, pero no hables y ponte detrás de mí.
Así, para que puedas ver por encima de mi hombro.
André se dio cuenta de que Alcar estaba usando todas sus fuerzas, aunque nada en él se movía ya.
Durante unos instantes se quedó inmóvil y luego André no solo se vio aparecer a sí mismo en el lienzo, sino también su habitación con todo lo que había en ella, tan nítidamente como si se tratara de una fotografía.
Reconoció claramente a los hombres jóvenes en la luz azul.
Durante unos instantes, esta imagen se mantuvo muy nítida, luego se fue borrando un poco, para finalmente desaparecer del todo.
—Oh, Alcar, que cosa más maravillosa.
Me pude ver a mí mismo en mi habitación, y también a sus ayudantes.
—¿Te pareció bonito, hijo mío?
Esto era lo que te quería mostrar.
También podría lograr contacto con Adonis y hablar con él en idioma espiritual, aunque nos separe mucha distancia.
Hay otros caminos, además, para entrar en comunicación con nuestros amigos, pero a mi parecer este es el mejor, porque no me hace falta la ayuda de nadie.
Este método ya me ha servido mucho y pudiste ver que, en cuanto relajé un poco mis pensamientos y mi voluntad, enseguida también la imagen se fue haciendo más débil.
Aquellos que sepan lograr algo con sus pensamientos, que sepan concentrarse, que sepan sujetar algo, pueden lograrlo con este método.
Para los demás, el instrumento no tiene valor.
Así que todo se reduce a la concentración y la voluntad fuerte.
Cuando a mi amigo se le permita darle el instrumento a la tierra, esta lo recibirá por medio de inspiración.
Sería bueno que pusieras a prueba tus fuerzas, que pensaras intensamente en tu cuerpo material.
André lo hizo, pero no logró hacer aparecer más que unas cuantas vibraciones débiles.
Luego se rindió.
—No logro hacerlo para nada, Alcar.
—La prueba, hijo, de que te falta hacerte más fuerte.
No puedes todavía retener el objetivo con tus pensamientos, cosa que no es tan fácil, por cierto.
Pero poco a poco también eso llegará.
—¿Quién es Adonis, Alcar?
—Es mi ayudante y el líder espiritual de mis demás amigos.
Lo verás cuando hayamos vuelto a tu habitación.
Ahora quiero volver un instante sobre lo que te acabo de decir en cuanto a entregar a la tierra.
Sin duda que en la tierra se han logrado pequeños avances, pero aun así, los inventores a los que mi amigo quiere usar como instrumentos tendrán que tener paciencia, puesto que en el caso contrario, trabajarán para fines equivocados.
Ahora seguiremos directamente a la tercera esfera, el lugar al que quiero ir contigo.
Hay siete esferas, de las que la primera y segunda se parecen mucho a la esfera terrenal, aunque sea de forma espiritual.
Pero allí poco a poco se empieza a desarrollar uno para poder llegar a las regiones elevadas.
Ya no son esferas de purificación; se las considera ya esferas vitales.
Lo que queremos ver no se puede presenciar en estas esferas; así que vamos a la tercera esfera.
Todas las personas que viven allí trabajan en su nivel espiritual.
Muchas dejaron la tierra hace poco, otras hace tiempo.
Te tengo muchas sorpresas, André; ahora llegaremos pronto.
—Oigo música, Alcar, ¿de dónde viene?
Oh, ¡qué glorioso!
—Al rato tendrás la oportunidad de oír y ver todo lo que se nos obsequia.
Las inteligencias que verás llegaron para esta ocasión desde diferentes regiones.
Ya habrás visto que desde nuestra última parada hemos ascendido con mucha velocidad.
Aun así, no has podido percibir nada particular.
¿No es así?
—Sí, Alcar, no he visto otra cosa que un espacio vacío.
—Ya no se pueden ver la tierra ni los demás planetas.
Planeamos en el infinito.
No obstante, hemos atravesado otras esferas sin que te dieras cuenta; se explica porque solo te quiero mostrar lo que me he propuesto, pues no te sería posible procesar todo.
Te superaría.
Tampoco podríamos desplazarnos con tanta velocidad si no te agarrara con mi voluntad y pensamientos.
Ahora eso te protege y tendrás resistencia a todo lo que veamos y encontremos.
Ya te dije que podemos desplazarnos con la velocidad de nuestros pensamientos, lo que obviamente solo es cierto para quienes viven de este lado.
Es mi deseo que retengas bien lo que pronto verás, porque en la tierra tendrás que contárselo todo a cada uno que quiera escucharte.
Todo esto grábatelo bien en la memoria, así se te volverá a aparecer poco a poco una vez que hayas vuelto a la tierra.
Entonces volverás a ver todo frente a ti de manera consciente, tal y como se te concedió vivirlo.
Pero no podrás explicar como es en realidad.
A fin de cuentas es imposible traducirlo a idioma terrenal; hay que verlo e intuirlo en carne propia.
Sin embargo, las personas serán felices cuando les cuentes de la vida después de la muerte y cuando les asegures que, en caso de llevar una buena vida en la tierra, llegarán aquí en la luz y conseguirán la felicidad celestial.
Todos llegan aquí como son interiormente y llegan a la esfera a la que pertenezcan espiritualmente.
Según la ley de causa y efecto, uno cosecha lo que haya sembrado.
Muchísimos llegan aquí en un estado infeliz y muchas veces tienen que pasar mucho tiempo en las esferas tenebrosas, húmedas y frías, antes de poder avanzar espiritualmente para llegar a una región más elevada.
Quienes hayan comprendido, en cambio, ya durante la existencia material que es la intención de Dios usar esta vida para el beneficio de los demás y quienes actúen de acuerdo a eso, se sentirán de inmediato como en casa después de hacer la transición, y serán felices en una esfera que se corresponde con su interior.
Vuelvo una vez más sobre esto, porque es de suma importancia.
La gente debe saber que aquellos que hayan completado su vida correctamente vivirán en las esferas de luz y amor, mientras que aquellos que se hayan olvidado de sí mismos encontrarán su morada en las esferas de frío y tinieblas.
Diles, André, que encontrarán aquí todo en correspondencia a como haya sido su vida interior en la tierra.
Ya, ahora hemos llegado a la tercera esfera.
Seguramente te habrás percatado de que la luz del cielo ha ido cambiando.
Así lo podrás percibir en todas las esferas.
Se vuelve cada vez más bella, más perfecta; todo se funde y está interconectado en la armonía más grande.
Ahora vieron a muchas inteligencias que iban y venían en grandes columnas y también en grupos más reducidos.
Todas se desplazaban planeando.
—¿Todas ellas son personas que aún viven en la tierra, Alcar?
—En parte, hijo mío, aunque la gran mayoría la constituyan los que han hecho la transición desde las regiones aquí abajo.
Todos van a la fiesta a la que también vamos nosotros, puesto que se les ha concedido presenciarlo.
Este es otro proceso imponente, un conocimiento imponente, porque no son llamados, sino que lo intuyen por medio de lo elevado que hay en ellos.
Esto vuelve a remitirnos al Omnipoder de Dios, que dirige todo aquí, así como en la tierra.
Mira, hemos llegado ahora al lugar al que queríamos hacer este viaje.
Allí en el valle encontraremos seguramente un lugar desde donde podamos ver todo claramente.
André divisó un país hermoso.
La naturaleza se parecía a la de la tierra, pero tenía una luz más suave y más bella, que incidía en él de manera gloriosa.
—Cuánta tranquilidad hay aquí, Alcar.
—Todos los que viven aquí son felices, aunque desde la tierra no llegaron más que a la primera esfera, puesto que la vida en esta esfera está ya en un nivel infinitamente más elevado que en la tierra (—explicó).
En el valle se encontraban miles y miles de inteligencias, que se habían colocado en una larga columna que serpenteaba por el valle y que a lo lejos solo se llegaba a distinguir como un punto.
—Ven, André, iremos a esa colina para ver pasar la columna.
—¡Qué bello es aquí, Alcar!
—Todo está en armonía con el Infinito y todas estas personas viven en la casa que se han construido ya en la tierra.
Esa es aquí su morada espiritual.
—Pero ¿qué es lo que está ocurriendo ahora, Alcar?
—Te lo voy a decir.
El valle es un lugar de consagración, donde muchos hermanos van a prestar su juramento espiritual.
Están dentro de la columna y se examinarán en algún estudio en el que se estén capacitando; pronto podremos verlo.
¡Escucha!
La música que oíste hace un rato está sonando de nuevo.
André oyó melodías gloriosas y esta imponente música le hacía vibrar todo el cuerpo.
Se sentía como si lo acogiera, como si quisiera llevárselo consigo a regiones elevadas.
Nunca había escuchado algo tan bello y estaba profundamente impresionado.
Le pareció que se estaban tocando instrumentos extraños.
Alcar lo miró y se percató de que estaba llorando.
—Sé fuerte, hijo, habrá más cosas que te conmoverán profundamente.
—Lloro de felicidad, Alcar, y no sé cómo podré darle las gracias a Dios y también a usted por haberme traído.
—Verás muchas otras cosas, pero tienes que ser fuerte, porque si no, te será imposible registrarlo todo.
La columna fue pasando despacio por donde estaban.
André vio ahora muchos espíritus en bellas túnicas de diferentes colores.
—¿Estas túnicas tienen algún significado para los que las llevan puestas, Alcar?
—Sí, claro.
La mayoría de estos espíritus están vinculados a una orden y la ropa que llevan es símbolo de su fuerza espiritual.
Todas estas inteligencias vienen de esferas más elevadas que esta.
André pudo ver todo con claridad.
Detrás de la música iba alguien con una túnica muy hermosa que cargaba en los brazos estirados una cruz luminosa.
—¿Qué es eso, Alcar?
—Esto, que tienes que retener con toda tu alma, es la Luz Divina, irradiada por la cruz.
Sabía que lo veríamos.
Es sagrada, hijo mío.
Es la luz pura y sagrada que puede darnos la cruz, porque cuando vemos la cruz, pensamos en nuestro Maestro.
Esta es la Luz del Hijo Perfecto de Dios.
Su Irradiación (—dijo).
Ahora todos se arrodillaron, porque les pareció que el mismo Mesías estaba entre ellos.
—A arrodillarse, André, y démosle gracias a Dios por esta gloriosa luz (—dijo).
Ambos se arrodillaron, dándole gracias al Padre por esta gran gracia.
—De todo lo que verás aquí, esto es sin duda lo más elevado y lo más sagrado.
No es una luz como la que pintan los artistas en la tierra alrededor de la cruz como símbolo del amor divino, no, es la Luz radiante y sagrada del mismo Cristo.
Por eso quise traerte.
Gracias a Él hemos recibido toda esta sabiduría, esta luz sagrada.
Lo podrás entender porque ahora has visto tú mismo lo que significa el símbolo de la cruz en lo que se refiere a fuerza espiritual.
La felicidad perfecta, la gloria de la Luz, que el hijo de Dios, el Hijo Perfecto de Dios, le dio a los seres humanos en la tierra (—dijo).
André se había aferrado a Alcar; le empezaba a abrumar, a ser demasiado impresionante.
—Vamos, hijo, muestra tu fuerza y escucha.
El resplandor de esta luz hará que los espíritus infelices cambien de parecer e intenten elevarse de tal manera que llegará el momento en que sean dignos de poseerla para la eternidad.
El que carga la cruz fue mi líder espiritual y es digno de llevarla.
A muchos de los que están aquí no les corresponde estar en esta esfera, sino que vinieron a este valle desde la primera, la segunda y muchas otras esferas para contemplar la luz que irradia la cruz.
A todos se les dio la oportunidad de presenciar esta fiesta y cuando al rato vuelvan, se les manifestará el deseo por superarse.
Son guiados, al igual que tú, pues de lo contrario, volverían a caer en el lugar del que vinieron, porque no podrían aguantar la luz y el calor de esta esfera.
Por eso también es necesario que sean rodeados por la radiación del fluido de sus líderes espirituales (—dijo).
Al lado del portador de la cruz iban dos hombres más jóvenes, también con túnicas magníficas, que André miró con mucho interés, puesto que cada uno de ellos llevaba un libro adornado con hermosas cintas y flores.
No podía leer lo que decía la cubierta.
—¿No puedes leerlo, hijo mío?
—No, Alcar, así que de nuevo sabía usted lo que se me pasaba por la cabeza.
—No solo leí tus pensamientos y lo que pone en los libros, sino también lo que significan los títulos.
Lo que llevan cargando son los libros vitales, que significan sabiduría, fuerza y amor, cosas que tienen que ver con la tierra y varios otros planetas.
A Alcar le encantaba que André quisiera saberlo todo y que pudiera satisfacer su sed de conocimiento.
—¿Cómo puedes saberlo, Alcar, a esta distancia?
—Nuevamente gracias a la fuerza espiritual.
Más adelante, cuando hayas llegado a este punto y poseas esta fuerza espiritual, podrás tú también, al igual que yo, constatar estas y muchas otras cosas.
Podrás hacerlo mientras vivas todavía en la tierra; tanto te desarrollaré.
Conozco el significado, aunque no los haya leído, solo gracias a la concentración.
Estos dos jóvenes eran seguidos por unos cincuenta más, todos envueltos en túnicas malva y llevando muchas insignias de una orden en el brazo izquierdo y en el pecho.
—¿Qué significan estas órdenes?
Son distintivos de honor, ¿no es así?
—Sin duda, André, pero no las compares con las de la tierra.
Allí se otorgan muchas veces sin razón y a menudo también solo por cuestiones materiales y no por hechos espirituales.
No se cuestiona cómo se merecen.
Todo se mira solo con ojos materiales y no tiene nada que ver con las leyes de Dios.
¿Qué valor pueden tener estas órdenes cuando el ser humano se encuentra en un nivel espiritual bajo?
¿Entiendes lo que quiero decir, André?
—Sí, Alcar.
—Cuando no son por méritos espirituales, no tienen valor alguno.
Los que llevan estas insignias en las esferas, como estos jóvenes, las han merecido espiritualmente.
Se las reconoce por su luz, por su irradiación y fuerza y por su amor por todo y por todos.
Sus grados y títulos son una posesión espiritual, sagrada.
Luego volveré sobre el punto; entonces visitaremos lugares donde hay muchos de la tierra que allí se habían ataviado el pecho con condecoraciones de metal, solo por presunción y vanidad.
Podría hablar de esto mucho tiempo, pero ahora deja que te diga tan solo esto: a muchos se les hace burla al presumir de sus posesiones anteriores o lo que solían ser.
Muchas personas de prestigio, según ideas terrenales, se encuentran aquí en las esferas oscuras y allí de qué sirve ataviarse de esa manera, cuando en su alma todo es oscuridad.
No, aquí el brillo exterior ya no tiene valor; el ser humano tiene que brillar por dentro.
Solo esto lo perfilará como un ser humano que da y vive únicamente porque lleva la luz de Dios por dentro y alrededor suyo.
Entonces es bello, entonces lleva órdenes de fuerza espiritual y los ayudará a todos.
Por eso, hijo mío: atavíate con las insignias de Dios; son la sabiduría, la fuerza y el amor, merecidos en sencillez y humildad.
Así podrás apoyar a las personas, que entonces entenderán que todo es amor.
Dios les dio a estos jóvenes órdenes espirituales, que llevan con sencillez, puesto que se ofrecen para hacer el bien y quieren amar todo lo que es la vida de Dios.
Así presentarán ahora examen en el imponente estudio de las leyes vitales.
Por eso han traído esos libros.
André vio que en el rostro de todos se podía apreciar una felicidad radiante.
En el centro del valle se habían posicionado unas carrozas, adornadas con las flores más hermosas de las esferas, y que llevaban como símbolos: la sabiduría, la fuerza y el amor.
Todo se había compuesto armoniosamente, formando un solo conjunto.
Al lado de los jóvenes iban los sabios que tenían que examinarlos.
Todos estos espíritus irradiaban felicidad y sabiduría.
—Estos hombres, André, serían viejos en la tierra, pero ¿qué es aquí ser viejo? ¿Qué es aquí el tiempo?
Nada, claro, en comparación con la Eternidad.
Son todos jóvenes porque poseen fuerza espiritual.
En la Eternidad no se envejece, porque el espíritu se mantiene joven eternamente.

A André todo esto le parecía imponente.
No podía encontrar palabras para expresar cómo le hacía sentir.
Una cosa era incluso más bella que otra, pero bien sentía que aquí estaba en la Eternidad, lo veía en todo.
Ahora sentía con absoluta seguridad que Dios es amor.
—Ellos conocen el amor verdadero, André, y lo poseen.
Es su fuerza más grande; por eso rebosan de felicidad y de pensamientos armoniosos y sagrados.
Ya que ahora la columna se dirige a aquel templo, que alcanzas a ver desde aquí, nos apresuraremos para llegar antes.
Entonces te mostraré otra cosa bella, antes de que empiece la ceremonia; si no, ya no nos dará tiempo.
Hay más cosas allí que te impresionarán.
Mientras avanzaban, Alcar le preguntó si no había visto algo llamativo en varias de las inteligencias.
—Sí, Alcar, sé a qué se refiere.
Cuando veníamos habló de eso.
¿No es así?
—Así es, hijo mío.
—Vi a muchos, no solo hombres sino también mujeres, que están rodeados por la doble luz.
Es a eso a lo que se refiere.
¿Cierto, Alcar?
—Me conmueve que hayas podido constatar eso por tu cuenta, porque hay espíritus que ya llevan años y años aquí y que no pueden intuirlo todavía, ni que pueden ver si están tratando con el espíritu de un ser humano material o con un espíritu astral.
Es decir: con el espíritu de un habitante de la tierra o con un habitante de las esferas.
Los espíritus más bajos tampoco pueden intuirlo, porque en la tierra no aprovecharon la oportunidad de enriquecerse de manera espiritual, por lo que, al llegar a las esferas, son muy pobres espiritualmente.
Ahora bien, hay aquí muchos espíritus protectores quienes, al igual que yo, pretenden desarrollar a sus instrumentos, para mostrarles todo como es en la realidad y para darles la convicción de la gracia que se nos da al sernos concedido vivir aquí.
Ahora hemos llegado al “Templo de la Verdad”, que se usa ahora como lugar para examinarse.
Si no supiéramos que nos encontramos en las esferas, pensaríamos que este edificio había sido erigido por manos terrenales.
Se parece mucho a un templo de piedra en la tierra, aunque no haya nada material que se pueda descubrir en él.
Más adelante te lo explicaré y te daré una aclaración completa al respecto.
Extraemos todo del Cosmos.
Allí se encuentran ocultos todavía muchos secretos, no solo relacionados con la arquitectura, sino también en cuanto a muchas otras artes y ciencias.
¿No es de una belleza maravillosa, André?
¿Acaso se creería en la tierra que en el más allá se pueden encontrar casas, edificios y templos?
Aun así, poseemos aquí todo lo que se pueda imaginar, pero en forma mucho más perfecta, mientras que obviamente la sustancia tiene que ser pensada de manera espiritual.
Así como en la tierra todo está presente en forma material, y por lo tanto en estado más basto, el reino del espíritu está construido de forma espiritual.
Los iguales se atraen.
Nosotros, habitantes de las esferas, somos seres astrales, así que aquí todo debe adaptarse a nosotros.
Y conforme más elevada sea la esfera en que nos encontremos, en la misma medida todo será más perfecto allí, hasta que en las regiones más elevadas se llegue a lo más perfecto, lo completamente etéreo.
Luego hablaremos también más en detalle sobre este punto; ahora quedan todavía muchas cosas que debes ver, porque te tiene que hacer avanzar espiritualmente.
Así que entremos.
Entraron a un gran vestíbulo, donde ya estaban presentes muchas inteligencias.
También aquí, André vio muchos espíritus que aún vivían en la tierra y que por lo tanto se habían desdoblado.
Había una calma y un silencio totales.
Sintió claramente que todo esto estaba siendo dirigido por una mano poderosa.
En el centro del templo había una gran fuente, rodeada por hermosas flores de bellos colores.
Detrás había un púlpito, también adornado con flores.
La abundancia de la belleza era tal que lo conmovió mucho.
El conjunto era un jardín de flores perfecto.
Una representación simbólica ocupaba el centro de la fuente; el agua que brotaba era esparcida por encima de todas las plantas y flores.
A todas les tocaba su parte; ni una sola plantita quedaba olvidada.
Todo estaba impregnado de armonía y amor.
La flor grande recibía un poco más que la más pequeña y la planta grande un poco más que la planta más pequeña; todo se regaba de tal manera y recibía la cantidad que le correspondía por su tamaño y necesidad.
—Hay armonía en todo, hijo mío, y llama la atención que todos intuyan aquí de manera tan distinta algo que en la tierra pueda parecer, en efecto, muy normal.
Eso es así, a su vez, porque aquí todos están sintonizados con esto.
Es el gran encanto que transmite.
Eso lo tiene que sentir el ser humano.
¿No es magnífico, André?
Ves que cautiva a todos.
Los que la hicieron son espíritus elevados, que sin duda poseen en un alto grado la fuerza armoniosa y espiritual que han puesto en esta fuente, porque esta nos habla y nos obliga a pensar en Dios, porque Él está en todo y porque Él tiene que ser comprendido en Su sabiduría y en Su fuerza armoniosa por lo espiritual en nosotros.
Así que nos enseña a hacer todo armoniosamente, como Dios lo desea de nosotros.
Sin duda que esta fuente tiene un sentido profundo.
—Siento, Alcar, que fue hecha con esta intención.
—También este comentario es muy acertado.
Hace un momento ya te dije lo que nos enseña, ¿cierto?
Ves que todos los presentes están cautivados por su influencia.
Ese es el gran misterio que reside en todo lo que tiene que ver con lo Divino.
Los caminos y las leyes de Dios son inescrutables para el ser humano.
Aun así, todo es sencillo cuando se quiere ser uno en armonía con Dios.
Eso no quiere decir de forma personal con Dios, sino que me refiero a vivir de tal manera como Él les indica a todos Sus hijos.
Así, esta fuente es la representación simbólica del ser humano, que significa armonía, sabiduría, fuerza y amor.
—Ahora lo entiendo todo, Alcar.
—Afortunadamente, hijo mío.
Si queremos ser uno con Dios, percibimos que existe un contacto, que lo amamos, que somos Sus hijos, como debe ser.
Todos debemos ser los hijos de Dios, ansiosos por sabiduría, fuerza y amor.
Entonces avanza el ser humano, entonces irradia.
Aquellos que están por llegar también entenderán el propósito de esta representación simbólica.
Para ellos son muy atinadas las palabras: “Y no olvides un solo tallo en tu campo, pues todo, por más nimio que sea, tiene el derecho de existir, tiene el derecho de vivir”.
¿Te queda claro todo, André?
Riega todo y no se olvida de nada.
Así también nosotros tenemos que hacer todo en amor.
Es nuestro alimento espiritual y nuestra fuerza.
Los profesores espirituales aclararán a sus alumnos en toda armonía cómo la fuente lleva a cabo su trabajo.
Son capaces de eso gracias a su recíproco amor por Dios.
En todo recorren el sendero del amor, porque el amor es lo más elevado y lo más sagrado que Él haya creado.
En un momento uno de los líderes espirituales hablará a los que se examinan, a aquellos que viven aquí y a aquellos que, al igual que tú, han venido desde la tierra para presenciar esto.
A todos les indicará la gran fuerza interior que poseen.
Ahora sonó el toque de las trompetas para anunciar que había llegado toda la columna y que se podía empezar.
Uno de los sabios, envuelto en una hermosa túnica, se había colocado en el púlpito.
Encima de él colgaba la cruz luminosa, que había sido adornada ahora, como señal de pureza, con azucenas blancas.
Era la luz sagrada, pura y blanca que irradiaba Cristo como el Hijo Perfecto de Dios.
Se hizo un silencio absoluto y todos se arrodillaron; había llegado el momento solemne, sagrado.
Conmovió mucho a André.
—Este líder espiritual se conoce aquí como un Espíritu del Amor, un nombre honorífico que se ha merecido con sus actos.
Hablará de la “Confianza en uno mismo”, André; eso también lo sé ya.
Les dará a todos apoyo y fuerza para su desarrollo.
El orador empezó con voz clara y sonora:
—¡Hermanas y hermanos míos!
Ustedes que van a examinarse, ustedes que aún viven en la tierra, pero también ustedes que ya viven de este lado, todos ustedes que están cargados y agobiados, quiero dirigirme a todos ustedes.
Cuando la vida se les haga demasiado pesada y no sepan a dónde ir, confíen.
Cada lucha en la vida es difícil, pero les digo: la cabeza en alto, la mirada hacia Dios, la mirada hacia la Luz de Dios.
Siguiendo ese camino lograrán muchas, muchísimas cosas.
¡Hermanas y hermanos!
Tengan ánimo.
Queremos ayudarlos a pasar por esta dura lucha.
Vengo entre ustedes como su amigo y les traigo palabras de apoyo y consuelo.
Y es para mí una necesidad darles la confianza en ustedes mismos, porque ¿qué es un ser humano sin confianza en sí mismo?
¿Acaso no son los restos de un naufragio en el océano de la vida?
La confianza en uno mismo con toda la seguridad, que les ofrece la posibilidad de lograr algo, de realizar algo, ¿no es acaso lo más esencial en la existencia humana, aquí en las esferas y en la tierra?
Y esto sirve entonces para girar la mirada hacia lo elevado en nuestra autoconfianza.
La palabra es tan sencilla.
Confíe en usted mismo.
Significa: primero volverse al revés uno mismo y luego ver qué hay de bueno y qué hay que considerar inservible.
Y si luego le queda algo de confianza en usted mismo, entonces recae en usted la dura tarea de mostrar humildad, para hacer crecer lo poco bueno que haya en usted.
Esto embellece el espíritu y la envoltura del ser humano en la tierra.
Pero tengan sobre todo cuidado de que la confianza en ustedes mismos no vaya a degenerarse nunca en vanidad, y velen siempre por eso.
La confianza en uno mismo es la fuente de energía que debe llevar su camino hacia el bien.
La falta de confianza en uno mismo los hace pequeños, los hace nimios y les causa una sensación de inferioridad.
La confianza en uno mismo le da fuerza, no solo para su posición social, sino que en primer lugar tiene que ser la fuente en la que encuentre su alimento todo lo bueno de la vida en la tierra y en las esferas.
Así que no solo es válido para el ser humano en sus preocupaciones terrenales, sino a la vez, y más bien en primer lugar, para su amor hacia la Creación de Dios, hacia el Omnipoder de Dios, hacia sus prójimos y hacia el bien.
Todo eso les hace falta a ustedes, aquí y en la tierra.
Y cuando Dios les encargue un cometido, por más difícil que sea, lo tienen que aceptar y tienen que confiar en que puedan cumplir con él.
Y entonces intuirán lo sagrado en ello y dirán: “Qué agradecido estoy porque Dios me diera ese cometido y de que pueda cumplirlo”.
Entonces, queridos, habrá crecido y se habrá fortalecido su confianza en ustedes mismos y después de toda su lucha y todas sus dificultades, sentirán que habrán reunido fuerza para llevar a cabo el cometido que se les ha encargado y que así se habrán elevado espiritualmente ustedes mismos.
Entonces se les habrá restituido la confianza en ustedes mismos y podrán alejar todos los pensamientos sombríos, dándose cuenta de que fue Dios quien les dio esta fuerza y que Él les encargó el trabajo, pero a la vez entenderán que su Padre misericordioso no desea de ustedes nada que no puedan llevar a cabo.
Tengan confianza en la victoria de su lucha vital.
Tengan confianza a pesar de las contrariedades que encontrarán incorporadas a su camino vital.
Pero sobre todo tengan confianza en el Amor que Dios le regaló al hombre como mayor don.
La autoconfianza y el conocimiento de ustedes mismos los guían automáticamente hacia el Amor sagrado de Dios.
Para ninguno de ustedes la lucha vital es fácil, pero sepan que, conforme más dura sea la lucha, más bella será la victoria.
Porque solo aquellos que quieran triunfar a pesar de todas las penas y preocupaciones recibirán la bendición de Dios.
Se someterán a la voluntad de Dios, estando de acuerdo con todo y aceptando todo.
Porque aquellos que no conocen lucha, tampoco pueden elevarse.
Se hunden cada vez más, porque les hace falta la única cosa que necesita el ser humano para ser él mismo.
Y es la confianza en uno mismo.
Libren su lucha por el bien, pero asegúrense de salir victoriosos y que esté en ustedes la confianza de hacer despertar el bien dentro de ustedes, de mantenerlo despierto.
Tengan confianza en ustedes mismos, tengan confianza en ustedes mismos, y entonces también confiarán en Dios.
Pero aunque esta lección de vida les parezca acertada, muchas veces es tan difícil seguirla, ¿no es así?
Entonces recuerden siempre que son hijos del Padre Todopoderoso, que nunca olvida a los Suyos en todas sus penas y preocupaciones, sino que los apoya en los tiempos oscuros, tanto en la tierra como en las esferas.
Por eso alcen con plena confianza la vista hacia aquel que llaman su Padre.
Y si en algún momento inclinaran la cabeza, diciendo desde lo más profundo de su corazón: “Padre, no puedo más”, entonces levántense de nuevo y menosprecien todas sus preocupaciones.
Entonces las verán sin duda de otra manera, porque entonces Dios, en toda Su gran bondad, les habrá devuelto la autoconfianza que les faltaba.
Hombres: recen mucho; por su trabajo y por sus estudios.
Recen cuando estén alegres, pero también cuando tengan dificultades.
Recen cuando puedan, y quiéranlo siempre.
Recen por confianza en ustedes mismos, porque sepan, que sin ella no pueden ser hijos de Dios.
Recen porque nunca se les quite eso, porque entonces experimentarían lo nimios que son, porque entonces solo serían materia sin fuerza.
Le rezo al Padre de todos nosotros porque los ayude, les apoye, les dé fuerza y por que les dé: sabiduría, fuerza y amor.
Por que les dé la confianza en ustedes mismos que les hace falta para poder alcanzar el bien.
Que la bendición de Dios esté con todos ustedes.
Amén.
Un profundo silencio le siguió al discurso y a la oración de esta alta inteligencia.
Luego otro espíritu, con una túnica de otro color, se subió al púlpito y les dirigió las siguientes palabras a los presentes:
—¡Mis queridos, hermanas y hermanos!
Yo también quiero dirigirles algunas palabras.
Cuando todo en la vida se les haga demasiado pesado, aquí en las esferas como en la tierra, recen entonces, recen una y otra vez.
El amor es lo más elevado, lo más elevado de todo, lo más sagrado, lo más sagrado de todo.
Dios los bendice por cada victoria que logren sobre ustedes mismos.
Pero es difícil y muchas veces se verán ante casos casi insuperables.
Pero entonces Dios dice: “Tienes que hacer mi voluntad”, y contestarán: “Dios mío, no puedo”.
Pero Dios dice implacable: “Tienes que hacerlo”, y cada vez sentirán de nuevo Su inquebrantable voluntad.
“Tienes que hacerlo, hijo mío; así debe ser, Yo lo quiero así”.
Entonces piensan que no pueden y que se quieren resistir al máximo.
Pero Dios insiste y finalmente habrán llegado a ese punto y luego inclinan la cabeza ante la voluntad severa pero sagrada de Dios y habrán logrado una victoria sobre ustedes mismos en la lucha tan amarga, tan pesada y tan dolorosa, que les costó sangre del corazón.
Y aun así, tenían que hacerlo.
Entonces, muy suavemente, Dios les pondrá las manos en la cabeza inclinada y dirá: “Muy bien, hijo Mío, estoy contigo”.
Para todos ustedes llegarán esas horas difíciles; no las eludan, porque de todos modos no hay manera de evadirlas.
Afronten la lucha pura y no intenten esquivarla, porque no es la voluntad de ustedes la que se tiene que hacer, sino la de Dios.
Amén.
Todos estaban profundamente conmovidos y sentían la influencia sagrada de las palabras que se les daban aquí para apoyarlos y fortalecerlos.
André también estaba muy conmovido por las oraciones tan fervorosas pero a la vez tan sencillas, por el apoyo espiritual y por todo lo que le fue concedido contemplar en las esferas.
Incidieron mucho en él, y en su corazón le dio las gracias a Dios fervientemente por esta mirada en el Mundo Elevado.
—Ven, André, ahora es nuestro momento de partida.
—Oh, Alcar, qué bello es, qué sagrado es todo aquí.
Si pudiera quedarme aquí, ¡qué feliz sería!
—Eso vendrá más adelante, hijo mío; cuando llegues aquí definitivamente, serás feliz para siempre.
Esta fiesta seguirá y más sabios tomarán la palabra, pero tenemos que volver a la tierra.
Pero antes de irnos, te pido que retengas todo bien, para que puedas contarlo en la tierra.
André miró una vez más a todos los que estaban a su alrededor y la magnificencia de las esferas.
—Separarme de esto me es de verdad muy difícil, Alcar.

—Siente bien todo, hijo; también tienes que retener la gloriosa influencia de estas esferas, porque por ahora no volveremos aquí; por lo menos por el momento no volverás a ver todo esto.
Planeando se fueron acercando a la tierra.
—Tenemos dos horas más de tiempo, que usaremos para que en el camino hablemos ciertas cosas y puedas asimilarlas.
Ahora estamos a la misma altura que en nuestro viaje de ida, cuando pudimos ver la tierra, aunque ahora en sentido contrario.
Porque mira, ahora está por encima de nosotros, como en la tierra ves el sol.
Alza la mirada en línea oblicua.
Esa es la tierra.
André vio de nuevo el planeta con su irradiación oscura.

—Sus habitantes siempre buscan cosas oscuras, André, y por lo tanto se olvidan de encontrar la luz que tenía que ser su alimento espiritual.
Unos envidian a otros lo que estos se han ganado de manera honrada.
No quedan contentos con una ganancia razonable; intentan juntar lo más que puedan a costa de sus hermanas y hermanos, a quienes infligen así mucha pena y dolor.
Así se arrastra el ser humano por la vida.
Así vive en un oscuro infierno, que no quiere ver de todas formas.
Ahora puedes ver la gran diferencia entre la influencia que has percibido en la tercera esfera y la que irradia la tierra.
—Pero si en la tierra hay quienes rezan, Alcar.
¿No tiene entonces valor alguno? ¿No ayuda?
Las oraciones que se elevan hacia arriba, a Dios, ¿no pueden acaso iluminar la tierra?
—Se reza mucho, hijo mío, muchísimo, pero no en sencillez y humildad, porque el ser humano siempre reza para sí mismo.
Dios no se percata de sus oraciones.
Claro que se reza, pero son solo pocos los que elevan una oración libre de amor e interés propios.
La mayoría de las oraciones que pasan a nuestro lado, porque una oración que va escalando hasta Dios pasa por nosotros, están llenas de peticiones, llenas de pensamientos egoístas.
La gente no lo busca a Él: en primer lugar se busca a sí misma.
Unos piden dinero, otros sabiduría.
Y aun otros piden ganar una guerra.
Y así sigue.
Se pide sabiduría para usarla para el mal; está reñido con las leyes de Dios.
Así se reza, hijo mío.
Hace un rato escuchaste con cuánta sencillez los espíritus elevados nos hablaron y rezaron.
Nosotros también le daremos gracias a Dios e intentaremos acercarnos a Él en sencillez.
Las personas ya no saben cómo tienen que amar a Dios y sus oraciones ya no salen desde lo más profundo de sus corazones.
Antes de despedirnos elevaremos nuestra oración en sencillez hacia Dios, como es debido.
Como un hijo le reza a su padre.
Ven, arrodíllate a mi lado y démosle gracias a Dios por habernos dado la felicidad de poder ayudar a la gente en la tierra por Su gracia.
Le daremos gracias por el apoyo y la fuerza que hemos recibido en las esferas (—anunció).
Muy pegados el uno al otro, hombro con hombro, le rezaron a Dios y André oyó que a Alcar le temblaba la voz al decir:

—Padre Todopoderoso.
Han pasado muchos días, aunque desaparecieran en la Eternidad.
Hemos conocido suerte y desgracia, y se nos ha apoyado.
Gracias, Padre, pues somos débiles.
Somos débiles porque queremos y muchísimas veces no podemos.
Padre, somos débiles porque somos humanos, pero también queremos ir hacia lo elevado, Padre, y hay un sagrado llamamiento en nuestro corazón, un grito en busca de apoyo, y sentimos cómo el espíritu nos agarra, llevándonos hacia lo más elevado.
Ten piedad de nosotros, Padre, que hemos pecado.
Tú, Omnipoder de amor, guíanos y danos fuerza.
Nos impulsas, nos impulsas sin tregua por nuestro sendero, para buscar y encontrar.
Te damos gracias, Padre, por todo en nuestra vida, por la alegría y la tristeza, por la felicidad y el sufrimiento.
Padre, haznos cargar con todo, pero no nos abandones.
Sabemos que has venido a nosotros en Tu Amor omnipoderoso.
Sabemos que nos apoyarás y que nos perdonarás y por eso, Padre, te damos gracias.
Rogamos que seas misericordioso con nuestros pecados e intentaremos acercarnos a ti.
Padre, nuevamente, perdónanos nuestras culpas y nuestros pecados.
Quítanos el velo del mal y déjanos llegar a Tu Casa Paterna.
Te damos gracias.
Amén.
André miró entre lágrimas a su líder espiritual.
Le abrumaban las emociones.
Sintió que la oración de Alcar era sencilla pero muy fervorosa; no pudo controlarse más y se echó a los brazos de su líder espiritual, lleno de felicidad y amor por su Dios Omnipotente.
—Puedes llorar, André, puedes llorar, hijo.
De vez en cuando es bueno poder llorar todo lo que haya que llorar.
Puedes llorar.
Es una prueba de que tu corazón está lleno de emoción, porque has inclinado la cabeza, porque le has pedido perdón a Dios con sinceridad.
Esto te hará más fuerte; no te preocupes.
Bueno, ¿ya te sientes mejor?
¿Ya tienes otra vez suficiente fuerza para cargarlo todo?

—Sí, Alcar, pero me resulta tan abrumador todo esto.
—Lo es, hijo mío.
Pero ven, ahora tenemos que irnos.
Esta era la oración que ya desde niño, cuando aún vivía en la tierra, elevaba a Dios, y cada vez que la pronunciaba desde lo más profundo de mi corazón, sentía que me iban inundando un gran sosiego y paz.
Siempre me ha fortalecido, porque cuando se reza con humildad, sin amor propio, cuando nos ponemos al hombro la cruz que Dios nos da a cargar, encontraremos fuerza en la oración y nos consolará, cada vez más.
No refunfuñes ni te quejes si llegara el momento en que la vida se te hace demasiado pesada.
La lucha te hará más sabio y te hará crecer espiritualmente porque si nunca tuvieras oscuridad a tu alrededor, no sabrías apreciar la luz.
Podríamos seguir hablándolo durante horas, pero el tiempo apremia ya.
En muy poco tiempo habían vuelto a la casa paterna de André.
Todo estaba muy tranquilo todavía y los ayudantes de Alcar seguían en su habitación; se acercaron de inmediato para saludar a su hermano.
—¿Entendiste mis mensajes, Adonis?
—Sí, hermano.
Ahora André sabía quién era Adonis.
Este lo miró sonriendo y le preguntó si todo lo que había vivido lo había impresionado.
—No sé qué decirle.
Las palabras no alcanzan para dar una descripción de toda esta belleza.
Ahora Adonis y sus amigos se fueron, después de que Alcar les hubiera dicho que luego les avisaría para un trabajo nuevo.
Entonces André sintió que había llegado el momento de despedirse y fue presa de una sensación de angustia.
Ahora tenía que volver a separarse de su amado líder espiritual y no podía ya contener sus lágrimas.
—Tranquilo, André, hay que ser fuerte, hijo.
Si no nos vamos a separar para siempre.
Solo es por un rato corto; luego me volverás a ver de espíritu a espíritu.
Además, siempre estoy a tu lado; ¿acaso no me oyes y ves siempre?
Este es el final de tu primer viaje que hiciste desdoblándote y yéndote a las esferas.
Sé fuerte; iremos en otras ocasiones, haremos más viajes y esperemos que todos sean exitosos.
Ahora, antes de volver a tu cuerpo, te voy a quitar mi fluido y mi fuerte voluntad, porque si se me olvidara eso, mañana tendría lugar en ti un extraño fenómeno.
Si no te librara de mi fluido, penetraría hasta en tu cuerpo material, lo que sentirías con fuerza y te dificultaría tu trabajo terrenal.
Naturalmente, esto es algo que tengo que evitar y tengo que encargarme de que despiertes tranquilamente después de este primer viaje.
El descenso en tu cuerpo ocasionará una suave sacudida, que no se puede evitar, sin importar de qué manera aplique mis medidas de precaución.
Después de despertar, todo lo que escuchaste y contemplaste en las esferas volverá poco a poco a tu memoria.
En ese momento, André sintió un cansancio terrible.
—¿Qué significa, Alcar?
—Significa que te he librado de mi fluido y de mi fuerte voluntad.
Estabas sintonizado con las esferas y ahora tu cuerpo espiritual está de nuevo dispuesto a descender en el cuerpo material (—explicó).
Después se estremeció y todo el cansancio había desaparecido.
—Ya está, André.
Ahora te he desmagnetizado, lo que también hice cuando partimos.
Y ahora, ¡adiós!
Aquí está tu vestimenta, tu envoltura material.
Una vez más, André se arrodilló ante su amigo espiritual, dándole las gracias por todo lo que se le había dado.
De repente se hizo la oscuridad y ya no vio a su líder espiritual.
De nuevo sintió que ascendía; era como si lo levantaran.
Luego parecía que bajaba.
Después ya no pudo acordarse de nada.
Despertó de golpe, se incorporó de un brinco y vio que solo eran las siete de la mañana.
‘Bueno’, pensó, ‘entonces tengo un poco más de tiempo’.
Su cuerpo estaba sudoroso y tenía gotas de sudor en la frente.
Pensó que había dormido profundamente, porque tenía los ojos pesados; también sentía una presión que le ceñía la cabeza.
Pero pronto volvió a sumergirse en un profundo descanso.
Luego su madre lo fue a despertar, y bajó con el cuerpo descansado.
Toda la mañana pasó tranquilamente.
No oía nada; todo estaba quieto a su alrededor; pero por la tarde, cuando estaba cavilando un poco, de repente vio a Alcar a su lado.
—André —oyó que le dijo—, ¿te sientes cansado?
Escucha, hay algo que te tengo que decir.
Supongo que sabrás que esta noche estuviste conmigo en las esferas.
Es por eso que sientes eso que te ciñe la cabeza, que ahora pronto desaparecerá.
Mañana te volverás a acordar de todo.
Entonces podrás concentrarte mejor y entenderás lo que hemos visto juntos.
Ahora quiero hacer un dibujo.
André preparó papel y pinturas al pastel y en poco tiempo había tomado posesión de él.
Se dibujaron flores extrañas, pero cuando esa pieza estuvo terminada, le pareció conocer esas flores.
¿Dónde las había visto antes?
No se acordaba bien.
En todo caso, no eran flores de la tierra, porque tenían una forma extraña.
Eran flores espirituales, le contó Alcar.
Eran de hermosos colores y se habían hecho en media hora.
¡Cuánta bondad tenía con él su líder espiritual!
—He tomado posesión de ti por un motivo particular, y no podía hacerlo de mejor manera que provocándote un trance.
En el tiempo en que usé tu organismo, también incidí en tu cuerpo material; la cinta alrededor de la cabeza y el cansancio han desaparecido ahora.
Al usar tu organismo te he librado de todo lo que te molestaba.
Lo puede hacer solo quien sepa usar las fuerzas elevadas y quien esté él mismo sintonizado.
Es la protección que le debemos a la bondad de Dios.
Por cierto, André: lo que llevas ahora en tu subconsciente se te dio conscientemente en las esferas.
Te ayudaré a reavivar el recuerdo en tu interior.
Alcar se fue.
Esto también ya había concluido.
Y André se había enriquecido no solo espiritualmente, sino que también había recibido un bello dibujo, hecho por manos espirituales.
Luego pasó un breve periodo en el que se desarrolló rápidamente su mediumnidad.
También su condición clarividente hizo grandes avances y sobre todo en el ver e intuir de los enfermos progresó mucho.
Las cuestiones materiales le eran secundarias; de todo no sacaba más que las verdades espirituales.
Alcar quería que también su don psicométrico lo ayudara en la intuición y el diagnóstico de enfermedades, y en la curación de estas.
Los resultados fueron maravillosos.
Muchos fueron a verlo, y pudo mostrarles con hechos, gracias a su don mediúmnico, lo bueno que sería para la humanidad que se adoptaran fuerzas verdaderas, es decir: que las adoptaran aquellos que poseen estos dones, lo que significaría un apoyo y una bendición para muchas personas.